sábado, 31 de julio de 2021

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Sábado, 31 de Julio de 2021

Es hermoso recorrer la vida de los Santos para percibir lo que puede hacer el Espíritu Santo en la vida de un ser humano, para ver como el Espíritu Santo puede cambiar completamente la vida de una persona y llevarla a lo más alto. Hoy recordamos lo que hizo el Espíritu Santo en San Ignacio de Loyola. Después de una batalla defendiendo la ciudad de Pamplona, el valiente Ignacio quedó herido. Allí el Espíritu Santo aprovechó para hacer de las suyas. Durante el tiempo de reposo Ignacio se dedicó a la lectura, y este providencial acontecimiento hizo que leyera la vida de Cristo y algunas vidas de santos, con lo cual se encendió en él la llama de la entrega apasionada al Señor. En el altar de la Virgen de Montserrat dejó su espada y comenzó una peregrinación vestido de mendigo. Al poco tiempo alcanzó una gran profundidad espiritual que expresó en sus ejercicios espirituales. Luego de una adecuada preparación, se ordenó de sacerdote y formó un pequeño grupo con fuertes inquietudes evangelizadoras. De allí surgió después su fecunda Compañía de Jesús. Sus obras y las de su Compañía son incontables. A la muerte de Ignacio, en 1556, la Compañía había llegado a la India y a Japón, con un inquebrantable entusiasmo y creatividad evangelizadora. Ciertamente la tarea evangelizadora de la Iglesia le debe muchísimo. Pasó los últimos tiempos de su vida disfrutando de altísimas experiencias místicas, cargadas de llamativa ternura y de místico gozo, que aparecen reflejadas en su diario íntimo. Para Ignacio Dios debía ser el principio y el fundamento de todo. Por eso, lo primero en la vida cristiana consiste en aceptar con amor que la propia vida haya sido creada para amar, adorar y servir a Dios. Aceptando eso con sinceridad, entonces sí es realmente posible dejarlo todo y entregarlo hasta el fin, sin reservas. De hecho, la vida de Ignacio estuvo consagrada a buscar la mayor gloria de Dios, y todas sus obras eran realizadas con esa finalidad. _Pidámosle al Espíritu Santo que nuestra vida no transcurra en la mediocridad, que nos transforme hasta el fondo y nos lleve a vivir en profundidad, entregándolo todo._ _No podemos hacerlo solos; pero el Espíritu Santo puede hacerlo, su cooperamos con Él_ _Que así sea._

sábado, 24 de julio de 2021

o Apóstol, Patrón de EspañSolemnidad de Santiaga. « Mi cáliz lo beberéis.»

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (4,33; 5,12.27-33; 12.2): El rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago. En aquellos días, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor y hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Los condujeron a presencia del Sanedrín y el sumo sacerdote los interrogó: -«¿No os hablamos prohibi-do formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.» Pedro y los apóstoles replicaron: -«Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nues-tros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Tes-tigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.» Esta respuesta los exasperó, y decidieron acabar con ellos. Más tarde, el rey Herodes hizo pasar a cu-chillo a Santiago, hermano de Juan. Salmo 66,2-3.5.7-8: Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. R./ El Señor tenga piedad y nos bendiga, // ilumine su rostro sobre nosotros; // conozca la tierra tus cami-nos, // todos los pueblos tu salvación. R./ Que canten de alegría las naciones, // porque riges el mundo con justicia, // riges los pueblos con recti-tud // y gobiernas las naciones de la tierra. R./ La tierra ha dado su fruto, // nos bendice el Señor, nuestro Dios. // Que Dios nos bendiga; // que le te-man hasta los confines del orbe. R./ Lectura de la segunda carta de San Pablo a los Corintios (4,7-15): Llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús. Hermanos: El tesoro del ministerio lo llevamos en vasijas de barro para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros. Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no desesperados; acosa-dos, pero no abandonados; nos derriban, pero no nos rematan; en toda ocasión y por todas partes, lleva-mos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte, por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. Así, la muerte está actuando en nosotros, y la vida en vosotros. Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también con Jesús nos resucita-rá y nos hará estar con vosotros. Todo es para vuestro bien. Cuantos más reciban la gracia, mayor será el agradecimiento, para gloria de Dios. Lectura del Santo Evangelio según San Mateos (6, 20–28): Mi cáliz lo beberéis. En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: -¿«Qué deseas?» Ella contestó: -«Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.» Pero Jesús replicó: -«No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber? » Contestaron: -«Lo somos.» Él les dijo: -«Mi cáliz lo bebe-réis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mi concederlo, es para aquellos para quie-nes lo tiene reservado mi Padre.» Los otros diez, que lo hablan oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: -«Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.»  Pautas para la reflexión personal  Dios nos da fuerzas para poder "beber de su cáliz" "El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándolo de un madero. La diestra del Señor lo exaltó haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión con el perdón de los pecados" Hechos 4,33. Este texto de los Hechos de los Apóstoles contiene el kerigma completo proclamado por ellos después de la resurrección, consiguientemente también por Santiago, que será el primero en derramar su sangre y participar plenamente en el cáliz redentor de Cristo, como respondió a Jesús que podía. Bajo la autoridad de Pedro y con el acuerdo de los doce, se distribuyen la tierra conocida para procla-mar este mensaje de perdón y de salvación, como les había ordenado Jesús. Según la tradición, a España, provincia del Imperio, viene Santiago el Mayor, uno de los hijos del Zebe-deo, el hermano de Juan. De carácter fuerte y ambicioso, arrebatado, Hijo del Trueno, y predilecto del Señor. Hispania, culturizada por Roma, se había enriquecido con un cruce de colonizaciones y civilizacio-nes. Desde la Hesperia de los griegos y la Iberia de los cartagineses hasta de nuevo la Hispania romana, de vuelta al nombre de los fenicios, seguidores de los reyes del mito, Gerión, Gárgoris y Habis, su hijo inces-tuoso, amamantado por las ciervas del monte, como Rómulo y Remo por la loba de Roma, los iberos de África, antes de Argantonio, ya habían dado a nuestra patria el nombre primigenio de Iberia, como hija del padre Ebro, máximo exponente de la tierra. Del centro y del norte de Europa, llegaron después los celtas, hombres rubios y algo más refinados, en contraste con los africanos, que eran morenos y fuertes. Del mestizaje de los dos pueblos nacerán los cel-tíberos, que darán el nombre a Celtiberia. Los griegos también colonizan a Iberia, antes de que vengan los romanos e integren la península como Hispania, constituida ya colonia romana. Este cruce de invasiones dio lugar a un enjambre de paganismo y de religiones, necesitadas de evan-gelio y difíciles para recibirlo. A este campo duro de siembra llega Santiago, y aquí, lejos de Oriente, en el "finis terrae" y confín del "mare tenebrosum", donde acaba la tierra, sembró las primeras semillas de las que brotaron los siete varo-nes apostólicos, todos ungidos obispos de las primeras comunidades cristianas de España, que prepararán la gran gesta y la mayor evangelización de los nuevos pueblos de América, donde después de 1.500 años, España dejará la fe, la lengua, las costumbres y hasta el nombre de algunas ciudades, como Santiago de los Caballeros en la República Dominicana, Santiago en Cuba, en Brasil, en Panamá, en Costa Rica, en Paraguay, en Perú y en Chile. Sudor y zozobra. Angustia y desamparo. Tanto sufría Santiago que María, la madre del Señor, compa-decida de la soledad del Apóstol y, seguramente con la recomendación de su hermano Juan, y su “hijo, vino en carne mortal a Zaragoza, la Cesaraugusta de nombre imperial, situada en la orilla del Ebro, a con-fortar su espíritu, según mantiene la vieja y arraigada tradición. María fortaleció su corazón solitario, su siembra al parecer estéril, la tortura del Reino que no cuajaba. No hay soledad mayor que la del que habla un lenguaje que no es comprendido, ni él mismo comprende el lenguaje y la vida de aquellos a quienes trae la Vida, porque se expresan en códigos diferentes. Su siembra dolorosa fue fecunda: Santiago introdujo a María en España y España introducirá a María igualmente en América y con ella la fe, hoy tan firme y floreciente. Vuelto a Jerusalén, "el rey Herodes lo hizo decapitar para complacer a los judíos". A los que seguimos sembrando nos fortalece el pensar y ver que es verdad que el grano sembrado en tierra da mucho fruto, viendo la cosecha de la predicación del Apóstol, que parecía inútil. Según el Codex Calixtinus del siglo XII, y la Leyenda Áurea del siglo XIII, los discípulos del santo trans-portaron su cuerpo por mar hasta Galicia, y lo depositaron cerca de la ciudad romana Iria Flavia. Otra tradición hace protagonistas a los monjes andaluces que, huyendo de la invasión musulmana, subieron hacia arriba, llevando consigo los huesos de Santiago. Pero el hecho de la evangelización de Es-paña por Santiago consta ya en el Breviarium Apostolorum del siglo VII. Su sepulcro, como el de Jesús en Jerusalén, en las Cruzadas, y el de Pedro y Pablo en Roma, en las romerías, se convirtió en lugar de peregrinación, para conseguir la perdonanza atravesando el Pórtico de la Gloria del maestro Mateo. Allí nació Europa, y allí tiene sus raíces. A recobrar esas raíces de su evangelización convocó Juan Pa-blo II a Europa, en el año 1982: "Europa, sé tú misma". Venían de Europa los peregrinos, trasvasando fe, cultura y fraternidad. Con las multitudes vinieron también personajes como Carlomagno y el Poverello de Asís. Desde Somport a Roncesvalles, llegando hasta Puente la Reina en Navarra, la tierra riojana, y la caste-llana hasta arribar por fin en Galicia, a Santiago, Campo de estrellas. Decían los alemanes: Grande fue nuestra devoción en Roma ante San Pedro y San Pablo, pero la mayor la sentimos ante el sepulcro de Santiago en Compostela. Avanzaban cantando sin importarles mezclar el latín con el alemán: “Herru Santiagu, Got Santiagu, eu-treia, esuseia, Deus aia nos. “Señor Santiago, Divino Santiago, adelante, arriba, Dios nos ayude. Bien puede decir Santiago con Pablo que "el tesoro de la fe lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros". Por eso aunque "nos aprietan por todos lados, no nos aplastan". Y si "nos entregan a la muerte por causa de Jesús, es para que la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal" 2 Corintios 4,7. Como a Él lo entregaron a la muerte, también a nosotros. Por tres veces fue corregido por Jesús: En Samaria, cuando quería hacer llover fuego de destrucción. Cuando interpuso la mediación de su madre pidiendo el puesto más apetecible a su entender. Cuando en Getsemaní, se durmió mientras Jesús agoni-zaba: “¿No habéis podido velar una hora conmigo?.  ¿Podéis beber mi cáliz? Con el martirio de Santiago se cumple la palabra profética de Jesús: "Beberéis mi cáliz". Se lo dijo cuando estaba lejos de desear la muerte, sino un cargo sobresaliente en el reino de Jesús, concebido a la manera humana, en competencia con Pedro, quien, con su hermano Juan, eran los tres predilectos de Jesús: Les había elegido para que vieran la resurrección de la hija de Jairo, la transfiguración y su oración en el Huerto. "No sabían lo que pedían" Mateo 20,20. Ocurre hoy, como ayer y como siempre, cuando se busca, se pretende, se rodea el mundo y se inter-ponen mediadores para conseguir los primeros puestos, sin darse cuenta de que el porrazo es más reso-nante, cuanto de más alto se cae. Ya dijo San Pío X, cuando le elevaron a obispo de Mántua: mientras el sacerdote lleva la cruz por dentro es soportable. Cuando la lleva por fuera, es intolerable. Pero al que lo procuró hay que recordarle la frase castella-na: Fraile mostén, tú lo quisiste, tú te lo ten. Los dos Zebedeos, Santiago y Juan, sobre todo el impetuoso Santiago, como los discípulos que se in-dignaron cuando oyeron su pretensión, estaban aún verdes para la cosecha del martirio. No había venido todavía el Espíritu que les haría fuertes a unos y a otros para dar testimonio de la muerte y la resurrección de Cristo. Que nadie se desespere ante su inmadurez en la fe, sabiendo que esta fuerza viene de Dios, que cons-tantemente trabaja nuestro corazón, si le dejamos, con la gracia, con el riego de la oración personal, con los sacramentos, y especialmente con el de la Eucaristía, que estamos celebrando, con el que nos unimos a la Pascua de Jesús. Con su fuerza "nuestra tierra dará su fruto, porque nos bendice el Señor, nuestro Dios" Salmo 66. (Rvdo. Jesús Martí Ballester)

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Sábado, 24 de Julio de 2021

¿Cómo transforma nuestro comportamiento el Espíritu Santo? Lo hace con la ayuda de nuestra cooperación, porque Él quiere que también seamos activos en nuestro crecimiento. El desarrollo de las virtudes requiere algunas renuncias. Por ejemplo, para aprender a ser pacientes, a veces tenemos que renunciar a decir algunas cosas, o a quejarnos, o a maltratar a otros; para ser humildes a veces tenemos que renunciar a hablar de nosotros mismos; para ser generosos tenemos que renunciar a algunos bienes. Cada vez que decimos que no a algo inconveniente (un amor prohibido, una experiencia peligrosa, algo indebido) nos queda un vacío, una especie de hueco interior que reclama. Pero ¿con qué se llena ese vacío para que se convierta en algo positivo? En realidad, el solo hecho de renunciar a algo que no es bueno ya debería hacernos sentir nobles y serenos con nuestra conciencia. Pero eso puede ser sólo orgullo, una necesidad de aparentar, el deseo de sentirse importante, o una forma de cuidarse para evitar problemas. Entonces, eso no hace más que dejarnos en la superficialidad. Lo único que llena el vacío es el amor. Renunciar cuando es necesario, pero por amor, realmente por amor. Entonces sí una renuncia nos deja una sensación de haber profundizado en la vida. Ninguna virtud vale la pena si no está impregnada de amor. Por eso, una persona austera y sacrificada, pero sin amor, no es más que un egoísta o un vanidoso. Se contempla a sí mismo y le gusta sentirse más perfecto que otros. Eso no es profundidad, porque la persona se queda en el nivel superficial de la vanidad. Pero sólo el Espíritu Santo puede darnos el amor que no tenemos, y por eso, antes de cualquier esfuerzo, es necesario invocarlo y pedirle insistentemente que derrame la fuerza del amor en nuestro interior. .

lunes, 19 de julio de 2021

Lunes, 19 de Julio de 2021

Cuando uno recibe el Espíritu Santo como fuente del propio bien, uno se vuelve un instrumento para comunicar ese bien a los otros. San Buenaventura enseña que si uno deja de dar, deja también de recibir, por eso, la mejor manera de conservar los bienes espirituales es comunicándolos, compartiéndolos. El Espíritu Santo no puede actuar en una persona que se resiste a dar y a compartir. _"Si los ángeles superiores se contuvieran y no quisieran comunicarse a los ángeles inferiores, se cerrarían para sí mismos el camino del influjo divino. Si niegas a otros el bien que recibes de Dios, no eres digno de la vida eterna"._ (S. Buenaventura) También decía San Buenaventura: _"¿Quieres que la piedad de la madre Iglesia descienda hasta ti? Entonces llena el cántaro del vecino."_ Cuando lleno el cántaro del hermano, mi cántaro se mantiene lleno. Es el milagro del amor que puede producir el Espíritu Santo en nuestras vidas. .

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Lunes, 19 de Julio de 2021 Cuando uno

recibe el Espíritu Santo como fuente del propio bien, uno se vuelve un instrumento para comunicar ese bien a los otros. San Buenaventura enseña que si uno deja de dar, deja también de recibir, por eso, la mejor manera de conservar los bienes espirituales es comunicándolos, compartiéndolos. El Espíritu Santo no puede actuar en una persona que se resiste a dar y a compartir. _"Si los ángeles superiores se contuvieran y no quisieran comunicarse a los ángeles inferiores, se cerrarían para sí mismos el camino del influjo divino. Si niegas a otros el bien que recibes de Dios, no eres digno de la vida eterna"._ (S. Buenaventura) También decía San Buenaventura: _"¿Quieres que la piedad de la madre Iglesia descienda hasta ti? Entonces llena el cántaro del vecino."_ Cuando lleno el cántaro del hermano, mi cántaro se mantiene lleno. Es el milagro del amor que puede producir el Espíritu Santo en nuestras vidas. .

jueves, 15 de julio de 2021

16ª semana del tiempo ordinario. Domingo B: Mc 6, 30-34

El domingo pasado veíamos cómo Jesús envía a sus apóstoles a predicar de dos en dos por aquellos pueblos cercanos. Hoy consideramos la vuelta. Vuelven contentos por la labor realizada. Han visto cómo los demonios se alejaban, especialmente por la conversión de muchos a quienes predicaban lo que ellos habían aprendido de las enseñanzas de Jesús. Pero también estaban cansados. Jesús, lleno siempre de bondad y misericordia les propone tener unas vacaciones. Para ello suben a la barca para pasar a la otra orilla, que era lugar más solitario a fin de poder examinar y evaluar todo lo que habían realizado en aquellos días de predicación. Las vacaciones son muy buenas o, como podemos decir de todas las cosas de la tierra, pueden ser buenas, como también pueden desvirtuarse. Desgraciadamente hay cristianos que en tiempo de vacaciones se apartan de las cosas de Dios, porque se entregan al desenfreno y quizá a los vicios. Decía el papa Juan Pablo II que las vacaciones sirven para “redescubrir los auténticos valores del espíritu”. Lo que pasa, decía, es que muchas veces “se quema el espíritu por la disipación y la simple diversión”. Pero, decía: “pueden convertirse en una ocasión propicia para volver a dar aliento a la vida interior”. Así que buena es una sana recreación y esparcimiento, pero dejando espacio para la oración, las buenas lecturas, sin olvidar la participación en los sacramentos, especialmente la Eucaristía en el día del Señor. El caso es que la gente, que ansiaba escuchar la palabra de Jesús, cuando les vio marcharse en la barca, se fueron deprisa por la orilla, y cuando llegó Jesús con los apóstoles, vio que había una gran multitud deseando escucharle. Se terminaron las vacaciones. Una gran cosa es saber cambiar de planes, adaptándose a las nuevas circunstancias. A veces encontramos personas que o nunca pueden tener vacaciones por sus ocupaciones como pasa con muchas familias pobres, o no quieren tenerlas, como pasa con personas religiosas muy entregadas a su vida de convento o a labores apostólicas. De todas las maneras podemos considerar, como vacaciones necesarias para todos, los momentos que debemos tener de oración y tranquilidad con Dios, como Jesús que se solía retirar solo a orar. La misa del domingo podemos aceptarla como un pequeño retiro con Jesús para revisar nuestra vida. Jesús se compadeció de la gente porque les vio “como ovejas sin pastor”. Hoy en la primera lectura el profeta Jeremías, de parte de Dios, se queja de los malos pastores o guías espirituales en el pueblo de Israel y promete que Dios enviará un pastor de verdad que nos guiará por los caminos rectos. Una oveja sin pastor no es oveja libre sino descarriada, que va sin saber a dónde ir y está expuesta al asalto de cualquier alimaña. Así pasa con muchos que se creen libres, pero están desorientados. No encuentran el sentido de su vida y cada vez más ven problemas sin soluciones. Debemos tener un verdadero pastor, que no sea un hombre como nosotros. Por eso Dios mismo se hizo como nosotros, para enseñarnos el camino, de modo que nosotros, sin perder la libertad, aceptemos el camino recto del amor y las bienaventuranzas. Jesús actúa como un verdadero pastor. No pierde la calma, sino que “con calma” se pone a predicar. No nos dice san Marcos qué es lo que predicaría. Cuando es así, se supone que principalmente expondría el “Reino de los cielos”, como dice al principio de su evangelio, Reino que ya se da aquí al aceptar el amor de nuestro Padre Dios y al realizar ese amor en la concordia y hermandad entre todos nosotros. En la Iglesia es necesaria la formación de “pequeños grupos”, pero también la dedicación a la multitud. A veces es difícil el equilibrio y puede haber tensiones y problemas. Jesús predicaba a la multitud, pero muchas veces se reunía a solas con los discípulos, porque les tenía que enseñar más profundamente lo que hablaba para todos. Así nosotros aprovechemos lo que es para todos y los encuentros más íntimos. Padre SILVERIO

Domingo de la Semana 16ª del Tiempo Ordinario. Ciclo B «Andaban como ovejas sin pastor»

Lectura del Profeta Jeremías (23, 1-6): Reuniré el resto de mis ovejas y les pondré pastores. Ay de los pastores que dispersan y dejan perecer las ovejas de mi rebaño -oráculo del Señor-. Por eso, así dice el Señor, Dios de Israel: «A los pastores que pastorean a mi pueblo: Vosotros dispersasteis mis ove-jas, las expulsasteis, no las guardasteis; pues yo os tomaré cuentas, por la maldad de vuestras acciones - oráculo del Señor-. Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas de todos los países adonde las expulsé, y las volveré a traer a sus dehesas, para que crezcan y se multipliquen. Les pondré pastores que las pastoreen; ya no temerán ni se espantarán, y ninguna se perderá -oráculo del Señor-. Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que suscitaré a David un vástago legítimo: reinará como rey prudente, hará justicia y derecho en la tierra. En sus días se salvará Judá, Israel habitará seguro. Y lo llamarán con este nombre: El-Señor-nuestra-justicia.» Salmo 22,1-3a.3b-4.5.6: El Señor es mi pastor, nada me falta. R./ El Señor es mi pastor, nada me falta: // en verdes praderas me hace recostar; // me conduce hacia fuentes tranquilas // y repara mis fuerzas. R./ Me guía por el sendero justo, // por el honor de su nombre. // Aunque camine por cañadas oscuras, // nada temo, porque tú vas conmigo: // tu vara y tu cayado me sosiegan. R./ Preparas una mesa ante mi, // enfrente de mis enemigos; // me unges la cabeza con perfume, // y mi copa rebosa. R./ Tu bondad y tu misericordia me acompañan // todos los días de mi vida, // y habitaré en la casa del Se-ñor // por años sin término. R./ Lectura de la carta de San Pablo a los Efesios (2, 13-18): Él es nuestra paz, él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa. Hermanos: Ahora estáis en Cristo Jesús. Ahora, por la sangre de Cristo, estáis cerca los que antes es-tabais lejos. Él es nuestra paz. Él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, derribando con su carne el muro que los separaba: el odio. Él ha abolido la Ley con sus mandamientos y reglas, haciendo las paces, para crear con los dos, en él, un solo hombre nuevo. Reconcilió con Dios a los dos pueblos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte, en él, al odio. Vino y trajo la noticia de la paz: paz a voso-tros, los de lejos; paz también a los de cerca. Así, unos y otros, podemos acercarnos al Padre con un mis-mo Espíritu. Lectura del Santo Evangelio según San Marcos (6, 30–34): Andaban como ovejas sin pastor. En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: «Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco.» Porque eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.  Pautas para la reflexión personal  El vínculo entre las lecturas Los reyes han pastoreado mal al pueblo elegido y por eso se han dispersado. El Señor nunca se olvida de su pueblo elegido y promete reunirlos de nuevo mandando buenos pastores - como el Rey David - que siendo prudentes y justos, devolverán al pueblo el descanso en su tierra (Primera Lectura). En el Evangelio Jesús se muestra como el Pastor Bueno que siente lástima y compasión por las multitudes que lo siguen ya que andan necesitadas de orientación y es por eso que se pone a enseñarles «muchas cosas». El pastoreo de Jesucristo es universal y por medio de su sacrificio salvífico es capaz de derrumbar el «muro de enemistad» que existía entre judíos y paganos. Efectivamente, un muro de piedra separaba en el Templo de Jerusalén el patio de los judíos del patio de los paganos; el historiador Flavio Josefo relata que sobre este muro había letreros que prohibían el paso a todo extranjero bajo pena de muerte. Las legiones romanas de Tito y Vespasiano derribaron el muro físico en el año 70. Pero ya antes Jesucristo había hecho de los dos pueblos «un solo Cuerpo», un nuevo pueblo (Segunda Lectura).  «El Señor es mi pastor nada me falta…» La Primera Lectura del profeta Jeremías contiene un pliego de reclamos contra los malos pastores del pueblo de Israel; condena que viene a sumarse a la que encontramos en Ezequiel 34. El concepto de «pas-tor» en el Antiguo Testamento es muy amplio y se refiere fundamentalmente a los reyes siendo también aplicable a los profetas y a los sacerdotes. Era una imagen muy familiar en una cultura de pueblos nóma-des, cuyos antepasados fueron pastores: los Patriarcas, Moisés y el mismo rey David entre otros. Ante el abandono del pueblo, será el mismo Señor quien ahora se convertirá en el Pastor de su rebaño y suscitará en el futuro un vástago legítimo de David; cuyo nombre será «germen -retoño- justo». Jugando con el nombre Sedecías , rey de turno que había sido impuesto por los babilonios, Jeremías evocará al rey ideal por el cual el Señor hará justicia, es decir salvará a su pueblo. El rey esperado se llamará «Yahveh nuestra justicia». La justicia - en sentido bíblico- designa la reconciliación que Dios realiza en la historia, restituyendo al hombre la posibilidad de volver a entrar en alianza con Él. El hombre cuando peca se hace injusto; Dios, en su infinita misericordia, hace justo al hombre a través de la reconciliación, haciéndolo capaz de vivir nue-vamente en relación con Él. A la «justicia-reconciliación» de Dios corresponde la respuesta del hombre, que con su fidelidad a la Ley se mantiene como «hombre justo» delante de Dios. Por lo tanto, el Plan mesiánico de justicia implica, por una parte, la acción reconciliadora, gratuita y misericordiosa de Dios; por otra, la res-puesta humana de fidelidad a los mandamientos, practicando la justicia con sus semejantes. Jeremías anuncia que el Señor reunirá de nuevo a su pueblo y cuidará de él, a través de un rey ideal de justicia y a través de pastores que, ejerciendo el derecho y la justicia, devolverán al pueblo la posesión de la tierra y la felicidad de habitar en ella. El regreso deseado a la tierra prometida será tan admirable como la entrada original en la tierra y hará olvidar el antiguo Éxodo (ver Jr 16,14-15). El Salmo responsorial de este Domingo es el bellísimo Salmo 23 (22): «El Señor es mi pastor, nada me falta. Por prados de fresca hierba, me apacienta». Es tal la belleza y la riqueza de este salmo, que los Pa-dres de la Iglesia veían en él un claro anuncio del banquete eucarístico: «Tú preparas ante mí una me-sa...unges con óleo mi cabeza, rebosante está mi copa…».  «Venid a mí los cansados...» El Evangelio del Domingo pasado nos narraba el momento en que Jesús mandó por primera vez a los Doce a predicar la Buena Nueva. Los apóstoles se reunieron con Jesús a contarle, con alegría, lo que ha-bían hecho y enseñado. Vemos como el Señor y sus discípulos terminaban extenuados después de la mi-sión apostólica por las ciudades y aldeas vecinas, no teniendo ni tiempo para comer. Entonces Jesús asu-me la actitud paternal del buen Pastor y les dice: «venid vosotros solos a un sitio tranquilo y descansad un poco». Él mismo se preocupa de que los apóstoles tomen un merecido descanso. Este bello gesto de Jesús tan humano y tan comprensivo, nos muestra la actitud que tiene con cada uno de nosotros. El Evangelio nos enseña que no existe para el hombre descanso verdadero, sino es en Dios. Según leemos en la Biblia, Dios trabajó seis días, llevando a cabo la obra de la creación, y al séptimo día, Dios «descansó». San Agustín nos dice: «¡Cuánto nos ama Dios, pues cuando descansamos nosotros, llega a decir que descansa Él!». El verdadero descanso del hombre es una participación en el descanso de Dios. El descanso no puede ser entendido solamente como una reposición de las sustancias vitales desgas-tadas por la faena diaria ya que el ser humano es mucho más que un conglomerado de complejos procesos químicos. El verdadero descanso tiene en cuenta que el hombre, creado a imagen y semejanza del Creador, so-lamente lo podrá realizar en amistad con su Creador. Este Evangelio nos muestra la realización concreta de esa invitación que Jesús dirige a todos: «Venid a mí los cansados y agobiados; yo os daré descanso» (Mt 11,28). Esto es lo que hace Jesús con sus apóstoles. En ese mismo texto Jesús indica la condición del ver-dadero descanso: «Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas» (Mt 11,29). Por eso si no descansa en el Señor el alma y el espíritu; tampoco podrá repo-sar plenamente el cuerpo. Hoy en día vemos por doquier que lo que verdaderamente falta es el «descanso del alma y del espíritu». Los mismos días libres son días de agitación y hasta de compras para muchos. No hay tiempo para la oración ya que no hay tiempo para entrar en el descanso de Dios sin embargo sigue muy vigente la experiencia de San Agustín: «Nos creaste, Señor para ti y nuestro corazón está inquieto mientras no descanse en ti» (Confesiones 1,1). El peligro de quedar absorbidos en los muchos quehaceres amenazaba también a los apóstoles ya que «no les quedaba ni tiempo para comer». Y no obstante teniendo tanto que hacer, se fueron con Jesús en la barca a un lugar solitario.  Un corazón lleno de misericordia Al desembarcar, Jesús, vio mucha gente y «sintió compasión por ellos, pues estaban como ovejas sin pastor y se puso a enseñarles muchas cosas». El término griego de «sintió compasión» es «esplajnist-he»que se traduce mejor como: «fue movido a compasión». Es decir, no sólo sintió pena, sino amor y pie-dad. Es interesante notar que en los Evangelios este término se usa sólo en referencia a Dios ya que es un sentimiento propiamente divino. La multitud estaba desorientada, pero cuando ven a Jesús, allí se reúnen todos en un mismo lugar formando un solo rebaño. Él los congrega en torno a sí. Mientras están con Él, escuchándolo, siguiéndolo; están seguros, no les falta nada porque tiene un Pastor. Jesús es el único Pas-tor, es el Buen Pastor que da la vida por cada uno de nosotros. La verdadera compasión con los pobres, como escribe Beda, consiste en abrirles por la enseñanza, el camino a la verdad que los librará de los pa-decimientos corporales. La obra de la reconciliación de Jesús ha consistido en unir lo que estaba separado, unir a los pueblos separados entre sí con Dios. Las expresiones «estar cerca» y «estar lejos» que leemos en la carta a los Efesios (ver Ef 2,13), ya las encontramos en Is 57,19; y eran frecuentes en los rabinos para designar a los judíos y a los paganos respectivamente. De los prosélitos se decía que «habían sido acercados». Los úni-cos que se consideraban «cerca» eran los judíos. Judíos y paganos estaban separados, como hemos men-cionado, por un muro físico (Soreg)en el Templo de Jerusalén. El muro material era símbolo de la separa-ción moral existente. Ambos pueblos estaban necesitados de reconciliación y de paz, como vemos también hoy en día. Unidos en Cristo se ha formado un solo pueblo, un solo cuerpo que tiene a Cristo mismo por cabeza. Un solo rebaño con un solo Pastor…  Una palabra del Santo Padre: «El Evangelio de hoy nos dice que los apóstoles después de la experiencia de la misión, están conten-tos pero cansados. Y Jesús lleno de comprensión quiere darles un poco de alivio. Entonces les lleva a aparte, un lugar apartado para que puedan reposarse un poco. “Muchos entretanto los vieron partir y en-tendieron… y los anticiparon”. Y a este punto el evangelista nos ofrece una imagen de Jesús de particular intensidad, ‘fotografiando’ por así decir sus ojos y recogiendo los sentimientos de su corazón. Dice así el evangelista: “Al desembar-car, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato”. Retomemos los tres verbos de este sugestivo fotograma: ver, tener compasión, enseñar. Los podemos llamar los ‘verbos del Pastor’. El primero y el segundo están siempre asociados a la actitud de Jesús: de hecho su mirada no es la de un sociólogo o la de un foto repórter, porque Él mira siempre “con los ojos de corazón”. Estos dos verbos: ‘ver’ y ‘tener compasión’, configuran a Jesús como el Buen Pastor. También su compasión no es solo un sentimiento humano, pero es la conmoción del Mesías en la que se hizo carne la ternura de Dios. Y de esta compasión nace el deseo de Jesús de nutrir a la multitud con el pan de su palabra. O sea, enseñar la palabra de Dios a la gente. Jesús ve; Jesús tiene compasión; Jesús enseña. ¡Qué bello es esto!». Papa Francisco. Ángelus del 19 de julio de 2015.  Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana 1. ¿Qué es descansar? Descansar no significa hacer nada o perder tristemente el tiempo viendo du-rante horas la televisión sin ningún provecho. Descansar es ocuparse de otras actividades útiles para nosotros y nuestro prójimo. ¿Cómo aprovecho mis días de descanso? ¿Cómo vivo el «día del Señor»? 2. Leamos y meditamos en familia el bello Salmo 23(22): «El Señor es mi Pastor». 3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales 426-429. 2034. 2448 texto facilitado por JUAN RAMON PULIDO, presidente de AORACIÓN NOCTURNA ESPAÑOLA, TOLEDO