lunes, 31 de mayo de 2021

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Lunes, 31 de Mayo de 2021

Algunos ya desde niños, abrieron su corazón a la gracia del Espíritu Santo. Pero otros se resistieron mucho tiempo. Veamos el ejemplo del apasionado y mundano San Agustín. Él mismo nos cuenta cómo gastó muchos años de su vida esclavizado en muchos pecados: _"Ardía en el deseo de saciar mis bajos apetitos, y me convertí en una selva de amores oscuros... Me excedí en todo... Le concedí a la lujuria todo poder sobre mi vida y con todas mis fuerzas me entregué a ella."_ (Confesiones 2, 1-2) Pero a pesar de haber conocido de cerca los vicios y todo tipo de placeres, cuando abrió el corazón al amor de Dios, se lamentó de haber gastado sus energías en esas vanidades, se lamentó de no haber encontrado antes, el cautivante amor divino: _"¡Que tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva!"_ (Confesiones 10, 27) Muchos de nosotros no hemos tenido nunca una vida muy desenfrenada, o no hemos experimentado una maravillosa liberación como San Agustín. Pero todos estamos llamados a una vida mejor, más santa, más buena *(Filipenses 3, 12-14).* Invoquemos al Espíritu Santo para poder lograrlo. Él es capaz de transformarlo todo si le damos espacio en nuestra existencia. .

domingo, 30 de mayo de 2021

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Domingo, 30 de Mayo de 2021

Para aprender la libertad del Espíritu Santo hay que dejarse iluminar por la Palabra de Dios. El Espíritu Santo es quien ha inspirado la Palabra de Dios. Por eso, Él puede iluminarnos para comprender esa Palabra. No sólo para que alcancemos una comprensión intelectual de Ella, sino para que le abramos el corazón y nos dejemos mover por su exhortación a la conversión. Porque si el Espíritu no toca los corazones con su gracia, el solo hecho de escuchar la Palabra o de leerla, no llega a producir ningún cambio en nuestra vida. Pero si invocamos al Espíritu y nos dejamos inundar por Él antes de leer la Palabra, seremos capaces de ser sinceros ante Ella, aceptaremos quedar al descubierto y así esa Palabra le hablará concretamente a la propia vida, nos hará ver claro el camino y el Espíritu nos dará la fuerza para seguirlo. Ese es un secreto de los verdaderos cambios.

sábado, 29 de mayo de 2021

Domingo de la Santísima Trinidad: Mt 28, 16-20

“La gracia de Nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo esté con vosotros”. Así comenzamos en la misa y así comenzamos hoy, en esta fiesta de la Stma. Trinidad. Esta fiesta es como una coronación de todas las fiestas de Pascua en que vemos a Cristo resucitado y glorificado a la diestra de Dios Padre, que envió a su Hijo para salvarnos y que el Hijo juntamente con el Padre envían el Espíritu Santo para santificarnos. Tres personas en un solo Dios: Un misterio oscuro, pero muy cercano a nuestra vida, pues debe ser el centro de nuestra fe y nuestra vida. Todo ser humano debe comprender que existe un Dios creador. Sin la fe en Dios, el mundo sería absurdo, no tendría sentido. Pero Dios no es ni tirano ni ajeno a nuestros planes y necesidades. Por eso se escogió una nación para ir revelando la esencia de su ser de amor. La Sagrada Escritura habla constantemente del gran amor de Dios a nosotros, que es una expresión de la unión íntima e infinita de amor entre las personas de la Stma. Trinidad. Mostraba su amor hacia su pueblo con ideas de amor sacadas del noviazgo y matrimonio. Pero ese pueblo, en general, le rechazó. Y Dios Padre envió a su Hijo para salvarnos. Jesús nos fue desvelando el gran misterio de amor en Dios. Él con su Padre son una misma cosa. Y después de cumplir su misión, envió el Espíritu Santo, Dios Consolador, que con sus gracias y dones fructifica a la Iglesia. Cuando iba a subir al cielo, Jesús envió a sus apóstoles a bautizar por todo el mundo “en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp. Santo”. Es la expresión del amor, que es la esencia principal de Dios. Nunca podremos en esta vida comprender los misterios de la esencia de Dios; pero algo atisbamos al saber que es amor. Porque el amor une; y el amor infinito une infinitamente. Dios no es un dios solitario, sino que es un Dios-familia. Son tres personas por donde circula la más entrañable corriente de amor. Por eso nosotros imitaremos más a Dios cuanto más nos sintamos unidos en comunidad, en familia o en pueblo. El amor es lo más importante en nuestra religión. La Santísima Trinidad no es sólo un misterio para creer, sino que es vida para vivir. En el nº 44 del Compendio del catecismo de la Iglesia Católica se nos dice que el misterio de la Stma. Trinidad es el centro de la fe y de la vida cristiana. Yo creo que gran parte de cristianos hemos tenido este misterio por centro de nuestra fe, pero poco de nuestra vida cristiana. Muchas veces hemos orado a Dios de una manera abstracta o impersonal. No suele ser la comunicación de amor con un amigo, porque intentamos hablar a la esencia de Dios, no a las personas. En este día de la Santísima Trinidad les exhorto a tener más comunicación con nuestro Padre Dios, a quien verdaderamente podemos llamar Padre, o si queremos, podemos llamarle “papá”, como hacía Jesús. Y sentir sus caricias porque siempre está con nosotros, “más íntimo que nuestra misma intimidad”. Y hablar con Jesús, que es Dios y quiere ser nuestro amigo, que para eso ha querido quedarse en la Eucaristía. Y hablar con el Espíritu Santo, que es Dios y nuestro Consolador, nuestro Abogado, que camina con nosotros precisamente para estar a disposición y dar abundantes gracias y dones a aquel que esté dispuesto. Este es un descubrimiento que debemos ir haciendo. De hecho en la liturgia siempre nos dirigimos a alguna de las tres Divinas Personas; la mayor parte de las veces al Padre, otras al Hijo y pocas veces, de forma directa, al Espíritu Santo. A los tres se les llama “Señor”. Que cada vez que nos persignemos, nombrando a las tres Divinas Personas, agradezcamos su gran amor hacia nosotros, y procuremos dar a conocer ese inmenso amor con nuestra vida de caridad, “porque todo el que ama, ha nacido de Dios y conoce a Dios, porque Dios es amor”. No somos llamados para seres individualistas, sino a formar parte de una comunidad. Y siempre glorifiquemos a Dios Padre, que nos ha creado, a Jesucristo, que nos ha redimido y nos espera en el cielo, y al Espíritu Santo, que vive en nosotros para darnos la paz y alegría cristiana. P. Silverio

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Sábado, 29 de Mayo de 2021

_Ven Espíritu Santo limpia mi interior de todo residuo de resentimientos y de malos recuerdos._ _Concédeme recordar el pasado con serenidad, sin rencores ni tristezas, sin angustias ni temores. Mi seguridad está en tu amor y en tu fuerza que me abraza._ _No permitas que me debilite y me desgaste con faltas de perdón y resquemores._ _Arranca de mi interior todo deseo de venganza. Muéstrame, Espíritu Santo, que la venganza termina cayendo sobre mi propia vida y matando mi alegría y mi paz._ _Ayúdame a declarar libres a esas personas que de alguna manera me hicieron sufrir. Que yo no necesite hacerlos sufrir para sentirme bien._ _Derrama en mi interior tu compasión, coloca en mis ojos tu mirada compasiva, para que pueda recordarlos sin rencor y sin angustia._ _Libérame Dios mío, para que pueda respirar feliz y caminar sin ataduras interiores._ _Muéstrame que hay más felicidad en dar que en recibir, y que siempre es mejor vencer el mal con el bien._ _Ven Espíritu Santo._ _Amén._ .

viernes, 28 de mayo de 2021

Solemnidad de la Santísima Trinidad. Ciclo B «Bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo»

Lectura del Deuteronomio (4,32-34.39-40): El Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Moisés habló al pueblo, diciendo: «Pregunta, pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, des-de el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra: ¿hubo jamás, desde un extremo al otro del cielo, pala-bra tan grande como ésta?; ¿se oyó cosa semejante?; ¿hay algún pueblo que haya oído, como tú has oído, la voz del Dios vivo, hablando desde el fuego, y haya sobrevivido?; ¿algún Dios in¬tentó jamás venir a bus-carse una nación entre las otras por me¬dio de pruebas, signos, prodigios y guerra, con mano fuerte y brazo poderoso, por grandes terrores, como todo lo que el Se¬ñor, vuestro Dios, hizo con vosotros en Egipto, ante vuestros ojos? Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y mandamientos que te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos después ti, y prolongues tus días en el suelo que el Señor, tu Dios, te para siempre.» Salmo 32,4-5.6.9.18-19.20.22: Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad. R./ La palabra del Señor es sincera, // y todas sus acciones son leales; // él ama la justicia y el dere-cho, // y su misericordia llena la tierra. R./ La palabra del Señor hizo el cielo; // el aliento de su boca, sus ejércitos, // porque él lo dijo, y existió, // él lo mandó, y surgió. R./ Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, // en los que esperan en su misericordia, // para librar sus vidas de la muerte // y reanimarlos en tiempo de hambre. R./ Nosotros aguardamos al Señor: // él es nuestro auxilio y escudo; // que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, // como lo esperamos de ti. R./ Lectura de la carta de San Pablo a los Romanos (8,14-17): Habéis recibido un espíritu de hijos adop-tivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre). Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios. Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Pa-dre). Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados. Lectura del Santo Evangelio según San Mateo (28,16-20): Bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»  Pautas para la reflexión personal  El vínculo entre las lecturas ¿Cómo es Dios? La Iglesia nos propone, para este Domingo, la contemplación central de la fe: el miste-rio trinitario. Misterio que, sin duda, va más allá de nuestras fuerzas humanas, pero al que podemos acer-carnos con humildad para ser iluminados y fortalecidos en nuestra vocación cristiana. La Primera Lectura del libro del Deuteronomio expone la revelación de Dios uno. No hay Dios fuera de Él. Los ídolos de los pueblos circunvecinos son nada. Por eso, nada más grande que ser fiel a la alianza que ese Dios único ha pactado con su pueblo. En la Segunda Lectura, San Pablo se detiene a considerar nuestra condición de Hijos de Dios, de modo que verdaderamente podemos llamar a Dios de Padre. Así, el Dios uno, se revela en su Palabra como mi-sericordia, amor, benevolencia ante los hombres. Hemos recibido el Espíritu de Dios que nos hace realmen-te «hijos de Dios». Finalmente, en el Evangelio leemos las palabras de Jesucristo al despedirse definitiva-mente de sus discípulos. Éstos deberán bautizar en el nombre de la Trinidad y enseñar todo lo que Cristo, revelación del amor del Padre, les ha enseñado.  «Yahveh es el único Dios...y no hay otro El libro del Deuteronomio es el último libro del Pentateuco. Literalmente significa «segunda ley» y es da-da en la parte central de este libro (ver Deut 12 - 25, 15). Constituye el llamado «Código deuteronomista» y está formado por un conjunto de leyes civiles y religiosas. El autor recuerda las grandes gestas de Israel y exhorta con vehemencia la fidelidad a Yahvé. El primer gran discurso de Moisés es un resumen de la histo-ria de Israel desde su instancia en el Sinaí hasta su llegada al Jordán (1-3). El texto de este Domingo insiste particularmente en la elección divina tomando como tema central el cuidado de Dios para con su pueblo. En retribución de la «tierra (prometida) que Yahveh tu Dios te da para siempre», Dios exige una fidelidad en «el único Dios allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra» que se manifiesta en el guardar los preceptos y los mandamientos.  El Bautismo El Evangelio de este Domingo narra el pasaje donde los once apóstoles (ya Judas se había ahorcado: Mt 27,5) se dirigen al monte para recibir las últimas indicaciones del Señor. Unos «lo adoraron algunos, sin embargo (todavía) dudaron». Ciertamente fueron más de dos o tres del total de once. La verdad es que la Resurrección de Jesús se impuso a ellos después de muchas pruebas como leemos en el libro de los He-chos: «A estos mismos, después de su pasión, se les presentó dándoles muchas pruebas de que vivía, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca de lo referente al Reino de Dios»(Hch 1,3). Pero cuando se abren a la acción transformadora del Espíritu Santo son capaces de dar la vida proclaman-do la Resurrección del Maestro. Jesús se despide de sus apóstoles y les deja la misión hacer discípulos suyos «a todas las gentes». ¿Cómo se logra esto? Dos condiciones: el Bautismo y la enseñanza. Ambas condiciones son administradas por la Iglesia. Todo discípulo debe de recibir ambas cosas de la Iglesia.El Bautismo se administra «en el nombre», en singu¬lar; pero este nombre único se abre en un abanico de tres Perso¬nas, no de tres nombres. Es porque «el nombre» indica la sustancia de una cosa. Y en Dios ésta es única. La sustan¬cia divina es es-trictamente una. Por eso los cris¬tianos somos estricta¬mente monoteís¬tas. Pero, siendo administrado el Bautismo en el nombre de la Santísima Trinidad, por él se adquie¬re una re-lación personal no sólo con Cristo - «haced discí¬pu¬los mios» -, sino con cada una de las tres Personas divi-nas. El bautizado es adoptado como hijo del Padre, como hermano de Cristo y coheredero con él, y como receptor del don del Espíritu Santo que crea la comunión entre el Padre y el Hijo y entre los hijos adoptivos de Dios. Puesto que todos los fieles, de entre todos los pueblos de la tierra, entran en la Igle¬sia por medio del Bautismo administrado en nombre de la Trinidad, por eso el Concilio Vaticano II, usando la antigua fórmula de San Cipriano, define a la Iglesia como «un pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (L.G. 4). El Credo es la profesión de fe en la Santísima Trinidad y recibió su estructura trinitaria del mismo Jesu-cristo. El Credo tiene su origen en el mandato misionero de Jesús a los apóstoles que justamente son lla-mados de «apóstoles» ya que eso es lo que exactamente quiere decir la palabra en griego: «enviados». Sabemos que el bautismo, que ya existía antes de Cristo, significa «sumergir», es decir era un «baño ri-tual». Ya lo practicaba Juan el Bautista, como lo atestiguan los Evangelios. Jesús manda a sus apóstoles a hacer discípulos suyos bautizándolos; pero la originalidad del bautismo cristiano está en el hecho de que hay que hacerlo en el nombre de la Santísima Trinidad. ¿Esto exactamente qué quiere decir? ¿Qué quiere decir el «bautizar en el nombre de...»? Recordemos que la primera profesión de fe es la que busca responder a la pregunta hecha por el mismo Jesucristo: «¿quién dicen que yo soy?» Pedro se adelanta y manifiesta «Tu eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16, 16). Veamos los pasajes de Hechos de los Apóstoles 2,37 - 38 y 8,36 -37, donde en ambos casos se bauti-za «en el nombre de Jesucristo». Se trata, en estos casos, de ser «bañado» confesando la fe en Jesucristo. Pero Jesús va más allá y nos revela su identidad dentro del misterio insondable de la vida íntima de Dios: «El Padre y yo somos uno...el que me ve a mí, ve al Padre» (Jn 10, 30; 14,9).Por otro lado, Jesús es reco-nocido como Hijo y enviado del Padre porque sobre Él reposa el Espíritu Santo; Él posee el Espíritu y lo comunica sin medida (Jn 2,33; 3,34). Por eso la fe en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo es la fe en Jesu-cristo, pero expresando el misterio Trinitario de su Persona en forma más explícita: Él es la Segunda Perso-na de la Trinidad.  Hijos en el Hijo... La carta a los Romanos es considerada una de las cuatro grandes epístolas de San Pablo (junto con las dos epístolas a los Corintios y la carta a los Gálatas). Fue escrita en el año 57, antes de la Pascua, en la ciudad de Corinto y se dirige a la comunidad cristiana de Roma, de la cual Pablo fue co- fundador con el apóstol San Pedro. San Pablo se dirige de manera especial a los judíos cristianos abordando el tema de la justificación que el Señor Jesús nos ha traído. Después de la advertencia que pone ante los romanos la al-ternativa de una muerte o una vida eterna , San Pablo describe las características esenciales de la vida cristiana. El Espíritu que habita en los fieles establece entre ellos y Dios una relación nueva, de manera tal, que somos verdaderamente hijos de Dios y Dios nos trata como tales. El Espíritu que recibimos por el Bau-tismo nos hace ser hijos en el Hijo y herederos del reino eterno; huyendo así del temor, del miedo, de la in-certidumbre. Reconociendo nuestra nueva dignidad, hemos pasado de la muerte a la vida, de la esclavitud a la libertad de los hijos de Dios.  Una palabra del Santo Padre: «Hoy, fiesta de la Santísima Trinidad, el Evangelio de san Juan nos presenta un pasaje del largo discur-so de despedida, pronunciado por Jesús poco antes de su pasión. En este discurso Él explica a los discí-pulos las verdades más profundas relacionadas con Él; y así se expresa la relación entre Jesús, el Padre y el Espíritu. Jesús sabe que está cerca de la realización del designio del Padre, que se cumplirá con su muerte y resurrección; por esto quiere asegurar a los suyos que no los abandonará, porque su misión será prolongada por el Espíritu Santo. Será el Espíritu quien prolongará la misión de Jesús, es decir, guiará a la Iglesia hacia adelante. Jesús revela en qué consiste esta misión. Sobre todo el Espíritu nos conduce a entender muchas cosas que Jesús mismo tiene aún que decir (cf. Jn 16, 12). No se trata de doctrinas nuevas y especiales, sino de una plena comprensión de todo lo que el Hijo oyó del Padre y dio a conocer a los discípulos (cf. v. 15). El Espíritu nos guía por nuevas situaciones existenciales con una mirada dirigida a Jesús y, al mismo tiempo, abierto a los eventos y al futuro. Él nos ayuda a caminar en la historia firmemente radicados en el Evangelio y también con dinámica fidelidad a nuestras tradiciones y costumbres. Pero el misterio de la Trinidad nos habla también de nosotros, de nuestra relación con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. En efecto, mediante el Bautismo, el Espíritu Santo nos ha insertado en el corazón y en la vida misma de Dios, que es comunión de amor. Dios es una «familia» de tres Personas que se aman tanto que forman una sola cosa. Esta «familia divina» no está cerrada en sí misma, sino que está abierta, se co-munica en la creación y en la historia y ha entrado en el mundo de los hombres para llamar a todos a formar parte de ella. El horizonte trinitario de comunión nos envuelve a todos y nos anima a vivir en el amor y la fraternidad, seguros de que ahí donde hay amor, ahí está Dios. Nuestro ser creados a imagen y semejanza de Dios-comunión nos llama a comprendernos a nosotros mismos como seres-en-relación y a vivir las relaciones interpersonales en la solidaridad y en el amor recí-proco. Tales relaciones se juegan, sobre todo, en el ámbito de nuestras comunidades eclesiales, para que sea cada vez más evidente la imagen de la Iglesia icono de la Trinidad. Pero se juega en las distintas rela-ciones sociales, desde la familia, hasta las amistades y el ambiente de trabajo: son ocasiones concretas que se nos ofrecen para construir relaciones cada vez más humanamente ricas, capaces de respeto recí-proco y de amor desinteresado». (Papa Francisco. Ángelus en la Solemnidad de la Santísima Trinidad. Domingo 22 de mayo 2016)  Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana 1. Decir que creo en un solo Dios puede parecer una pregunta inútil, sin embargo muchas veces ponemos nuestra seguridad en «falsos diocesillos».¿Cuáles son mis «diocesillos»? ¿Tal vez sean ciertas supersticiones, horóscopos, etc? ¿Podrían ser tal vez el dinero, la fama, el consumismo, la seguridad material? ¿El poder, el placer egoísta?¿El «qué dirán» o el «quedar bien»? 2.¿Vivo de acuerdo a mi dignidad de hijo en el Hijo?¿Me respeto y respeto a mis hermanos? 3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales 232 – 260. texto facilitado por JUAN RAMON PULIDO, presidente diocesano de Adoración Nocturna en Toledo

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Viernes, 28 de Mayo de 2021

El Espíritu Santo derrama en nosotros el fuego del amor, para que amar no sea una obligación, sino una necesidad, un gusto, una elección verdaderamente libre. Cuando dejamos que el Espíritu Santo nos Impulse al amor, entonces ya no somos esclavos de miles de cosas que tenemos que cumplir. Somos libres, porque nos brotan espontáneamente las obras que agradan al Señor. Cuando el Espíritu nos ha transformado, la libertad cristiana es convertirse en esclavos de los demás *(Gálatas 5, 13)*, porque el Espíritu Santo nos libera de nosotros mismos para hacernos uno con el hermano y ganarlo para Cristo: *"Siendo libre, me hice esclavo de todos."* (1 Corintios 9, 19) Y así, en lugar de perderla, ganamos la más preciosa libertad, la liberación que produce el amor. Porque un corazón generoso es un corazón liberado del peor de los males: la indiferencia.

jueves, 27 de mayo de 2021

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Jueves, 27 de Mayo de 2021

_Ven Espíritu Santo. Libérame, para que no alimente la impaciencia y el desprecio hacia otras personas. Toma mi mirada para que pueda mirar a los demás como Jesús, con inmensa paciencia._ _Contemplo a Jesús, tan comprensivo con los pecadores, tan paciente y compasivo con las debilidades de sus discípulos, tan cercano a todos._ _Quiero aprender de Jesús, paciente y humilde, para encontrar descanso y alivio en mis impaciencias. Bendigo a todas las personas que me molestan, que me desagradan, que me cansan, que me perturban, que me interrumpen._ _Las bendigo para que sean cada día más bellas y santas, para que reflejen tu amor y tu hermosura. Pasa tu mano por sus vidas para que sean felices._ _Ven Espíritu Santo a mi vida, penetra en mi interior, acaríciame con tu divina calma._ _Cura las heridas de mi intimidad que me llevan a rechazar a los demás, sana la raíz de mi intolerancia, de mis malas reacciones, y regálame el don de la paciencia._ _Amén._

miércoles, 26 de mayo de 2021

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Miércoles, 26 de Mayo de 2021

_"Cura nuestras heridas"_ ¡Cuántas heridas llevamos dentro! Grandes o pequeñas, viejas o recientes, esas heridas están allí dentro, por los recuerdos dolorosos, por las experiencias traumáticas de nuestro pasado, por nuestros fracasos, por nuestros errores, por el amor que nos negaron, por lo que no pudo ser. Quizás con nuestra mente le quitamos importancia a esas cosas, pero nuestra afectividad sigue sufriendo por esas heridas. El Espíritu Santo puede entrar en nuestro interior y es capaz de sanar esas heridas. Mostrémosle lo que nos duele, digámosle lo que sentimos, e imaginemos que se derrama como bálsamo que cura y cicatriza, que pasa como caricia suave, que cierra las heridas con cuidado y con ternura. Él te lo está diciendo: *"Yo soy el que te consuela."* (Isaías 51, 2)

martes, 25 de mayo de 2021

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Martes, 25 de Mayo de 2021

_"Riega nuestra aridez"_ El Espíritu Santo también es como una lluvia, agua que penetra la tierra seca. Somos tierra que cruje y que llora, seca y agrietada. Pero cuando llueve la gracia, nuestro desierto reverdece y se llena de flores, rebosa de vida. Nosotros hemos regalado nuestra vida a tantas cosas de este mundo, hemos desgastado nuestras energías en tantas tonterías que nos han dejado secos por dentro, sin vida, sin amor, sin hermosura. Invoquemos al Espíritu Santo para que se derrame como lluvia fecunda, para que haga brotar las semillas buenas que Él mismo puso en nosotros. Él lo ha prometido: *"Derramaré agua sobre el suelo sediento y torrentes sobre la tierra seca"* (Isaías 44, 3) Pidámosle que riegue, que refresque, que renueve con sus gotas divinas, que nos devuelva la vitalidad y la energía, que resucite nuestros sueños y nuestra esperanza. Así se cumplirá la promesa del profeta Oseas: *"Seré como rocío para Israel. Él florecerá como el lirio, y hundirá sus raíces como el Líbano.* *Sus ramas se desplegarán y su esplendor será como el olivo. Estará perfumado como el Líbano, volverán a sentarse a su sombra, harán crecer el trigo, florecerán como la vid."* (Oseas 14, 6-8) .

lunes, 24 de mayo de 2021

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Lunes, 24 de Mayo de 2021

_"Lava nuestras manchas."_ Imaginemos un valle lleno de basuras y suciedad, atravesado por un pequeño río que baja de los cerros, donde nadie se atreve a colocar sus pies desnudos por temor a ensuciarse. Pero de pronto el río empieza a crecer, y su caudal es cada vez mayor. El río crecido, con su fuerza, arrastra todas las basuras y limpia completamente el valle. Al día siguiente, todo está en calma, y corren aguas limpias, que sirven para beber y para bañarse. Imaginemos todas las manchas y suciedades de nuestro interior. Pensemos no sólo en nuestros pecados, sino en las inclinaciones que han dejado esos pecados; pensemos también en las tristezas y perturbaciones interiores que han quedado por nuestras malas acciones. Y roguémosle al Espíritu Santo que pase como un río caudaloso, que lave, que limpie todo, que se lleve toda la suciedad y nos deje blancos, relucientes, verdaderamente liberados. .

domingo, 23 de mayo de 2021

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Domingo, 23 de Mayo de 2021

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Domingo, 23 de Mayo de 2021 _"Sin tu ayuda divina no hay nada en el hombre, nada que sea inocente."_ Estas palabras parecen un poco negativas, pero lo que dicen es completamente cierto. Sin la acción del Espíritu Santo no hay nada inocente en nuestras vidas. Es verdad que sin el Espíritu Santo podemos construir una casa, o ganar dinero, o dar un buen examen; también podemos hacer cosas que en apariencia son virtuosas, como ahorrar dinero, o evitar las drogas, etc. Pero nada de eso es en verdad santo y bello sin la acción del Espíritu Santo. Porque sin Él en realidad estamos siempre buscando nuestro interés sin preocuparnos con sinceridad por el bien de los otros. Sin Él tampoco nos interesa de verdad la gloria de Dios. Nosotros podríamos decir que hay personas que no son cristianas, o que son ateas, pero que verdaderamente dan la vida por los demás. Es posible; pero si eso de verdad es sincero y generoso, es porque en ellos está actuando el Espíritu Santo. Muchas veces Él está invitándonos a hacer el bien, pero su impulso no obtiene resultados porque nosotros lo ignoramos o nos resistimos. Pero si en algún momento lo dejamos actuar, y brota en nosotros un sentimiento verdadero de bondad, o una decisión realmente generosa, tenemos que darle gracias a Él. Porque eso sería imposible sin su impulso, sin su invitación, sin su gracia que nos eleva. .

sábado, 22 de mayo de 2021

Domingo de Pentecostés: Jn 20, 19-23

Esta palabra de Pentecostés quiere decir: cincuenta días. Era una de las tres principales fiestas de los judíos. A los cincuenta días de la Pascua celebraban en cuanto a lo material el hecho de que la cosecha estaba ya crecida, por lo que daban gracias a Dios, y en cuanto a la historia celebraban el recuerdo de la llegada de los israelitas al monte Sinaí y la entrega de las tablas de la Ley a Moisés entre truenos y relámpagos. Con ese motivo tocaban fuertemente las trompetas del templo. Ese es el día en que los apóstoles reciben de una manera grandiosa al Espíritu Santo. Según lo narra san Lucas, autor de los “Hechos de los Apóstoles”, Dios aprovecha el ambiente de fiesta popular y bulliciosa para ese acontecimiento. Algunos datos podemos decir que son simbólicos, expresión de lo que sucedía en el alma o el corazón de los que recibían el Espíritu Santo. Los principales signos fueron el viento impetuoso y el fuego, que da luz y calor: Luz que les ilumina la mente para comprender mejor los mensajes de Jesús y fuego para darles energías para seguir sin miedo la misión de Jesús de predicar el Evangelio por todo el mundo. El viento precisamente significa el Espíritu y es expresión de una nueva creación, recordando el soplo creador. En realidad ya habían recibido el Espíritu Santo el día de la Resurrección. Jesús, al presentarse resucitado, les da el mayor don que puede darles, que es el Espíritu Santo. Ya les había prometido que les enviaría “otro Consolador, otro Abogado”. San Juan nos cuenta en el evangelio de hoy que Jesús se presenta gozoso y les da la paz y alegría, y les da el perdón y el poder de perdonar. Pero todo eso no sería efectivo y duradero, si no les ayudase una fuerza especial, que es la presencia del Espíritu Santo, como ya se lo había prometido. Jesús lo da también con un gesto de viento: “Sopló y les dijo: Recibid el Espíritu Santo”. ¿Cuándo recibieron de verdad el Espíritu Santo? Las dos veces y otras muchas más. Porque el Espíritu viene a nosotros según la preparación que tengamos: Viene en el bautismo, viene especialmente en la confirmación y viene en otras ocasiones. Él es infinito. Lo que hace falta es que nos preparemos a recibirle. El día de Pentecostés vino de una manera muy especial sobre los apóstoles, no sólo porque así lo quiso Dios de forma gratuita, sino porque ellos estaban mejor preparados, pues habían estado aquellos días en oración con la Santísima Virgen María. Un aspecto importante en esta fiesta es el comunitario: Los apóstoles reciben el Espíritu Santo viviendo en comunidad. Y son enviados para formar la comunidad de la Iglesia universal. Por eso se nombran allí todos los principales pueblos o naciones entonces conocidos. Y aparece una contraposición con lo que significó la “Torre de Babel”, que era dispersión o confusión de lenguas. En Pentecostés se realiza la unidad: todos comprenden lo mismo. Sería la unidad que quiere Jesús por medio del AMOR. Pentecostés continúa en la Iglesia. Cada vez que asistimos a misa se nos recuerda la intervención del Espíritu Santo en la transformación del pan y del vino y en la unidad de la Iglesia. Para que influya en nuestro ser hace falta que nos preparemos, que nos comuniquemos más con Dios en la oración y que dejemos muchas ataduras materiales de modo que nuestra vida tenga un sentido pleno y sea vivificante, de modo que se note que el Espíritu Santo habita en nuestro ser. En el Credo decimos: “Creemos en el Espíritu Santo, Señor y Dador de vida”. Él quiere enseñarnos a orar, a tener a Jesús por Señor, a penetrar en los misterios de Dios, a gozar de la gracia, que es amor, paz, fidelidad, fuerza para predicar y para testimoniar el Evangelio con nuestra vida. Por eso hoy pidamos, como se dice en la Misa, que lave lo que está manchado, riegue lo que es árido, cure lo que está enfermo, encienda lo que es tibio, enderece lo torcido. En una palabra: que seamos dóciles a sus inspiraciones y que encienda los corazones de sus fieles. Con la ayuda del Espíritu y nuestra cooperación, en la Iglesia siempre será una realidad Pentecostés.

Domingo de Pentecostés. Ciclo B «Recibid el Espíritu Santo»

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (2, 1- 11): Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar. Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, co-mo llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería. Se encontra-ban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sor-prendidos, preguntaban: «¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cre-tenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua.» Salmo 103,1ab.24ac.29bc-30.31.34: Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra. R/. Bendice, alma mía, al Señor: // ¡Dios mío, qué grande eres! // Cuántas son tus obras, Señor; // la tierra está llena de tus criaturas. R/. Les retiras el aliento, y expiran // y vuelven a ser polvo; // envías tu aliento, y los creas, // y repueblas la faz de la tierra. R/. Gloria a Dios para siempre, // goce el Señor con sus obras. // Que le sea agradable mi poema, // y yo me alegraré con el Señor. R/. Lectura de la primera carta de San Pablo a los Corintios (12, 3b-7.12-13): Hemos sido bautizados en un mismo espíritu, para formar un solo cuerpo. Hermanos: Nadie puede decir: «Jesús es Señor», si no es bajo la acción del Espíritu Santo. Hay diversi-dad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversi-dad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu. Lectura del Santo Evangelio según San Juan (20,19-23): Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo. Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puer-tas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.» Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Je-sús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.» Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»  Pautas para la reflexión personal  El nexo entre las lecturas El Espíritu Santo que el Señor había prometido a sus apóstoles, se derrama hoy abundantemente sobre ellos y los llena de un santo celo para anunciar la «Buena Noticia» de la Resurrección del Señor. El libro de los Hechos de los Apóstoles nos narra el acontecimiento de Pentecostés. Los discípulos reunidos en oración con María, son iluminados por la acción del Espíritu Santificador e inician sin temor y con «parresia» su ac-tividad evangelizadora (Primera Lectura). San Pablo, en la primera carta a los Corintios, subraya que sólo gracias a la acción del Espíritu Santo podemos llamar a Cristo, el Señor; es decirproclamar su divinidad (Segunda Lectura). El Evangelio nos presenta a Jesús Resucitado que confiere a sus apóstoles poder para perdonar los pecados por la recepción del Espíritu Santo. En la predicación, en la proclamación de la fe, en la administración de los sacramentos; es el Espíritu Santo quien obra y da fuerzas a los apóstoles.  La promesa del Padre... El relato de lo que ocurrió el día de Pentecostés está en el segundo capítulo del libro de los Hechos de los Apóstoles, que es la primera lectura obligada de la liturgia de este día. Poco antes de ascender a los cielos el Señor Jesús les dijo a sus discípulos: «les mandó que no se ausentasen de Jerusalén, sino que aguarda-sen la Promesa del Padre» (Hch 1,4). Sin duda los discípulos se deben de haberse preguntado: ¿de qué promesa está hablando? Jesús les dice: «Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre voso-tros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra» (Hch 1,8). Luego ascendió a los cielos. Después de esta precisa instrucción nadie se atrevió de moverse de Jeru-salén. La «promesa del Padre» habría de ser un don invalorable que nadie quería dejar de recibir. Así los apóstoles, volviendo de la Ascensión, subieron a la instancia superior, donde vivían y se pusieron a esperar. Allí estaba toda la Iglesia fundada por Jesús alrededor de la Madre. Pero no se puede decir que estaba pasiva, ya que «Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos» (Hch 1,14).  La fiesta del Espíritu: Pentecostés La promesa del Padre se cumple el día de Pentecostés, que era fiesta judía que se celebraba cincuenta días después de la Pascua de los judíos (ver Lev 23, 15-16). Originalmente era una fiesta agrícola que cele-braba la siega; pero ya que se celebraba cincuenta días después de la Pascua, que conmemoraba la salida de Egipto; pronto esta fiesta se asoció al don de la ley en el Sinaí y en ella se celebraba la renovación de la alianza con el Señor. En el Talmud se transmite la sentencia del Rabí Eleazar: «Pentecostés es el día en que fue dada la Torah (la ley)». Leemos en el texto de San Lucas que los apóstoles se quedaron llenos del Espíritu Santo y se pusieron a «hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse». El «viento impetuoso» es un signo del Espíritu de Dios, que, llenando el corazón de cada uno, da vida a la Iglesia. La Iglesia es la nueva crea-ción de Dios que es animada por el soplo del Espíritu Santo a semejanza de la primigenia creación. Leemos en el libro del Génesis este hecho maravilloso: «Entonces Yahveh Dios formó al hombre con polvo del sue-lo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente» (Gn 2,7).Es el mismo gesto de Jesucristo resucitado que nos relata el Evangelio de este Domingo. Apareciendo ante sus apóstoles con-gregados aquel primer día de la semana, después de saludarlos y mostrarles las heridas del cuerpo, Jesús sopla sobre ellos y les dice: «Recibid el Espíritu Santo» (Jn 20, 22). El soplo de Cristo es el Espíritu Santo y tiene el efecto de dar vida a la naciente Iglesia. En esta forma, Jesús reivindica una propiedad divina: su soplo es soplo divino, su soplo es el Espíritu de Dios. Un soplo que produce esos efectos solamente puede ser emitido por Dios mismo. Esto lo hace explícito Tomás al decir esa misma tarde: «Señor mío y Dios mío».  El perdón de los pecados «A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan rete-nidos», les dijo Jesús. El perdón de los pecados es una prerrogativa exclusiva de Dios tenían razón los fari-seos cuando en cierta ocasión protestaron «¿Quién puede perdonar los pecados sino Dios?» (Mc 2,7). En esa ocasión Jesús demostró que Él puede perdonar los pecados; y aquí nos muestra que puede también conferir este poder divino a los apóstoles y sus sucesores. Y lo hace comunicándoles su Espíritu. Es que justamente el perdón de los pecados es como una nueva creación; es un paso de la muerte a la vida; y so-lamente Dios es el autor y el dador de la vida. Leemos en el Catecismo de la Iglesia Católica: «Puesto que hemos muerto, o, al menos, hemos sido heridos por el pecado, el primer efecto del don del Amor es la re-misión de nuestros pecados. La Comunión con el Espíritu Santo (2 Cor 13, 13) es la que, en la Iglesia, vuelve a dar a los bautizados la semejanza divina perdida por el pecado» .  El don del amor El Espíritu de Dios se comunica al hombre por medio de los sacramentos en la Iglesia. Recordemos que: «Para entrar en contacto con Cristo, es necesario primeramente haber sido atraído por el Espíritu Santo. Él es quien nos precede y despierta en nosotros la fe. Mediante el Bautismo, primer sacramento de la fe, la Vida, que tiene su fuente en el Padre y se nos ofrece por el Hijo, se nos comunica íntima y personalmente por el Espíritu Santo en la Iglesia» . Hay un sacramento cuyo efecto propio «es la efusión especial del Espíritu Santo, como lo fue concedida en otro tiempo a los apóstoles el día de Pentecostés» , es el sacramento de la confirmación. El Espíritu Santo actúa en lo más íntimo de la persona. Actúa iluminando la inteligencia de la persona para que pueda conocer a Cristo y así poder exclamar: «¡Jesús es Señor!» (1Cor 12,3b);y habilitando la voluntad, para que pueda amar a Dios y al prójimo: «Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama ¡Abbá , Padre!» (Ga 4,4).Sin el don del Espíritu Santo, el hombre no puede ni amar ni conocer a Dios. En efecto: «el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Rom 5,5), y sólo «el que ama conoce a Dios, porque Dioses amor» (1Jn 5,7.8). El Espíritu San-to nos concede conocer a Dios, y lo hace infundiendo en nosotros el amor. ¡No podemos despreciar este magnífico don! ¿Qué diríamos si uno de los apóstoles, desobedeciendo el mandato de Jesús, se hubiese ausentado de Jerusalén y no hubiera estado allí el día de Pentecostés? Ese apóstol se habría privado de la promesa del Padre y de los dones divinos. En realidad no sería apóstol del Señor. Ésta es exactamente la misma situación del cristiano que desdeña recibir el sacramento de la confirmación o, en su caso, que se cierra y no vive de acuerdo a las mociones del Espíritu.  Una palabra del Santo Padre: El Espíritu Santo cambia los corazones: Los discípulos - que al principio estaban llenos de miedo, atrincherados con las puertas cerradas también después de la resurrección del Maestro - “son transformados por el Espíritu” y, como anuncia Jesús en el Evangelio de hoy, “dan testimonio de él”. “De vacilantes pasan a ser valientes” - afirmó el Papa – “porque el Espíritu cambió sus corazones”. Un pasaje que el Papa usó como ejemplo para explicar cómo el Espíritu Santo “entra en las situaciones y las transforma, cambia los corazones y cambia los acontecimientos”. Pero también es el “Espíritu” el que “libera los corazones cerrados por el miedo y vence las resistencias” continuó Francisco, de modo que - a quien se conforma con medias tintas – “le ofrece ímpetus de entrega”. También “ensancha los corazones estrechos”, “anima a servir a quien se apoltrona en la comodidad”, “hace caminar al que se cree que ya ha llegado” y “hace soñar al que cae en tibieza”. “La experiencia enseña que ningún esfuerzo terreno por cambiar las cosas satisface plenamente el cora-zón del hombre” afirmó, mientras que el cambio del Espíritu es diferente: “no revoluciona la vida a nuestro alrededor, pero cambia nuestro corazón; no nos libera de repente de los problemas, pero nos hace libres por dentro para afrontarlos; no nos da todo inmediatamente, sino que nos hace caminar con confianza, ha-ciendo que no nos cansemos jamás de la vida”. El Espíritu Santo: fuerte “reconstituyente”: El Espíritu además, “mantiene joven el corazón”, previniendo el único envejecimiento malsano: el interior. Y lo hace precisamente “renovando el corazón, transformándolo de pecador en perdonado”. A veces necesitamos un cambio verdadero - dijo el Papa - sobre todo “cuando estamos hundidos, cuan-do estamos cansados por el peso de la vida, cuando nuestras debilidades nos oprimen, cuando avanzar es difícil y amar parece imposible”. Y es en ese momento cuando el Espíritu actúa como un “fuerte “reconsti-tuyente”: “es él, la fuerza de Dios”, expresó el Santo Padre, que “llega también a las situaciones más inima-ginables”. El Espíritu Santo: alma de la Iglesia: Haciendo una comparación como cuando en una familia nace un niño, que trastorna los horarios, hace perder el sueño, pero lleva una alegría que renueva la vida y la impulsa hacia adelante, el Papa aseguró que es lo mismo que hace el Espíritu Santo en la Iglesia: Él, “la reanima de esperanza, la colma de alegría y le da brotes de vida”, afirmó el Papa. El Espíritu Santo: fuerza centrípeta y centrífuga: La fuerza del Espíritu Santo es única. Por una parte, es una fuerza centrípeta, es decir, “empuja hacia el centro, porque actúa en lo más profundo del corazón” indicó Francisco, de manera que “trae unidad en la fragmentariedad, paz en las aflicciones y fortaleza en las tentaciones”. Pero al mismo tiempo – señaló - “él es fuerza centrífuga”, es decir, “empuja hacia el exterior”: El que lleva al centro es el mismo que manda a la periferia, hacia toda periferia humana; aquel que nos revela a Dios nos empuja hacia los hermanos. Es sólo en el Espíritu Consolador cuando “decimos palabras de vida y alentamos realmente a los demás” - concluyó el Papa – pues, “quien vive según el Espíritu está en esta tensión espiritual: se encuentra orienta-do a la vez hacia Dios y hacia el mundo”. (Papa Francisco. Homilía en la Solemnidad de Pentecostés. Domingo 20 de junio de 2018.)  Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana 1. ¿Cómo vivo mi relación con el Espíritu Santo? Lo primero que deberíamos hacer es conocer quién es el Espíritu Santo para poder amarlo y así ser dócil a sus inclinaciones. 2. ¿Tengo el mismo ardor o celo apóstolico que los apóstoles? ¿Qué voy a hacer para poder llevar la Buena Nueva en los lugares donde trabajo o estudio? 3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales 243- 246.252. 683 - 686. 731 - 747. 767.

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Sábado, 22 de Mayo de 2021

_"Consolador lleno de bondad, dulce huésped del alma."_ Es bueno repetir muchas veces estas palabras, lentamente, para que sean como gotas de paz que calmen nuestras perturbaciones. Porque estas palabras nos ayudan a dejar de resistirnos al amor del Espíritu Santo, ya que no hay nada que temer. En lugar de traernos dificultades y preocupaciones, Él viene a consolarnos, viene a ayudarnos a enfrentar todo lo que nos da miedo, viene a darnos calma en medio de las tormentas, viene a decirnos que siempre es posible empezar de nuevo. En lugar de ser alguien que necesite hacernos daño, Él sólo puede desear nuestro bien, porque es amor puro, amor sin mezcla de odios o rencores. Él simplemente está lleno de bondad. Y en lugar de ser una fuerza que viene a perturbar nuestro interior, o que viene a hacernos sentir la amargura de nuestra pequeñez, Él viene a reposar en nosotros con una inmensa dulzura. Nos cuesta reconocerlo, porque nosotros le prestamos mucha atención a los sentimientos negativos que dan vueltas en nuestro interior, pero Él es el dulce huésped del alma. Si pudiéramos descubrirlo, sabríamos que no hay nada más dulce que su Presencia. .

viernes, 21 de mayo de 2021

Meditar el evangelio con tres puntos.20-05-21 Jn17, 20.27

Cercano Pentecostés aparece revelarse cada vez más el centro de nuestra fe que es el misterio de la Santisima Trinidad. 1. Jesús es el Verbo encarnado, enviado por el Padre como único mediador entre Dios y los hombres. Jesús es tambien enviado para que tengamos vida y la tengamos en abundancia. 2. Toda la clave esta en que el amor del Padre que escucha el grito de que todos seamos uno. La Trinidad nos habla de comunión, de ser familia. 3. El Espíritu Santo es también, otro abogado, otro Paráclito, que tiene como misión formar en nosotros los sentimientos del Corazón de Cristo para la transformación del mundo + Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Viernes, 21 de Mayo de 2021

_"Ven padre de los pobres."_ Al Espíritu Santo lo llamamos _"padre de los pobres",_ porque Él sólo puede actuar en un corazón humilde y sencillo, en los que tienen alma de pobres. Eso no significa que tengamos que despreciarnos o sentirnos inútiles. Sólo significa que reconozcamos de verdad que lo necesitamos, que sin Él no podemos nada, que nuestra debilidad necesita su fuerza. Con Él estamos seguros, llenos de confianza y arrojo. Pero al que tiene un corazón pobre no se le ocurriría enorgullecerse por eso, porque sabe bien que todo lo debe al auxilio del Espíritu Santo. Él muestra su gloria en nosotros cuando de verdad reconocemos nuestra pequeñez y nuestras carencias, cuando no nos aferramos a nuestras riquezas, logros y capacidades, cuando descubrimos que no tenemos nada donde apoyarnos, porque todo es frágil y pasajero. Los pobres no se sienten tristes por descubrirse pequeños. Al contrario, viven la alegría de depender del Espíritu Santo. Liberados de la vanidad y de la autosuficiencia, están realmente abiertos a la fuerza del Espíritu, y se gozan en su Presencia salvadora. .

jueves, 20 de mayo de 2021

Meditar el evangelio con tres puntos.20-05-21 Jn17, 20.27

Cercano Pentecostés aparece revelarse cada vez más el centro de nuestra fe que es el misterio de la Santisima Trinidad. 1. Jesús es el Verbo encarnado, enviado por el Padre como único mediador entre Dios y los hombres. Jesús es tambien enviado para que tengamos vida y la tengamos en abundancia. 2. Toda la clave esta en que el amor del Padre que escucha el grito de que todos seamos uno. La Trinidad nos habla de comunión, de ser familia. 3. El Espíritu Santo es también, otro abogado, otro Paráclito, que tiene como misión formar en nosotros los sentimientos del Corazón de Cristo para la transformación del mundo + Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Jueves, 20 de Mayo de 2021

Ahora te invito a meditar parte por parte, durante varios días, algunos trozos de la hermosa Secuencia de Pentecostés, que comienza diciendo: _"Ven Espíritu Santo, y envía desde el cielo un rayo de tu luz"._ Cuando le pedimos que envíe su luz desde el cielo, esto no significa que Él esté allá arriba, lejos de nosotros que estamos aquí abajo. Siempre imaginamos al Espíritu Santo llegando desde arriba y levantamos nuestras manos a lo alto para invocarlo. Pero en realidad, Él ya está en nosotros, más cerca que nadie. Lo que hace falta es que Él nos transforme con su Presencia amorosa. Sin embargo, nosotros miramos hacia el cielo, como si fuera a descender desde allí. Eso en realidad es un símbolo que nos recuerda que Él nos supera, que está por encima de todo, que es Dios. Así como el cielo está por encima de nosotros y no podemos abarcarlo, eso vale con más razón para el Espíritu Santo, que es Dios. Nosotros no podemos pretender que ya lo conocemos, que lo podemos dominar, que lo podemos apresar y tenerlo bajo nuestro dominio. Aunque Él habita en nosotros. Al mismo tiempo nos supera, nos trasciende infinitamente. Si no podemos abarcar el cielo Infinito, menos podemos abarcarlo a Él. Por eso miramos hacia lo alto invocándolo y por eso le pedimos que envíe desde el cielo un rayo de su luz. .

martes, 18 de mayo de 2021

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Martes, 18 de Mayo de 2021

El Espíritu Santo es un manantial generoso, una fuente desbordante que siempre da. Y por eso, siempre nos invita a dar con generosidad. A veces no nos damos cuenta de la verdad de aquello que decía San Francisco de Asís: _"Es dando como se recibe"._ Si damos con generosidad, en lugar de despojarnos nos enriquecemos, en lugar de vaciarnos, nos vamos llenando de una riqueza superior, que no se ve con los ojos del cuerpo. Lo dice con claridad la Palabra de Dios: *"Hay más felicidad en dar que en recibir"* (Hechos 20, 35). Creamos en esa enseñanza de la Biblia. Eso sucede cuando aprendemos a dar con un corazón generoso y sincero, verdaderamente desprendidos de lo que damos. El corazón se llena de fuerza cuando uno da *"no de mala gana ni forzado, porque Dios ama al que da con alegría"* (2 Corintios 9, 7). Es muy bello convertirse en un instrumento del Espíritu Santo, para que a través de nosotros Él pueda dar, y dar, y dar. Dar sin esperar recompensa, dar sin exigir agradecimientos ni reconocimientos, dar por el solo gusto de dar. Dar sin medida, y sin tristeza. Qué así sea. .

lunes, 17 de mayo de 2021

```LA COMUNIDAD EN LAS REDES SOCIALES HOY``` *Pedro verdadero hijo de María*

Hoy vemos a Jesús confirmando la llamada hecha a Pedro a orilla del mar (Jn 21, 1...). El apóstol está marcado por su impotencia de no haber expuesto su vida por Jesús. Imaginamos su profundo estupor cuando Jesús le pregunta: ¿Me amas? El rudo pescador avezado a capear tormentas se estremece por completo y apenas acierta a balbucear: ¡Señor, tú lo sabes todo, sabes que quise amarte y seguirte en tu pasión y no pude! Jesús sin inmutarse le dice: ¡Apacienta mis ovejas! El apóstol queda descolocado por completo… y pensaría: No he podido dar la vida por Él… ¡¡Menos aún por sus ovejas!! Jesús sabe lo que se cuece en la mente de Pedro y aún así le propone tres veces: ¡Apacienta mis ovejas! Ante tanto, tantísimo amor y deferencia de Jesús hacia él Pedro prescinde de sus criterios humanos y como verdadero hijo de María, le responde: ¡¡Aquí estoy Señor!! Hágase en mí el Pastoreo, según tu Palabra- Propuesta. Con tu Fuerza y tú Gracia podré dar mi vida por tus ovejas (Jn 10, 11). _P. Antonio Pavía - comunidadmariamadreapostoles.com_

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Lunes, 17 de Mayo de 2021

La súplica nos alivia por dentro, porque cuando le pedimos ayuda al Espíritu Santo sentimos que la carga que estamos llevando ya no es tan pesada. Seguro Él nos ayudará de alguna manera para que encontremos una salida, y sobre todo para que sepamos cómo enfrentar esa dificultad. El Espíritu Santo es como un maestro interior, como un médico del alma, como un especialista en masajes interiores que sabe poner las cosas en su lugar. Así, las dificultades no te enferman, no te derriban, no te lastiman tanto, porque Él derrama una fuerza, un perfume, un bálsamo que te alivia en medio de los problemas. Por eso, nada mejor que pedirle ayuda al Espíritu Santo. La misma Biblia nos dice que tenemos que suplicar y pedir ayuda: *"Confía tu suerte al Señor, y Él te sostendrá"* (Salmo 55, 23). *"No se angustien por nada, y en cualquier circunstancia recurran a la oración y a la súplica"* (Filipenses 4, 6). *"Si alguien está afligido, que ore"* (Santiago 5, 13). La súplica es descargar las inquietudes en el Señor, sabiendo que Él se ocupa de nosotros cuando se lo permitimos realmente *(1 Pedro 5, 7).* Detengámonos un momento a pedirle ayuda al Espíritu Santo, a suplicarle por aquellas cosas que nos preocupan en este momento de nuestra vida. .

domingo, 16 de mayo de 2021

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Domingo, 16 de Mayo de 2021

_Hoy dejo en tu presencia, Espíritu Santo, a todos mis seres queridos. Porque sólo están seguros si Tú te apoderas de sus vidas. Penetra en ellos con toda tu fuerza, cúralos de toda enfermedad y de toda debilidad._ _Sana también todo lo que esté herido en su interior, todo mal recuerdo, toda angustia, todo mal sentimiento. Tú conoces sus perturbaciones interiores y sólo Tú puedes liberarlos de sus males más profundos. Bendice a mis seres queridos, Espíritu Santo. Concédeles éxito en lo que emprendan._ _Ilumínalos para que acierten en sus decisiones y concédeles que se cumplan sus sueños más preciosos. Muéstrales el camino para alcanzar su felicidad. Derrama en ellos tu paz, tu alegría, tu amor._ _Llénalos de esperanza, de luz, de consuelo. Y transfórmalos cada día. Espíritu de vida, para que puedan madurar y crecer, para que sean cada vez más bellos por dentro. Corrige sus defectos y sus vicios y muéstrales la hermosura de las virtudes._ _Derrama en ellos tu amor para que se parezcan cada vez más a Jesús y sigan sus pasos._ _Llénalos de ti, Espíritu Santo. Fortalécelos, libéralos, inúndalos._ _Amén._

viernes, 14 de mayo de 2021

7ª semana de Pascua. Domingo Ascensión del Señor B: Mc 16, 15-20

En la primera lectura de este día todos los años nos cuenta san Lucas en los Hechos de los Apóstoles la subida de Jesús al cielo: un hecho contemplado por testigos, pero que no deja de ser un misterio. Es un suceso querido por Jesús para que sirva de enseñanza simbólica y visual de la verdadera Ascensión que para Jesús fue en el momento de la Resurrección. Por el hecho de resucitar, ya Jesús vuelve al Padre y “está sentado a su derecha”. Esto significa que ya goza de toda la grandeza y gloria de Dios. Hoy es el día de la expresión de esa glorificación total de Jesús. Durante 40 días Jesús se fue apareciendo a los apóstoles instruyéndoles más sobre las cosas que ya les había enseñado. No es que estuviera en un lugar determinado escondido. Estaba ya con su Padre en el cielo, pero se hacía presente durante un tiempo para reafirmar la fe de los suyos. Al final les envía a predicar por todo el mundo. La Ascensión de Jesús al cielo y el envío de los apóstoles son inseparables. Allí no sólo estaban los apóstoles, sino que en símbolo estaban sus sucesores y toda la Iglesia. Hay una unión total entre la misión evangelizadora de Jesús y la continuación de esa misión en la Iglesia. Para el apostolado nosotros nos apoyamos en Jesús, vencedor de la muerte, que se fue al cielo, pero permanece con nosotros. El es nuestra esperanza, pero es también nuestra seguridad de que nos acompaña con su Espíritu. En particular para cada uno la Ascensión nos enseña que en la vida hay que mirar a la realidad de la vida, como los ángeles dijeron a los apóstoles; pero hay que mirar también al cielo. La realidad nos dice que muchos miran demasiado sólo a las cosas terrenas y por ello se pueden marear. Nos puede pasar como a aquel joven marinero que debía arreglar algo en el mástil del barco en un día de tormenta. Según iba subiendo se mareaba viendo el agitar de las olas. El capitán se dio cuenta y le gritó: “Mira hacia arriba, siempre hacia arriba”. Así pudo realizar con éxito su trabajo. En nuestra vida encontramos muchas dificultades y situaciones, a las que no vemos sentido. Tenemos que mirar más hacia arriba, donde está Cristo esperándonos. En este año, ciclo B, el evangelio es de san Marcos. Es el final. Nos dice cómo Jesús se fue al cielo y los apóstoles cumplieron su mandato de ir predicando por el mundo. Jesús les había prometido que harían muchos prodigios. Y así fue. Desde siempre ha habido prodigios externos; pero muchos más son los prodigios internos, en lo interior del corazón. Dice san Agustín que en un tiempo la Iglesia necesitaba más de estos prodigios externos, como un “arbolito” necesita el riego externo. Cuando ese arbolito se hace corpulento ya no necesita el riego. Comparado con la Iglesia podemos decir que el hecho mismo histórico de la Iglesia ya es un prodigio. Nosotros debemos seguir a Jesús “creyendo” en su Evangelio. Hoy les habla Jesús a los apóstoles de la importancia de la fe: si creemos en sus enseñanzas, estaremos salvados; pero si le damos la espalda, estaremos perdidos. Creer es seguirle y amarle. A veces podemos ver señales externas; pero sobre todo le debemos ver en el corazón. En la oración principal de la misa de este día se pide y espera que donde está Cristo, que es nuestra Cabeza, estemos también nosotros que somos miembros de su cuerpo. Hoy es un día para crecer en la esperanza de una felicidad eterna, usando con rectitud los medios que tenemos en la tierra. Pero además tenemos la ayuda valiosísima del Espíritu Santo, que Jesús se lo vuelve a prometer a los apóstoles antes de subir al cielo. El Espíritu, que es como el amor materno de Dios, nos guía y acompaña. Seamos dóciles a las enseñanzas del Esp. Santo y conseguiremos la meta. Nuestra meta está donde está Dios. Sólo Dios puede llenar el alma. El triunfo de Jesús debe ser también nuestro triunfo; pero sabiendo que es diferente del triunfo material y humano; porque aquí se triunfa cuando otros pierden, mientras que cuando triunfa Jesús, todos salimos ganando. Padre Silverio

La Ascensión del Señor. Ciclo B «Id por el mundo entero y proclamad la Buena Nueva a toda la creación»

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (1,1-11): Lo vieron levantarse. En mi primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles, que había escogido, movido por el Espíritu Santo, y ascendió al cielo. Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, y, apareciéndoseles durante cuarenta días, les habló del reino de Dios. Una vez que comían juntos, les recomendó: «No os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.» Ellos lo rodearon preguntándole: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?» Jesús contestó: «No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.» Dicho esto, lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndolo irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse.» Salmo 46,2-3.6-7.8-9: Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas. R/. Pueblos todos batid palmas, // aclamad a Dios con gritos de júbilo; // porque el Señor es sublime y terrible, // emperador de toda la tierra. R/. Dios asciende entre aclamaciones, // el Señor, al son de trompetas; // tocad para Dios, tocad, // tocad para nuestro Rey, tocad. R/. Porque Dios es el rey del mundo; // tocad con maestría. // Dios reina sobre las naciones, // Dios se sienta en su trono sagrado. R/. Lectura de la carta de San Pablo a los Efesios (1,17-23): Lo sentó a su derecha, en el cielo. Hermanos: Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro. Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos. O bien: Lectura de la carta de San Pablo a los Efesios (4,1-13): A la medida de Cristo en su plenitud. Hermanos: Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo. A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo. [Por eso dice la Escritura: "Subió a lo alto llevando cautivos y dio dones a los hombres." El "subió" supone que había bajado a lo profundo de la tierra; y el que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos para llenar el universo.] Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelizadores, a otros, pastores y maestros, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud. Lectura del Santo Evangelio según San Marcos (16,15-20): Subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: «ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos.» Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban. Pautas para la reflexión personal  El vínculo entre las lecturas Este Domingo la Iglesia celebra la Ascensión del Señor Jesús a los Cielos. Pero ¿qué es la Ascensión? El Catecismo de la Iglesia Católica dice: «“Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al Cielo y se sentó a la diestra de Dios” (Mc 16, 19). El cuerpo de Cristo fue glorificado desde el instante de su Resurrección como lo prueban las propiedades nuevas y sobrenaturales, de las que desde entonces su cuerpo disfruta para siempre. Pero durante los cuarenta días en los que Él come y bebe familiarmente con sus discípulos y les instruye sobre el Reino, su gloria aún queda velada bajo los rasgos de una humanidad ordinaria. La última aparición de Jesús termina con la entrada irreversible de su humanidad en la gloria divina simbolizada por la nube y por el cielo donde Él se sienta para siempre a la derecha de Dios» . La Ascensión del Señor Jesús marca una etapa nueva y definitiva para los apóstoles. El Señor Resucitado ya no aparecerá más, sino que sube al Cielo para interceder por los hombres ante el Padre. Este hecho es narrado por San Lucas en los Hechos de los Apóstoles subrayando el estupor y asombro de aquellos hombres. El Evangelio insiste, de modo particular, en la misión que Jesús confía a sus apóstoles: «Id y predicad». En la carta a los Efesios, Pablo subraya la necesidad de responder al llamado y al don particular que Dios hace a cada uno, dando así cumplimiento al Plan amoroso del Padre.  Subió a los Cielos La Ascensión del Señor marca un punto divisorio entre el ministerio de Jesús y el ministerio de la Iglesia, que constituye respectivamente el tema del primer y del segundo libro escrito por San Lucas. En ambos se propone demostrar que entre los dos ministerios hay una perfecta continuidad, porque ambos son conducidos por el Espíritu Santo. También es el misterio de la unión del Cielo y de la tierra ya que es como la bisagra que une ambos. Cristo ascendió al Cielo y está sentado a la derecha del Padre; pero también está presente y vivo en la tierra por medio de la liturgia sacramental de la Iglesia. El estar «sentado a la derecha del Padre», que leemos en el Evangelio de san Marcos, nos remite al pasaje del Evangelio de San Juan: «Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre»(Jn 3,13). El hombre, herido por el pecado y viviendo en pecado no tiene acceso a la «Casa del Padre», a la comunión eterna, a la felicidad en Dios. Solamente Jesucristo ha podido abrir este acceso al hombre. Él «ha querido precedernos como cabeza nuestra para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su Reino» . En el Cielo, tenemos la absoluta certeza, que Cristo Glorioso intercede por nosotros que todavía estamos peregrinando en este mundo, ejerciendo así su sacerdocio y su mediación ante el Padre en el Espíritu Santo. «Sentarse a la derecha del Padre» significa gozar de la misma gloria y honra que el Padre, donde ahora, el que existía como Hijo consustancial al Padre, está corporalmente sentado después que se encarnó y que su carne fue glorificada. Es la inauguración del Reino que no tendrá fin y ahora aguardamos expectantes la segunda venida del Hijo del hombre: «Éste que os ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá así tal como le habéis visto subir al cielo.» (Hch 1,11).  «Id por el mundo y anunciad el Evangelio…» ¿Qué es lo que Jesús habló con sus apóstoles antes de abandonar la escena del mundo para subir al cielo? Jesús les dejó una misión que cumplir: «Id por todo el mundo y anunciad el Evangelio a toda la creación». Llama inmediatamente la atención la extensión de este mandato. Quiere ser claro sin dejar dudas al respecto: se trata e ir a «todo el mundo» y anunciar a «toda la creación». Este mandato debió parecer a los humildes pescadores de Galilea una tarea muy superior a sus fuerzas y a sus medios. Parece ser algo humanamente imposible, por no decir nada de lo que significaría para un judío ir anunciar la salvación a un romano o a un griego. ¿Cómo pudieron cumplir esta misión? Lo dice el mismo texto: «El Señor colaboraba con ellos y confirmaba la Palabra con los milagros que la acompañaban» (Mc 16,20). La evangelización, y en realidad todo apostolado, si bien es una obra de Dios, exige nuestra generosa y activa colaboración. «Anunciad el Evangelio...» ¿A qué Evangelio se refiere el texto? Evidentemente aquí no se trata de un libro escrito, cómo podríamos entender nosotros cuando hablamos de «Evangelio». Aquí «Evangelio» se entiende en su sentido etimológico: noticia que, cuando alguien la comprende y la cree, transforma su vida radicalmente y lo salva. Esta «noticia» es el contenido de los escritos que llamamos «Evangelio». Por eso Marcos inicia su obra con este encabezamiento: «Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios».  Para que todos seamos uno San Pablo, en su cautiverio en Roma (entre el 61 y el 62 d.C.), escribe a los cristianos que no conocía personalmente, ya que esta carta no está dirigida solamente a los fieles de Éfeso sino a los de Laodicea y a las distintas iglesias de Asia Menor ya que es posible que haya sido una carta circular. En su doctrina destaca el magnífico Plan de Dios que se lleva a cabo en Jesús y la unión de todos los redimidos. Cristo, que escogió a sus doce apóstoles como columnas de su Iglesia, nos convoca a cada uno «según la medida de Cristo», a una misma misión: la edificación del Cuerpo y la predicación de su Reino. Este reiterado llamado a la unidad del «Cuerpo en el Espíritu» no es sino trabajar incansablemente para cumplir lo que el Señor pide al Padre: «No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tu Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros para que el mundo crea que tú me has enviado» (Jn 17, 20-21). La unidad tiene sus exigencias, sin las cuales no puede conservarse. En primer lugarla humildad, que vence la soberbia y el egoísmo, principio divisor que anida en lo más profundo del ser humano; la amabilidad, que crea y favorece la unión; y la paciencia frente a las faltas de caridad que, dada nuestra naturaleza humana inclinada al amor propio y la diversidad de caracteres, son prácticamente inevitables. La unidad es un don de Dios, pero requiere de nuestra activa colaboración. En Ef 4,4-6 Pablo menciona los fundamentos de la unidad en la Iglesia: un bautismo, un solo Señor, un solo Cuerpo Místico, un solo Espíritu y una sola esperanza. La mención de las tres personas divinas señala la unidad de la Trinidad como la fuente última de la unidad, dentro de la pluralidad, que tiene que reinar en la Iglesia.  Una palabra del Santo Padre: El jueves de la sexta semana de Pascua, 40 días después de la Resurrección, se celebra la Solemnidad de la Ascensión en el Vaticano y en algunos países del mundo, que en Italia, hasta 1977 también era una fiesta civil, el calendario pasa al siguiente domingo. En este día se conmemora el recuerdo del ascenso de Jesús al cielo, quien de hecho concluye su estadía terrenal entre los hombres para unirse físicamente con el Padre y no aparecer más en la Tierra hasta su Segunda Venida (Parusía) para el Juicio final. Es una fiesta muy antigua cuyas huellas ya son evidentes desde el siglo IV. En el Credo de los Apóstoles se la menciona con estas palabras: “Jesús ha resucitado al cielo, se sienta a la derecha del Padre. Y nuevamente vendrá, en gloria, a juzgar a los vivos y a los muertos, y su reino no tendrá fin". El episodio está bien descrito en los Evangelios de Marcos y Lucas y en los Hechos de los Apóstoles. Para la Iglesia Católica, la Ascensión es preludio de Pentecostés y de alguna manera marca el comienzo de su historia y misión en medio de la humanidad. Francisco lo recuerda todos los años en esta ocasión insistiendo en el compromiso de cada cristiano en el anuncio de la salvación. Durante el Regina Coeli del 13 de mayo de 2018, el Papa dijo: "Se trata de ser hombres y mujeres de la Ascensión, es decir, buscadores de Cristo en los caminos de nuestro tiempo, llevando su palabra de salvación a los confines de la tierra". En este itinerario nos encontramos con Cristo mismo en los hermanos, especialmente en los más pobres, en aquellos que sufren en carne propia la dura y mortificante experiencia de la vieja y nueva pobreza. Al igual que al principio, Cristo Resucitado envió a sus apóstoles con la fuerza del Espíritu Santo, así que hoy nos envía a todos, con la misma fuerza, a poner signos concretos y visibles de esperanza. Como Jesús nos da esperanza, fue al cielo y abrió las puertas del cielo y la esperanza de que lleguemos allí". Hablaba de la misión como un comando preciso y no opcional durante el Regina Coeli del 1 de junio de 2014, cuando dijo que "Ir", o mejor dicho, "partir", se convierte en la palabra clave de esta fiesta. "Jesús se va, asciende al Cielo, es decir, regresa al Padre de quien fue enviado al mundo. Hizo su trabajo, luego regresa al Padre. Pero no es una separación, porque permanece con nosotros para siempre, en una forma nueva. Con su ascensión, el Señor resucitado atrae la mirada de los Apóstoles - y también nuestra mirada - a las alturas del Cielo para mostrarnos que el objetivo de nuestro viaje es el Padre. La mirada al Cielo y los pies al mundo". Finalmente, durante la homilía de la Misa en Santa Marta del 26 de mayo de 2017, el Papa pidió extraer de este episodio el impulso para ir al Cielo, conocer a Cristo más de cerca y contarle a los hombres sobre sus obras y sus maravillas: "Jesús antes de irse dice: "Ve al mundo y haz discípulos". Ve: el lugar del cristiano es el mundo para anunciar la Palabra de Jesús, para decir que somos salvados, que Él vino para darnos gracia, para llevarnos a todos con Él ante el Padre". (Papa Francisco en la Solemnidad de la Ascensión del Señor, 20 de mayo de 2020)  Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana 1. Es todo el mundo que debemos de cambiar.¿En qué situaciones concretas transmito la «buena noticia» que Jesús nos ha dejado? 2. «El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará», leemos en el Evangelio de San Marcos. ¿Soy consciente que solamente viviendo, de verdad, mi bautismo me voy a salvar? ¿Pienso que ya tengo el Cielo ganado olvidándome que también puedo condenarme? 3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales 125-127. 659 - 667. texto faciitado por JUAN RAMON PULIDO, presidente Adoracion Nocturna, Toledo

```LA COMUNIDAD EN LAS REDES SOCIALES HOY``` *La Ascensión del Señor (Mc 16,15-20)*

La Ascensión de Jesús al Padre delante de sus discípulos tiene un bellísimo significado que nos llena de alegría. El Señor culmina su misión en el mundo. Recordemos que antes de su Pasión había dicho al Padre: "Te he glorificado llevando a cabo la misión que me encomendaste" ( Jn 17,4…). En su subida al Padre sus discípulos les confía - y no es que hayan dado la talla - la continuación de su misión: "iluminar a este mundo que yace en tinieblas y sombras de muerte" (Lc 1,79). Sabe que son débiles pero Él les dará su Fuerza y su Sabiduría que engendren en ellos la fidelidad que no tienen, al tiempo que les promete que jamás les dejara solos, que estará con ellos todos los días (Mt 28, 19-20). Dicho esto ya puede subir al Padre pues sus discípulos supieron - ojalá nosotros también - que su subida al Él es preludio de nuestra subida y que su victoria sobre la muerte es también nuestra victoria. _P. Antonio Pavía - comunidadmariamadreapostoles.com_

miércoles, 12 de mayo de 2021

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Miércoles 12 de Mayo de 2021

_Ven Espíritu Santo, mira todas esas emociones que a veces se sublevan en mi interior. Mira mis nerviosismos, mis arranques de ira, mis reacciones de agresividad, todas las veces que me indigno y me resiento por las cosas que me dicen, o por los errores y las imperfecciones de los demás._ _Ven como lluvia mansa a refrescar mi interior, para que no me queme y me enferme a causa de esas tensiones. Ven como brisa tibia que acaricia y devuelve la calma, ven como música suave que me relaja por dentro, ven como amor y ternura que me ayuda a comprender a los demás._ _¿Para qué quiero esos nerviosismos y resentimientos? Ayúdame a usar mis energías para cosas buenas, porque no quiero desgastarme en lamentos y angustias sin sentido._ _Ven Espíritu de armonía y de serenidad. Ven para que siempre elija el amor, el diálogo y la amistad._ _Ven, para que sepa reaccionar con amor, para que sepa vencer el mal con el bien. Porque el amor es siempre el mejor camino._ _Ven Espíritu Santo._ _Amén._

martes, 11 de mayo de 2021

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Martes, 11 de Mayo de 2021

El Espíritu Santo ha hecho en los seres humanos una obra maravillosa. Tenemos muchos y bellísimos ejemplos. Son los seres humanos que han dejado que el Espíritu los transformara. Entonces, Él los hizo parecidos a Jesús, puso en sus vidas algo de la hermosura del Salvador, los fue tallando como una piedra preciosa, y ahora son para nosotros como un regalo de amor. Son los Santos. Ellos fueron seres humanos de carne y hueso como nosotros; llenos de debilidades y defectos, como nosotros. Pero también, como nosotros, tenían cosas lindas que el Señor les había regalado. Cuando ellos se dejaron transformar por el Espíritu Santo, Él fue purificando todo lo malo y negativo, y regó con el agua de su gracia todas las buenas semillas que llevaban dentro. Por eso fueron Santos. Lo mismo puede hacer en nuestras vidas. Pero nada cambiará si confiamos sólo en nuestras fuerzas y capacidades. Podremos cambiar por fuera, pero por dentro no habrá cambios profundos sin el fuego del Espíritu Santo.

Para meditar hoy Martes.-

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Ahora me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: “¿Adónde vas?”. Sino que, por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón. Sin embargo, os digo es la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito. En cambio, si me voy, os lo enviaré. Y cuando venga, dejará convicto al mundo acerca de un pecado, de una justicia y de una condena. De un pecado, porque no creen en mí; de una justicia, porque me voy al Padre, y no me veréis; de una condena, porque el príncipe de este mundo está condenado». Palabra del Señor "Os conviene que yo me vaya” El Espíritu da testimonio de que, en las entrañas del mundo, Cristo ha comenzado su revolución. Y aunque la decepción, el desconcierto, el miedo y la tristeza pueden amenazarnos, incluso arrastrarnos, el Espíritu será siempre, en el corazón de los tiempos, la gran respiración de Dios que trae hasta nosotros el sabor de la tierra nueva. Es verdad que seguimos comulgando con las divisiones del mundo, pero el Espíritu es ya el pulso que unifica el gran cuerpo de la humanidad, el pulso que es el mismo corazón de Dios. Necesitamos la presencia del Espíritu pues reforzará nuestros corazones, hará evidente las razones del creer y nos dará el valor necesario para oponernos a la mentalidad de este mundo, cada vez más seguro de si mismo, más persuasivo, más seductor. ¡El Espíritu es nuestro "Defensor", garantía de futuro, camino seguro que nos llevará a la libertad y a un nuevo nacimiento: la vida eterna. *_Rvdo. D. Manuel Blanco_*

Meditar el evangelio con tres puntos. 11-05-21

Jn 16,5.11 Seguimos la intensificación que lleva adelante el Resucitado de prepararnos para la venida del Espíritu Santo. 1. La Ascensión a los cielos nos recuerda que se va para quedarse con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. 2. No es momento de tristeza, si no de la alegría de saber que nos conviene que se vaya para que el Espíritu Santo nos conduzca a la alegría del Camino de la vida plena y verdadera que nos trae el Resucitado. 3. En el evangelio de Juan se dice la mejor definición del Espíritu Santo, el Defensor. Nuestro otro abogado defensor, también tenemos a Cristo que tiene como misión barrer todas acusaciones del diablo y nos defiende de todo mal. + Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

lunes, 10 de mayo de 2021

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Lunes, 10 de Mayo de 2021

El Espíritu Santo nos lleva a adorar al Padre Dios, y le ofende que adoremos las cosas del mundo. Pero sobre todo le ofende que estemos demasiado pendientes de nosotros mismos como si fuéramos dioses. Para no sufrir tanto, y para que mis errores y caídas no me paralicen, tengo que reconocer algo: que yo no soy Dios. Para eso, lo mejor es adorar a Dios, el único que merece ser adorado. Yo no puedo pretender la adoración de los demás, ni pretender adorarme a mí mismo. Sólo Él es el absoluto, sin manchas ni imperfecciones. Todos los seres creados de este mundo somos limitados, y es inevitable que cometamos errores. Y aunque no los cometamos, es imposible que todos estén conformes con nuestra forma de ser y de actuar. Hay muchas cosas que no sabemos, y no podemos medir todas las consecuencias de todos nuestros actos y palabras. Ignoramos todo lo que hay en el corazón de los demás, no podemos enterarnos de todo, y ni siquiera nos conocemos bien a nosotros mismos. Nuestra forma de ser necesariamente tiene límites. Por lo tanto, reconozcamos que no somos dioses, ni podemos serlo. Nuestras capacidades son tremendamente limitadas. Hay que aceptar esto con serenidad y realismo, y destruir el falso ideal de ser absolutamente perfectos. Es bueno detenerse algunas veces a pedirle al Espíritu Santo esa sencillez que nos ayuda a aceptar nuestros límites con serenidad. Sólo así podemos tratar de mejorar, pero sin obsesionarnos ni entristecernos demasiado por nuestras debilidades. Los errores pueden darnos la gran sabiduría de la humildad, la bella virtud de la misericordia, la serena paciencia con los errores ajenos, la capacidad de depender de Dios con sencillez, etc. Así tenemos que amarnos, como somos: como seres limitados llamados a un permanente crecimiento. Somos una mezcla, una combinación de cosas buenas, de errores y de nuevas posibilidades de cambio. Tenemos que aceptar y amar esa combinación que nos proyecta hacia un futuro mejor. .

domingo, 9 de mayo de 2021

*LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Domingo, 9 de Mayo de 2021

_Espíritu Santo, vengo a buscar tu ayuda en un momento difícil. Las dificultades y las desilusiones han apagado mi fervor y la alegría de mi entrega. Por eso te presento mis cansancios, mis angustias, y todo mal recuerdo._ _Quiero unir mi dolor a Jesús en su pasión, para resucitar con Él en gozo y esperanza._ _Mi Dios. En ti hay Infinita alegría. Alegría que desborda y se derrama luminosa en cada criatura. El mundo entero es un canto de gozo que brota de tu exceso de amor._ _Muéstrame, Señor, la belleza y la bondad de las cosas pequeñas, allí donde habita un remedio para mis tristezas._ _Te doy gracias por el agua, la luz, los colores, la voz de mis amigos, las manos, el cielo, la sangre que corre intensamente y me mantiene vivo, el aire y cada simple regalo cotidiano._ _Te doy gracias porque de alguna manera siempre puedo hacer algo bueno por este mundo._ _Ayúdame a vivir el gozo de la generosidad, la alegría de hacer feliz a otro, el sueño de hacer el bien._ _Dame el don de la magnanimidad para buscar siempre algo más en la vida:_ _Despierta en mi interior, Espíritu Santo, un inmenso amor al Padre Dios, para que busque tu gloria con el corazón ardiente, para que me goce en su amistad, y repose en tus brazos cada noche._ _Muéstrame las maravillas de tu amor, para que seas mi lugar de delicias, mi tesoro, mi banquete feliz._ _Ven Espíritu Santo._ _Amén._ .

sábado, 8 de mayo de 2021

Para meditar hoy Sabado.-

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia. Recordad lo que os dije: "No es el siervo más que su amo. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra." Y todo eso lo harán con vosotros a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió.» Palabra del Señor Estamos en la tierra de Dios, ya es todo diferente. A partir de ahora, los discípulos de Jesús, su Iglesia, se consagra a este noble servicio de llevar a la humanidad a su plenitud; a esta difícil conquista de hacerle comprender que el sentido de la vida no reside en el tener, poseer, dominar, consumir, usar y tirar, sino en amar hasta el extremo, hasta la cruz. Noble misión la nuestra de mostrarle a este mundo el verdadero sentido de la vida apesar de su indiferencia a Dios, o el rechazo-odio de algunos. Misión arriesgada en la que muchos cristianos terminan diluyéndose tanto en las cosas de este mundo que termina sucumbiendo a sus "encantos" y viviendo una fe entretenida en mil cosas pero que poco o nada tiene que ver con el amor. *_Rvdo. D. Manuel Blanco_*

Meditar el evangelio con tres puntos.08-05-21 Jn 15,18.21

Jesús siempre enseña con su vida. Es la coherencia de su vida, su testimonio lo que le da autoridad. 1. Seguir a Jesús con todas las consecuencias es correr la misma suerte que corrió el Señor. 2. Si el mundo, si la mentalidad mundana siempre ha perseguido al Señor también os perseguirá a vosotros. No se puede servir a dos señores. No se puede hacer componendas entre la verdad y la mentira. 3. Perseverar es saber que unidos a Cristo, con El y como El nuestra vida dara fruto y fruto abundante. + Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO* Sábado, 8 de Mayo de 2021

Cuando le pedimos al Espíritu Santo que sane nuestros recuerdos, no tenemos que pensar solo en lo que nos han hecho los demás. A veces sufrimos más por lo que hemos hecho nosotros mismos. Los remordimientos son recuerdos dolorosos de errores que hemos cometido; errores que nos llevan a despreciarnos a nosotros mismos, y así nos hacen sentir indignos de vivir. Si no los curamos, los remordimientos no desaparecerán con el paso del tiempo. Podremos disimularlos con la actividad o las distracciones; pero ni bien tengamos un momento de soledad o de silencio, volverán a torturarnos. Y si escapamos de la soledad, aparecerán igualmente, en medio de una conversación o de un pasatiempo, impidiéndonos disfrutar de lo que estamos viviendo. O aparecerán en medio del trabajo y nos harán sentir que lo que hacemos no vale la pena, porque ya no es posible modificar el pasado. Esos sentimientos quitan la alegría, el entusiasmo, la iniciativa. Son como una mancha que parece arruinarlo todo. Pero no se puede volver atrás para borrar lo que pasó. Lo mejor es pedirle al Espíritu Santo que nos ayude a reconciliarnos con nosotros mismos, que nos dé su amor para comprendernos y perdonarnos a nosotros mismos con ternura. Porque de nada nos sirve odiarnos y despreciarnos. Dios no quiere eso. Sólo quiere que entreguemos nuestro pasado y marchemos hacia adelante con alegría y con ganas. A veces es necesario pedir durante un tiempo al Espíritu Santo, la gracia de perdonarnos a nosotros mismos, porque solo Él puede tocar y sanar nuestras angustias más profundas y Él nos va liberando poco a poco, a medida que le abrimos nuestro corazón. .

viernes, 7 de mayo de 2021

```LA COMUNIDAD EN LAS REDES SOCIALES HOY``` *Reflexión al Evangelio VI Domingo de Pascua (Jn 15, 9-17)*

_Te amo como mi Padre me ama_ Jesús dice a sus discípulos- de todos los tiempos- que ya no les llama siervos sino amigos porque gracias al Evangelio que le anuncia tienen acceso al ámbito, a la intimidad con el Padre. De hecho, les añade, el siervo no sabe nada del señor a quien sirve pues se limita a servirle sin más. Jesús dice a sus discípulos que les llama amigos porque comparte con ellos las palabras que recibe del Padre, ellas son su Fuerza y su Sabiduría para poder cumplir su misión... para, como escribe Pablo, pueda obedecerle hasta la muerte y muerte de Cruz (Fil 2,6-8). Jesús llama amigos a sus discípulos por el vínculo sobrenatural que supone la Palabra, El Evangelio compartido desde el corazón donde, como María, lo guardamos cuidadosamente. Un último punto que nos tendría que provocar un estallido de gozo: En la Espiritualidad Bíblica la palabra amigo sobre todo en este contexto de la Última Cena significa... ¡¡Mi otro yo!! Así pues allí donde hay un discípulo o discípula de Jesús está el otro yo del Señor Jesús... ¡¡Lo dijo Él mismo!! _P. Antonio Pavía - comunidadmariamadreapostoles.com_

Meditar el evangelio con tres puntos. 07-05-21 Prumer viernes de mes. Jn 15,12.1 El seguimiento de Jesús se fragua en la vocación de ser amigos de su Corazón. No nos llama siervos nos llama amigos... Y nos da la clave, porque todo lo que me ha comunicado el Padre os lo he dado a conocer. 1. San Juan vuelve a insistir en que vivamos el mandamiento nuevo, que nos amemos unos a los otros como yo os he amado. 2. Siempre es un amor de amistad, de elección. Ha sido El el que nos ha llamado y elegido para que unido a El demos frutos y fruto abundante. 3. El gran fruto de la Pascua es el don del Espíritu Santo que comienza apuntar cercano ya Pentecostés. + Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

Meditar el evangelio con tres puntos. 07-05-21 Prumer viernes de mes. Jn 15,12.1 El seguimiento de Jesús se fragua en la vocación de ser amigos de su Corazón. No nos llama siervos nos llama amigos... Y nos da la clave, porque todo lo que me ha comunicado el Padre os lo he dado a conocer. 1. San Juan vuelve a insistir en que vivamos el mandamiento nuevo, que nos amemos unos a los otros como yo os he amado. 2. Siempre es un amor de amistad, de elección. Ha sido El el que nos ha llamado y elegido para que unido a El demos frutos y fruto abundante. 3. El gran fruto de la Pascua es el don del Espíritu Santo que comienza apuntar cercano ya Pentecostés. + Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

Domingo 6º de Pascua B: Jn 15, 9-17

as sonEst palabras que Jesús pronunció en su despedida de la Ultima Cena; pero que seguramente repetiría en aquellas apariciones poco antes de su Ascensión, que celebraremos el próximo domingo. El domingo anterior nos hablaba Jesús de la unión íntima que debemos tener con El, como hay entre la vid y los sarmientos. Hoy nos explica en qué consiste esa unión: en el amor. Un amor que procede de la esencia misma de Dios. San Juan hoy en la segunda lectura nos dice que “Dios es amor”. Esa es su esencia: el Padre que entrega su naturaleza amorosa al Hijo, y el Padre y el Hijo al Espíritu, formando la más íntima unidad de amor. Si el Padre fuera egoísta y dijera: toda la naturaleza divina para mí... se destruiría Dios, lo cual no puede ser. De este amor procede el ideal humano. El amor íntimo de la Santísima Trinidad no lo vemos; pero lo experimentamos en muchas circunstancias. Lo primero: lo que nos dice también hoy san Juan en su carta (I Jn 4, 9): “El amor de Dios hacia nosotros se manifiesta en que Dios envió al mundo a su Hijo unigénito para que nosotros vivamos por El”. Para el mundo sería una locura que un padre entregue a su hijo para salvar a unos extraños y hasta enemigos. Y Jesús, que es el Hijo de Dios que se hizo hombre, es nuestro ejemplo e ideal de amor. Él “pasó haciendo el bien” y nos amó hasta dar su vida en la cruz para salvarnos, siendo como somos pecadores. Nos amó hasta el fin. Así cumplía el mandamiento de su Padre o su Voluntad. Como, además de Dios, era hombre, no le fue fácil: Hasta “con lágrimas” pedía que pudiera pasar ese “cáliz de amargura”. Pero se arrojaba en las manos de su Padre, que nos ama y veía que es la mejor manera de salvarnos. Con ese amor, nos dice Jesús, tenemos que amarnos. Es su mandamiento por excelencia. Como hay quienes dicen que el amar no se puede mandar, podemos llamarlo: recomendación. Es el principal deseo de Jesús para nosotros, porque es lo que nos dará la verdadera libertad y alegría. El mundo está envuelto en violencia, odios y egoísmo. El amor es el lenguaje de la Iglesia y de los cristianos. El amor es el estilo y el espíritu de la nueva alianza que Dios ha querido pactar con la humanidad. En el Ant. Testamento se hablaba más de sumisión a Dios. Ahora Jesús nos habla de relación amigable con Dios y fraterna entre nosotros. En este amor permaneceremos, si guardamos sus mandamientos. No se trata por lo tanto de un amor etéreo o abstracto, sino real y expresado en obras: “Obras son amores y no buenas razones”. No se trata de un amor vacío y de solos sentimientos y buenas intenciones, sino sustentado por buenas acciones hacia los demás. Es tan fundamental el amor entre los cristianos, que en esto “conocerán que somos discípulos de Jesús”. Y será la materia principal de la que seremos juzgados el día final. El amor nos hace felices. Hoy nos dice Jesús que, si permanecemos unidos a El por el amor y permanecemos unidos entre nosotros, “el gozo será pleno”. Dios no quiere de una manera directa el dolor ni la tristeza. Si Jesús tuvo que pasar por ratos tan amargos fue por culpa de nuestros pecados, pero el final sería la resurrección. A veces para salvar a un hermano o por diversas circunstancias de la vida tendremos dolores y sufrimientos. Pero también los tienen los que viven metidos en el odio. Normalmente el ambiente del que ama es el de la paz y la alegría. Eso sin pensar en la alegría total y definitiva del premio que Dios le dará para siempre. Y la alegría principal es el saberse hijo de Dios Padre y amigo de Jesús. El amor es lo que nos da plenitud. Decía el concilio vaticano II: “El hombre no puede encontrar su propia plenitud, si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás”. El amor libera, el odio esclaviza. Termina hoy Jesús diciendo que, si estamos unidos a El por el amor, podremos conseguir todo lo que pidamos en la oración. Esto es así, porque, si estamos unidos a Jesús, lo que pidamos será siempre lo que mejor nos convenga, según la voluntad de Dios. Y el fruto de nuestro apostolado será maravilloso. P. Silverio

Domingo de la Semana 6ª del Tiempo Pascual. Ciclo B «Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos»

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (10,25-26.34-35.44-48): El don del Espíritu Santo se ha derramado también sobre los gentiles. Cuando iba a entrar Pedro, salió Cornelio a su encuentro y se echó a sus pies a modo de homenaje, pero Pedro lo alzó, diciendo: «Levántate, que soy un hombre como tú.» Pedro tomó la palabra y dijo: «Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea.» Todavía estaba hablando Pedro, cuando cayó el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban sus pa-labras. Al oírlos hablar en lenguas extrañas y proclamar la grandeza de Dios, los creyentes circuncisos, que habían venido con Pedro, se sorprendieron de que el don del Espíritu Santo se derramara también sobre los gentiles. Pedro añadió: «¿Se puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros?» Y mandó bautizarlos en el nombre de Jesucristo. Le rogaron que se quedara unos días con ellos. Salmo 97,1.2-3ab.3cd-4: El Señor revela a las naciones su salvación. R/. Cantad al Señor un cántico nuevo, // porque ha hecho maravillas; // su diestra le ha dado la victoria, // su santo brazo. R/. El Señor da a conocer su victoria, // revela a las naciones su justicia: // se acordó de su misericordia y su fidelidad // en favor de la casa de Israel. R/. Los confines de la tierra han contemplado // la victoria de nuestro Dios. // Aclama al Señor, tierra ente-ra, // gritad, vitoread, tocad. R/. Lectura de la primera carta de San Juan (4,7-10): Dios es amor. Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados. Lectura del Santo Evangelio según San Juan (15,9-17): Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; per-maneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más gran-de que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, por-que todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.»  Pautas para la reflexión personal  El vínculo entre las lecturas ¿Cuál es la clave de las tres lecturas? Es la amorosa mirada que Dios tiene a cada uno de nosotros. «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados» (1Jn 4,10). Y es por eso que nosotros debemos de amar-nos unos a otros sin acepción de personas: todos somos hijos queridos de Dios. Esto es lo que leemos en la Primera Lectura. Cornelio, centurión piadoso y simpatizante del judaísmo es el primer pagano recibido como cristiano por uno de los apóstoles. El relato del encuentro y el discurso de Pedro insisten en la supresión de las fronteras entre judíos y paganos. Dios mismo es quien las ha suprimi-do, enseñando a Pedro a no llamar impuro a ningún hombre. San Juan, en la Segunda Lectura, nos ha de-jado la más excelsa definición de Dios: «Dios es amor» y este amor ha tenido su máxima manifestación en la entrega de su propio Hijo para que podamos alcanzar la vida eterna. La respuesta a este amor divino será nuestro amor a Dios y al prójimo. El amor es la norma moral más exigente y más plena ya que exige un cumplir, por amor, lo que el Señor nos ha mandado. Para eso nos ha escogido (Evangelio).  «Dios no hace acepción de personas…» El episodio que leemos en la Primera Lectura es muy importante porque es el primer pagano que es admitido ala Iglesia por el mismo Pedro. Cornelio era un centurión de la cohorte itálica que tenía su sede en Cesarea y si bien era un hombre temeroso de Dios; no era judío. Cornelio tiene una visión en la que se le pide que llame a un tal Simón, llamado Pedro, que se encuentra en Joppe . Así, envía mensajeros en busca de aquel hombre. Mientras los mensajeros van de camino, Pedro tiene también una visión en la que una voz le invita a comer alimentos que eran retenidos como impuros por los judíos. La petición se repite hasta tres veces con la subsiguiente negativa de Pedro. La visión concluye con una afirmación taxativa: lo que Dios ha purificado, no lo llames tú profano. Después de esto, Pedro acude a Cesarea para encontrar a Cornelio y, después de escuchar la narración de éste, concluye: «Verdaderamente comprendo que Dios no hace acepción de personas sino que en cualquier nación el que le teme y practica la justicia le es grato». El Espíritu Santo desciende sobre los pre-sentes, como si se tratase de un segundo Pentecostés, el Pentecostés de los gentiles, y la escena concluye con el bautismo de Cornelio y toda su familia. El pasaje es de máxima importancia para comprender el ca-rácter universal de la salvación. Dios no hace acepción de personas en relación con su amor reconciliador. Al encarnarse el Hijo de Dios se ha unido de algún modo a todos los hombres y los invita a la salvación. Éste es el descubrimiento que hace Pedro. Él no puede llamar a nadie impuro porque todos somos hijos de Dios, somos imagen de Dios creados por sobreabundancia de amor y llamados a la «vida eterna».  Dios siempre nos busca primero En la segunda lectura, San Juan repite en dos ocasiones: «Dios envió a su Hijo». Dios envía a su Hijo único para reconciliarnos ya que por el pecado vivíamos en ruptura. El amor mutuo tiene su fundamento en el amor de Dios. ¡Dios es amor! Lo que nos dice el texto es que la característica más acusada de Dios es el amor; su actividad más específica es amar. Dios se ocupa y se preocupa del hombre. La prueba suprema de ello es la Cruz. Ella demuestra qué clase de amor es el de Dios: amor de entrega concreta, palpable, amor reconciliador.El costo de la reconciliación supera toda imaginación: el envío de su Hijo. Dios envía a su Hijo para que nos rescate del pecado y de la "segunda muerte": la pérdida definitiva de Dios. Por eso, podemos sostener firmemente que Dios nos amó primero. Nos dice San Agustín: «No somos, por tanto, nosotros los que primero observamos los mandamientos y después Dios venga a amarnos, sino por el contrario: si Él no nos amase, nosotros no podríamos observar sus mandamientos. Ésta es la gracia que ha sido revelada a los humildes y permanece escondida a los soberbios». Es la gracia del amor de Dios que nos precede, prepara y acompaña nuestras obras. Sin Él o al margen de Él y de su amor, no po-dríamos hacer nada. En el versículo siguiente a la lectura (ver 1Jn 4,1) leemos «Si Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amarnos unos a otros». El pretender amar sólo a Dios, en respuesta a su amor, olvidándonos de los otros, no es cristiano.  «Nadie tiene mayor amor...» El Evangelio dominical es la continuación del relato sobre la vid y de los sarmientos. Podemos decir que aquí saca las conclusiones de esa unión vital que sus discípulos tienen con Jesús. La primera frase nos re-vela que el «amor» a que se refiere es una realidad sobrenatural, es algo que nosotros hemos podido cono-cer porque nos fue dado (revelado) de lo alto. El amor es algo que existe en Dios y que fue revelado al mundo por Jesucristo. En Él hemos conocido, de verdad, lo que es al amor. Para poder amar hay que se-guir el ejemplo de Cristo. Ese amar «como yo os he amado» es lo que caracteriza el amor cristiano. Santo Tomás de Aquino dice que el amor es procurar el bien del otro. Sin la gracia de Dios el hombre acaba siempre por procurar su propio bien, es decir, acaba en un acto egoísta. Para poder realizar un acto de amor es necesario que sea dado de lo alto. Es lo que nos dice San Pablo en su carta a los romanos: «el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Rom 5,5,). El Espíritu Santo nos comunica el conocimiento de Dios infundiéndonos el amor. El que no ama no tiene noción alguna de Dios. Por eso no debe de extrañarnos que tantos ambientes de nuestra sociedad no co-nozcan a Dios. Si los vemos más de cerca veremos como reina allí el egocentrismo y el buscar solamente el propio beneficio. Y es que no todos tienen la experiencia del amor verdadero. El que ha visto el amor, ése no lo puede olvidar nunca. El fruto de un acto de amor no pasa nunca. Tal vez un ejemplo nos pueda acla-rar esta idea. Se cuenta de la fundadora de las Hermanitas de los Pobres, Santa María de la Cruz Jugan que un día mientras pedía limosna para sus ancianos en una oficina pública, un señor irritadísimo le escupió la mano que ella le tendía esperando una limosna. Entonces sucedió algo inesperado. Ella, con sincera gratitud, se limpió el escupo en su hábito, y sin ningún reproche, le dice: «¡Gracias, señor! Esto es para mí. Por favor deme ahora algo para mis pobres». ¡Este es un acto de amor! Ante una acción semejante no hay nada que hacer. Quedó evidente la acción de Dios ya que fue más allá de lo previsto, de lo esperado. El señor quedó desarmado y en el instante no sólo dio una limosna para los pobres sino que se convirtió en uno de los ma-yores benefactores de la obra. Por eso, el que ha visto un acto de amor...no lo puede olvidar nunca.  «Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor» El vocablo clave en la primera parte del texto es el verbo «permanecer». Para expresar esta relación vi-tal entre Jesús y sus discípulos el Maestro Bueno ha utilizado la metáfora-alegoría de la vid y los sarmientos. El verbo «permanecer», del griego «meno» o «menein», aparece 118 veces en el Nuevo Testamento. En los textos juaninos de los 67 casos, aparece 43 veces en su expresión compuesta de «permanecer en» (meno en). En cuanto a las fórmulas contenidas en los discursos del Señor Jesús o en las Cartas: se trata de invitaciones a los discípulos a «permanecer en Él», «en su palabra»: quiere decir, mantenerse firme en la enseñanza recibida, especialmente frente a los que pretenden confundir a los discípulos con falsas doctri-nas (ver 2Tim 3,14; 2Jn 9) y «en su amor»: quiere decir, «mantenerse fiel a la Alianza de Amor» que Él ha sellado con su Sangre. Esta fidelidad exige el cumplimiento de la Nueva Ley, que se resume en «amar y amarse los unos a los otros con el mismo amor con que Él nos ha amado primero» (ver Jn15, 12.17). De este modo, por respues-ta al Don recibido (ver Rom 5,5), se realiza y se mantiene viva «la comunión con Él, y en Él, con todo el Cuerpo». En la misma línea de la íntima comunión de vida San Juan usa la expresión “permanecer” en para hablar de la unión existente entre el Padre y el Hijo, en el Espíritu Santo.  Una palabra del Santo Padre: «Jesús, en el discurso de despedida, en los últimos días antes de subir al cielo, habló de muchas co-sas», pero siempre sobre el mismo punto, representado por «tres palabras clave: paz, amor y alegría». Sobre la primera, recordó el Papa, «hemos ya reflexionado» en la misa de anteayer, reconociendo que el Señor «no nos da una paz como la da el mundo, nos da otra paz: ¡una paz para siempre!». Respecto a la segunda palabra clave, «amor», Jesús, destacó el Papa, «había dicho muchas veces que el mandamiento es amar a Dios y amar al prójimo». Y «habló de ello también en diversas ocasiones» cuando «enseñaba cómo se ama a Dios, sin los ídolos». Y también «cómo se ama al prójimo». En resumen, Jesús encierra todo este discurso en el capítulo 25 del Evangelio de Mateo, en él se nos dice cómo seremos juzgados. Allí el Señor explica cómo «se ama al prójimo». Pero, en el pasaje evangélico de san Juan (15, 9-11), «Jesús dice una cosa nueva sobre el amor: no só-lo amad, sino permaneced en mi amor». En efecto, «la vocación cristiana es permanecer en el amor de Dios, o sea, respirar y vivir de ese oxígeno, vivir de ese aire». Pero ¿cómo es este amor de Dios? El Papa Francisco respondió con las mismas palabras de Jesús: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo». Por eso, observó, es «un amor que viene del Padre». Y la «relación de amor entre Él y el Padre» llega a ser una «relación de amor entre Él y nosotros». Así, «nos pide permanecer en ese amor que viene del Padre». Luego, «el apóstol Juan seguirá adelante —dijo el Pontífice— y nos dirá también cómo debemos dar este amor a los demás» pero lo primero es «permane-cer en el amor». Y esta es, por lo tanto, también la «segunda palabra que Jesús nos deja. Y ¿cómo se permanece en el amor? Nuevamente el Papa respondió a la pregunta con las palabras del Señor: «Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, lo mismo que yo he guardado los man-damientos de mi Padre y permanezco en su amor». Y, exclamó el Pontífice, «es algo bello esto: yo sigo los mandamientos en mi vida». Hermoso hasta el punto, explicó, que «cuando no permanecemos en el amor son los mandamientos que vienen, solos, por el amor». Y «el amor nos lleva a cumplir los mandamientos, así naturalmente» porque «la raíz del amor florece en los mandamientos» y los mandamientos son el «hilo conductor» que sujeta, en «este amor que llega», la cadena que une al Padre, a Jesús y a nosotros. La tercera palabra que indicó el Papa es la «alegría». Al recordar la expresión de Jesús propuesta en la lectura del Evangelio —«Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud»—, el Pontífice evidenció que precisamente «la alegría es el signo del cristiano: un cris-tiano sin alegría o no es cristiano o está enfermo», su salud cristiana «no está bien». Y, añadió, «una vez dije que hay cristianos con la cara avinagrada: siempre con la cara roja e incluso el alma está así. ¡Y esto es feo!». Estos «no son cristianos», porque «un cristiano sin alegría no es cristiano». Para el cristiano, en efecto, la alegría está presente «también en el dolor, en las tribulaciones, incluso en las persecuciones». Al respecto el Papa invitó a mirar a los mártires de los primeros siglos —como las san-tas Felicidad, Perpetua e Inés— que «iban al martirio como si fuesen a las bodas». He aquí entonces, «la gran alegría cristiana» que «es también la que custodia la paz y custodia el amor». (Papa Francisco. Misa matutina en la capilla de la Domus Santae Marthae. Jueves 22 de mayo de 2014.)  Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana 1. Nos decía el entonces Cardenal Joseph Ratzinger:«Cualquier amor humano se convierte en verdaderamente enriquecedor y grande cuando estoy dispuesto a renunciar a mí mismo por esa persona, a salir de mí mismo, a entregarme. Esto es válido sobre todo en la gran escala de nuestra relación con Dios, de la que, en definitiva, derivan todas las demás relaciones. Tengo que comenzar por dejar de mirarme, y preguntarme qué es lo que Él quiere. Tengo que empezar aprendiendo a amar, pues el amor consiste en apartar la mirada de mí mismo y dirigirla hacia Él» . ¿Cómo vivo mi relación de amor con el Señor? 2. ¿Cómo podemos vivir el amor a nuestros hermanos en la realidad concreta? Hagamos una lista de las situaciones diarias y concretas en las cuales podemos vivir el mandamiento del amor. 3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales 1-3.27.50-55.210-221. texto facilitado por JUAN RAMON PULIDO, presidente diocesano de Adoración Nocturna en Toledo