sábado, 24 de julio de 2010

TEMA DE REFLEXION PARA VIGILIAS en AGOSTO

I.- La Santa Misa.- Con Cristo Resucitado

Con la presencia, y en compañía de Cristo Resucitado, ¿qué celebramos cuando vivimos la Santa Misa?

Se celebra el “memorial de la Pascua de Cristo”. Este “memorial” no es un simple recuerdo de un hecho ocurrido hace ya cerca de 2.000 años en el Cenáculo, en el Calvario, pequeña colina de las afueras de Jerusalén.

La Santa Misa no es tampoco una sencilla representación actual de un acontecimiento del pasado, que se lleva a cabo a través de unos ritos y símbolos que lo hacen presente de otra manera. Y mucho menos, la Eucaristía, es únicamente una reunión del pueblo cristiano, que se realiza ante el Altar, y en la que cada uno manifiesta su solidaridad y caridad cristiana con los demás; mientras trae a su memoria la pasión de Cristo y, si acaso, se entristece con su pensamiento.

¿Qué es entonces la Eucaristía? La Eucaristía es una acción viva del mismo Cristo, y de toda la Iglesia –que somos cada uno de nosotros- en unión con Él. “Cuando la Iglesia celebra la Eucaristía, hace memoria de la Pascua de Cristo y éste se hace presente: el sacrificio que Cristo ofreció una vez para siempre en la Cruz, permanece siempre actual” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1364).

Durante su estancia en la tierra, Cristo no ha podido morir y resucitar delante de cada uno de los seres humanos que entonces habitaban en la tierra. Ha querido sin embargo, que esa muerte reparadora de los pecados de todos los hombres, ese Sacrificio y su Resurrección gloriosa sean actuales ante la mirada de todos los hombres y mujeres de todos los tiempos, hasta la consumación de los siglos. Y que todos, cada uno, la vivamos con Él.

¿Cómo es esto posible? En la Santa Misa el Señor nos ha dejado “una señal clara de su amor”; y nos manifiesta el deseo de “estar siempre cerca de nosotros”; y, a la vez, nos invita a “participar de su Muerte y de su Resurrección” (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1337).

En la Misa nos unimos en la tierra al sacrificio, muerte y resurrección de Cristo, y Cristo se une a nosotros en adelanto de la unión que nos prepara con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, en la vida eterna.

“La Misa es, a la vez e inseparablemente, el memorial sacrificial en que se perpetúa el sacrificio de la cruz, y el banquete sagrado de la comunión en el Cuerpo y la Sangre del Señor. Pero la celebración del sacrificio eucarístico está totalmente orientada hacia la unión íntima de los fieles con Cristo por medio de la comunión. Comulgar es recibir a Cristo mismo que se ofrece por nosotros” (Catecismo, n. 1382).

Podemos decir, con otras palabras, que la Eucaristía, en cuanto es participación activa del cristiano en la vida, muerte y resurrección de Cristo, es el cauce para una “identificación con Cristo en espíritu y en verdad”, que queda refrendada con la recepción de la Comunión: un encuentro personal con Jesucristo resucitado que viene a nosotros para hacer morada en nosotros.

“De por sí, el sacrificio eucarístico se orienta a la íntima unión de nosotros, los fieles, con Cristo mediante la comunión” (Juan Pablo II). Por eso hemos de recibir la Sagrada Comunión en gracia, libres de pecado: porque recibimos a Quien se murió por nosotros para redimirnos del pecado.
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Cuestionario.

-¿Somos conscientes de que en la Santa Misa está presente Cristo Resucitado?

-¿Vamos a vivir la Eucaristía sabiendo que participamos de la Muerte y de la Resurrección de Cristo?

-Al recibir la Comunión, ¿nos damos cuenta de que acogemos en nuestro corazón a la Persona Viva de Jesucristo?

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