sábado, 30 de octubre de 2021

31ª semana del tiempo ordinario. Domingo B: Mc 12, 28-38

Un letrado o escriba se acerca a Jesús para hacerle una pregunta. En varias ocasiones encontramos escribas que le preguntan algo a Jesús. La diferencia de este letrado de hoy es que parece que va con rectitud. Otros van con engaño, preguntando para ver si Jesús responde algo por lo cual le puedan acusar ante el pueblo. Cuando es así, Jesús no responde o lo hace de forma no directa; pero hoy a este letrado le va a responder llanamente, de modo que es una enseñanza directa de Jesús para nosotros. Le pregunta: cuál es el principal de los mandamientos. Alguno se pregunta cómo un hombre docto y piadoso no sabe cuál es lo principal, cuando lo que le va a responder Jesús, todos lo saben, pues lo recitan todos los días y aun varias veces al día. Aun así no se decía que era lo principal y había diversas teorías entre los entendidos y hasta cientos de preceptos para poder escoger. Es bueno plantearnos también nosotros cuál es lo principal, pues a veces ponemos por encima del amor diversas costumbres. Jesús le responde recitando el “Shemá” o escucha, que es el principio de la proclamación de que hay un solo Dios y a ese Dios hay que amarle con todo el corazón. El escriba sólo había preguntado a Jesús por el primer mandamiento; pero Jesús responde por el primero y el segundo, ya que forman una unidad. Esta es la gran novedad de la respuesta de Jesús. Ya en el Antiguo Testamento se hablaba del amor al prójimo; pero estaba un poco difuminado, sobre todo por el concepto de prójimo, que se refería especialmente a los de la misma religión. Jesús especifica en otros lugares que prójimo es todo aquel que está necesitado y amar al prójimo será hacer el bien a todos, hasta a los propios enemigos. Es un acto que proviene del amor a Dios. A algunos no les gusta la palabra “mandamiento”, porque parece que alguien nos quiere imponer algo. Se podría decir “objetivo”. Entonces podríamos decir que el principal objetivo de nuestra vida debe ser el tener a Dios muy dentro de nosotros, de modo que sea lo único decisivo en nuestra vida y que todo lo hagamos en solidaridad con los demás. Pero la palabra mandamiento la debemos tomar como un signo de amor. Para orientarnos en la vida necesitamos mandamientos o preceptos, como son las leyes de un país o las normas de circulación. Entonces para orientarnos en lo esencial de nuestra vida, que es caminar con rectitud hacia la vida eterna, necesitamos normas precisas. Son signos del amor de Dios, que nos quiere guiar sin que perdamos la libertad. Todos los mandamientos proceden del amor de Dios, porque Dios es Amor. Por eso el principal debe ser responder al Amor con amor. Un amor que procede de lo más íntimo del alma y del corazón y un amor que se debe mostrar con los hechos. Estos hechos son precisamente las obras de misericordia con todos los prójimos, que en cristiano son nuestros hermanos, hijos del mismo Padre Dios. De ahí que no se puede separar el amor a Dios y el amor al prójimo. Hay gente que acentúa el amor a Dios descuidando el amor al prójimo, y hay gente que pone el acento en el amor al prójimo (filantropía), olvidando a Dios. Eso es un cristianismo a medias o más bien vacío del verdadero sentido de la vida. Claro que para amar a Dios hay que tener una persuasión total de su existencia, de que somos hechura de su amor. Basta examinar la naturaleza, la grande y la pequeña, para que nos demos cuenta de que existe ese ser grandioso, a quien llamamos Dios, y que todo está hecho para nuestro bien. Por lo tanto, toda la creación es un acto continuo de amor de Dios a nosotros. Por todo ello nuestra mayor finalidad ahora y por siempre debe ser amar a Dios con toda el alma, que significa la vida, con todo el corazón, que son las facultades interiores y con todas las fuerzas, que significan las posesiones y bienes terrenos. Amar a Dios es hacer que todas las cosas, la familia, el trabajo, las ocupaciones festivas, me lleven hacia Dios; y no que me aparten como el egoísmo, la avaricia y otros vicios. Amarle es tenerle presente por la oración y luego en el amor práctico con todos los demás. escrito, Padre Silverio

1 de noviembre. Todos los santos: Mt 5, 1-12ª

Hoy celebra la Iglesia la fiesta de todos los santos. Esta palabra “santo” en la Biblia se aplicaba sólo a Dios, pues significa: sagrado o separado. Pero luego se fue diciendo de todo lo que se acercaba más a Dios. Así ya san Pablo llama santos a los cristianos por el hecho de estar unidos a Dios por el bautismo. Después ya sólo se aplicó a aquellas personas que por su comportamiento están más cerca de Dios. Especialmente los mártires que, por su muerte gloriosa, se unen para siempre con Dios. La Iglesia desde el principio comenzó a honrar a los mártires en su día propio del martirio; pero ya por el siglo III eran tantos los mártires que tuvieron que celebrar su fiesta en un día todos juntos, aunque no tenían un día fijo. El 13 de Mayo del año 609 el papa consagró el panteón romano, que había sido templo pagano de todos los dioses, para que fuese templo de la Virgen María y de todos los santos. Unos cien años después la fiesta de todos los santos quedó fijada para el día 1 de Noviembre. Hay muchos santos, cuyos nombres conocemos, porque han sido “canonizados”, es decir declarados santos solemnemente por el papa, después de haber examinado minuciosamente su vida y sus escritos y normalmente después de que Dios ha ratificado esa santidad por uno o más milagros. Pero santos hay muchos más que no conocemos, quizá porque han vivido una vida muy oculta, pero que gozan con Dios con una gloria semejante. Entre estos santos habrá familiares y conocidos nuestros. Hoy es el día para festejar a todos y también para alzar nuestra mirada al cielo para pedir su protección y sobre todo para desear imitarles y un día poder estar con ellos en el cielo. Todos estamos llamados a la santidad. Nos lo ha dicho muchas veces la Iglesia. De una manera especial lo recalcó el Concilio Vaticano II. No es que haya que tener una vida externa diferente de los demás, aunque la verdad es que hay situaciones que ayudan y hay situaciones que pueden estorbar. Tenemos que esforzarnos por conseguir siempre ser mejores y tender a un ideal grande. No es fácil, pero tampoco es imposible. Para ello, Jesucristo nos enseñó el camino. El principal es la caridad. Sin amor no puede haber verdadera vida cristiana: Amor dirigido hacia Dios, que es nuestro Padre y nos acompaña, amor que se expresa especialmente en la oración, y amor hacia los demás, porque todos somos hermanos. Hoy en el evangelio se nos propone este ideal por medio de las bienaventuranzas. Son actitudes o maneras de ser. Son las condiciones para el seguimiento en el camino del Reino de Dios trazado por Jesús. Con ellas podemos imitar su misma vida. La santidad no es un camino triste, sino muy gozoso. Si queremos ser felices de verdad, debemos ser “pobres de espíritu”, que significa ser desprendidos de los bienes materiales, tenga uno algo de dinero o no tenga nada. Va en contra de la codicia, procurando llevar una vida sencilla y humilde. Se trata de tener una vida de confianza filial en Dios, que es nuestro Padre. La 2ª nos dice que hay que ser manso, ser suave con los demás en juicios, palabras y hechos. Para ello uno tiene que saber dominarse a sí para no violentar a los demás. La 3ª habla del llorar, no porque el santo tenga que ser triste, sino porque hay que sufrir por los propios pecados y por los males ajenos. En la 4ª nos habla de tener “hambre y sed de justicia”. Es un gran deseo en la perfección moral y religiosa. En la Biblia se llama justo al que se esfuerza sinceramente por cumplir la voluntad de Dios. Quien se esfuerza lo consigue, porque Dios nos ayuda. En la 5ª alaba a los misericordiosos. Se trata de compartir las desdichas del prójimo, materiales y espirituales. Dios nos medirá al final según nuestro grado de misericordia. En la 6ª alaba a los limpios de corazón. Un corazón sucio ofusca la visión para las cosas de Dios. En la 7ª se alaba a los pacíficos: No sólo los que eliminan las discusiones, sino los que trabajan por unir en la paz, que sale del amor. Por fin, aquel que es santo será objeto de persecuciones, porque el bien perturba a los malos.

Domingo de la Semana 31ª del Tiempo Ordinario. Ciclo B «¿Cuál es el mandamiento más importante?»

Lectura del libro del Deuteronomio (6, 2-6): Escucha, Israel: Amarás al Señor con todo el corazón. En aquellos días, habló Moisés al pueblo, diciendo: «Teme al Señor, tu Dios, guardando todos sus man-datos y preceptos que te manda, tú, tus hijos y tus nietos, mientras viváis; así prolongarás tu vida. Escúchalo, Israel, y ponlo por obra, para que te vaya bien y crezcas en número. Ya te dijo el Señor, Dios de tus padres: "Es una tierra que mana leche y miel." Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el cora-zón, con toda el alma, con todas las fuerzas. Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria.» Salmo 17,2-3a.3bc-4.47.51ab: Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza. R./ Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza; // Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R./ Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, // mi fuerza salvadora, mi baluarte. // Invoco al Señor de mi alabanza // y quedo libre de mis enemigos. R./ Viva el Señor, bendita sea mi Roca, // sea ensalzado mi Dios y Salvador. // Tú diste gran victoria a tu rey, // tuviste misericordia de tu Ungido. R./ Lectura de la carta a los Hebreos (7, 23-28): Como permanece para siempre, tiene el sacerdocio que no pasa Hermanos: Ha habido multitud de sacerdotes del antiguo Tes¬tamento, porque la muerte les impedía permanecer; como éste, en cambio, permanece para siempre, tiene el sacerdo¬cio que no pasa. De ahí que puede salvar definitivamente a los que por medio de él se acercan a Dios, porque vive siempre para inter-ceder en su favor. Y tal convenía que fuese nuestro sumo sacerdote: santo, ino¬cente, sin mancha, separado de los peca-dores y encumbra¬do sobre el cielo. Él no necesita ofrecer sacrificios cada día –como los sumos sacerdotes, que ofrecían primero por los propios pecados, después por los del pueblo–, porque lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. En efecto, la Ley hace a los hombres sumos sacerdotes llenos de debilidades. En cambio, las palabras del juramento, pos¬terior a la Ley, consagran al Hijo, perfecto para siempre. Domingo de la Semana 31ª del Tiempo Ordinario. Ciclo B «¿Cuál es el mandamiento más importante?» En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de to-dos?» Respondió Jesús: «El primero es: "Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser." El segundo es éste: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." No hay mandamiento mayor que éstos.» El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.» Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios.» Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.  Pautas para la reflexión personal  El vínculo entre las lecturas «Amar a Dios y al prójimo como a uno mismo»: ésta es la esencia y el fundamento del mensaje que Dios mismo ha manifestado al ser humano. No existe mandamiento más importante porque éste engloba todos los demás mandamientos ya que no existe nada más exigente para el ser humano que amar (Evan-gelio). En la Primera Lectura, el pueblo de Israel renueva su amor total y exclusivo en Yahveh. Jesucristo es el Sumo Sacerdote que nos hacía falta ya que Él mismo es quien se ofrece, en un acto sublime de amor, al Padre para la reconciliación de los hombres e intercede en el cielo por cada uno de nosotros.  «Escúchalos y cúmplelos con cuidado para que seas feliz» El texto del Dt 6,4-9, juntamente con Dt 11,13-21 y Nm 15,38-44, integran el conocido «Shemá» deno-minado así por la primera palabra hebrea de Dt 6,4: «Escucha» y que desde finales del siglo I de nuestra era, no ha dejado de rezarse mañana y tarde por los judíos observantes. De todos los textos que componen el «Shemá»; Dt 6,4-9 es el más importante por contener la proclamación por excelencia de la fe judía: «El Señor es uno». Tras la palabra «Shemá», con que se invita a Israel a ponerse en actitud de escucha, se proclama solemnemente la unidad de Yahveh-el Señor, de donde se hace derivar la unión plena y total de Israel con Él. Constituye así el «mandamiento principal» de Israel. La triple expresión de Dt 6,5 (con todo tu corazón, alma y fuerzas) insiste en el amor total y sin reservas al Señor. El corazón y el alma, generalmente considerados como sede de toda la vida interior (psíquica y espiritual) del hombre. A estas facultades interiores se han de asociar las exteriores: las manos y los ojos (Dt 6,8). Toda la persona tiene que guardar cuidadosamente todas estas palabras del Señor en su corazón .  «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?» El Evangelio de hoy nos presenta la tercera de las preguntas que se hacen a Jesús para ponerlo a prueba. Hay una suerte de «ir en aumento» en el grado de dificultad que alcanzará su punto máximo con la pregunta de nuestro texto. La primera tiene una dimensión política y se la hacen los fariseos y herodia¬nos (amigos del poder de Roma) para «cazarlo en alguna palabra» que pudiera comprometerlo ante el poder temporal: «¿Es lícito pagar el tributo al César o no?» (Mc 12,14). La segunda pregunta se la hacen los saduceos «esos que niegan la resurrección» y se refiere a una verdad acerca del destino final del hombre: ¿Una mujer que ha tenido siete maridos, «en la resurrección, cuando resuciten, de cual de los siete será la esposa»? (Mc 12, 23). La intención de esta pregunta es ridi-culizar la fe en la resurrección de los muertos. Jesús responde a cada una de estas preguntas como un au-téntico «maestro». Finalmente se acerca un escriba que había estado acompañando el diálogo y aprovecha de formularle una pregunta que era una auténtica preocupación entre los doctores de la ley: «¿Cuál es el primero de todos los mandamien¬tos ?». Para un israelita la justificación ante Dios consistía en cumplir fielmente los mandamientos y preceptos de la ley de Moisés. Así había escrito Moisés: «El Señor se complacerá en tu felicidad, si tú escuchas la voz del Señor tu Dios guardando sus mandamientos y sus preceptos, lo que está escrito en el libro de esta Ley» (Dt 30,9-10). Pero en la Ley de Moisés había cientos de mandamientos, preceptos y prohibiciones . ¿Cuando se produ¬ce un conflicto entre dos preceptos, cuál se debe obser¬var; cuál es el primero de todos los mandamientos? Todos recordamos los conflictos que tuvo Jesús con los escribas y fariseos por este motivo. Por ejemplo, respecto a la ley del reposo sabático, Jesús se vio en¬fren¬tado a este conflicto: ¿qué pre-valece el sábado, observar el reposo o salvar una vida? Cuando Jesús encuen¬tra en la sinagoga a un hom-bre con la mano seca y todos lo acechan para ver si lo curaba en sábado y tener de qué acusarlo, Él les pregunta: «¿En sábado, es lícito hacer el bien en vez del mal, es lícito salvar una vida en vez de destruir-la?» (Mc 3,4). En el fondo se trata de tener claro, cuál es el mayor de los mandamientos y por lo tanto, pre-valece sobre los otros.  El mandamiento del amor Jesús responde como un auténtico maestro: «El primero es: Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor, y amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas». Esto era claro para todo judío ya que todo israelita fiel debe recitar diariamente la ora-ción del «Shemá». Ésta es la base sobre la cual se funda toda la ley de Dios. Pero la res¬puesta de Jesús no termina aquí. Agrega: «El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo ». Y afirma categóricamente: «No existe otro mandamiento mayor que éstos». Después de esta res¬puesta el Evangelio concluye: «nadie se atre¬vía a hacerle más pregun¬tas». La respuesta de Jesús fue concluyente. La primera enseñanza que encontramos en la respuesta de Jesús es que no puede existir una oposición o conflicto entre el amor ver-dadero a Dios y al prójimo. El amor al prójimo es la expresión auténtica de nuestro amor a Dios. El amor al prójimo es el criterio que nos permite discer¬nir al amor a Dios. Esto lo resume de manera definitiva San Juan en su primera carta: «Si alguno dice: 'Amo a Dios' y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Y hemos recibido de Él este mandamiento: que quien ama a Dios, ame también a su hermano» (1Jn 4,20-21). La segunda enseñanza contenida en la respuesta de Jesús es que el amor es un don de Dios y no es solamente el resultado de un mero esfuerzo humano. Y ¿quién puede presumir de vivir plenamente este doble mandamiento del amor? ¿Quién puede afirmar que ama al prójimo como a sí mismo? Pero recorde-mos que la prueba y la medida de nuestro amor a Dios es el amor que tenemos a los hermanos. Para ca-nonizar un santo, el primer paso es poder demostrar que practicó el mandamiento del amor en grado heroi-co; en todos los santos resplandece el amor a Dios y al próji¬mo. Pero si interrogáramos a cualquier santo en su lecho de muerte, él mismo nos diría: «Mi única pena es de no amar todavía a Dios y al prójimo suficien-temente». Ya decía San Bernardo: «la medida del amor a Dios es de amarlo sin medida». Y San Agustín nos de-cía que: «cuanto más amo, más deudor me siento cada día». Por último, Jesús nos enseña que este man-damiento único del amor a Dios con todo el corazón y al prójimo como a sí mismo, prevalece sobre todos los demás. Todos los demás mandamientos no son sino la expresión de éste para situacio¬nes concretas de la vida del hombre. Resu¬miendo esta enseñanza de Jesús, San Pablo afirma: «El que ama al prójimo ha cumplido la ley... el amor es la ley en su plenitud» (Rom 13,8.10).  «Tu eres sacerdote para siempre» Utilizando el salmo 110 (109), 4; el autor de la carta a los Hebreos subraya la excelencia del sacerdocio de Jesús, que es eterno y está avalado por el juramento de Dios Padre. Precisamente por eso su eficacia es absoluta, mientras que el sacerdocio del Antiguo Testamento participaba de la limitación, debilidad e in-capacidad salvífica de la ley. «Éste es el sumo sacerdote que nos hacía falta» (Heb 7,26) exalta jubiloso el autor y enumera una serie de características paradigmáticas del sacerdocio de la Nueva Alianza: «santo, inocente, inmaculado, separado de los pecadores y más sublime que los cielos»; ya que ahora el sacerdo-cio se enraíza en el sacerdocio del mismo Jesucristo.  Una palabra del Santo Padre: «En el centro del Evangelio de este domingo (cf. Marcos 12, 28b-34), está el mandamiento del amor: amor a Dios y amor al prójimo. Un escriba preguntó a Jesús: «¿Cuál es el primero de todos los manda-mientos?» (v. 28). Él responde citando la profesión de fe con la que cada israelita abre y cierra su día y que empieza con las palabras «Escucha, Israel. Yahveh nuestro Dios es el único Yahveh» (Deuteronomio 6, 4). De este modo Israel custodia su fe en la realidad fundamental de todo su credo: existe un solo Señor y ese Señor es «nuestro» en el sentido de que está vinculado a nosotros con un pacto indisoluble, nos ha amado, nos ama y nos amará por siempre. De esta fuente, de este amor de Dios, se deriva para nosotros el doble mandamiento: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas […] Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (vv. 30-31). Eligiendo estas dos Palabras dirigidas por Dios a su pueblo y poniéndolas juntas, Jesús enseñó una vez para siempre que el amor por Dios y el amor por el prójimo son inseparables, es más, se sustentan el uno al otro. Incluso si se colocan en secuencia, son las dos caras de una única moneda: vividos juntos son la verdadera fuerza del creyente, Amar a Dios es vivir de Él y para Él, por aquello que Él es y por lo que Él hace. Y nuestro Dios es dona-ción sin reservas, es perdón sin límites, es relación que promueve y hace crecer. Por eso, amar a Dios quiere decir invertir cada día nuestras energías para ser sus colaboradores en el servicio sin reservas a nuestro prójimo, en buscar perdonar sin límites y en cultivar relaciones de comunión y de fraternidad. El evangelista Marcos no se preocupa en especificar quién es el prójimo porque el prójimo es la persona que encuentro en el camino, durante mi jornada. No se trata de preseleccionar a mi prójimo, eso no es cristiano. Pienso que mi prójimo es aquel que he preseleccionado: no, esto no es cristiano, es pagano. Se trata de tener ojos para verlo y corazón para querer su bien. Si nos ejercitamos para ver con la mirada de Jesús, podremos estar siempre a la escucha y cerca de quien tiene necesidad. Las necesidades del prójimo re-claman ciertamente respuestas eficaces, pero primero exigen compartir». Papa Francisco. Ángelus, domingo 4 de noviembre de 2018.  Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana 1. ¿Amo a Dios sobre todas las cosas? Solamente si se considera quién es Dios y quién es el hombre, se entiende que Dios deba ser amado por el hombre en forma absoluta y total. A Dios se lo puede amar con todo el ser solamente si Él es único y si Él es nuestro Creador, nuestro Padre y nuestro Fin último. 2. «En verdad os digo, que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños a mí me lo hicisteis» (Mt 25,40). Leamos con sincero corazón el pasaje de Mt 25, 31ss y hagamos un examen de conciencia sobre mi amor al prójimo. 3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 1972. 2055. 2093-2094. texto facilitado, JUAN R. PULIDO, presidente diocesano en TOLEDO de la ADORACIÓN NOCTURNA ESPAÑOLA

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Sábado, 30 de Octubre de 2021

El Espíritu Santo nos regala su paz. Pero la paz debe ser buscada de nuevo cada día, porque permanentemente hay cosas que vuelven a perturbarnos: el orgullo herido por una palabra que nos dijeron, el temor de que suceda algo desagradable, una cosa que no nos salió bien, el dolor de haber dicho algo que no debíamos decir, el deseo de algo que no podemos conseguir, etc. Todo eso nos va quitando la paz. Por eso, no hay que dejar pasar varios días sin volver a rogarle al Espíritu Santo que nos pacifique por dentro con su caricia de amor. También para esto se puede utilizar la imaginación: Tomo conciencia de las cosas que me están perturbando por dentro e imagino cada una como una gota que cae y se hunde en un arroyo que la arrastra. Hasta que siento dentro de mi corazón un dulce vacío. No han quedado perturbaciones, y ahora ese hueco se llena de calor, de fuerza, de vida, de fuego que consume todo resto de preocupación: Es el fuego del Espíritu Santo que todo lo invade. Que así sea. .

Meditar el Evangelio con tres puntos. 30-10-21

Lc 14,1.7-11 Este pasaje le cambió la vida y el corazón a Carlos de Foucauld escuchado en una homilia en boca del P. Huvelin su director espiritual... Buscaba el último puesto y cuando creía que lo había conseguido me di cuenta de que allí estaba Jesús y a El nadie se lo podrá jamás arrebatar. 1. Vuelve Jesús a contemplar como los invitados se pegaban codazos para elegir los primeros puestos. No disimulaban. Querian lo más brillante. Siempre los puestos de honor en las sinagogas y en los banquetes. 2. Jesús da la clave la profunda humildad del corazón bueno que busca servir y no el poder de aplastar. 3. Buscar el último puesto es meterse a Dios en el bolsillo y en el corazón que te dirá Amigo ponte a mi lado y al lado de los que han descubierto que servir es reinar. +Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo. Primado de España
PARA MEDITAR HOY SABADO.- Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso esta parábola: «Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro y te dirá: "Cédele el puesto a éste." Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: "Amigo, sube más arriba." Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.» Palabra del Señor Con esta parábola Jesús no trataba solamente de criticar el orgullo de los fariseos en nombre de las reglas de urbanidad, ni tampoco de predicar la modestia. Jesús intervine porque Dios "derriba a los poderosos y levanta a los humildes". Muy pronto, Jesús se pondrá en el último puesto de la mesa y se arrodillará a los pies de sus discípulos. Es el amor llevado hasta el fin, ahí radica la omnipotencia de Dios, en que todo lo puede en el amor. Desde entonces, vivir para nosotros es aceptar recibir, depender y sentirnos dichosos de esta gracia: ser hijos en el Hijo para hacer de nuestra vida una entrega, un permanente servicio. El reino pertenece a los que vivan esta bendita "locura": “amar sin medida” *_Rvdo. D. Manuel Blanco_*

viernes, 29 de octubre de 2021

Meditar el Evangelio con tres puntos. 29-10-21 Lc 14,1-6 Jesús sabe como decía el poeta que el bien hay que hacerlo aprisa, que el mal no pierde momento. Jesús se encuentra que el Espíritu le mueve a sanar los corazones desgarrados y hacer el bien a los que sufren. 1. Se cumple que son los suyos los aparentemente mas religiosos los que desconfian de él y le espían para controlar lo que hace y como lo hace. 2. Contrasta con la libertad de Jesus para hacer el bien y curar a los enfermos. A Jesus para hacer el bien no le para nadie y el bien hay que hacerlo bien, como lo hace Jesus. 3. El Señor con sentido de buen humor les pone un ejemplo que les deja descuadrado y descolocado. Triunfa su amor ante tanta hipocresia. +Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo. Primado de España [29/10 10:29] Cayetano Medina: PARA MEDITAR HOY VIERNES.- Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Se encontró delante un hombre enfermo de hidropesía y, dirigiéndose a los maestros de la Ley y fariseos, preguntó: «¿Es lícito curar los sábados, o no?» Ellos se quedaron callados. Jesús, tocando al enfermo, lo curó y lo despidió. Y a ellos les dijo: «Si a uno de vosotros se le cae al pozo el hijo o el buey, ¿no lo saca en seguida, aunque sea sábado?» Y se quedaron sin respuesta. Palabra del Señor Es sábado. Jesús está invitado en casa de un dirigente fariseo y, como de costumbre, va a denunciar una vez más las prácticas de esos hombres que parecen tan religioso. Jesús se inclina ante el hombre con hidropesia porque no puede permitir que siga estando así por más tiempo. Y en cambio estos hombres religiosos no lo han entendido, viven su fe farisaicanente escondidos tras una máscara de honestidad. Sus actitudes aparentemente eran correctas, pero escondían veneno. Terminan utilizando la ley como arma de ataque para eliminar al adversario. El bien se puede utilizar así para el mal. Sin amor al prójimo y sin limpieza de corazón se contaminan los más bellos ideales. Como hicieron los comensales del relato de hoy. Y ante la evidencia de los hechos optan por callar, justo para no darle la razón a Jesús. ¡Cuántas veces ocurre! Se calla lo bueno de los otros -adversarios o no- si no sirve a los propios intereses. Esta mudez es otra forma de falsificar la verdad. Por ello, Jesús no la pudo pasar por alto ni excusar. *_Rvdo. D. Manuel Blanco_*
Lc 14,1-6 Jesús sabe como decía el poeta que el bien hay que hacerlo aprisa, que el mal no pierde momento. Jesús se encuentra que el Espíritu le mueve a sanar los corazones desgarrados y hacer el bien a los que sufren. 1. Se cumple que son los suyos los aparentemente mas religiosos los que desconfian de él y le espían para controlar lo que hace y como lo hace. 2. Contrasta con la libertad de Jesus para hacer el bien y curar a los enfermos. A Jesus para hacer el bien no le para nadie y el bien hay que hacerlo bien, como lo hace Jesus. 3. El Señor con sentido de buen humor les pone un ejemplo que les deja descuadrado y descolocado. Triunfa su amor ante tanta hipocresia. +Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo. Primado de España

Cayetano Medina: Meditar el Evangelio con tres puntos. 29-10-21

[29/10 10:29] Lc 14,1-6 Jesús sabe como decía el poeta que el bien hay que hacerlo aprisa, que el mal no pierde momento. Jesús se encuentra que el Espíritu le mueve a sanar los corazones desgarrados y hacer el bien a los que sufren. 1. Se cumple que son los suyos los aparentemente mas religiosos los que desconfian de él y le espían para controlar lo que hace y como lo hace. 2. Contrasta con la libertad de Jesus para hacer el bien y curar a los enfermos. A Jesus para hacer el bien no le para nadie y el bien hay que hacerlo bien, como lo hace Jesus. 3. El Señor con sentido de buen humor les pone un ejemplo que les deja descuadrado y descolocado. Triunfa su amor ante tanta hipocresia. +Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo. Primado de España [29/10 10:29] Cayetano Medina: PARA MEDITAR HOY VIERNES.- Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Se encontró delante un hombre enfermo de hidropesía y, dirigiéndose a los maestros de la Ley y fariseos, preguntó: «¿Es lícito curar los sábados, o no?» Ellos se quedaron callados. Jesús, tocando al enfermo, lo curó y lo despidió. Y a ellos les dijo: «Si a uno de vosotros se le cae al pozo el hijo o el buey, ¿no lo saca en seguida, aunque sea sábado?» Y se quedaron sin respuesta. Palabra del Señor Es sábado. Jesús está invitado en casa de un dirigente fariseo y, como de costumbre, va a denunciar una vez más las prácticas de esos hombres que parecen tan religioso. Jesús se inclina ante el hombre con hidropesia porque no puede permitir que siga estando así por más tiempo. Y en cambio estos hombres religiosos no lo han entendido, viven su fe farisaicanente escondidos tras una máscara de honestidad. Sus actitudes aparentemente eran correctas, pero escondían veneno. Terminan utilizando la ley como arma de ataque para eliminar al adversario. El bien se puede utilizar así para el mal. Sin amor al prójimo y sin limpieza de corazón se contaminan los más bellos ideales. Como hicieron los comensales del relato de hoy. Y ante la evidencia de los hechos optan por callar, justo para no darle la razón a Jesús. ¡Cuántas veces ocurre! Se calla lo bueno de los otros -adversarios o no- si no sirve a los propios intereses. Esta mudez es otra forma de falsificar la verdad. Por ello, Jesús no la pudo pasar por alto ni excusar. *_Rvdo. D. Manuel Blanco_*

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Viernes, 29 de Octubre de 2021

_"Ven Espíritu Santo, ven Dios de amor._ _Porque el amor es lo que más necesito._ _Porque sin amor soy como una planta seca, sin raíces._ _Porque el amor es vida, es fuerza y es calor._ _Porque sin amor el corazón se muere de frío._ _Ven Espíritu de amor._ _Porque el amor del mundo siempre es imperfecto._ _Porque es tu amor lo que más necesito._ _Porque tu amor es real, es verdadero, es sincero._ _Ven Espíritu de amor._ _Porque todo mi ser está hecho para el amor._ _Porque el amor le da un sentido a todo lo demás._ _Porque sin amor, nada podrá hacerme feliz._ _Ven Amor infinito._ _Porque todos los demás amores son imperfectos,_ _y me dejan sed del tuyo._ _Ven Espíritu Santo._ _Amén."_ .

jueves, 28 de octubre de 2021

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Jueves, 28 de Octubre de 2021

Muchos, movidos por el Espíritu Santo, han dado la vida por grandes ideales. Algunos han dado la vida por Cristo. Pero si es posible entregar hasta la sangre soportando tormentos terribles, entonces es posible entregar mucho menos por Cristo y por los demás. Realmente es posible soportar con paciencia, y hasta con el gozo del amor, las contradicciones y angustias de cada día. Es posible tolerar serenamente que nos critiquen, nos rechacen, nos olviden. ¿Por qué no? Si otros pueden ser asesinados por ser fieles a su opción, y se entregan decididos, ¿por qué yo no puedo recibir burlas, contradicciones y rechazos como los sufrió Jesús? ¿Por qué yo tendré que estar libre de todo sufrimiento, límite o angustia? ¿Quién soy yo para pretender que no se me pida nada? Ninguno de nosotros es el centro del universo ni tiene derecho a exigir que el mundo esté a su servicio o que su vida esté libre de toda dificultad. Ciertamente, eso es lo que proponen los engaños de la sociedad de consumo, pero no vale la pena vivir de engaños. Invocando al Espíritu Santo para que nos haga más firmes por dentro, podemos lograr que las contrariedades de la existencia y las molestias de la vida en sociedad no nos derriben ni nos quiten el gozo de ser cristianos. Que así sea. .

PARA MEDITAR HOY JUEVES.-

En aquel tiempo, subió Jesús a la montaña a orar, y pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió a doce de ellos y los nombró apóstoles: Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago Alfeo, Simón, apodado el Celotes, Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor. Bajó del monte con ellos y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos. Palabra del Señor En la fiestas de esos dos apóstoles, San Simón y San Judas, la liturgia de hoy pone en relación la oración y la misión. El ejemplo de Jesús en su manera de afrontar la vida tiene que iluminar nuestro modo de ser y de actuar: Jesús permanece toda la noche en oración. Orar antes de decidir, orar para discernir el plan de Dios, orar en vistas a las grandes decisiones de la vida tanto en el ámbito personal como en el comunitario. La oración no es un momento separado de la vida, es una actitud previa que nos introduce en la experiencia personal y eclesial. Así debería ser el modo de proceder de toda la Iglesia, primero y siempre la oración. Solo después de recogerse en silencio y orar largamente, se confía la misión. Este debería ser nuestro modo de proceder, siempre y lo primero orar, así se pone de manifiesto que la misión que se confía no es fruto solo de la sabiduría humana sino del Señor. *_Rvdo. D. Manuel Blanco_*

b>Meditar el Evangelio con tres puntos. 27-10-21 Lc 13,22-30

< Es la pregunta más buscada de todos los creyentes, serán muchos o pocos los que se salvarán. Es verdad que el evangelio es el anuncio de la salvación y no un manual para saciar nuestras curiosidades. No es bueno buscar en el evangelio lo que nunca se nos prometió. 1. Jesús responde a los que preguntan si son muchos o pocos los que se salvan con lo esencial... Esforzaos por entrar por la puerta estrecha, no por la ancha, la del mundo que engaña. La puerta estrecha es la herida de su Corazón abierto donde solo entran los que se hacen pequeños. Es la senda de los humildes que se abren a la salvación. 2. La puerta estrecha de la fidelidad al Señor y sus mandamientos vividos con la humildad de quien sabemos de Quien nos hemos fiado. No consiste solo en haber comido y bebido con El, sino de transformar nuestro corazón con su gracia para vivir con sus mismos sentimientos. 3. Los últimos que se identifican con Jesús y con todos los que con profunda humildad se abren a los proyectos de su Corazón. Los que recorran otras sendas cerrados a su ternura y misericordia se perderán. +Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo. Primado de España

miércoles, 27 de octubre de 2021

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Miércoles, 27 de Octubre de 2021

Es muy sano descubrir que mi vida es un regalo, que no tengo que comprarla ni fabricarla. Sería una tarea demasiado grande tratar de producir mi propia vida, tratar de merecerla. Además, es imposible, porque la vida sólo puede ser creada por el Señor todopoderoso. Muchas personas se enferman y se llenan de nerviosismos y tensiones porque creen que deben hacer miles de cosas para sentir que están mereciendo la vida. Ese es un tremendo engaño. La vida es puro don, sólo hay que recibirla. Por eso es bueno ayudarse con la imaginación, para tratar de reconocer que en nuestro interior hay una fuente de la vida, que no somos nosotros, es el Espíritu Santo. Así, poco a poco, vamos tratando de sentir que somos generados, producidos por Él, como si fuera una turbina que produce corriente eléctrica sin parar. Imaginemos que somos como una flor, y dentro de nosotros está esa raíz que nos hace florecer con su sabia. Es el Espíritu que da vida. Somos un don, puro don, puro regalo. Vivámoslo con permanente gratitud. Que así sea. .

`LA COMUNIDAD EN LAS REDES SOCIALES HOY``` *Jesús nuestro Buen Pastor*

` Es un hecho que el miedo en general se hace presente en nuestra vida, en ocasiones diversas. Los discípulos de Jesús no estamos exentos de esta realidad pero tenemos a nuestro favor al Señor, que tiene poder para anular y someter nuestros temores acosadores. En el Salmo 23, conocido como el del Buen Pastor, Jesús se nos presenta como Aquel que nos conduce a lo largo de nuestro existir, arrancando de nuestro corazón y nuestra alma todo temor incluso cuando nos tiene que llevar por valles de tinieblas, valles de los que todos, creyentes y no creyentes, tenemos experiencia. Leemos: "Aunque camine por valle de tinieblas no temeré porque tú vas conmigo; tu vara y tú cayado me sosiegan". Su vara para enderezar nuestros pasos cuando se tuercen y su cayado para convertir los abismos que se nos abren, en camino firme, como Moisés convirtió, por orden de Yavhé, el Mar Rojo, que impedía el camino a la libertad al pueblo de Israel, en camino transitable (Ex 14, 15...). Nuestra vida alcanza su plenitud en Dios y es Jesús quien como el nuevo y definitivo Moisés el que nos conduce hacia Él (Jn 14, 6). _P. Antonio Pavía - comunidadmariamadreapistoles.com_

Meditar el Evangelio con tres puntos. 27-10-21

Lc 13,22-30 Es la pregunta más buscada de todos los creyentes, serán muchos o pocos los que se salvarán. Es verdad que el evangelio es el anuncio de la salvación y no un manual para saciar nuestras curiosidades. No es bueno buscar en el evangelio lo que nunca se nos prometió. 1. Jesús responde a los que preguntan si son muchos o pocos los que se salvan con lo esencial... Esforzaos por entrar por la puerta estrecha, no por la ancha, la del mundo que engaña. La puerta estrecha es la herida de su Corazón abierto donde solo entran los que se hacen pequeños. Es la senda de los humildes que se abren a la salvación. 2. La puerta estrecha de la fidelidad al Señor y sus mandamientos vividos con la humildad de quien sabemos de Quien nos hemos fiado. No consiste solo en haber comido y bebido con El, sino de transformar nuestro corazón con su gracia para vivir con sus mismos sentimientos. 3. Los últimos que se identifican con Jesús y con todos los que con profunda humildad se abren a los proyectos de su Corazón. Los que recorran otras sendas cerrados a su ternura y misericordia se perderán. +Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo. Primado de España

PARA MEDITAR HOY MIÉRCOLES.-

Cayetano Medina 13:06 (hace 2 minutos) para mí En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?» Jesús les dijo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: "Señor, ábrenos"; y él os replicará: "No sé quiénes sois." Entonces comenzaréis a decir: "Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas." Pero él os replicará: "No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados." Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.» Palabra del Señor ¿Quiénes son los últimos?, ¿Quiénes los primeros? Jesús nos vuelve a meter (con el cariño que le distingue) el dedo en el ojo. ¿Qué será de los que estamos tan seguros de estar salvados, porque hemos comido y bebido con el Señor, hemos comulgado tantas veces su Cuerpo y su Sangre? ¿Es posible que el Señor nos diga como le dijo a este hombre que se le acercó a preguntarle si se salvarían muchos, no sé quiénes sois? Seguimos empeñados en entrar por la puerta principal, por la ancha, por la de primera división y Jesús nos dice una y otra vez: “Esforzados en entrar por la puerta estrecha”. No se trata de presentarse con certificados de buena conducta. Para entrar en el Reino no hay privilegios que valga. No hay más que una condición: pasar por la puerta. Y esa puerta se llama “Jesús”. Ese es el verdadero salvaconducto: un hombre, no una teoría; un amor, no un sistema. “Yo soy la puerta” dice Jesús y hago saltar las murallas del miedo, de la culpabilidad y de la estrechez. “Yo soy la puerta” dice Jesús, el que pasa por ella se une a la comunidad en la que los lazos internos de conocimiento, de amor y de generosidad son más fuerte que la constricciones y los preceptos.

martes, 26 de octubre de 2021

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Martes, 26 de Octubre de 2021

El Espíritu Santo ama mi felicidad. Es un error tremendo creer que sólo podemos ofrecerle nuestros sufrimientos, como si a Él no le interesara que disfrutemos de esta vida. Es cierto que Él puede ayudarnos cuando estamos pasando un momento difícil. Pero también espera que lo reconozcamos en medio de nuestras alegrías y placeres. Algunas personas, cuando están viviendo un buen momento, no saben disfrutarlo, porque piensan que eso no le interesa a Dios. O sienten que no son dignos de disfrutar, o que sólo valen el sacrificio y el trabajo. Olvidan que Dios nos ama, y nos ama con generosidad y con ternura. Es como cualquier amigo que nos quiere en serio, y que se alegra cuando las cosas nos van bien y podemos ser felices. Por eso, cuando estemos pasando un buen momento, disfrutémoslo y démosle gracias al Espíritu Santo. Si no somos egoístas y somos capaces de compartir con los demás, el Espíritu Santo disfruta con nosotros. .

lunes, 25 de octubre de 2021

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Lunes, 25 de Octubre de 2021

Dice el Evangelio que Jesús estaba lleno del Espíritu Santo, porque el Padre Dios *"le da el Espíritu sin medida"* (Juan 3,34). Sin medida, y eso significa que Jesús está repleto del fuego, la luz y el poder del Espíritu Santo. Todo su ser desborda de vida, de amor y de belleza, porque Él posee el Espíritu sin medida. Imaginemos a Jesús feliz por esa presencia plena y desbordante del Espíritu en su corazón, imaginemos cuánta libertad, cuánta alegría, cuánta fuerza había en Él cuando predicaba, cuando hacía milagros, cuando iba por todas partes derramando amor. Y pidámosle que abra su corazón, para que de esas plenitud también nosotros podamos recibir cada día más el Espíritu Santo. Porque lo necesitamos para vivir mejor. Amén. .

[25/10 10:17] Rafa Corral: PARA MEDITAR HOY LUNES.-

Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga. Había una mujer que desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y andaba encorvada, sin poderse enderezar. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad.» Le impuso las manos, y en seguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios. Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, dijo a la gente: «Seis días tenéis para trabajar; venid esos días a que os curen, y no los sábados. Pero el Señor, dirigiéndose a él, dijo: «Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata del pesebre al buey o al burro y lo lleva a abrevar, aunque sea sábado? Y a ésta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no había que soltarla en sábado?» A estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba de los milagros que hacía. Palabra del Señor Jesús se inclina sobre la pobre mujer y le impone las manos. Esta es la misión de Jesús en medio de nosotros. Él no soporta ver "por los suelos" al hombre creado a imagen y semejanza de Dios. "Toda la gente se alegraba de los milagros que hacía". En sábado, el día del Señor, se ha convertido en un nuevo sábado donde todo estalla en acción de gracias, a pesar de los que en nombre de Dios no ven en este hecho un gesto de gracia sino una agresión a la ley. ¡Vivamos con la dignidad de los hijos de la luz! ¡No permitamos que nada ni nadie nos haga vivir sometidos y encorvados! ¡La fe nos levanta¡ *_Rvdo. D. Manuel Blanco_* [25/10 10:18] Rafa Corral: Meditar el Evangelio con tres puntos. 25-10-21 Lc 13,10-17 Jesús con su corazón compasivo se acercaba a curar a todos los esclavos del diablo, del mundo y de la carne... 1. Una mujer encorvada incapaz de elevar sus ojos a lo Alto, donde habita el Señor. Sometida a vivir aplastada por el peso de sus culpas y sin esperanza de incorporarse a cantar las maravillas del Señor. 2.El Señor hace el milagro. La confianza en Jesús endereza su mirada hacia de donde nos viene el auxilio que nos viene del Señor que habita en lo Alto. 3. Los que siempre acechan a Jesús con la sospecha. Los que nunca salvan al sujeto. Los que solo viven para condenar se encuentran con el Señor del sábado, de la vida, con entrañas de misericordia. +Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo. Primado de España

domingo, 24 de octubre de 2021

Rafa Corral: PARA MEDITAR HOY DOMINGO.-

[24/10 9:34] En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.» Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí.» Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo.» Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama.» Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: «¿Qué quieres que haga por ti?» El ciego le contestó: «Maestro, que pueda ver.» Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha curado.» Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino. Palabra del Señor Al borde de todos los caminos del mundo están los ciegos, pidiendo limosna. Marginados, como muertos, tienden sus manos por si alguien, desde la vida, les echa unas migajas por el amor de Dios. Jesús pasa por ese camino, entre la gente. Y el ciego empezó a gritar: “Hijo de David, ten compasión de mí”. Se había encendido una lucecita en su corazón. Pero los gritos del ciego molestan a los que iban con Jesús. Pasa siempre. Esos gritos rompen la paz, y ellos querían disfrutar a solas del maestro, como si Él hubiese venido para eso: para que se lo repartan los sanos. Sin embargo, el oído de Jesús, atento a los que necesitan médico, oyó el grito creciente de Bartimeo y mandó que lo llamasen, que aquellos mismo que lo querían hacer callar le diesen la ‘buena noticia’ de que el Maestro lo llamada. Y fue cuando este ciego comprendió que su largo túnel oscuro desembocaba en la Luz: ‘Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús’. Soltó todo el lastre de muerte que le sobraba, dio el salto a la vida y se acercó a la fuente de la luz. De ahí en adelante su vida iría alguna parte. Valía la pena seguir a quien le estaba abriendo los ojos: ‘Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino’. Es una historia que se repite. Al borde del camino por el que vamos, alegres, los seguidores de Jesús, hay mundos de muerte: cantidad de gente que no ha descubierto todavía la fiesta del color, que no tiene posibilidad de sacudirse la tristeza. Marginados y pobres de todo tipo: jóvenes con el corazón apagado, ancianos huérfanos de hijos, niños con los ojos muy abiertos, hogares con la chimenea inútil, pobres de dinero, o de cariño, o de esperanza... Todos tendiendo su mano, y su grito, por si alguien, todavía, quiere ayudarles a seguir muriendo. Ahora nos toca a nosotros los que vamos junto a Jesús, ¿oiremos ese grito, que nos llega desde el borde del camino? Ahí están con oídos atentos y mirada profunda nuestros misioneros y misioneras dispuestos a acercar a Jesús a tantos hombres y mujeres marginados al borde del canino de esta vida para anunciarles: ¡ánimo, el Señor te llama! ¡Paz y Bien! *_Rvdo. D. Manuel Blanco_* [24/10 9:34] Rafa Corral: Meditar el Evangelio con tres puntos. 24-10-21 DOMINGO XXX. Mc 10,46.52 El ciego Bartimeo sentado a la vera del camino, donde pasaba la gente, le anuncian que pasa Jesús. San Agustín decía temo a un Jesús que pasa y no sé si volverá a pasar. Hay momentos en que Jesús pasa por nuestras vidas y no nos lo podemos perder. 1. La oración del ciego expresa la oración cristiana de petición más acabada y hermosa que se le puede decir a Jesús... Hijo de David ten compasión de mí. Curiosamente cuando se sufre, el nombre con que todos se dirigen al Maestro es con el nombre de Jesús, como Bartimeo y el buen ladrón... Jesús acuérdate de mí. 2. La gente le quiere impedir que su oración se haga grito en la noche. Le manda callar y él más insiste. Hasta deja el manto que para un ciego significaba en las noches de frío, morirse porque no tiene donde cobijarse. Necesita ver a Jesús para que se ilumine todas las oscuridades de su vida. Es llamativo que Jesús le pregunte si quiere ver....pues claro, no faltaba más. 3. Recobró la vista para cantar las maravillas del Señor. El milagro también hizo ver en su corazón la grandeza de Jesús. Es un Amor sin comparaciones. Donde nos jugamos siempre la santidad, es en la profunda humildad de quien sabe, que solo desde la profunda humildad del corazón se puede servir. Solo quien es humilde ama, el soberbio no ama, se ama sólo a sí mismo. + Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

sábado, 23 de octubre de 2021

PARA MEDITAR HOY SÁBADO.-

En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.» Y les dijo esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: "Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?" Pero el viñador contestó: "Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas."» Palabra del Señor Ayer veíamos que Jesús nos invitaba a discernir y hoy vemos que no es tarea fácil pues sus interlocutores interpretaron la muerte de los galileos en manos de Pilato y la de aquellos que fueron aplastados por la torre de Siloé en clave de castigo divino por sus pecados. Jesús los conduce hacia otra clave, la de la conversión. Es curioso que el evangelista Lucas coloque a continuación la parábola de la higuera estéril, que resalta la paciencia y la misericordia de Dios frente a la impaciencia del que no encuentra los frutos que esperaba y quería cortar del todo la higuera. Con cuánta facilidad nosotros también tendemos a interpretar los momentos difíciles de la vida como castigo divino, ya sea para nosotros mismos o para los demás; qué tranquilizador es pensar que a los demás les va mal porque se lo merecen, así nos sentimos mejores. En cambio, Jesús nos invita a interpretar los acontecimientos desde otra clave, la de la constante llamada a la conversión que nos hace un Dios paciente y misericordioso, que quiere nuestro bien y lo busca de mil maneras cada día, sin impacientarse ni rendirse. *_Rvdo. D. Manuel Blanco_*

Meditar el Evangelio con tres puntos. 23-10-21

Lc 13,1-9 El Señor siempre nos invita a seguirle con todas las consecuencias. Su exigencia es misericordiosa. Su misercordia es exigencia de Amor. 1. Nos introduce en la profunda humildad de saber que no somos mejores que nuestros hermanos y que no nos podemos presentar delante de Dios con solo derechos, olvidando nuestros deberes con El y con los hermanos. 2. Ante muestra falta de respuesta responde con su paciencia. Aquella higuera tan frondosa y con tan poco fruto el Señor nos invita antes de cortarla el saber esperar y no precipitarnos. 3. El Señor nos sigue dando miles de oportunidades, incluso con el estiercol de las cosas no tan buenas que sufrimos, para crecer en vida y santidad y nos pide paciencia, como la paciencia que tiene con nosotros. +Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo. Primado de España

30ª semana del tiempo ordinario. Domingo B: Mc 10, 46-52

Jesús iba camino hacia Jerusalén. Ya estaba cerca, a unos 30 kilómetros, en una hondonada junto al mar Muerto. Iba a comenzar la ascensión hacia la ciudad. Es un camino terrenal, pero también es un camino ascensional hacia la entrega total al Padre y era una enseñanza viva para los apóstoles. Hoy Jesús hace un milagro que les impactó mucho, porque recuerdan el lugar, Jericó, y hasta el nombre del ciego que fue curado, Bartimeo. Es una lección viva también para ellos, pues acababan de discutir sobre quién de ellos sería más principal en el Reino. No acababan de ver que el Reino es sobre todo amor, que se realiza por medio del servicio. Estaban ciegos. Para nosotros tiene muchas enseñanzas este suceso. Llegan a Jericó donde un ciego estaba al borde del camino. En el espíritu hay muchos ciegos. Algunos se la dan de entendidos y hablan mucho de religión; pero si no tienen la vivencia de estar con Jesús y seguirle en su vida, en realidad son ciegos. Todos estamos al menos un poco ciegos. Pero Bartimeo había tenido la suerte de haber oído hablar de Jesús. Alguno le habría contado cosas grandiosas sobre Él, y cuando oye que es Jesús el que pasa, se pone a gritar. Le llama “hijo de David”, que es lo mismo que Mesías, y continúa gritando. Hay muchos ciegos en la vida. Lo peor es que no saben cómo salir de esa ceguera, porque no les han hablado de Jesús y de su amor redentor. Tenemos que aprender a gritar a Dios. Es un signo de fe. Si no nos atrevemos a hacerlo de una manera externa, al menos lo hagamos desde lo íntimo de nuestro corazón. Habrá momentos de angustia, pero sobre todo momentos en que sabemos que necesitamos una gracia especial de Dios para levantarnos del pecado. Gritemos. Dios está atento al pobre y al necesitado que le grita, como se dice en los salmos. No es fácil, porque encontraremos dificultades, Aquel ciego oyó que varios de la gente, egoístas ellos, le pedían que se callase, que les dejase en paz; pero el ciego gritaba más. Cuando queremos gritar a Dios, sentiremos las tendencias mundanas que nos quieren llevar a falsas alegrías y a la falsa paz. Pero gritemos, porque Jesús nos escucha y nos llamará, como llamó al ciego. Las personas, que antes le invitaban a callarse, ahora le dicen: “acércate, que te llama”. Él salta y suelta el manto. No es fácil acudir a la llamada del Señor, cuando estamos atados a las cosas mundanas. Hay que saltar y dejar muchas cosas. El manto que tenía para abrigarse de noche y recoger las limosnas, ahora ve que le sobra, porque quiere acudir de prisa. Jesús sabe apreciar esa fe. Queda claro que lo que quiere aquel ciego es el poder ver, y Jesús le da la visión total: la visión del cuerpo y la visión del alma. Por eso le dice: “Anda, tu fe te ha salvado”. Este “estar salvado” es la consecuencia de una gran fe, que aquel ya vidente actualiza con la primera mirada en Jesús, que es nuestra salvación. Desde ese momento, de algún modo es ya discípulo de Jesús. Por eso se pone en camino y “le sigue”. Aquí el seguir a Jesús es mucho más que un simple caminar entre el polvo de la tierra. Es un signo de lo que nosotros debemos hacer un poco más desde este día. Si hemos gritado a Jesús, no nos contentemos con un sentir una cierta paz, sino que aprendamos más y mejor su doctrina y le sigamos. Hay gente que cree ver y en su corazón no ve, y hay gente deficiente en lo exterior, pero que sus sentidos interiores están pujantes. Dicen que S. Francisco de Asís compuso su cántico al sol cuando ya estaba ciego. Y san Juan de la Cruz cantó hermosamente a los montes y bosques y a las flores cuando llevaba meses en la prisión. También Beethoven componía grandiosas obras musicales, cuando estaba ya sordo. El próximo 1 de Noviembre celebraremos a todos los santos que nos esperan en el cielo al final de este camino, que en el día de los difuntos debemos ver como un encuentro gozoso con el Señor. Poder ver estas grandiosas realidades de nuestra vida con amor, es lo que debemos pedir hoy intensamente al Espíritu Santo. reflexion: presbitero Padre: Silverio

Domingo de la Semana 30ª del Tiempo Ordinario. Ciclo B «Rabbuní, ¡que vea!»

Lectura del libro del profeta Jeremías (31, 7-9): Guiaré entre consuelos a los ciegos y cojos. Así dice el Señor: «Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por el mejor de los pueblos; proclamad, ala-bad y decid: El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel. Mirad que yo os traeré del país del norte, os congregaré de los confines de la tierra. Entre ellos hay ciegos y cojos, preñadas y paridas: una gran multitud retorna. Se marcharon llorando, los guiaré entre consuelos; los llevaré a torrentes de agua, por un camino llano en que no tropezarán. Seré un padre para Israel, Efraín será mi primogénito.» Salmo 125,1-2ab.2cd-3.4-5.6: El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres. R./ Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, // nos parecía soñar: // la boca se nos llenaba de risas, // la lengua de cantares. R./ Hasta los gentiles decían: // «El Señor ha estado grande con ellos.» // El Señor ha estado grande con nosotros, // y estamos alegres. R./ Que el Señor cambie nuestra suerte, // como los torrentes del Negueb. // Los que sembraban con lá-grimas // cosechan entre cantares. R./ Al ir, iba llorando, // llevando la semilla; // al volver, vuelve cantando, // trayendo sus gavillas. R./ Lectura de la carta a los Hebreos (5, 1-6): Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. Hermanos: Todo sumo sacerdote, escogido entre los hombres, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Él puede comprender a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está envuelto en debilidades. A causa de ellas, tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, como por los del pueblo. Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama, como en el caso de Aarón. Tampoco Cristo se confirió a sí mismo la dignidad de sumo sacerdote, sino aquel que le dijo: «Tú eres mi Hijo: yo te he engen-drado hoy», o, como dice otro pasaje de la Escritura: «Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquise-dec.» Lectura del Santo Evangelio según San Marcos (10, 46-52): Maestro, haz que pueda ver. En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.» Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí.» Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo.» Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama.» Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: «Qué quieres que haga por ti?» El ciego le contestó: «Maestro, que pueda ver.» Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha curado.» Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.  Pautas para la reflexión personal  El vínculo entre las lecturas Los textos de este Domingo destacan la amorosa atención de Dios hacia los hombres. El destierro es como un desierto donde el pueblo elegido se encuentra nuevamente con su Señor ya que en Él se mani-fiesta el amor eterno de un Dios que es siempre fiel a su pueblo. El retorno a la tierra prometida es alegre (Sal 126,5), pero no esconde la realidad: está formado por una procesión de inválidos y tullidos que regre-san confiados en Dios. Justamente es Jesucristo, con el poder de Dios, quien dará salud al ciego Bartimeo que manifiesta una enorme fe y confianza en el «Hijo de David» (Evangelio). La acción amorosa de Dios se muestra de modo especial en Cristo, Sumo Sacerdote, que saca a los hombres de la ignorancia y del dolor, y los libra de sus pecados (Segunda Lectura).  «Porque yo soy para Israel como un padre…» En los capítulos 30 al 33, Jeremías emplea todos los recursos proféticos para describir la gloriosa res-tauración de Israel y el esplendor de la Nueva Alianza que Dios hará con su pueblo. En los versículos ante-riores al texto de este Domingo, leemos una maravillosa manifestación del amor de Dios a su pueblo: «Con amor eterno te he amado, por eso no dejé de compadecerte» (Jer 31,3). La afirmación que todos los pue-blos se alegrarán cuando vuelva Jacob (Jer 31,1) tiene una clara connotación mesiánica: «No temas, le dice Dios a Jacob al término de sus días. Baja a Egipto, porque allí te pondré una numerosa posteridad. Yo bajaré contigo allá y yo te traeré de allí cuando vuelvas» (Gn 46, 3b-4). La frase que leemos en el texto de Jeremías «el resto de Israel» es frecuentemente usada en los libros proféticos refiriéndose a aquellos «anawin» o «pobres de Yahveh» que en medio de las calamidades han sido fieles a la promesa (Alianza) hecha a Dios. Dios corrige y reprende los crímenes de su pueblo porque permanece fiel a la alianza: «las promesas de Dios son inmutables» (Rom 11,29). Finalmente es Dios mismo quien los conducirá, como un pastor, a la nueva Sión y los cuidará como un padre cuida a sus hijos. En la Primera Lectura hay un detalle en consonancia con el Evangelio de hoy. Entre la gran multitud de israelitas repatriados del destierro por Dios, ve el profeta caminar ciegos y cojos. El Señor ha salvado y res-tituido a su pueblo. El nombre Efraín históricamente se refiere al reino del Norte; conceptualmente recuerda la concesión de la primogenitura al hermano pequeño (ver Gn 48,8-20; 31,20; Os 11). El Salmo responsorial canta la alegría del regreso a la tierra prometida: «El Señor ha estado grande con nosotros y estamos ale-gres» (Salmo 125 (126).  «Tú eres sacerdote para siempre» El texto de la carta a los Hebreos profundiza la última idea del Domingo pasado: «acerquémonos con confianza al trono de la gracia» (Heb 4,16). Para ello pone de relieve la misericordia de Jesucristo-Sacerdote, por comparación y contraste con los antiguos sacerdotes: es uno de nosotros, que puede com-padecerse de nuestras debilidades, porque Él también ha sido sometido a la prueba y al sufrimiento. A partir de aquí, el autor afronta el misterio del Jesús histórico, que, precisamente a través del sufrimiento, aprendió la entrega total de sí mismo a Dios, llegando a la perfección suprema (ver Heb 5, 9-10) . Jesucristo tiene la dignidad y el honor del sacerdocio no porque lo haya arrebatado, usurpado, compra-do o robado, sino por la humilde aceptación de una misión, de un don. El mismo Dios, que lo ha proclamado su Hijo, lo ha nombrado, declarado y proclamado solemnemente Sumo Sacerdote, como leemos en (Sal 110,4): «Lo ha jurado Yahveh y no va a retractarse: “Tú eres sacerdote, según el orden de Melquisedec». Con ello el autor sagrado ve realizado en Cristo un nuevo tipo de sacerdocio, un sacerdote eficaz que pro-porciona la salvación a cuantos a Él se adhieran llevándolos plenamente hasta Dios.  «¡Hijo de David, Jesús ten piedad de mí!» El Evangelio de este Domingo presenta un episodio de la vida de Jesús que se asemeja mucho al que meditábamos hace algunas semanas. En ambos casos vemos cómo Jesús está abandonando un lugar para ponerse de camino. Sin embargo ¡qué diferencia en el desenlace de uno y otro! En el primer caso Je-sús llama a un joven a dejar sus riquezas y a seguirlo, pero éste prefiere quedarse triste con sus “bienes”. En cambio hoy vemos a un pobre mendigo a quien Jesús le devuelve la vista y “alegremente” lo va a seguir en el camino arrojando tal vez su único “bien” en el mundo: «su manto». Del primero no sabemos ni siquiera el nombre, del segundo sabemos que se llamaba: Bartimeo, el hijo de Timeo. El mencionar el nombre reve-la, talvez, el hecho de que el ciego curado fuese parte de la comunidad cristiana en Jerusalén. Los detalles que leemos en el pasaje de San Marcos son notables y podrían ser las reminiscencias de un testigo ocular. Ante todo el pasaje transcurre en la ciudad de Jericó. Esta quedaba a unos ocho kilóme-tros al oeste del Jordán y treinta kilómetros al nordeste de Jerusalén. Fue reedificada por Herodes el Gran-de que murió allí mismo. Por allí pasaba el camino que de la Transjordania llevaba a Jerusalén y allí realiza-ría Jesús la última curación que es narrada en los sinópticos. Inmediatamente nos llama la atención cómo el ciego, sentado a la orilla del camino como era la costumbre de la época, se dirige a Jesús que pasa: «¡Hijo de David, Jesús ten piedad de mí!». Es un claro y abierto reconocimiento de la mesianidad de Jesús. En efecto, David había sido ungido rey y es a él a quien Dios le promete que un nuevo mesías saldría de su descendencia (ver 2Sam 7,12.16). Sobre este trasfondo entendemos mejor las palabras del arcángel Gabriel cuando le dice a María:«El Señor Dios le dará el trono de David su padre...su reino no tendrá fin» (Lc 1,32.33). Y es claro también el sentido de las palabras de Bartimeo que reconoce a Jesús como el Mesías espe-rado. Si bien es cierto que durante su ministerio Jesús había evitado el título de «Hijo de David» por la fuerte connotación política que tenía; sin embargo en este episodio al ser interpelado en esta forma, se detiene, pues en las palabras del ciego había algo más que una mera alusión al poder político: el ciego agrega: «¡Ten piedad de mí!». Esto llamó poderosamente la atención de Jesús. Cuando el ciego se pone a gritar queriendo llamar la atención del Maestro, muchos le reprendían para que se callara. Su grito parece ser intempestivo y no quieren que moleste a Jesús. Para ellos (sus discípulos y una gran multitud) no era más que el grito de-sesperado de un mendigo ciego sentado a la largo del camino, es decir, un marginado más. Sin embargo, hay un claro contraste entre la actitud de Jesús y la de los discípulos. La actitud de Jesús encierra un reproche hacia sus seguidores. Él está atento a los marginados y despreciados de la sociedad: los llama y los acoge. El ciego entusiasmado, deja su manto y de un salto va hacia Él. Quedan frente a frente el mendigo ciego y el Maestro Bueno. Entonces Jesús le pregunta qué es lo que quiere. Bartimeo le pide algo insólito, algo que nadie habría pedido a David ni a un descendiente suyo: «Maestro, ¡que vea!». Cualquier mendigo le habría pedido una limosna; pero este mendigo, con su petición, expresó una inmensa fe en Jesucristo, seguro que Él podría darle la vista. Esa fe mereció la salvación y también su señal externa: la vista material. Jesús le dijo: «Tu fe te ha salvado». Y al instante recuperó la vista y lo siguió por el camino. El hombre que era un pobre mendigo ciego fue capaz de entender la misión de Jesús tal vez mejor que los mismos apóstoles quedando así plenamente restituido e incorporado a la comunidad de los que seguían a Jesús. La fe consiste en poner a Cristo y su enseñanza como fundamento de nuestra existencia seguros que, apoyándonos en Él, estaremos firmes y nunca quedaremos defraudados. El reconocer que muchas veces necesitamos ser curados para «ver nuevamente» implica tener la grandeza personal para aceptar nuestras cegueras personales. El alejarnos de la comunión con Dios y nuestros hermanos nos coloca al «margen del camino», colocándonos en una situación muy semejante a la del ciego Bartimeo.  Una palabra del Santo Padre: «Pensemos en la historia de Bartimeo, un personaje del Evangelio (cf. Mc 10,46-52 y par.) y, os lo con-fieso, para mí el más simpático de todos. Era ciego y se sentaba a mendigar al borde del camino en las afueras de su ciudad, Jericó. No es un personaje anónimo, tiene un rostro, un nombre: Bartimeo, es decir, “hijo de Timeo”. Un día oye que Jesús pasaría por allí. Efectivamente, Jericó era un cruce de caminos de personas, continuamente atravesada por peregrinos y mercaderes. Entonces Bartimeo se pone a la espe-ra: hará todo lo posible para encontrar a Jesús. Mucha gente hacía lo mismo, recordemos a Zaqueo, que se subió a un árbol. Muchos querían ver a Jesús, él también. Este hombre entra, pues, en los Evangelios como una voz que grita a pleno pulmón. No ve; no sabe si Jesús está cerca o lejos, pero lo siente, lo percibe por la multitud, que en un momento dado aumenta y se avecina... Pero está completamente solo, y a nadie le importa. ¿Y qué hace Bartimeo? Grita. Y sigue gri-tando. Utiliza la única arma que tiene: su voz. Empieza a gritar: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!» (v. 47). Y sigue así, gritando. Sus gritos repetidos molestan, no resultan educados, y muchos le reprenden, le dicen que se calle. “Pe-ro sé educado, ¡no hagas eso!”. Pero Bartimeo no se calla, al contrario, grita todavía más fuerte: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!» (v. 47). Esa testarudez tan hermosa de los que buscan una gracia y llaman, llaman a la puerta del corazón de Dios. Él grita, llama. Esa frase: “Hijo de David”, es muy importan-te, significa “el Mesías” —confiesa al Mesías—, es una profesión de fe que sale de la boca de ese hombre despreciado por todos. Y Jesús escucha su grito. La plegaria de Bartimeo toca su corazón, el corazón de Dios, y las puertas de la salvación se abren para él. Jesús lo manda a llamar. Él se levanta de un brinco y los que antes le decían que se callara ahora lo conducen al Maestro. Jesús le habla, le pide que exprese su deseo —esto es im-portante— y entonces el grito se convierte en una petición: “¡Haz que recobre la vista!”. (cf. v. 51). Jesús le dice: «Vete, tu fe te ha salvado» (v. 52). Le reconoce a ese hombre pobre, inerme y desprecia-do todo el poder de su fe, que atrae la misericordia y el poder de Dios. La fe es tener las dos manos levan-tadas, una voz que clama para implorar el don de la salvación. El Catecismo afirma que «la humildad es la base de la oración» (Catecismo de la Iglesia Católica, 2559). La oración nace de la tierra, del humus —del que deriva “humilde”, “humildad”—; viene de nuestro estado de precariedad, de nuestra constante sed de Dios (cf. ibid., 2560-2561).La fe, como hemos visto en Bartimeo, es un grito; la no fe es sofocar ese grito. Esa actitud que tenía la gente para que se callara: no era gente de fe, en cambio, él si. Sofocar ese grito es una especie de “ley del silencio”. La fe es una protesta contra una condición dolorosa de la cual no enten-demos la razón; la no fe es limitarse a sufrir una situación a la cual nos hemos adaptado. La fe es la espe-ranza de ser salvado; la no fe es acostumbrarse al mal que nos oprime y seguir así». Papa Francisco. Audiencia General. Miércoles 6 de mayo de 2020  Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana. 1. Leamos el Salmo Responsorial 125 (126) y meditemos sobre las bendiciones del Señor en nuestras vidas. 2. ¿Me considero totalmente sano? ¿Cuáles son mis cegueras personales (pecado personal) que ne-cesitan ser curadas por el Señor Jesús? 3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 439. 547-550.714. 1822-1829. 2616. texto facilitado, JUAN RAMON PULIDO, presidente diocesano de ADORACION NOCTURNA ESPAÑOLA, en TOLEDO

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Viernes, 22 de Octubre de 2021

El Espíritu Santo es maestro de las cosas pequeñas. Frecuentemente no somos felices porque no sabemos valorar esa enseñanza. Muchas veces no disfrutamos de ciertas cosas porque nos parecen pequeñas. Otras veces no hacemos algunas buenas acciones porque nos parecen insignificantes. Como conclusión, nos quedamos sin nada entre las manos. Se trata de una tentación que nos conviene dominar. Este pequeño momento vale la pena, porque es la simple felicidad que el Señor me está regalando ahora. Si lo acepto, y lo disfruto con sencillez, esto tonifica mi alma, me ayuda a sentirme vivo, y me prepara para otras alegrías más grandes. Esta pequeña acción vale la pena, dar esta sonrisa vale la pena, regalar este saludo amable vale la pena, ofrecer esa pequeña ayuda, vale la pena. Porque es lo que el Espíritu Santo me está inspirando, y entonces, eso no tiene medida, no es pequeño. La medida y el valor de ese acto están dados porque es una respuesta a las inspiraciones del Espíritu Santo, porque es un acto de amor. Entonces, vale la pena. .

sábado, 16 de octubre de 2021

29ª semana del tiempo ordinario. Domingo B: Mc 10, 35-45

Hoy nos enseña Jesús algo esencial y muy difícil de cumplir en nuestra religión. Se trata de tener una actitud totalmente diferente de lo que piensa el mundo. La mayoría de las personas piensan que es más importante quien tiene más poder o está por encima de los demás en dignidad, en dinero y en otras cosas materiales. Sin embargo, Jesús nos dice que es más importante quien más está al servicio de los demás. La mayoría de los “cristianos” no nos lo creemos. Y sin embargo miles y miles de cristianos verdaderos sí lo han creído y lo han practicado y lo siguen practicando. Jesús iba con sus apóstoles camino de Jerusalén. Ya les había anunciado por tres veces que iban a Jerusalén, donde él moriría a manos de las autoridades. Ellos estaban perplejos y no lo entendían o no lo querían entender. Ciertamente que también Jesús les decía que a los tres días resucitaría; pero esto menos lo entendían, porque se quedaban a pensar lo primero, lo cual les parecía extraño y casi como una blasfemia. Ellos habían aprendido desde niños que cuando viniera el Mesías, sería el rey triunfante que les haría dominar sobre todas las naciones. Algunos pensaban que con las armas; otros al menos pensaban que sería mediante las creencias religiosas en el Dios todopoderoso, protector especialmente de ellos. Los apóstoles, al ir caminando hacia Jerusalén, pensaban en su interior, que ésta sería la hora en que se declararía rey y sería proclamado así en la capital. Seguro que entre ellos lo comentaban. Con ese pensamiento, Santiago y Juan, hermanos, se atreven a proponer algo grande para ellos. Al fin y al cabo ellos eran de los más estimados por Jesús. Dice el evangelista san Mateo que fue la madre de los dos hermanos quien se atrevió a hacer la proposición. Le proponen los dos puestos más importantes en ese reino. Jesús no les reprendió, porque veía una buena voluntad. Por eso les dijo que no sabían lo que pedían. Sin embargo, les puso las condiciones, que eran beber el mismo cáliz que Él y ser bautizados en el mismo bautismo. Cuando el evangelista escribía esto, ya sabían que se trataba de imitar a Jesús en la entrega total, hasta dar su sangre para que otros puedan conseguir el Reino. Los dos hermanos dijeron a Jesús que estaban dispuestos a ello. Seguro que en ese momento no sabían lo que prometían, pero manifestaban su decisión y buena voluntad. A Jesús le gustó esa decisión; sin embargo, les dijo que la cuestión de puestos no entraba en sus planes, pues estaba ya determinado. Entonces Jesús enseñó cuáles son los planes de Dios en cuanto a la importancia. Resulta que los otros diez apóstoles, que todavía estaban bastante “verdes” en cuanto al verdadero seguimiento de Cristo, se pusieron a discutir sobre quiénes debían ser los primeros en ese Reino. En ese momento es cuando Jesús nos enseña que en ese Reino de Dios la importancia es totalmente diferente de lo mundano. El más importante va a ser quien más sea servidor de los demás. Él mismo se pone de ejemplo. No es que todos los que mandan sean perversos; pero la realidad es que el poder es una gran tentación y la realidad de la historia nos dice que la mayoría de los que tienen el poder lo aprovechan para su propio beneficio material. Y ello aunque en la propaganda electoral digan que están al servicio del pueblo. ¡Ojalá sea verdad! Se nos ha metido demasiado el concepto mundano de importancia. Y esto hasta en muchos ámbitos eclesiales y de trabajo por la Iglesia. Alguno puede sacar la conclusión de que, si es así, la mayoría de “cristianos” no son cristianos. Pues es verdad. O podemos decir que son cristianos a medias. El estar al servicio de otros no es sólo hacer obras buenas de caridad, que se pueden hacer para ganar “méritos” y mejores puestos, sino que es sobre todo una actitud. Es el desear una vida plena y gozosa para los demás; es el aplaudir las obras buenas de otros y procurar aumentarlo. Una cosa es procurar aumentar económicamente en una familia para el bien de los hijos y otra el querer estar por encima de los demás. Servir es el hacer el bien, dejando que el premio lo dé Dios.

Domingo de la Semana 29ª del Tiempo Ordinario. Ciclo B «El Hijo del hombre ha venido a dar su vida como rescate por muchos»

Lectura del libro del profeta Isaías (53, 2a.3a.10-11): Cuando entregue su vida como expiación, verá su descendencia, prolongará sus años. El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación: verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz, El justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos. Salmo 32,4-5.18-19.20.9-2: Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. R./ Que la palabra del Señor es sincera, // y todas sus acciones son leales; // él ama la justicia y el dere-cho, // y su misericordia llena la tierra. R./ Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, // en los que esperan en su misericordia, // para librar sus vidas de la muerte // y reanimarlos en tiempo de hambre. R./ Nosotros aguardamos al Señor: // él es nuestro auxilio y escudo. // Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, // como lo esperamos de ti. R./ Lectura de la carta a los Hebreos (4, 14-16): Acerquémonos con seguridad a trono de la gracia. Hermanos: Mantengamos la confesión de la fe, ya que tenemos un sumo sacerdote grande, que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios. No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado. Por eso, acerquémonos con seguridad al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gra-cia que nos auxilie oportunamente. Lectura del santo Evangelio según San Marcos (10, 35-45): El hijo del hombre ha venido para dar su vida en rescate por todos. En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.» Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?» Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.» Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautiza-ros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?» Contestaron: «Lo somos.» Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reserva-do.» Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santia¬go y Juan. Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tirani-zan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sir¬van, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.»  Pautas para la reflexión personal  El vínculo entre las lecturas «El que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos», nos dice claramente el Señor Jesús en el Evangelio. Jesús nos precede a todos en el servicio, realizando en sí la figura del Siervo de Yahveh, despreciado, marginado, hombre doliente y enfermo, que se da a sí mismo en expiación por su pueblo (Primera Lectura). Justamen-te asume así la figura del Sumo Sacerdote que puede compadecerse de nuestras flaquezas porque ha sido tentado en todo como nosotros, excepto en el pecado (Segunda Lectura).  «Despreciable y desecho de hombres» El impresionante texto del profeta Isaías es el cuarto poema sobre el «Siervo del Señor». A diferencia de los anteriores poemas, se limita a narrar los sufrimientos del Siervo y el sentido último de los mismos. Lo que describe de manera impactante es la pasión, muerte y exaltación inaudita del Siervo. Todo el proceso se desarrolla a base de contrastes y paradojas entre lo que sufre el Siervo en el lugar de las otras personas. Irreconocible descripción de su estado externo, sufrimientos totalmente desmesurados por crímenes ajenos, proceso injusto, muerte ignominiosa propia de malvados. «Con sus llagas nos curó» (Is 53,5) corrige con audacia principios profundamente enraizados en la cultura religiosa antigua, y también en la del Antiguo Testamento. El Servidor no responde «herida por herida» como permitía e incluso ordenaba la ley del talión (ver Éx 21,25) ; mucho menos trata de vengarse desproporcionadamente de la herida recibida (ver Gn 4,23-24) . Por el contrario, sorprendentemente sus propias heridas llevan la curación a un cuerpo cubierto de ellas, el cuerpo de Israel, así como cada uno de sus miembros. Al final, se da la explicación de lo inaudito: todo res-pondía al designio divino que es aceptado libremente por el Siervo. Sus sufrimientos y muerte han tenido un sentido redentor de expiación y salvación (han curado, perdonado y salvado a los verdaderos culpables): el triunfo final ha demostrado su inocencia y el sentido de sus sufrimientos. En el Nuevo Testamento, este cuarto canto del Siervo nos ayuda a entender mejor el sentido Reconciliador de la Pasión, Muerte y Resu-rrección de nuestro Señor Jesucristo, el Siervo de los siervos.  Los hijos de Zebedeo El Evangelio de hoy nos presenta uno de eso casos en que los apóstoles quedan «mal parados»; y, la-mentablemente, no se salva ninguno de ellos. Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercan al Maestro Bueno y le hacen un pedido. Manifiestan una ambición humana, pues están pensando en un reino terreno que ellos esperaban cuando Jesús, como Mesías prometido, se sentara en el trono del David. No sólo mani-fiestan ambición, sino también completa incomprensión del misterio y de la misión de Jesucristo. Cuando en la Sagrada Escritura el término «gloria» es aplicado a personas, expresa generalmente su ri-queza o su posición destacada. En el Antiguo Testamento la «gloria de Dios» se manifiesta fundamental-mente en dos acontecimientos: el éxodo y el destierro. En el Nuevo Testamento se afirma que Jesús era la «gloria de Dios» que se había hecho visible en la tierra. «Nosotros hemos visto su gloria» escribe el apóstol San Juan. Recordemos que el pasaje de esta semana se sitúa inmediatamente después del tercer anuncio de la Pasión de Cristo (ver Mc 10, 32-34). Este tercer anuncio llama la atención por lo detalles tan precisos de los acontecimientos que iban a suceder. Se nombra a Jerusalén como escenario de la Pasión y se dan en per-fecto orden cronológico los hechos principales que la constituyen. Lejos de liberar a Israel del dominio ex-tranjero para restaurar el reino terreno, Jesús anuncia que será «entregado a los gentiles» , es decir a los romanos y será sometido a muerte. Algunos Domingos atrás notábamos cómo después del segundo anun-cio de su Pasión los apóstoles discutían sobre quién sería el mayor (ver Mc. 9,30-37). La repetición de la misma situación acentúa la incomprensión de los apóstoles.  «El cáliz que he de beber...» Si bien Santiago y Juan le formulan un pedido al Maestro que denota una clara manifestación de ambi-ción humana, los otros diez tampoco estaban exentos de esta incomprensión ante el mensaje de Jesús. Como que vemos dos niveles en lo que va siendo narrado por San Marcos. Los otros diez «empezaron a indignarse contra Santiago y Juan». De esa manera demuestran que esos puestos de poder y privilegio también eran deseados por cada uno para sí. No estaban dispuestos a cederlos a otro; la ambición era más fuerte que la amistad que los unía. En ese momento cada uno pensaba en su propio interés. ¡Qué frágiles pero cercanos se nos hacen estos sentimientos de los apóstoles! Jesús, con admirable paciencia y cariño, trata de explicarles que esa petición está fuera de lugar, porque lo que realmente debían de querer era más bien beber el cáliz y ser bautizados con el mismo bautismo con que Él iba a ser bautizado. Éstas son expresiones idiomáticas que se usan para indicar una muerte trágica asumida con paciencia y abnegación. Es decir, lo que debían ambicionar era asumir la cruz y estar a su lado en sus sufrimientos. Para luego gozar con Él de su victoria ante la muerte. Y luego Jesús agrega una enseñanza que es como la esencia del Evangelio. En el Antiguo Testamento el cáliz es símbolo tanto de gozo (ver Sal 23,5; 106,13) como de sufrimiento (ver Sal 75,9; Is 51, 17-22). Aquí la idea es la del sufrimiento redentor mesiánico. El cáliz es uno que bebe el mismo Jesús «yo be-bo», como leemos en el original griego. El uso del presente indica que ya hay una experiencia ya comenza-da durante toda su vida terrena. La figura del bautismo expresa la misma idea. El uso del simbolismo del agua para una calamidad es frecuente en el Antiguo Testamento (ver Is 43,2). Jesús va emplear la expre-sión para significar la muerte que debe de pasar: «Con un bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué angus-tiado estoy hasta que se cumpla!» (Lc 12,50).  La esencia del Evangelio «El que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos». Jesús mismo se pone como mo-delo, describiendo su propia vida y misión. «Que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos». Esta frase es una de las más importantes en los Evange-lios y parece estar tomada de la profecía que leemos en Isaías 53 acerca del Siervo de Yahveh. La palabra más importante en la frase es «lytron»: rescate. En el griego clásico, la palabra es usada generalmente en plural para designar el precio de redención de un cautivo; en los papiros, para designar el dinero por la li-bertad de los esclavos. En el Antiguo Testamento, cuando las palabras de esta raíz se empleaban en senti-do religioso, significan la liberación realizada por Dios sin ninguna connotación de precio. Designa una cosa positiva por la que el hombre pasa a ser posesión de Dios (ver Est 13,9; Ex 6,6-8). A la luz de lo dicho, la palabra «lytron» debe de significar el medio como se realiza la redención (reconci-liación, liberación). Y se aplica, de hecho, a la muerte de Jesucristo que fue el precio que se pagó para po-der reconciliarnos con el Padre en el Espíritu Santo. Los apóstoles finalmente comprendieron bien la ense-ñanza de Jesús y bebieron de su mismo cáliz. Por eso, no obstante, todo, son las columnas de la Iglesia. En efecto San Pablo afirma que su ideal no es poseer poder en esta tierra, sino «tener comunión con los pade-cimientos de Cristo hasta hacerse semejante a Él en su muerte» (Fil 3,10). Y San Juan nos enseña: «En esto hemos conocido lo que es amor: en que Él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos» (1Jn 3,16).  «Acerquémonos confiadamente al trono de la gracia» Termina este largo comentario del Salmo 95 en la Carta a los Hebreos con un canto a la palabra de Dios, que es eficaz en el anuncio de la salvación, y al mismo tiempo es penetrante a la hora de discernir la actitud radical del corazón del hombre. Con este canto se cierra el elogio de Jesús en cuanto tiene una dignidad mayor que la de Moisés, y nos presenta a Jesús como el Sumo Sacerdote misericordioso e inocente, que nos comprende y nos ayuda. En Hb 4,15-16 se inicia el tema que se relaciona con lo que leemos en Hb 2,17-18. La afirmación prime-ra tiene una connotación afectiva no exenta de ternura: «tenemos un Sumo Sacerdote»; existe, es nuestro, está ahí para nosotros, a nuestro alcance. No es un Sumo Sacerdote que no tenga capacidad para com-prender nuestras debilidades, pues Él mismo ha pasado por todas ellas a semejanza nuestra, aunque no le llevaron a pecar ni a apartarse de Dios, como nos ocurre a todos los demás. La semejanza no le exigió asumir el pecado. Esta realidad ha de movernos a acercarnos con libertad, sin miedo, a ese trono lleno de gracia, de donde brota el favor y la disposición para ayudarnos.  Una palabra del Santo Padre: «Santiago y Juan, siempre mirando al privilegio esperado, dicen deprisa: ¡sí «podemos»! Pero tampoco aquí se dan cuenta de lo que verdaderamente dicen. Jesús preanuncia que su cáliz lo beberán y su bau-tismo lo recibirán, es decir, ellos también, como los demás apóstoles, participarán en su cruz, cuando lle-gue el momento. Sin embargo —concluye Jesús— «sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado» (v. 40). Como diciendo: ahora seguidme y apren-ded el camino del amor «con pérdida», y el Padre celestial se hará cargo del premio. El camino del amor es siempre «con pérdida», porque amar significa dejar a parte el egoísmo, la autorreferencialidad, para servir a los demás. Jesús se da cuenta de que los otros diez Apóstoles se enfadan con Santiago y Juan, demos-trando así que tienen la misma mentalidad mundana. Y esto le ofrece la inspiración para una lección que se aplica a los cristianos de todos los tiempos, también para nosotros. Dice: «Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones las dominan como señores absolutos y los grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros; sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vues-tro servidor» (v. 42-44). Es la regla del cristiano. El mensaje del Maestro es claro: mientras los grandes de la Tierra construyen «tronos» para el poder propio, Dios elige un trono incómodo, la cruz, desde donde reinar dando la vida: «Tampoco el Hijo del Hombre —dice Jesús— ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos» (v. 45). El camino del servicio es el antídoto más eficaz contra la enfermedad de la búsqueda de los primeros puestos; es la medicina para los arribistas, esta búsqueda de los primeros puestos, que infecta muchos contextos humanos y no perdona tampoco a los cristianos, al pueblo de Dios, ni tampoco a la jerarquía eclesiástica. Por lo tanto, como discípulos de Cristo, acojamos este Evangelio como un llamado a la con-versión, a dar testimonio con valentía y generosidad de una Iglesia que se inclina a los pies de los últimos, para servirles con amor y sencillez. Que la Virgen María, que se adhirió plenamente y humildemente a la voluntad de Dios, nos ayude a seguir a Jesús con alegría en el camino del servicio, el camino maestro que lleva al Cielo». (Papa Francisco. Ángelus 21 de octubre de 2018)  Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana. 1. Leamos y meditemos todo el pasaje de Isaías 53, a la luz de lo leído de la lectura del Evangelio. 2. «El que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el pri-mero entre vosotros, será esclavo de todos». ¿Cómo vivo esta realidad de manera concreta? ¿La vivo de verdad? 3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 440. 786. 1897-1904. texto facilitado por JUAN RANON PULIDO, presidente diocesano de ADORACIÓN NOCTURNA ESPAÑOLA, en TOLEDO

viernes, 15 de octubre de 2021

b>*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Viernes, 15 de Octubre de 2021

< La magnanimidad es una hermosa virtud, que nos lleva a desear cosas grandes, a gastar nuestra vida para regalarle algo grande a este mundo. Porque ser humildes no quiere decir que escondamos nuestras capacidades o que enterremos nuestros talentos. El Espíritu Santo no se goza en nuestra destrucción ni espera que renunciemos a nuestros sueños. Al contrario, Él nos lanza a la aventura de vivir cosas grandes. Eso está claro en la vida de Santa Teresa de Ávila, que hoy recordamos. Ella desde pequeña soñaba con hacer cosas grandes por Cristo. Pero en esa época, hace quinientos años, las mujeres no podían destacarse en la sociedad ni en la Iglesia. A ella la estimulaba mucho la lectura de las vidas de santos y de los libros de caballería. Por eso un día, siendo niña, quiso escapar con su hermano con el deseo de dar la vida por Cristo en tierras paganas. En 1535 entró al convento de la Encarnación en Ávila. Pero se puede decir que sólo veinte años después ocurrió su gran conversión, la acción más poderosa del Espíritu Santo. Al poco tiempo sintió el llamado de Dios a reformar la vida de los conventos carmelitas, devolviéndoles su espíritu de austeridad y fervor evangélico, donde no debería faltar la alegría. A esta reforma se le unió San Juan de la Cruz. Ambos sufrieron burlas y persecuciones, pero nada podía frenar a esta mujer decidida y segura. A su intensa actividad unió una altísima experiencia mística que quedó plasmada en sus escritos espirituales, por los cuales se la declaró doctora de la Iglesia. Fundó muchos conventos reformados, lo cual le significó numerosos viajes que deterioraron su salud. A causa de esos viajes la llamaban despectivamente "mujer inquieta y andariega". Pero a pesar de las persecuciones que soportó de parte de las mismas autoridades de la Iglesia, expiró diciendo: _"Muero hija de la Iglesia"._ Porque el Espíritu Santo, que nos invita a vivir cosas grandes, nos lleva también a vivirlas en humildad y en fraternidad, nunca en la vanidad y la división. Teresa es un hermoso estímulo que nos invita a dejarnos llevar por el Espíritu Santo sin cobardías ni mezquindades, sabiendo que, unidos al Señor, y más allá de lo que nosotros podamos ver, nuestra vida dará mucho fruto. .

jueves, 14 de octubre de 2021

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Jueves, 14 de Octubre de 2021

El mundo está lleno de colores que le dan una hermosura tan rica y variada, para que nos alegremos y gocemos. Pero algunas personas, por una deficiencia física, sólo pueden ver en blanco y negro. Otros pueden ver en colores, pero no saben valorarlo. Eso también puede sucedernos en el nivel espiritual. El mundo está lleno de cosas lindas, de una variedad inmensa de cosas buenas. Pero a veces estamos tan limitados espiritualmente que nos parece que todo es gris. Los árboles no nos dejan ver el bosque. Un problema no nos deja ver todo lo que está bien en nuestra vida, un temor oscurece toda nuestra esperanza. Pidamos al Espíritu Santo que nos libere de esa enfermedad, para que podamos disfrutar y gozar con esa inmensa variedad de cosas bellas que hay en el mundo. Amén. .

miércoles, 13 de octubre de 2021

LA COMUNIDAD EN LAS REDES SOCIALES HOY```

*Talladores de Diamantes* Los que predican el Evangelio de Jesús, son como talladores de diamantes. Bien saben los talladores que cuando alguien les confía una piedra que bajo su hosca apariencia esconde un diamante, este no es suyo sino de quien confío la piedra. Bien, todos los hombres somos portadores de un valiosísimo diamante: nuestra imagen y semejanza de Dios (Gen 1, 26). Es la predicación del Evangelio y por supuesto la acogida de quienes lo escuchan lo que libera progresivamente a la piedra de escorias e impurezas hasta que salga a la luz el brillante escondido en ella. Después viene la segunda fase que es pulir esta joya muy delicadamente, y por supuesto también por la predicación y amorosa escucha del Evangelio. Conforme el diamante va alcanzando su brillo, el Señor Jesús lo toma en sus manos y dice: Ya eres luz del mundo, ve hacia los hombres, anúnciales mi Evangelio pues todos y cada uno de ellos son portadores de un diamante como tú. Ve, y tállales con mis palabras igual que otros discípulos míos te tallaron a ti. _P. Antonio Pavía - comunidadmariamadreapostoles.com_
*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Miércoles, 13 de Octubre de 2021 El agua es un símbolo central en el cuarto Evangelio, y representa la acción del Espíritu en nosotros, que viene a cumplir las promesas proféticas de un agua purificadora y vivificadora *(Ezequiel 36, 25. 27; 47, 1-12; Zacarías 13,1; lsaías 12, 3).* La identificación del agua con el Espíritu es evidente en *(Juan 7, 37-39)*. En *(Juan 19, 28-35)* el costado traspasado de Cristo se manifiesta como la fuente del agua viva del Espíritu. En el derramamiento del Espíritu se cumple la misión de Cristo, que ha venido a traer vida en abundancia *(Juan 10, 10).* El agua del Espíritu, haciendo presente en nosotros a Cristo resucitado, nos hace participar de la vida de la Trinidad *(Juan 16, 13-15; 14, 19).* Así su iniciativa de amor nos hace fecundos *(Juan 15, 16),* comunicando a los demás la vida del Resucitado. De ese modo participamos de su gloria *(Juan 17, 22).* En el Hijo de Dios hecho carne habita la plenitud de la gracia del Espíritu Santo, y de esa plenitud recibimos nosotros *(Juan 1, 14.16.17).* Evidentemente, el eje unificador de todos los símbolos del Evangelio de Juan para hablar del Espíritu Santo, es la "vida". Se trata de la vida nueva que reside en la humanidad glorificada de Jesucristo, y que desborda para los que se acercan a Él. Unidos a Él, los creyentes participan de su fecundidad, derramando la belleza de su vida en el mundo. Jesucristo, como fuente abierta del Espíritu Santo, es manantial de vida, pan de vida, ofrece vida en abundancia. .

lunes, 11 de octubre de 2021

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Lunes, 11 de Octubre de 2021

Como siempre, el apasionado San Agustín expresa de una manera maravillosa el deseo de Dios, y también el deseo del Espíritu Santo. Usemos sus palabras para elevar el corazón al Espíritu Santo: _"Ven, dulce consolador de los que están desolados, refugio en los peligros y protector en la miseria._ _Ven, Tú que lavas nuestras manchas y curas nuestras llagas._ _Ven, fuerza del débil, apoyo del que cae._ _Ven, doctor de los humildes y vencedor de los orgullosos._ _Ven, padre de los huérfanos, esperanza de los pobres, tesoro de los que sufren la indigencia._ _Ven, estrella de los navegantes, puerto seguro de los náufragos._ _Ven, fuerza de los vivientes y salud de los moribundos._ _Ven Espíritu Santo, ten piedad de mí. Hazme sencillo, dócil y fiel._ _Compadécete de mi debilidad con tanta bondad que mi pequeñez se encuentre ante la multitud de tus misericordias._ _Ven Espíritu Santo._ _Amén."_