sábado, 10 de noviembre de 2012
AÑO INTERNACIONAL DE LA FE, el compendio de la nueva evangelización (II)
Continuamos con la reflexión iniciada en el anterior artículo publicado en este blogg con fecha 29 de octubre pasado
3.- La Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia
Compendio, números 18 a 24
I. Puntos de partida.-
Nuestras preguntas.-
La Biblia es un libro único, que ha orientado la vida de millones de personas durante miles
de años. Es el lugar privilegiado de la revelación de Dios y la Iglesia la venera. ¿Qué
criterios deben guiarnos en su lectura para reconocerla como Palabra que Dios nos dirige?
No podemos conocer a Jesucristo si desconocemos la Biblia. ¿Por qué esto es así?
La Palabra de Dios.-
«Tu Palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo».
Sal 118, 89
«Todo cuanto fue escrito en el pasado se escribió para enseñanza nuestra, para que con
la paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza».
Rm 15, 4
El testimonio de la Iglesia.-
«Desde que el Concilio Vaticano II ha subrayado el papel preeminente de la Palabra de
Dios en la vida de la Iglesia, se ha avanzado mucho en la asidua escucha y lectura atenta
de la Sagrada Escritura... Es necesario que la escucha de la Palabra se convierta en
encuentro vital, en la antigua y siempre válida tradición de la Lectio Divina, que permite
encontrar en el texto bíblico la palabra viva que interpela, orienta y modela la existencia».
Juan Pablo II. - Novo millenio ineunte, 39
II. Exposición de la fe.-
1. Los libros de la Biblia.-
La Biblia o Sagrada Escritura es un conjunto de libros de distinto estilo literario y de
distinta época, que recogen la historia de la salvación que Dios ha realizado con el hombre.
Ver la lista de los libros de la Sagrada Escritura y sus abreviaturas al inicio del Compendio.
La Biblia tiene dos partes:
• El Antiguo Testamento que trata de la Antigua Alianza con Israel.
• El Nuevo Testamento que trata de la Nueva Alianza, realizada con Jesucristo.
Testamento significa aquí lo mismo que Alianza o pacto.
Leer nn. 21 a 23
21. ¿Qué importancia tiene el Antiguo Testamento para los cristianos?
121-123
Los cristianos veneran el Antiguo Testamento como verdadera Palabra de Dios: todos sus libros
están divinamente inspirados y conservan un valor permanente, dan testimonio de la pedagogía
divina del amor salvífico de Dios, y han sido escritos sobre todo para preparar la venida de Cristo
Salvador del mundo.
22. ¿Qué importancia tiene el Nuevo Testamento para los cristianos?
124-127 139
El Nuevo Testamento, cuyo centro es Jesucristo, nos transmite la verdad definitiva de la Revelación
divina. En él, los cuatro Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, siendo el principal testimonio
de la vida y doctrina de Jesús, constituyen el corazón de todas las Escrituras y ocupan un puesto
único en la Iglesia.
23. ¿Qué unidad existe entre el Antiguo y el Nuevo Testamento?
128-130 140
La Escritura es una porque es única la Palabra de Dios, único el proyecto salvífico de Dios y única
la inspiración divina de ambos Testamentos. El Antiguo Testamento prepara el Nuevo, mientras
que éste da cumplimiento al Antiguo: ambos se iluminan recíprocamente.
El Antiguo Testamento se compone de 46 libros que recogen la historia de la relación de
Dios con el pueblo de Israel. Estos libros o escritos se pueden dividir en tres tipos:
• Los escritos de tipo histórico, que recogen los momentos principales de la historia de
Israel y de su Alianza con Dios.
• Los escritos de los Profetas de Israel.
• Los escritos de la sabiduría de Israel y los salmos.
El Nuevo Testamento reúne los 27 libros que narran la vida y el mensaje de Jesucristo así
como la de los primeros discípulos:
• Los cuatro Evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan.
• Los Hechos de los Apóstoles, que es como una primera historia de la Iglesia.
• Las cartas de los Apóstoles: de san Pablo, san Pedro, san Juan, Santiago, Judas, y la
carta a los Hebreos.
• El Apocalipsis.
• Al conjunto de los libros que forman la Biblia se le llama «canon».
• Leer n. 20
20. ¿Qué es el canon de las Escrituras?
120 138
El canon de las Escrituras es el elenco completo de todos los escritos que la Tradición Apostólica
ha hecho discernir a la Iglesia como sagrados. Tal canon comprende cuarenta y seis escritos del
Antiguo Testamento y veintisiete del Nuevo.
2. La Biblia como Palabra de Dios.-
La Biblia se podría leer como un conjunto de escritos de una cultura antigua. Pero a
nosotros no nos interesa leer la Biblia sólo porque sea un documento antiguo, sino porque
nos transmite la revelación de Dios. Queremos escuchar, a través de la Biblia, la Palabra
del Dios vivo, que ha intervenido en la historia de Israel y de la Iglesia, y que hoy nos sigue
hablando.
La Biblia es el recuerdo vivo de su presencia y de su intervención para salvar a la
humanidad. Dios inspiró y ayudó a los autores sagrados que escribieron estos libros.
Por
eso, decimos que la Escritura está inspirada, ya que ha sido hecha con la ayuda del
Espíritu Santo. Hay que leer la Biblia con el mismo espíritu con que fue escrita.
Leer n. 18
18. ¿Por qué decimos que la Sagrada Escritura enseña la verdad?
105-108 135-136
Decimos que la Sagrada Escritura enseña la verdad porque Dios mismo es su autor: por eso
afirmamos que está inspirada y enseña sin error las verdades necesarias para nuestra salvación. El
Espíritu Santo ha inspirado, en efecto, a los autores humanos de la Sagrada Escritura, los cuales
han escrito lo que el Espíritu ha querido enseñarnos. La fe cristiana, sin embargo, no es una
«religión del libro», sino de la Palabra de Dios, que no es «una palabra escrita y muda, sino el
Verbo encarnado y vivo» (San Bernardo de Claraval).
3. La Palabra de Dios en la vida de la Iglesia.-
La Palabra de Dios no puede ser leída de cualquier manera, tenemos que tener en cuenta
estos tres elementos:
Leerla en conversación personal con el Señor.
Leerla acompañados por maestros que tienen la experiencia de la fe y que han penetrado
en el sentido de la Sagrada Escritura.
Leerla en la gran compañía de la Iglesia, de forma que poco a poco penetramos cada vez
más en la Sagrada Escritura, en la que Dios habla realmente con nosotros hoy.
Leer nn. 19 y 24
19. ¿Cómo se debe leer la Sagrada Escritura?
109-119 137
La Sagrada Escritura debe ser leída e interpretada con la ayuda del Espíritu Santo y bajo la guía
del Magisterio de la Iglesia, según tres criterios: 1) atención al contenido y a la unidad de toda la
Escritura; 2) lectura de la Escritura en la Tradición viva de la Iglesia; 3) respeto de la analogía de
la fe, es decir, de la cohesión entre las verdades de la fe.
24. ¿Qué función tiene la Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia?
131-133 141-142
La Sagrada Escritura proporciona apoyo y vigor a la vida de la Iglesia. Para sus hijos, es firmeza
de la fe, alimento y manantial de vida espiritual. Es el alma de la teología y de la predicación
pastoral. Dice el Salmista: «lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero» (Sal 119,
105). Por esto la Iglesia exhorta a la lectura frecuente de la Sagrada Escritura, pues «desconocer
la Escritura es desconocer a Cristo» (San Jerónimo).
I II . Propuestas para conocer y vivir.-
Reflexión y diálogo.-
• ¿Cuántos libros tiene la Biblia y qué significa «Testamento»?
• ¿Por qué la Biblia es Palabra de Dios?
• ¿Por qué decimos que la Biblia está inspirada?
Recordar.-
• Tipos de libros que tiene la Biblia.
• Los criterios de interpretación de la Biblia.
Conocer más.-
• Profundizar en el contenido y en el orden de los nn. 11 a 24
Llevar a la vida.-
• Antes de la misa del domingo leer con detenimiento las lecturas correspondientes.
Para orar.-
Canto: «Tu palabra me da vida» (Salmo 118).
«Señor Padre Santo, tú que nos has mandado escuchar a tu Hijo el predilecto, alimenta
nuestro espíritu con tu Palabra; así con mirada limpia contemplaremos gozosos la gloria
de tu rostro. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén».
Misal Romano, oración colecta del II domingo de Cuaresma
viernes, 2 de noviembre de 2012
TEMA DE REFLEXIÓN para la Junta de Turno del mes de NOVIEMBRE
REFLEXIONES SOBRE LA FE (II)
La fe ilumina la inteligencia abriéndola a la luz de la verdad revelada, y haciéndola capaz de vislumbrar los misterios de la vida de Dios. Con la gracia recibida en el Bautismo como don gratuito de Dios, nuestra inteligencia comienza a vislumbrar los rayos de luz de la Verdad, de Dios.
“El motivo de creer no radica en el hecho de que las verdades reveladas aparezcan como verdaderas e inteligibles a la luz de nuestra razón natural. Creemos a causa de la autoridad de Dios mismo que revela y que no puede engañarse ni engañarnos” (Catecismo, 156).
A través de los actos de fe, en los que manifestamos el deseo de dejarnos inundar más y más por esa luz de Dios, la virtud de la fe se convierte en un hábito de nuestro pensar que amplía paulatinamente los límites de nuestra razón –sin confundir los planos- y nos ayuda a penetrar en la realidad de Dios que Cristo nos ofrece en su propia vida: revelación del Padre, de la vida intratrinitaria de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.
“Un solo Dios en tres Personas distintas”; es la primera gran afirmación de nuestra fe.
“Dios es significa además: todos nosotros somos sus criaturas. Somos criaturas queridas por Él y destinadas a la eternidad. El hombre proviene del amor creador de Dios” (Ratzinger, El Dios de Jesucristo).
“Para el cristiano, nos recuerda el Catecismo, creer en Dios es inseparable de creer en Áquel que Él ha enviado, su Hijo amado, en quien ha puesto toda su complacencia (Mc 1, 11)”. Dios nos ha dicho que le escuchemos. El Señor mismo dice a sus discípulos: ‘Creed en Dios, creed también en mí’ (Jn 14, 1). Podemos creer en Jesucristo porque es Dios, el Verbo hecho carne (cf. n. 151).
“No se puede creer en Jesucristo sin tener parte en su Espíritu. Es el Espíritu Santo quien revela a los hombres quién es Jesús. Porque “nadie puede decir: “Jesús es Señor” sino bajo la acción del Espíritu Santo”. Nosotros creemos en el Espíritu Santo porque es Dios” (cf. n. 152).
La revelación de Dios, Uno y Trino, se ha ido desvelando a través de los tiempos. Dios envió a los profetas para que anunciaran su Nombre al pueblo de Israel. “Yo soy el que soy”, dijo Dios a Moisés en el Sinaí.
“La revelación del Nombre inefable “Yo soy el que soy” contiene la verdad que sólo Dios ES. Dios es la plenitud del Ser y de toda perfección, sin origen y sin fin. Mientras todas las criaturas han recibido de Él todo su ser y su poseer. Él sólo es su ser mismo y es por sí mismo todo lo que es” (Catecismo, cf. n. 213).
Con Jesucristo y en Jesucristo, Dios desveló al hombre sus más hondos misterios; y de manera muy particular, nos hizo comprender –en la medida en que los seres humanos podemos llegar a comprenderlo- la realidad de que “Dios es Amor”.
“Dios es amor” (Jn 4, 8. 16); el ser mismo de Dios es Amor. Al enviar en la plenitud de los tiempos a su Hijo único y al Espíritu de Amor, Dios revela su secreto más íntimo; Él mismo es una eterna comunicación de amor: Padre, Hijo y Espíritu Santo, y nos ha destinado a participar en Él” (Catecismo, cf. n. 221).
* * * * * *
Cuestionario
Al hacer la señal de la cruz, ¿renuevo mi fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo?
¿Soy consciente, al comenzar la Santa Misa, que se va a celebrar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo?
¿Nos damos cuenta de que el Amor de Dios Padre nos crea; el Amor de Dios Hijo nos redime; el Amor de Dios Espíritu Santo nos santifica?
La fe ilumina la inteligencia abriéndola a la luz de la verdad revelada, y haciéndola capaz de vislumbrar los misterios de la vida de Dios. Con la gracia recibida en el Bautismo como don gratuito de Dios, nuestra inteligencia comienza a vislumbrar los rayos de luz de la Verdad, de Dios.
“El motivo de creer no radica en el hecho de que las verdades reveladas aparezcan como verdaderas e inteligibles a la luz de nuestra razón natural. Creemos a causa de la autoridad de Dios mismo que revela y que no puede engañarse ni engañarnos” (Catecismo, 156).
A través de los actos de fe, en los que manifestamos el deseo de dejarnos inundar más y más por esa luz de Dios, la virtud de la fe se convierte en un hábito de nuestro pensar que amplía paulatinamente los límites de nuestra razón –sin confundir los planos- y nos ayuda a penetrar en la realidad de Dios que Cristo nos ofrece en su propia vida: revelación del Padre, de la vida intratrinitaria de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.
“Un solo Dios en tres Personas distintas”; es la primera gran afirmación de nuestra fe.
“Dios es significa además: todos nosotros somos sus criaturas. Somos criaturas queridas por Él y destinadas a la eternidad. El hombre proviene del amor creador de Dios” (Ratzinger, El Dios de Jesucristo).
“Para el cristiano, nos recuerda el Catecismo, creer en Dios es inseparable de creer en Áquel que Él ha enviado, su Hijo amado, en quien ha puesto toda su complacencia (Mc 1, 11)”. Dios nos ha dicho que le escuchemos. El Señor mismo dice a sus discípulos: ‘Creed en Dios, creed también en mí’ (Jn 14, 1). Podemos creer en Jesucristo porque es Dios, el Verbo hecho carne (cf. n. 151).
“No se puede creer en Jesucristo sin tener parte en su Espíritu. Es el Espíritu Santo quien revela a los hombres quién es Jesús. Porque “nadie puede decir: “Jesús es Señor” sino bajo la acción del Espíritu Santo”. Nosotros creemos en el Espíritu Santo porque es Dios” (cf. n. 152).
La revelación de Dios, Uno y Trino, se ha ido desvelando a través de los tiempos. Dios envió a los profetas para que anunciaran su Nombre al pueblo de Israel. “Yo soy el que soy”, dijo Dios a Moisés en el Sinaí.
“La revelación del Nombre inefable “Yo soy el que soy” contiene la verdad que sólo Dios ES. Dios es la plenitud del Ser y de toda perfección, sin origen y sin fin. Mientras todas las criaturas han recibido de Él todo su ser y su poseer. Él sólo es su ser mismo y es por sí mismo todo lo que es” (Catecismo, cf. n. 213).
Con Jesucristo y en Jesucristo, Dios desveló al hombre sus más hondos misterios; y de manera muy particular, nos hizo comprender –en la medida en que los seres humanos podemos llegar a comprenderlo- la realidad de que “Dios es Amor”.
“Dios es amor” (Jn 4, 8. 16); el ser mismo de Dios es Amor. Al enviar en la plenitud de los tiempos a su Hijo único y al Espíritu de Amor, Dios revela su secreto más íntimo; Él mismo es una eterna comunicación de amor: Padre, Hijo y Espíritu Santo, y nos ha destinado a participar en Él” (Catecismo, cf. n. 221).
* * * * * *
Cuestionario
Al hacer la señal de la cruz, ¿renuevo mi fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo?
¿Soy consciente, al comenzar la Santa Misa, que se va a celebrar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo?
¿Nos damos cuenta de que el Amor de Dios Padre nos crea; el Amor de Dios Hijo nos redime; el Amor de Dios Espíritu Santo nos santifica?
lunes, 29 de octubre de 2012
AÑO INTERNACIONAL DE LA FE, El compendio de la nueva evangelización
Pretendamos vivir intensamente éste tiempo, en el que S.S. Benedicto XVI en unión con todos los Pastores de la Iglesia nos llama a profundizar sobre nuestra Fe; Europa y nuestra querido País, estado componente de la misma, viven unos tiempos desérticos en los que la oración y prácticas religiosas han quedado obsoletas, nos mueve más la crisis económica que detenernos a considerar la crisis de valores; tierras cristianas, evangelizadoras de otros continentes ahora muestran carencia Fe en nuestro Padre, Creador, Redentor nuestro cuyo Espíritu continua asistiéndonos en nuestras Obras.
Estamos en el momento clave del inicio del Año; avancemos en el estudio y divulgación de cuánto nos resulte interesante pues el tesoro encontrado no debemos retenerlo de manera personal.
En la familia; nuestro grupo de amigos; los hermanos de nuestras Asociaciones Religiosas podemos y debemos participar en el discernimiento y divulgación de todo cuánto nos conduzca a las metas fijadas de conocer, amar y servir más a nuestro Padre y Señor.
Un amigo Diácono me/nos facilitará material suficiente a tal fin que se irá insertando en éste recuadro; comienzo por el primer fascículo:
1.-El compendio en la nueva evangelización
Compendio, números 33 a 35 y 79 a 80
I. Punto de Partida.-
Nuestras preguntas
Es preciso comprender que la fe es de actualidad permanente y de gran racionalidad.
¿Es la fe compatible con la razón? ¿Tiene algo que decir a la vida de las personas? El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica es una nueva guía para la transmisión de la fe, que nos ayuda a conocer y a vivir mejor la fe que nos une.
La Palabra de Dios
«Jesús se acercó a ellos y les habló así: Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id pues y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».
Mt 28,18-20
El testimonio de la Iglesia
«Lo que en el gran Catecismo se presenta de manera detallada, en el Compendio se
encuentra recapitulado en sus contenidos esenciales, que luego se han de traducir al
lenguaje diario y se han de concretar siempre de nuevo. No se puede leer este libro como se lee una novela. Hace falta meditarlo con calma en cada una de sus partes, dejando que su contenido, mediante las imágenes, penetre en el alma.»
Benedicto XVI
II. Exposición de la fe
1. Una nueva evangelización y un nuevo Catecismo.-
Evangelizar significa anunciar la «Buena Noticia» de Jesucristo, que es una buena nueva para todos los hombres.
Leer nn. 79 y 80
79. ¿Cuál es la Buena Noticia para el hombre?
422-424
La Buena Noticia es el anuncio de Jesucristo, «el Hijo de Dios vivo» (Mt 16, 16), muerto y resucitado. En tiempos del rey Herodes y del emperador César Augusto, Dios cumplió las promesas hechas a Abraham y a su descendencia, enviando «a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la Ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva» (Ga 4, 4-5).
80. ¿Cómo se difunde esta Buena Noticia?
425-429
Desde el primer momento, los discípulos desearon ardientemente anunciar a Cristo, a fin de llevar a todos los hombres a la fe en Él. También hoy, el deseo de evangelizar y catequizar, es decir, de revelar en la persona de Cristo todo el designio de Dios, y de poner a la humanidad en comunión con Jesús, nace de este conocimiento amoroso de Cristo.
Para dar a conocer la fe cristiana a los que deseaban bautizarse o a los que querían profundizar, la Iglesia siempre ha utilizado los símbolos de la fe, compuestos ya desde los primeros siglos. El más importante es el Credo, que proclamaron los primeros Concilios
(Éfeso en el año 431, Nicea en el año 325 y Constantinopla, en el año 381). Hay otro más antiguo y muy importante que llamamos Símbolo de los Apóstoles. (Ver el Credo y el Símbolo de los Apóstoles, antes del n. 33.)
Leer nn. 33 a 35
33. ¿Qué son los símbolos de la fe?
185-188
199.197
Los símbolos de la fe, también llamados «profesiones de fe» o «Credos», son fórmulas articuladas con las que la Iglesia, desde sus orígenes, ha expresado sintéticamente la propia fe, y la ha transmitido con un lenguaje común y normativo para todos los fieles.
34. ¿Cuáles son los símbolos de la fe más antiguos?
189-191
Los símbolos de la fe más antiguos son los bautismales. Puesto que el Bautismo se administra «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19), las verdades de fe allí profesadas son articuladas según su referencia a las tres Personas de la Santísima Trinidad.
35. ¿Cuáles son los símbolos de la fe más importantes?
193-195
Los símbolos de la fe más importantes son: el Símbolo de los Apóstoles, que es el antiguo símbolo bautismal de la Iglesia de Roma, y el Símbolo niceno-constantinopolitano, que es fruto de los dos primeros Concilios Ecuménicos de Nicea (325) y de Constantinopla (381), y que sigue siendo aún hoy el símbolo común a todas las grandes Iglesias de Oriente y Occidente.
El papa Juan Pablo II propuso una nueva evangelización para el comienzo del tercer
milenio.
En síntesis, nueva evangelización quiere decir:
• Una renovación y revitalización de la vida cristiana de los creyentes;
• un nuevo anuncio a quienes se han alejado;
• y un primer anuncio a quienes no conocen el Evangelio.
Como instrumento para la nueva evangelización, se preparó el Catecismo de la Iglesia
Católica. Fue promulgado por Juan Pablo II en 1992. De ese Catecismo, se hizo un
Compendio, promulgado por Benedicto XVI en 2005.
Leer los nn. 1 y 2 de la «Introducción» del Compendio
1. ¿Cuál es el designio de Dios para el hombre?
1-25
Dios, infinitamente perfecto y bienaventurado en sí mismo, en un designio de pura bondad ha creado libremente al hombre para hacerle partícipe de su vida bienaventurada. En la plenitud de los tiempos, Dios Padre envió a su Hijo como Redentor y Salvador de los hombres caídos en el pecado, convocándolos en su Iglesia, y haciéndolos hijos suyos de adopción por obra del Espíritu Santo y herederos de su eterna bienaventuranza.
30
«Tú eres grande, Señor, y muy digno de alabanza (…). Nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto mientras no descansa en ti» (San Agustín).
2. ¿Por qué late en el hombre el deseo de Dios?
27-30
44-45
Dios mismo, al crear al hombre a su propia imagen, inscribió en el corazón de éste el deseo de verlo. Aunque el hombre a menudo ignore tal deseo, Dios no cesa de atraerlo hacia sí, para que viva y encuentre en Él aquella plenitud de verdad y felicidad a la que aspira sin descanso. En consecuencia, el hombre, por naturaleza y vocación, es un ser esencialmente religioso, capaz de entrar en comunión con Dios. Esta íntima y vital relación con Dios otorga al hombre su dignidad fundamental.
2. Cuatro partes del Catecismo y cuatro dimensiones de la vida
cristiana.-
El Catecismo de la Iglesia Católica y también el Compendio tienen cuatro partes, porque la vida cristiana tiene cuatro dimensiones profundamente unidas:
• La profesión de la fe en:
Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
• La celebración del misterio de Cristo, que nos llena de esperanza.
• La forma de vida, presidida por la caridad.
• La oración, que impregna y sostiene toda la vida del cristiano.
Si estudiamos detenidamente el «índice» del Compendio vemos claramente definidas sus
cuatro partes:
I. La profesión de la fe. Profesar quiere decir declarar y adherirse con la vida a aquello que se cree. Nuestra fe, contenida en el Credo, es expuesta íntegramente en esta parte.
II. La celebración del Misterio cristiano. Un gran misterio, un acontecimiento magnífico y lleno de significado y de fuerza cambió la historia de la humanidad: la muerte y la resurrección de Cristo. Los cristianos lo recordamos y celebramos cada día.
III. La vida en Cristo. La manera de vivir cristiana es vivir como Cristo, amando a Dios Padre y a todos los hombres.
IV. La oración cristiana.
La oración tiene gran importancia y llena de sentido la vida de los creyentes. La oración cristiana más importante es el Padrenuestro, Jesús mismo nos la enseñó como forma de rezar al Padre.
3. Lo que pretende esta propuesta formativa
Sirviéndonos del Compendio, vamos a tratar de revitalizar y renovar cada uno de estos aspectos de nuestra vida cristiana:
• El conocimiento de la fe.
• La comprensión y la mejor participación en las celebraciones litúrgicas.
• Nuestra manera de vivir, que nos lleve a la conversión y sea verdaderamente
cristiana.
• La oración y el trato con Dios.
III. Propuestas para conocer y vivir
Reflexión y diálogo:
• ¿Qué es la nueva evangelización?
• ¿Qué es el Compendio y para qué sirve?
• ¿Cuáles son las cuatro partes del Catecismo?
• ¿Qué es la profesión de fe?
• ¿Qué es la celebración del misterio cristiano?
• ¿Qué es la vida en Cristo?
• ¿Qué es orar?
Recordar:
• Las cuatro partes del Catecismo y las cuatro dimensiones de la vida cristiana.
Conocer más:
• Leer los números del 3 al 6 de la «Introducción» y el Motu proprio del papa Benedicto XVI, que están al inicio del Compendio.
3. Tres son las características principales del Compendio: la estrecha dependencia del Catecismo de la Iglesia Católica, el estilo dialogal y el uso de imágenes en la catequesis.
Ante todo, el Compendio no es una obra autónoma ni pretende de ningún modo sustituir al Catecismo de la Iglesia Católica: más bien remite a él constantemente, tanto con la puntual indicación de los números de referencia como con el continuo llamamiento a su estructura, desarrollo y contenidos. El Compendio, además, pretende despertar un renovado interés y aprecio por el Catecismo, que, con su sabiduría expositiva y unción espiritual, continua siendo el texto de base de la catequesis eclesial de hoy.
Como el Catecismo, también el Compendio se articula en cuatro partes,correspondientes a las leyes fundamentales de la vida en Cristo.
La primera parte, titulada «La profesión de la fe», contiene una oportuna síntesis de la lexcredendi, es decir, de la fe profesada por la Iglesia Católica, tomada del Símbolo Apostólico,ulteriormente explicitado y detallado por el Símbolo Niceno-Constantinopolitano, cuya constante proclamación en la asamblea cristiana mantiene viva la memoria de las principales verdades de la fe.
La segunda parte, titulada «La celebración del misterio cristiano», presenta los elementos esenciales de la lex celebrandi. El anuncio del Evangelio encuentra, efectivamente, su respuesta privilegiada en la vida sacramental. En ella los fieles experimentan y dan testimonio en cada momento de su existencia, de la eficacia salvífica del misterio pascual, por medio del cual Cristo ha consumado la obra de nuestra redención.
La tercera parte, titulada «La vida en Cristo», presenta la lex vivendi, es decir, el compromiso que tienen los bautizados de manifestar en sus comportamientos y en sus decisiones éticas la fidelidad a la fe profesada y celebrada. Los fieles, en efecto, están llamados por el Señor Jesús a realizar las obras que se corresponden con su dignidad de hijos del Padre en la caridad del Espíritu Santo.
La cuarta parte, titulada «La oración cristiana», ofrece una síntesis de la lex orandi, es decir, de la vida de oración. A ejemplo de Jesús, modelo perfecto de orante, también el cristiano está llamado al diálogo con Dios en la oración, de la que es expresión privilegiada el Padre Nuestro, la oración que nos enseñó el mismo Jesús.
4. Una segunda característica del Compendio es su forma dialogal, que recupera un antiguo género catequético basado en preguntas y respuestas. Se trata de volver a proponer un diálogo ideal entre el maestro y el discípulo, mediante una apremiante secuencia de preguntas, que implican al lector, invitándole a proseguir en el descubrimiento de aspectos siempre nuevos de la verdad de su fe. Este género ayuda también a abreviar notablemente el texto, reduciéndolo a lo esencial, y favoreciendo de este modo la asimilación y eventual memorización de los contenidos.
5. Una tercera característica es la presencia de algunas imágenes, que acompañan a la
articulación del Compendio. Provienen del riquísimo patrimonio de la iconografía cristiana. De la secular tradición conciliar aprendemos que también la imagen es predicación evangélica. Los artistas de todos los tiempos han ofrecido, para contemplación y asombro de los fieles, los hechos más sobresalientes del misterio de la salvación, presentándolo en el esplendor del color y la perfección de la belleza.
Es éste un indicio de cómo hoy más que nunca, en la civilización de la imagen, la imagen sagrada puede expresar mucho más que la misma palabra, dada la gran eficacia de su dinamismo de comunicación y de transmisión del mensaje evangélico.
6. Cuarenta años después de la conclusión del Concilio Vaticano II y en el año de la Eucaristía, el Compendio puede constituir un ulterior instrumento para satisfacer tanto el hambre de verdad de los fieles de toda edad y condición, como la necesidad de todos aquellos que, sin serlo, tienen sed de verdad y de justicia. Su publicación tendrá lugar en la Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, columnas de la Iglesia universal y evangelizadores ejemplares en el mundo antiguo.
Estos apóstoles vieron lo que predicaron, y dieron testimonio de la verdad de Cristo hasta el martirio. Imitémosle en su impulso misionero, y roguemos al Señor para que la Iglesia siga siempre las enseñanzas de los Apóstoles, de quienes ha recibido el primer anuncio gozoso de la fe.
Llevar a la vida:
• Leer todos los días uno o dos números del Compendio o del Catecismo.
Para orar:
«Dios todopoderoso y eterno: concede a tu pueblo que la meditación de tu doctrina le
enseñe a cumplir siempre, de palabra y de obra, lo que a ti te complace. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén».
Misal Romano, oración colecta del VII domingo del tiempo ordinario.
Terminar con la Señal de la Cruz.
Estamos en el momento clave del inicio del Año; avancemos en el estudio y divulgación de cuánto nos resulte interesante pues el tesoro encontrado no debemos retenerlo de manera personal.
En la familia; nuestro grupo de amigos; los hermanos de nuestras Asociaciones Religiosas podemos y debemos participar en el discernimiento y divulgación de todo cuánto nos conduzca a las metas fijadas de conocer, amar y servir más a nuestro Padre y Señor.
Un amigo Diácono me/nos facilitará material suficiente a tal fin que se irá insertando en éste recuadro; comienzo por el primer fascículo:
1.-El compendio en la nueva evangelización
Compendio, números 33 a 35 y 79 a 80
I. Punto de Partida.-
Nuestras preguntas
Es preciso comprender que la fe es de actualidad permanente y de gran racionalidad.
¿Es la fe compatible con la razón? ¿Tiene algo que decir a la vida de las personas? El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica es una nueva guía para la transmisión de la fe, que nos ayuda a conocer y a vivir mejor la fe que nos une.
La Palabra de Dios
«Jesús se acercó a ellos y les habló así: Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id pues y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».
Mt 28,18-20
El testimonio de la Iglesia
«Lo que en el gran Catecismo se presenta de manera detallada, en el Compendio se
encuentra recapitulado en sus contenidos esenciales, que luego se han de traducir al
lenguaje diario y se han de concretar siempre de nuevo. No se puede leer este libro como se lee una novela. Hace falta meditarlo con calma en cada una de sus partes, dejando que su contenido, mediante las imágenes, penetre en el alma.»
Benedicto XVI
II. Exposición de la fe
1. Una nueva evangelización y un nuevo Catecismo.-
Evangelizar significa anunciar la «Buena Noticia» de Jesucristo, que es una buena nueva para todos los hombres.
Leer nn. 79 y 80
79. ¿Cuál es la Buena Noticia para el hombre?
422-424
La Buena Noticia es el anuncio de Jesucristo, «el Hijo de Dios vivo» (Mt 16, 16), muerto y resucitado. En tiempos del rey Herodes y del emperador César Augusto, Dios cumplió las promesas hechas a Abraham y a su descendencia, enviando «a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la Ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva» (Ga 4, 4-5).
80. ¿Cómo se difunde esta Buena Noticia?
425-429
Desde el primer momento, los discípulos desearon ardientemente anunciar a Cristo, a fin de llevar a todos los hombres a la fe en Él. También hoy, el deseo de evangelizar y catequizar, es decir, de revelar en la persona de Cristo todo el designio de Dios, y de poner a la humanidad en comunión con Jesús, nace de este conocimiento amoroso de Cristo.
Para dar a conocer la fe cristiana a los que deseaban bautizarse o a los que querían profundizar, la Iglesia siempre ha utilizado los símbolos de la fe, compuestos ya desde los primeros siglos. El más importante es el Credo, que proclamaron los primeros Concilios
(Éfeso en el año 431, Nicea en el año 325 y Constantinopla, en el año 381). Hay otro más antiguo y muy importante que llamamos Símbolo de los Apóstoles. (Ver el Credo y el Símbolo de los Apóstoles, antes del n. 33.)
Leer nn. 33 a 35
33. ¿Qué son los símbolos de la fe?
185-188
199.197
Los símbolos de la fe, también llamados «profesiones de fe» o «Credos», son fórmulas articuladas con las que la Iglesia, desde sus orígenes, ha expresado sintéticamente la propia fe, y la ha transmitido con un lenguaje común y normativo para todos los fieles.
34. ¿Cuáles son los símbolos de la fe más antiguos?
189-191
Los símbolos de la fe más antiguos son los bautismales. Puesto que el Bautismo se administra «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19), las verdades de fe allí profesadas son articuladas según su referencia a las tres Personas de la Santísima Trinidad.
35. ¿Cuáles son los símbolos de la fe más importantes?
193-195
Los símbolos de la fe más importantes son: el Símbolo de los Apóstoles, que es el antiguo símbolo bautismal de la Iglesia de Roma, y el Símbolo niceno-constantinopolitano, que es fruto de los dos primeros Concilios Ecuménicos de Nicea (325) y de Constantinopla (381), y que sigue siendo aún hoy el símbolo común a todas las grandes Iglesias de Oriente y Occidente.
El papa Juan Pablo II propuso una nueva evangelización para el comienzo del tercer
milenio.
En síntesis, nueva evangelización quiere decir:
• Una renovación y revitalización de la vida cristiana de los creyentes;
• un nuevo anuncio a quienes se han alejado;
• y un primer anuncio a quienes no conocen el Evangelio.
Como instrumento para la nueva evangelización, se preparó el Catecismo de la Iglesia
Católica. Fue promulgado por Juan Pablo II en 1992. De ese Catecismo, se hizo un
Compendio, promulgado por Benedicto XVI en 2005.
Leer los nn. 1 y 2 de la «Introducción» del Compendio
1. ¿Cuál es el designio de Dios para el hombre?
1-25
Dios, infinitamente perfecto y bienaventurado en sí mismo, en un designio de pura bondad ha creado libremente al hombre para hacerle partícipe de su vida bienaventurada. En la plenitud de los tiempos, Dios Padre envió a su Hijo como Redentor y Salvador de los hombres caídos en el pecado, convocándolos en su Iglesia, y haciéndolos hijos suyos de adopción por obra del Espíritu Santo y herederos de su eterna bienaventuranza.
30
«Tú eres grande, Señor, y muy digno de alabanza (…). Nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto mientras no descansa en ti» (San Agustín).
2. ¿Por qué late en el hombre el deseo de Dios?
27-30
44-45
Dios mismo, al crear al hombre a su propia imagen, inscribió en el corazón de éste el deseo de verlo. Aunque el hombre a menudo ignore tal deseo, Dios no cesa de atraerlo hacia sí, para que viva y encuentre en Él aquella plenitud de verdad y felicidad a la que aspira sin descanso. En consecuencia, el hombre, por naturaleza y vocación, es un ser esencialmente religioso, capaz de entrar en comunión con Dios. Esta íntima y vital relación con Dios otorga al hombre su dignidad fundamental.
2. Cuatro partes del Catecismo y cuatro dimensiones de la vida
cristiana.-
El Catecismo de la Iglesia Católica y también el Compendio tienen cuatro partes, porque la vida cristiana tiene cuatro dimensiones profundamente unidas:
• La profesión de la fe en:
Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
• La celebración del misterio de Cristo, que nos llena de esperanza.
• La forma de vida, presidida por la caridad.
• La oración, que impregna y sostiene toda la vida del cristiano.
Si estudiamos detenidamente el «índice» del Compendio vemos claramente definidas sus
cuatro partes:
I. La profesión de la fe. Profesar quiere decir declarar y adherirse con la vida a aquello que se cree. Nuestra fe, contenida en el Credo, es expuesta íntegramente en esta parte.
II. La celebración del Misterio cristiano. Un gran misterio, un acontecimiento magnífico y lleno de significado y de fuerza cambió la historia de la humanidad: la muerte y la resurrección de Cristo. Los cristianos lo recordamos y celebramos cada día.
III. La vida en Cristo. La manera de vivir cristiana es vivir como Cristo, amando a Dios Padre y a todos los hombres.
IV. La oración cristiana.
La oración tiene gran importancia y llena de sentido la vida de los creyentes. La oración cristiana más importante es el Padrenuestro, Jesús mismo nos la enseñó como forma de rezar al Padre.
3. Lo que pretende esta propuesta formativa
Sirviéndonos del Compendio, vamos a tratar de revitalizar y renovar cada uno de estos aspectos de nuestra vida cristiana:
• El conocimiento de la fe.
• La comprensión y la mejor participación en las celebraciones litúrgicas.
• Nuestra manera de vivir, que nos lleve a la conversión y sea verdaderamente
cristiana.
• La oración y el trato con Dios.
III. Propuestas para conocer y vivir
Reflexión y diálogo:
• ¿Qué es la nueva evangelización?
• ¿Qué es el Compendio y para qué sirve?
• ¿Cuáles son las cuatro partes del Catecismo?
• ¿Qué es la profesión de fe?
• ¿Qué es la celebración del misterio cristiano?
• ¿Qué es la vida en Cristo?
• ¿Qué es orar?
Recordar:
• Las cuatro partes del Catecismo y las cuatro dimensiones de la vida cristiana.
Conocer más:
• Leer los números del 3 al 6 de la «Introducción» y el Motu proprio del papa Benedicto XVI, que están al inicio del Compendio.
3. Tres son las características principales del Compendio: la estrecha dependencia del Catecismo de la Iglesia Católica, el estilo dialogal y el uso de imágenes en la catequesis.
Ante todo, el Compendio no es una obra autónoma ni pretende de ningún modo sustituir al Catecismo de la Iglesia Católica: más bien remite a él constantemente, tanto con la puntual indicación de los números de referencia como con el continuo llamamiento a su estructura, desarrollo y contenidos. El Compendio, además, pretende despertar un renovado interés y aprecio por el Catecismo, que, con su sabiduría expositiva y unción espiritual, continua siendo el texto de base de la catequesis eclesial de hoy.
Como el Catecismo, también el Compendio se articula en cuatro partes,correspondientes a las leyes fundamentales de la vida en Cristo.
La primera parte, titulada «La profesión de la fe», contiene una oportuna síntesis de la lexcredendi, es decir, de la fe profesada por la Iglesia Católica, tomada del Símbolo Apostólico,ulteriormente explicitado y detallado por el Símbolo Niceno-Constantinopolitano, cuya constante proclamación en la asamblea cristiana mantiene viva la memoria de las principales verdades de la fe.
La segunda parte, titulada «La celebración del misterio cristiano», presenta los elementos esenciales de la lex celebrandi. El anuncio del Evangelio encuentra, efectivamente, su respuesta privilegiada en la vida sacramental. En ella los fieles experimentan y dan testimonio en cada momento de su existencia, de la eficacia salvífica del misterio pascual, por medio del cual Cristo ha consumado la obra de nuestra redención.
La tercera parte, titulada «La vida en Cristo», presenta la lex vivendi, es decir, el compromiso que tienen los bautizados de manifestar en sus comportamientos y en sus decisiones éticas la fidelidad a la fe profesada y celebrada. Los fieles, en efecto, están llamados por el Señor Jesús a realizar las obras que se corresponden con su dignidad de hijos del Padre en la caridad del Espíritu Santo.
La cuarta parte, titulada «La oración cristiana», ofrece una síntesis de la lex orandi, es decir, de la vida de oración. A ejemplo de Jesús, modelo perfecto de orante, también el cristiano está llamado al diálogo con Dios en la oración, de la que es expresión privilegiada el Padre Nuestro, la oración que nos enseñó el mismo Jesús.
4. Una segunda característica del Compendio es su forma dialogal, que recupera un antiguo género catequético basado en preguntas y respuestas. Se trata de volver a proponer un diálogo ideal entre el maestro y el discípulo, mediante una apremiante secuencia de preguntas, que implican al lector, invitándole a proseguir en el descubrimiento de aspectos siempre nuevos de la verdad de su fe. Este género ayuda también a abreviar notablemente el texto, reduciéndolo a lo esencial, y favoreciendo de este modo la asimilación y eventual memorización de los contenidos.
5. Una tercera característica es la presencia de algunas imágenes, que acompañan a la
articulación del Compendio. Provienen del riquísimo patrimonio de la iconografía cristiana. De la secular tradición conciliar aprendemos que también la imagen es predicación evangélica. Los artistas de todos los tiempos han ofrecido, para contemplación y asombro de los fieles, los hechos más sobresalientes del misterio de la salvación, presentándolo en el esplendor del color y la perfección de la belleza.
Es éste un indicio de cómo hoy más que nunca, en la civilización de la imagen, la imagen sagrada puede expresar mucho más que la misma palabra, dada la gran eficacia de su dinamismo de comunicación y de transmisión del mensaje evangélico.
6. Cuarenta años después de la conclusión del Concilio Vaticano II y en el año de la Eucaristía, el Compendio puede constituir un ulterior instrumento para satisfacer tanto el hambre de verdad de los fieles de toda edad y condición, como la necesidad de todos aquellos que, sin serlo, tienen sed de verdad y de justicia. Su publicación tendrá lugar en la Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, columnas de la Iglesia universal y evangelizadores ejemplares en el mundo antiguo.
Estos apóstoles vieron lo que predicaron, y dieron testimonio de la verdad de Cristo hasta el martirio. Imitémosle en su impulso misionero, y roguemos al Señor para que la Iglesia siga siempre las enseñanzas de los Apóstoles, de quienes ha recibido el primer anuncio gozoso de la fe.
Llevar a la vida:
• Leer todos los días uno o dos números del Compendio o del Catecismo.
Para orar:
«Dios todopoderoso y eterno: concede a tu pueblo que la meditación de tu doctrina le
enseñe a cumplir siempre, de palabra y de obra, lo que a ti te complace. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén».
Misal Romano, oración colecta del VII domingo del tiempo ordinario.
Terminar con la Señal de la Cruz.
miércoles, 24 de octubre de 2012
EL ABUELO
Paseaba camino de la Catedral de Jaén el pasado fin de semana para hacer una visita al Señor Sacramentado y de camino orar junto a la bendita Imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, “ El Abuelo” como allí se le conoce, cuando al observar un Templo se me informa que allí recibía culto precisamente El que quería visitar.
Posteriormente me informa el Capellán que, precisamente es también el Consiliario de la Adoración Nocturna que en aquel lugar ha vuelto a residir tras distintas vicisitudes por las que ha pasado el Templo, desamortizado por Mendizabal; transformado en viviendas humildes más adelante hasta llegar a convertirse de nuevo en Iglesia; en distintos períodos estuvo “ El Abuelo “ en la Parroquia del Sagrario.
Era viernes y lo que me llenó de alegría fue contemplar el fervor de los fieles que llenaban el Templo; su Fe en Quien han llegado a conocer gracias a sus antepasados a través de diversos medios pero en infinidad de casos habrá estado presente Nuestro Padre Jesús Nazareno en la fotografía enmarcada, en la túnica del familiar, en el recuerdo de los más mayores.
¡ Que parte tan importante tienen estas Imágenes bendecidas por la Iglesia para llevarnos a Bendecir al Señor en la Eucaristía ¡
Viernes, día de Vía Crucis, de la íntima y particular oración contemplando los misterios dolorosos de su Bendita Pasión para redimirnos; en los que se acostumbra a visitarlos en sus Templos como ocurre también en otros lugares: Gran Poder de Sevilla, Medinaceli en Madrid y tantos en los distintos lugares de nuestra Patria llegando hasta el Nazareno de mi amigo Ricardo allá por Villanueva de la Serena.
El Abuelo, mi abuelo, que grande fue para mí; he llegado a considerar el amor que dimanaba de su persona; en él me apoyaba y confiaba incluso llegaba a pensar no podría faltarme nunca, el era mi consuelo, mi escudo, mi amor y pienso que es el primer catón por el que el Señor me mostró su Amor utilizando a mi abuelo; ahora cuándo estoy con ellos, mis nietos, lo llego a pensar.
Posteriormente me informa el Capellán que, precisamente es también el Consiliario de la Adoración Nocturna que en aquel lugar ha vuelto a residir tras distintas vicisitudes por las que ha pasado el Templo, desamortizado por Mendizabal; transformado en viviendas humildes más adelante hasta llegar a convertirse de nuevo en Iglesia; en distintos períodos estuvo “ El Abuelo “ en la Parroquia del Sagrario.
Era viernes y lo que me llenó de alegría fue contemplar el fervor de los fieles que llenaban el Templo; su Fe en Quien han llegado a conocer gracias a sus antepasados a través de diversos medios pero en infinidad de casos habrá estado presente Nuestro Padre Jesús Nazareno en la fotografía enmarcada, en la túnica del familiar, en el recuerdo de los más mayores.
¡ Que parte tan importante tienen estas Imágenes bendecidas por la Iglesia para llevarnos a Bendecir al Señor en la Eucaristía ¡
Viernes, día de Vía Crucis, de la íntima y particular oración contemplando los misterios dolorosos de su Bendita Pasión para redimirnos; en los que se acostumbra a visitarlos en sus Templos como ocurre también en otros lugares: Gran Poder de Sevilla, Medinaceli en Madrid y tantos en los distintos lugares de nuestra Patria llegando hasta el Nazareno de mi amigo Ricardo allá por Villanueva de la Serena.
El Abuelo, mi abuelo, que grande fue para mí; he llegado a considerar el amor que dimanaba de su persona; en él me apoyaba y confiaba incluso llegaba a pensar no podría faltarme nunca, el era mi consuelo, mi escudo, mi amor y pienso que es el primer catón por el que el Señor me mostró su Amor utilizando a mi abuelo; ahora cuándo estoy con ellos, mis nietos, lo llego a pensar.
CREDO DEL PUEBLO DE DIOS
Continuo reflexionando sobre el Credo del Pueblo de Dios en el que, considero, el Papa Pablo VI se extiende en relación con las fórmulas que nosotros venimos recitando de siempre, entre otros momentos en la participación de la Eucaristía.
En el apéndice observaremos las múltiples referencias a documentos del Concilio Vaticano II en las que se ha apoyado S.S. Pablo VI.
.../..
Cristología
11. Creemos en nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios. El es el Verbo eterno, nacido del Padre antes de todos los siglos y consustancial al Padre, u homoousios to Patri; por quien han sido hechas todas las cosas. Y se encarnó por obra del Espíritu Santo, de María la Virgen, y se hizo hombre: igual, por tanto, al Padre según la divinidad, menor que el Padre según la humanidad[6], completamente uno, no por confusión (que no puede hacerse) de la sustancia, sino por unidad de la persona [7].
12. El mismo habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad. Anunció y fundó el reino de Dios, manifestándonos en sí mismo al Padre. Nos dio su mandamiento nuevo de que nos amáramos los unos a los otros como él nos amó. Nos enseñó el camino de las bienaventuranzas evangélicas, a saber: ser pobres en espíritu y mansos, tolerar los dolores con paciencia, tener sed de justicia, ser misericordiosos, limpios de corazón, pacíficos, padecer persecución por la justicia. Padeció bajo Poncio Pilato; Cordero de Dios, que lleva los pecados del mundo, murió por nosotros clavado a la cruz, trayéndonos la salvación con la sangre de la redención. Fue sepultado, y resucitó por su propio poder al tercer día, elevándonos por su resurrección a la participación de la vida divina, que es la gracia. Subió al cielo, de donde ha de venir de nuevo, entonces con gloria, para juzgar a los vivos y a los muertos, a cada uno según los propios méritos: los que hayan respondido al amor y a la piedad de Dios irán a la vida eterna, pero los que los hayan rechazado hasta el final serán destinados al fuego que nunca cesará.
Y su reino no tendrá fin.
El Espíritu Santo
13. Creemos en el Espíritu Santo, Señor y vivificador que, con el Padre y el Hijo, es juntamente adorado y glorificado. Que habló por los profetas; nos fue enviado por Cristo después de su resurrección y ascensión al Padre; ilumina, vivifica, protege y rige la Iglesia, cuyos miembros purifica con tal que no desechen la gracia. Su acción, que penetra lo íntimo del alma, hace apto al hombre de responder a aquel precepto de Cristo: Sed perfectos como también es perfecto vuestro Padre celeste (cf Mt 5,48).
Mariología
14. Creemos que la Bienaventurada María, que permaneció siempre Virgen, fue la Madre del Verbo encarnado, Dios y Salvador nuestro, Jesucristo [8] y que ella, por su singular elección, en atención a los méritos de su Hijo redimida de modo más sublime [9], fue preservada inmune de toda mancha de culpa original [10] y que supera ampliamente en don de gracia eximia a todas las demás criaturas [11].
15. Ligada por un vínculo estrecho e indisoluble al misterio de la encarnación y de la redención[12], la Beatísima Virgen María, Inmaculada, terminado el curso de la vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste [13], y hecha semejante a su Hijo, que resucitó de los muertos, recibió anticipadamente la suerte de todos los justos; creemos que la Santísima Madre de Dios, nueva Eva, Madre de la Iglesia [14], continúa en el cielo ejercitando su oficio materno con respecto a los miembros de Cristo, por el que contribuye para engendrar y aumentar la vida divina en cada una de las almas de los hombres redimidos [15].
Pecado original
16. Creemos que todos pecaron en Adán; lo que significa que la culpa original cometida por él hizo que la naturaleza, común a todos los hombres, cayera en un estado tal en el que padeciese las consecuencias de aquella culpa. Este estado ya no es aquel en el que la naturaleza humana se encontraba al principio en nuestros primeros padres, ya que estaban constituidos en santidad y justicia, y en el que el hombre estaba exento del mal y de la muerte. Así, pues, esta naturaleza humana, caída de esta manera, destituida del don de la gracia del que antes estaba adornada, herida en sus mismas fuerzas naturales y sometida al imperio de la muerte, es dada a todos los hombres; por tanto, en este sentido, todo hombre nace en pecado. Mantenemos, pues, siguiendo el concilio de Trento, que el pecado original se transmite, juntamente con la naturaleza humana, por propagación, no por imitación, y que se halla como propio en cada uno[16].
17. Creemos que nuestro Señor Jesucristo nos redimió, por el sacrificio de la cruz, del pecado original y de todos los pecados personales cometidos por cada uno de nosotros, de modo que se mantenga verdadera la afirmación del Apóstol: Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia (cf. Rom 5,20).
18. Confesamos creyendo un solo bautismo instituido por nuestro Señor Jesucristo para el perdón de los pecados. Que el bautismo hay que conferirlo también a los niños, que todavía no han podido cometer por sí mismos ningún pecado, de modo que, privados de la gracia sobrenatural en el nacimiento nazcan de nuevo, del agua y del Espíritu Santo, a la vida divina en Cristo Jesús [17].
La Iglesia
19. Creemos en la Iglesia una, santa, católica y apostólica, edificada por Jesucristo sobre la piedra, que es Pedro. Ella es el Cuerpo místico de Cristo, sociedad visible, equipada de órganos jerárquicos, y, a la vez, comunidad espiritual; Iglesia terrestre, Pueblo de Dios peregrinante aquí en la tierra e Iglesia enriquecida por bienes celestes, germen y comienzo del reino de Dios, por el que la obra y los sufrimientos de la redención se continúan a través de la historia humana, y que con todas las fuerzas anhela la consumación perfecta, que ha de ser conseguida después del fin de los tiempos en la gloria celeste [18]. Durante el transcurso de los tiempos el Señor Jesús forma a su Iglesia por medio de los sacramentos, que manan de su plenitud [19]. Porque la Iglesia hace por ellos que sus miembros participen del misterio de la muerte y la resurrección de Jesucristo, por la gracia del Espíritu Santo, que la vivifica y la mueve [20]. Es, pues, santa, aunque abarque en su seno pecadores, porque ella no goza de otra vida que de la vida de la gracia; sus miembros, ciertamente, si se alimentan de esta vida, se santifican; si se apartan de ella, contraen pecados y manchas del alma que impiden que la santidad de ella se difunda radiante. Por lo que se aflige y hace penitencia por aquellos pecados, teniendo poder de librar de ellos a sus hijos por la sangre de Cristo y el don del Espíritu Santo.
20. Heredera de las divinas promesas e hija de Abrahán según el Espíritu, por medio de aquel Israel, cuyos libros sagrados conserva con amor y cuyos patriarcas y profetas venera con piedad; edificada sobre el fundamento de los apóstoles, cuya palabra siempre viva y cuyos propios poderes de pastores transmite fielmente a través de los siglos en el Sucesor de Pedro y en los obispos que guardan comunión con él; gozando finalmente de la perpetua asistencia del Espíritu Santo, compete a la Iglesia la misión de conservar, enseñar, explicar y difundir aquella verdad que, bosquejada hasta cierto punto por los profetas, Dios reveló a los hombres plenamente por el Señor Jesús. Nosotros creemos todas aquellas cosas que se contienen en la palabra de Dios escrita o transmitida y son propuestas por la Iglesia, o con juicio solemne, o con magisterio ordinario y universal, para ser creídas como divinamente reveladas[21]. Nosotros creemos en aquella infalibilidad de que goza el Sucesor de Pedro cuando habla ex cathedra [22] y que reside también en el Cuerpo de los obispos cuando ejerce con el mismo el supremo magisterio [23].
21. Nosotros creemos que la Iglesia, que Cristo fundó y por la que rogó, es sin cesar una por la fe, y el culto, y el vinculo de la comunión jerárquica [24]. La abundantísima variedad de ritos litúrgicos en el seno de esta Iglesia o la diferencia legítima de patrimonio teológico y espiritual y de disciplina peculiares no sólo no dañan a la unidad de la misma, sino que más bien la manifiestan [25].
22. Nosotros también, reconociendo por una parte que fuera de la estructura de la Iglesia de Cristo se encuentran muchos elementos de santificación y verdad, que como dones propios de la misma Iglesia empujan a la unidad católica[26], y creyendo, por otra parte, en la acción del Espíritu Santo, que suscita en todos los discípulos de Cristo el deseo de esta unidad [27], esperamos que los cristianos que no gozan todavía de la plena comunión de la única Iglesia se unan finalmente en un solo rebaño con un solo Pastor.
23. Nosotros creemos que la Iglesia es necesaria para la salvación. Porque sólo Cristo es el Mediador y el camino de la salvación que, en su Cuerpo, que es la Iglesia, se nos hace presente [28]. Pero el propósito divino de salvación abarca a todos los hombres: y aquellos que, ignorando sin culpa el Evangelio de Cristo y su Iglesia, buscan, sin embargo, a Dios con corazón sincero y se esfuerzan, bajo el influjo de la gracia, por cumplir con obras su voluntad, conocida por el dictamen de la conciencia, ellos también, en un número ciertamente que sólo Dios conoce, pueden conseguir la salvación eterna [29].
Eucaristía
24. Nosotros creemos que la misa que es celebrada por el sacerdote representando la persona de Cristo, en virtud de la potestad recibida por el sacramento del orden, y que es ofrecida por él en nombre de Cristo y de los miembros de su Cuerpo místico, es realmente el sacrificio del Calvario, que se hace sacramentalmente presente en nuestros altares. Nosotros creemos que, como el pan y el vino consagrados por el Señor en la última Cena se convirtieron en su cuerpo y su sangre, que en seguida iban a ser ofrecidos por nosotros en la cruz, así también el pan y el vino consagrados por el sacerdote se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo, sentado gloriosamente en los cielos; y creemos que la presencia misteriosa del Señor bajo la apariencia de aquellas cosas, que continúan apareciendo a nuestros sentidos de la misma manera que antes, es verdadera, real y sustancial[30].
25. En este sacramento, Cristo no puede hacerse presente de otra manera que por la conversión de toda la sustancia del pan en su cuerpo y la conversión de toda la sustancia del vino en su sangre, permaneciendo solamente íntegras las propiedades del pan y del vino, que percibimos con nuestros sentidos. La cual conversión misteriosa es llamada por la Santa Iglesia conveniente y propiamente transustanciación. Cualquier interpretación de teólogos que busca alguna inteligencia de este misterio, para que concuerde con la fe católica, debe poner a salvo que, en la misma naturaleza de las cosas, independientemente de nuestro espíritu, el pan y el vino, realizada la consagración, han dejado de existir, de modo que, el adorable cuerpo y sangre de Cristo, después de ella, están verdaderamente presentes delante de nosotros bajo las especies sacramentales del pan y del vino[31], como el mismo Señor quiso, para dársenos en alimento y unirnos en la unidad de su Cuerpo místico [32].
26. La única e indivisible existencia de Cristo, el Señor glorioso en los cielos, no se multiplica, pero por el sacramento se hace presente en los varios lugares del orbe de la tierra, donde se realiza el sacrificio eucarístico. La misma existencia, después de celebrado el sacrificio, permanece presente en el Santísimo Sacramento, el cual, en el tabernáculo del altar, es como el corazón vivo de nuestros templos. Por lo cual estamos obligados, por obligación ciertamente suavísima, a honrar y adorar en la Hostia Santa que nuestros ojos ven, al mismo Verbo encarnado que ellos no pueden ver, y que, sin embargo, se ha hecho presente delante de nosotros sin haber dejado los cielos.
Escatología
27. Confesamos igualmente que el reino de Dios, que ha tenido en la Iglesia de Cristo sus comienzos aquí en la tierra, no es de este mundo (cf. Jn 18,36), cuya figura pasa (cf. 1Cor 7,31), y también que sus crecimientos propios no pueden juzgarse idénticos al progreso de la cultura de la humanidad o de las ciencias o de las artes técnicas, sino que consiste en que se conozcan cada vez más profundamente las riquezas insondables de Cristo, en que se ponga cada vez con mayor constancia la esperanza en los bienes eternos, en que cada vez más ardientemente se responda al amor de Dios; finalmente, en que la gracia y la santidad se difundan cada vez más abundantemente entre los hombres. Pero con el mismo amor es impulsada la Iglesia para interesarse continuamente también por el verdadero bien temporal de los hombres. Porque, mientras no cesa de amonestar a todos sus hijos que no tienen aquí en la tierra ciudad permanente (cf. Heb 13,14), los estimula también, a cada uno según su condición de vida y sus recursos, a que fomenten el desarrollo de la propia ciudad humana, promuevan la justicia, la paz y la concordia fraterna entre los hombres y presten ayuda a sus hermanos, sobre todo a los más pobres y a los más infelices. Por lo cual, la gran solicitud con que la Iglesia, Esposa de Cristo, sigue de cerca las necesidades de los hombres, es decir, sus alegrías y esperanzas, dolores y trabajos, no es otra cosa sino el deseo que la impele vehementemente a estar presente a ellos, ciertamente con la voluntad de iluminar a los hombres con la luz de Cristo, y de congregar y unir a todos en aquel que es su único Salvador. Pero jamás debe interpretarse esta solicitud como si la Iglesia se acomodase a las cosas de este mundo o se resfriase el ardor con que ella espera a su Señor y el reino eterno.
28. Creemos en la vida eterna. Creemos que las almas de todos aquellos que mueren en la gracia de Cristo —tanto las que todavía deben ser purificadas con el fuego del purgatorio como las que son recibidas por Jesús en el paraíso en seguida que se separan del cuerpo, como el Buen Ladrón— constituyen el Pueblo de Dios después de la muerte, la cual será destruida totalmente el día de la resurrección, en el que estas almas se unirán con sus cuerpos.
29. Creemos que la multitud de aquellas almas que con Jesús y María se congregan en el paraíso, forma la Iglesia celeste, donde ellas, gozando de la bienaventuranza eterna, ven a Dios, como Él es[33] y participan también, ciertamente en grado y modo diverso, juntamente con los santos ángeles, en el gobierno divino de las cosas, que ejerce Cristo glorificado, como quiera que interceden por nosotros y con su fraterna solicitud ayudan grandemente nuestra flaqueza [34].
30. Creemos en la comunión de todos los fieles cristianos, es decir, de los que peregrinan en la tierra, de los que se purifican después de muertos y de los que gozan de la bienaventuranza celeste, y que todos se unen en una sola Iglesia; y creemos igualmente que en esa comunión está a nuestra disposición el amor misericordioso de Dios y de sus santos, que siempre ofrecen oídos atentos a nuestras oraciones, como nos aseguró Jesús: Pedid y recibiréis (cf. Lc 10,9-10; Jn 16,24). Profesando esta fe y apoyados en esta esperanza, esperamos la resurrección de los muertos y la vida del siglo venidero.
Bendito sea Dios, santo, santo, santo. Amén.
Notas
[1] Cf. Conc. Vat. I, Const. dogm. Dei Filius: Denz.-Schön. 3002.
[2] Cf. enc. Humani generis: AAS 42 (1950) 575; Con. Lateran. V: Denz.-Schön. 1440-1441.
[3] Cf. Conc. Vat. I, Const. dogm. Dei Filius: Denz.-Schön. 3016.
[4] Símbolo Quicumque: Denz.-Schön. 75.
[5] Ibíd.
[6] Ibíd., n. 76.
[7] Ibíd.
[8] Cf. Conc. Efes.: Denz.-Schön. 251-252.
[9] Cf. Concilio Vaticano II, constitución dogmática Lumen gentium, 53.
[10] Cf. Pío IX, Bula Ineffabilis Deus: Acta p. 1 vol. 1 p. 616.
[11] Cf. Lumen gentium, 53.
[12] Cf. Ibíd., n. 53.58.61..
[13] Cf. Const. apost. Munificentissimus Deus: AAS 42 (1950) 770.
[14] Lumen gentium, 53.56.61.63; cf. Pablo Vl, Al. en el cierre de la III sesión del concilio Vat. II: AAS 56 (1964), 1016; exhort. apost. Signum magnum: AAS 59 (1967) 465 y 467.
[15] Lumen gentium, 62; cf. Pablo Vl, exhort. apost. Signum magnum: AAS 59 (1967) 468.
[16] Cf. Conc. Trid., ses.5: Decr. De pecc. orig.: Denz-Schön. 1513
[17] Cf. Conc. Trid., ibíd.,: Denz-Schön. 1514.
[18] Cf. Lumen gentium, 8 y 50.
[19] Cf. Ibíd., n.7.11..
[20] Cf. Conc. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium n. 5.6; Lumen gentium n.7.12.50.
[21] Cf. Conc. Vat. I, Const. Dei Filius: Denz-Schön. 3011.
[22] Cf. Ibíd., Const. Pastor aeternus: Denz-Schön. 3074..
[23] Cf. Lumen gentium, n. 25.
[24] Ibíd., n. 8.18-23; decret. Unitatis redintegratio, n. 2.
[25] Cf. Lumen gentium, n. 23; decret. Orientalium Ecclesiarum, n. 2.3.5.6..
[26] Cf. Lumen gentium, n. 8.
[27] Cf. Ibíd., n. 15.
[28] Cf. Ibíd., n. 14..
[29] Cf. Ibíd., n. 16.
[30] Cf. Conc. Trid., ses. 13: Decr. De Eucharistia: Denz-Schön. 1651..
[31] Cf. Ibíd.: Denz-Schön. 1642; Pablo Vl, Enc. Mysterium fidei: AAS 57 (1965) 766..
[32] Cf. Santo Tomás, Summa Theologica III, q.73 a.3
[33] 1Jn 3, 2; Benedicto XII, Const. Benedictus Deus: Denz-Schön. 1000.
[34] Lumen gentium, n. 49.
En el apéndice observaremos las múltiples referencias a documentos del Concilio Vaticano II en las que se ha apoyado S.S. Pablo VI.
.../..
Cristología
11. Creemos en nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios. El es el Verbo eterno, nacido del Padre antes de todos los siglos y consustancial al Padre, u homoousios to Patri; por quien han sido hechas todas las cosas. Y se encarnó por obra del Espíritu Santo, de María la Virgen, y se hizo hombre: igual, por tanto, al Padre según la divinidad, menor que el Padre según la humanidad[6], completamente uno, no por confusión (que no puede hacerse) de la sustancia, sino por unidad de la persona [7].
12. El mismo habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad. Anunció y fundó el reino de Dios, manifestándonos en sí mismo al Padre. Nos dio su mandamiento nuevo de que nos amáramos los unos a los otros como él nos amó. Nos enseñó el camino de las bienaventuranzas evangélicas, a saber: ser pobres en espíritu y mansos, tolerar los dolores con paciencia, tener sed de justicia, ser misericordiosos, limpios de corazón, pacíficos, padecer persecución por la justicia. Padeció bajo Poncio Pilato; Cordero de Dios, que lleva los pecados del mundo, murió por nosotros clavado a la cruz, trayéndonos la salvación con la sangre de la redención. Fue sepultado, y resucitó por su propio poder al tercer día, elevándonos por su resurrección a la participación de la vida divina, que es la gracia. Subió al cielo, de donde ha de venir de nuevo, entonces con gloria, para juzgar a los vivos y a los muertos, a cada uno según los propios méritos: los que hayan respondido al amor y a la piedad de Dios irán a la vida eterna, pero los que los hayan rechazado hasta el final serán destinados al fuego que nunca cesará.
Y su reino no tendrá fin.
El Espíritu Santo
13. Creemos en el Espíritu Santo, Señor y vivificador que, con el Padre y el Hijo, es juntamente adorado y glorificado. Que habló por los profetas; nos fue enviado por Cristo después de su resurrección y ascensión al Padre; ilumina, vivifica, protege y rige la Iglesia, cuyos miembros purifica con tal que no desechen la gracia. Su acción, que penetra lo íntimo del alma, hace apto al hombre de responder a aquel precepto de Cristo: Sed perfectos como también es perfecto vuestro Padre celeste (cf Mt 5,48).
Mariología
14. Creemos que la Bienaventurada María, que permaneció siempre Virgen, fue la Madre del Verbo encarnado, Dios y Salvador nuestro, Jesucristo [8] y que ella, por su singular elección, en atención a los méritos de su Hijo redimida de modo más sublime [9], fue preservada inmune de toda mancha de culpa original [10] y que supera ampliamente en don de gracia eximia a todas las demás criaturas [11].
15. Ligada por un vínculo estrecho e indisoluble al misterio de la encarnación y de la redención[12], la Beatísima Virgen María, Inmaculada, terminado el curso de la vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste [13], y hecha semejante a su Hijo, que resucitó de los muertos, recibió anticipadamente la suerte de todos los justos; creemos que la Santísima Madre de Dios, nueva Eva, Madre de la Iglesia [14], continúa en el cielo ejercitando su oficio materno con respecto a los miembros de Cristo, por el que contribuye para engendrar y aumentar la vida divina en cada una de las almas de los hombres redimidos [15].
Pecado original
16. Creemos que todos pecaron en Adán; lo que significa que la culpa original cometida por él hizo que la naturaleza, común a todos los hombres, cayera en un estado tal en el que padeciese las consecuencias de aquella culpa. Este estado ya no es aquel en el que la naturaleza humana se encontraba al principio en nuestros primeros padres, ya que estaban constituidos en santidad y justicia, y en el que el hombre estaba exento del mal y de la muerte. Así, pues, esta naturaleza humana, caída de esta manera, destituida del don de la gracia del que antes estaba adornada, herida en sus mismas fuerzas naturales y sometida al imperio de la muerte, es dada a todos los hombres; por tanto, en este sentido, todo hombre nace en pecado. Mantenemos, pues, siguiendo el concilio de Trento, que el pecado original se transmite, juntamente con la naturaleza humana, por propagación, no por imitación, y que se halla como propio en cada uno[16].
17. Creemos que nuestro Señor Jesucristo nos redimió, por el sacrificio de la cruz, del pecado original y de todos los pecados personales cometidos por cada uno de nosotros, de modo que se mantenga verdadera la afirmación del Apóstol: Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia (cf. Rom 5,20).
18. Confesamos creyendo un solo bautismo instituido por nuestro Señor Jesucristo para el perdón de los pecados. Que el bautismo hay que conferirlo también a los niños, que todavía no han podido cometer por sí mismos ningún pecado, de modo que, privados de la gracia sobrenatural en el nacimiento nazcan de nuevo, del agua y del Espíritu Santo, a la vida divina en Cristo Jesús [17].
La Iglesia
19. Creemos en la Iglesia una, santa, católica y apostólica, edificada por Jesucristo sobre la piedra, que es Pedro. Ella es el Cuerpo místico de Cristo, sociedad visible, equipada de órganos jerárquicos, y, a la vez, comunidad espiritual; Iglesia terrestre, Pueblo de Dios peregrinante aquí en la tierra e Iglesia enriquecida por bienes celestes, germen y comienzo del reino de Dios, por el que la obra y los sufrimientos de la redención se continúan a través de la historia humana, y que con todas las fuerzas anhela la consumación perfecta, que ha de ser conseguida después del fin de los tiempos en la gloria celeste [18]. Durante el transcurso de los tiempos el Señor Jesús forma a su Iglesia por medio de los sacramentos, que manan de su plenitud [19]. Porque la Iglesia hace por ellos que sus miembros participen del misterio de la muerte y la resurrección de Jesucristo, por la gracia del Espíritu Santo, que la vivifica y la mueve [20]. Es, pues, santa, aunque abarque en su seno pecadores, porque ella no goza de otra vida que de la vida de la gracia; sus miembros, ciertamente, si se alimentan de esta vida, se santifican; si se apartan de ella, contraen pecados y manchas del alma que impiden que la santidad de ella se difunda radiante. Por lo que se aflige y hace penitencia por aquellos pecados, teniendo poder de librar de ellos a sus hijos por la sangre de Cristo y el don del Espíritu Santo.
20. Heredera de las divinas promesas e hija de Abrahán según el Espíritu, por medio de aquel Israel, cuyos libros sagrados conserva con amor y cuyos patriarcas y profetas venera con piedad; edificada sobre el fundamento de los apóstoles, cuya palabra siempre viva y cuyos propios poderes de pastores transmite fielmente a través de los siglos en el Sucesor de Pedro y en los obispos que guardan comunión con él; gozando finalmente de la perpetua asistencia del Espíritu Santo, compete a la Iglesia la misión de conservar, enseñar, explicar y difundir aquella verdad que, bosquejada hasta cierto punto por los profetas, Dios reveló a los hombres plenamente por el Señor Jesús. Nosotros creemos todas aquellas cosas que se contienen en la palabra de Dios escrita o transmitida y son propuestas por la Iglesia, o con juicio solemne, o con magisterio ordinario y universal, para ser creídas como divinamente reveladas[21]. Nosotros creemos en aquella infalibilidad de que goza el Sucesor de Pedro cuando habla ex cathedra [22] y que reside también en el Cuerpo de los obispos cuando ejerce con el mismo el supremo magisterio [23].
21. Nosotros creemos que la Iglesia, que Cristo fundó y por la que rogó, es sin cesar una por la fe, y el culto, y el vinculo de la comunión jerárquica [24]. La abundantísima variedad de ritos litúrgicos en el seno de esta Iglesia o la diferencia legítima de patrimonio teológico y espiritual y de disciplina peculiares no sólo no dañan a la unidad de la misma, sino que más bien la manifiestan [25].
22. Nosotros también, reconociendo por una parte que fuera de la estructura de la Iglesia de Cristo se encuentran muchos elementos de santificación y verdad, que como dones propios de la misma Iglesia empujan a la unidad católica[26], y creyendo, por otra parte, en la acción del Espíritu Santo, que suscita en todos los discípulos de Cristo el deseo de esta unidad [27], esperamos que los cristianos que no gozan todavía de la plena comunión de la única Iglesia se unan finalmente en un solo rebaño con un solo Pastor.
23. Nosotros creemos que la Iglesia es necesaria para la salvación. Porque sólo Cristo es el Mediador y el camino de la salvación que, en su Cuerpo, que es la Iglesia, se nos hace presente [28]. Pero el propósito divino de salvación abarca a todos los hombres: y aquellos que, ignorando sin culpa el Evangelio de Cristo y su Iglesia, buscan, sin embargo, a Dios con corazón sincero y se esfuerzan, bajo el influjo de la gracia, por cumplir con obras su voluntad, conocida por el dictamen de la conciencia, ellos también, en un número ciertamente que sólo Dios conoce, pueden conseguir la salvación eterna [29].
Eucaristía
24. Nosotros creemos que la misa que es celebrada por el sacerdote representando la persona de Cristo, en virtud de la potestad recibida por el sacramento del orden, y que es ofrecida por él en nombre de Cristo y de los miembros de su Cuerpo místico, es realmente el sacrificio del Calvario, que se hace sacramentalmente presente en nuestros altares. Nosotros creemos que, como el pan y el vino consagrados por el Señor en la última Cena se convirtieron en su cuerpo y su sangre, que en seguida iban a ser ofrecidos por nosotros en la cruz, así también el pan y el vino consagrados por el sacerdote se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo, sentado gloriosamente en los cielos; y creemos que la presencia misteriosa del Señor bajo la apariencia de aquellas cosas, que continúan apareciendo a nuestros sentidos de la misma manera que antes, es verdadera, real y sustancial[30].
25. En este sacramento, Cristo no puede hacerse presente de otra manera que por la conversión de toda la sustancia del pan en su cuerpo y la conversión de toda la sustancia del vino en su sangre, permaneciendo solamente íntegras las propiedades del pan y del vino, que percibimos con nuestros sentidos. La cual conversión misteriosa es llamada por la Santa Iglesia conveniente y propiamente transustanciación. Cualquier interpretación de teólogos que busca alguna inteligencia de este misterio, para que concuerde con la fe católica, debe poner a salvo que, en la misma naturaleza de las cosas, independientemente de nuestro espíritu, el pan y el vino, realizada la consagración, han dejado de existir, de modo que, el adorable cuerpo y sangre de Cristo, después de ella, están verdaderamente presentes delante de nosotros bajo las especies sacramentales del pan y del vino[31], como el mismo Señor quiso, para dársenos en alimento y unirnos en la unidad de su Cuerpo místico [32].
26. La única e indivisible existencia de Cristo, el Señor glorioso en los cielos, no se multiplica, pero por el sacramento se hace presente en los varios lugares del orbe de la tierra, donde se realiza el sacrificio eucarístico. La misma existencia, después de celebrado el sacrificio, permanece presente en el Santísimo Sacramento, el cual, en el tabernáculo del altar, es como el corazón vivo de nuestros templos. Por lo cual estamos obligados, por obligación ciertamente suavísima, a honrar y adorar en la Hostia Santa que nuestros ojos ven, al mismo Verbo encarnado que ellos no pueden ver, y que, sin embargo, se ha hecho presente delante de nosotros sin haber dejado los cielos.
Escatología
27. Confesamos igualmente que el reino de Dios, que ha tenido en la Iglesia de Cristo sus comienzos aquí en la tierra, no es de este mundo (cf. Jn 18,36), cuya figura pasa (cf. 1Cor 7,31), y también que sus crecimientos propios no pueden juzgarse idénticos al progreso de la cultura de la humanidad o de las ciencias o de las artes técnicas, sino que consiste en que se conozcan cada vez más profundamente las riquezas insondables de Cristo, en que se ponga cada vez con mayor constancia la esperanza en los bienes eternos, en que cada vez más ardientemente se responda al amor de Dios; finalmente, en que la gracia y la santidad se difundan cada vez más abundantemente entre los hombres. Pero con el mismo amor es impulsada la Iglesia para interesarse continuamente también por el verdadero bien temporal de los hombres. Porque, mientras no cesa de amonestar a todos sus hijos que no tienen aquí en la tierra ciudad permanente (cf. Heb 13,14), los estimula también, a cada uno según su condición de vida y sus recursos, a que fomenten el desarrollo de la propia ciudad humana, promuevan la justicia, la paz y la concordia fraterna entre los hombres y presten ayuda a sus hermanos, sobre todo a los más pobres y a los más infelices. Por lo cual, la gran solicitud con que la Iglesia, Esposa de Cristo, sigue de cerca las necesidades de los hombres, es decir, sus alegrías y esperanzas, dolores y trabajos, no es otra cosa sino el deseo que la impele vehementemente a estar presente a ellos, ciertamente con la voluntad de iluminar a los hombres con la luz de Cristo, y de congregar y unir a todos en aquel que es su único Salvador. Pero jamás debe interpretarse esta solicitud como si la Iglesia se acomodase a las cosas de este mundo o se resfriase el ardor con que ella espera a su Señor y el reino eterno.
28. Creemos en la vida eterna. Creemos que las almas de todos aquellos que mueren en la gracia de Cristo —tanto las que todavía deben ser purificadas con el fuego del purgatorio como las que son recibidas por Jesús en el paraíso en seguida que se separan del cuerpo, como el Buen Ladrón— constituyen el Pueblo de Dios después de la muerte, la cual será destruida totalmente el día de la resurrección, en el que estas almas se unirán con sus cuerpos.
29. Creemos que la multitud de aquellas almas que con Jesús y María se congregan en el paraíso, forma la Iglesia celeste, donde ellas, gozando de la bienaventuranza eterna, ven a Dios, como Él es[33] y participan también, ciertamente en grado y modo diverso, juntamente con los santos ángeles, en el gobierno divino de las cosas, que ejerce Cristo glorificado, como quiera que interceden por nosotros y con su fraterna solicitud ayudan grandemente nuestra flaqueza [34].
30. Creemos en la comunión de todos los fieles cristianos, es decir, de los que peregrinan en la tierra, de los que se purifican después de muertos y de los que gozan de la bienaventuranza celeste, y que todos se unen en una sola Iglesia; y creemos igualmente que en esa comunión está a nuestra disposición el amor misericordioso de Dios y de sus santos, que siempre ofrecen oídos atentos a nuestras oraciones, como nos aseguró Jesús: Pedid y recibiréis (cf. Lc 10,9-10; Jn 16,24). Profesando esta fe y apoyados en esta esperanza, esperamos la resurrección de los muertos y la vida del siglo venidero.
Bendito sea Dios, santo, santo, santo. Amén.
Notas
[1] Cf. Conc. Vat. I, Const. dogm. Dei Filius: Denz.-Schön. 3002.
[2] Cf. enc. Humani generis: AAS 42 (1950) 575; Con. Lateran. V: Denz.-Schön. 1440-1441.
[3] Cf. Conc. Vat. I, Const. dogm. Dei Filius: Denz.-Schön. 3016.
[4] Símbolo Quicumque: Denz.-Schön. 75.
[5] Ibíd.
[6] Ibíd., n. 76.
[7] Ibíd.
[8] Cf. Conc. Efes.: Denz.-Schön. 251-252.
[9] Cf. Concilio Vaticano II, constitución dogmática Lumen gentium, 53.
[10] Cf. Pío IX, Bula Ineffabilis Deus: Acta p. 1 vol. 1 p. 616.
[11] Cf. Lumen gentium, 53.
[12] Cf. Ibíd., n. 53.58.61..
[13] Cf. Const. apost. Munificentissimus Deus: AAS 42 (1950) 770.
[14] Lumen gentium, 53.56.61.63; cf. Pablo Vl, Al. en el cierre de la III sesión del concilio Vat. II: AAS 56 (1964), 1016; exhort. apost. Signum magnum: AAS 59 (1967) 465 y 467.
[15] Lumen gentium, 62; cf. Pablo Vl, exhort. apost. Signum magnum: AAS 59 (1967) 468.
[16] Cf. Conc. Trid., ses.5: Decr. De pecc. orig.: Denz-Schön. 1513
[17] Cf. Conc. Trid., ibíd.,: Denz-Schön. 1514.
[18] Cf. Lumen gentium, 8 y 50.
[19] Cf. Ibíd., n.7.11..
[20] Cf. Conc. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium n. 5.6; Lumen gentium n.7.12.50.
[21] Cf. Conc. Vat. I, Const. Dei Filius: Denz-Schön. 3011.
[22] Cf. Ibíd., Const. Pastor aeternus: Denz-Schön. 3074..
[23] Cf. Lumen gentium, n. 25.
[24] Ibíd., n. 8.18-23; decret. Unitatis redintegratio, n. 2.
[25] Cf. Lumen gentium, n. 23; decret. Orientalium Ecclesiarum, n. 2.3.5.6..
[26] Cf. Lumen gentium, n. 8.
[27] Cf. Ibíd., n. 15.
[28] Cf. Ibíd., n. 14..
[29] Cf. Ibíd., n. 16.
[30] Cf. Conc. Trid., ses. 13: Decr. De Eucharistia: Denz-Schön. 1651..
[31] Cf. Ibíd.: Denz-Schön. 1642; Pablo Vl, Enc. Mysterium fidei: AAS 57 (1965) 766..
[32] Cf. Santo Tomás, Summa Theologica III, q.73 a.3
[33] 1Jn 3, 2; Benedicto XII, Const. Benedictus Deus: Denz-Schön. 1000.
[34] Lumen gentium, n. 49.
domingo, 21 de octubre de 2012
Reunión de la Zona de Andalucía Oriental de la ADORACIÓN NOCTURNA ESPAÑOLA
Ayer día 20 de octubre celebramos en el Seminario Diocesano de Jaén la reunión de Zona de la Adoración Nocturna Española de Andalucía Oriental con asistencia de los Presidentes y representantes de los Consejos Diocesanos de Almeria, Granada, Jaén y Málaga; convocada por su Delegado de Zona D. José Antonio Barroso Torres y presidida por D. José Luis González Aullón, Vicepresidente del Consejo Nacional, acompañado del Vocal nacional de zonas Cayetano Medina. El Consiliario Diocesano de Jaén D. Antonio Aranda tuvo afectuosas palabras de bienvenida al comienzo de la reunión en la que no pudo permanecer más tiempo debido a otros compromisos pastorales previos
En el orden del día un tema de reflexión muy importante y de máxima actualidad: “ El año de la Fe y la Nueva Evangelización” en el que nuestro Vicepresidente expuso de manera clara y concisa las motivaciones y conceptos que nos han de regir a lo largo de éste año de la Fe y la Nueva Evangelización, que será el segundo convocado por un Papa ya que S.S. Pablo VI convocó el Año de la Fe en 1967/68.
Los otros temas de la reunión: “ La promoción de la Adoración Nocturna” y la “ Homogenización de la estructura de nuestras vigilias “ fueron muy participativos e interesantes, opinión generalizada de todos los participantes que se mostraban muy satisfechos del resultado de la reunión; antes de finalizar la misma y a modo de resumen y balance de la reunión un Punto: Compromisos que cada participante entienda debe aplicar en su entorno como respuesta a las reflexiones expuestas y la documentación entregada por D. José Luis.
Creo necesario compartir las mismas con vosotros, de ahí que aproveche este nuestro Blogg como medio de comunicación.
Anoto la necesidad de reflexionar sobre los textos dimanados del Concilio Vaticano II; profundizar en el estudio del Catecismo de la Iglesia Católica apoyándome en el compendio del mismo publicado en 2005 y asimismo contemplare con vosotros el “ Credo del Pueblo de Dios “ sobre el que me extiendo a continuación, si bien debido a la extensión del mismo, (extraído de la webb http://www.vatican.va) se me ocurre fraccionarlo en sucesivas entregas para facilitar nuestra meditación sobre su contenido.
Existen otras publicaciones recomendadas para su estudio sobre la que nos extenderemos a lo largo de este año que finalizará en noviembre de 2013.
CREDO DEL PUEBLO DE DIOS
Solemne Profesión de fe que Pablo VI pronunció el 30 de junio de 1968,
al concluir el Año de la fe proclamado con motivo del XlX centenario
del martirio de los apóstoles Pedro y Pablo en Roma
" Y como en otro tiempo, en Cesarea de Filipo, Simón Pedro, fuera de las opiniones de los hombres, confesó verdaderamente, en nombre de los doce apóstoles, a Cristo, Hijo del Dios vivo, así hoy su humilde Sucesor y Pastor de la Iglesia universal, en nombre de todo el pueblo de Dios, alza su voz para dar un testimonio firmísimo a la Verdad divina, que ha sido confiada a la Iglesia para que la anuncie a todas las gentes.
Queremos que esta nuestra profesión de fe sea lo bastante completa y explícita para satisfacer, de modo apto, a la necesidad de luz que oprime a tantos fieles y a todos aquellos que en el mundo —sea cual fuere el grupo espiritual a que pertenezcan— buscan la Verdad.
Por tanto, para gloria de Dios omnipotente y de nuestro Señor Jesucristo, poniendo la confianza en el auxilio de la Santísima Virgen María y de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo, para utilidad espiritual y progreso de la Iglesia, en nombre de todos los sagrados pastores y fieles cristianos, y en plena comunión con vosotros, hermanos e hijos queridísimos, pronunciamos ahora esta profesión de fe.
Unidad y Trinidad de Dios
8. Creemos en un solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Creador de las cosas visibles —como es este mundo en que pasamos nuestra breve vida— y de las cosas invisibles —como son los espíritus puros, que llamamos también ángeles[1]— y también Creador, en cada hombre, del alma espiritual e inmortal[2].
9. Creemos que este Dios único es tan absolutamente uno en su santísima esencia como en todas sus demás perfecciones: en su omnipotencia, en su ciencia infinita, en su providencia, en su voluntad y caridad. Él es el que es, como él mismo reveló a Moisés (cf. Ex 3,14), él es Amor, como nos enseñó el apóstol Juan (cf. 1Jn 4,8) de tal manera que estos dos nombres, Ser y Amor, expresan inefablemente la misma divina esencia de aquel que quiso manifestarse a si mismo a nosotros y que,habitando la luz inaccesible (cf. 1Tim 6,16), está en si mismo sobre todo nombre y sobre todas las cosas e inteligencias creadas. Sólo Dios puede otorgarnos un conocimiento recto y pleno de sí mismo, revelándose a sí mismo como Padre, Hijo y Espíritu Santo, de cuya vida eterna estamos llamados por la gracia a participar, aquí, en la tierra, en la oscuridad de la fe, y después de la muerte, en la luz sempiterna. Los vínculos mutuos que constituyen a las tres personas desde toda la eternidad, cada una de las cuales es el único y mismo Ser divino, son la vida íntima y dichosa del Dios santísimo, la cual supera infinitamente todo aquello que nosotros podemos entender de modo humano[3].
Sin embargo, damos gracias a la divina bondad de que tantísimos creyentes puedan testificar con nosotros ante los hombres la unidad de Dios, aunque no conozcan el misterio de la Santísima Trinidad.
10. Creemos, pues, en Dios, que en toda la eternidad engendra al Hijo; creemos en el Hijo, Verbo de Dios, que es engendrado desde la eternidad; creemos en el Espíritu Santo, persona increada, que procede del Padre y del Hijo como Amor sempiterno de ellos. Así, en las tres personas divinas, que son eternas entre sí e iguales entre sí [4], la vida y la felicidad de Dios enteramente uno abundan sobremanera y se consuman con excelencia suma y gloria propia de la esencia increada; y siempre hay que venerar la unidad en la trinidad y la trinidad en la unidad [5].
En el orden del día un tema de reflexión muy importante y de máxima actualidad: “ El año de la Fe y la Nueva Evangelización” en el que nuestro Vicepresidente expuso de manera clara y concisa las motivaciones y conceptos que nos han de regir a lo largo de éste año de la Fe y la Nueva Evangelización, que será el segundo convocado por un Papa ya que S.S. Pablo VI convocó el Año de la Fe en 1967/68.
Los otros temas de la reunión: “ La promoción de la Adoración Nocturna” y la “ Homogenización de la estructura de nuestras vigilias “ fueron muy participativos e interesantes, opinión generalizada de todos los participantes que se mostraban muy satisfechos del resultado de la reunión; antes de finalizar la misma y a modo de resumen y balance de la reunión un Punto: Compromisos que cada participante entienda debe aplicar en su entorno como respuesta a las reflexiones expuestas y la documentación entregada por D. José Luis.
Creo necesario compartir las mismas con vosotros, de ahí que aproveche este nuestro Blogg como medio de comunicación.
Anoto la necesidad de reflexionar sobre los textos dimanados del Concilio Vaticano II; profundizar en el estudio del Catecismo de la Iglesia Católica apoyándome en el compendio del mismo publicado en 2005 y asimismo contemplare con vosotros el “ Credo del Pueblo de Dios “ sobre el que me extiendo a continuación, si bien debido a la extensión del mismo, (extraído de la webb http://www.vatican.va) se me ocurre fraccionarlo en sucesivas entregas para facilitar nuestra meditación sobre su contenido.
Existen otras publicaciones recomendadas para su estudio sobre la que nos extenderemos a lo largo de este año que finalizará en noviembre de 2013.
CREDO DEL PUEBLO DE DIOS
Solemne Profesión de fe que Pablo VI pronunció el 30 de junio de 1968,
al concluir el Año de la fe proclamado con motivo del XlX centenario
del martirio de los apóstoles Pedro y Pablo en Roma
" Y como en otro tiempo, en Cesarea de Filipo, Simón Pedro, fuera de las opiniones de los hombres, confesó verdaderamente, en nombre de los doce apóstoles, a Cristo, Hijo del Dios vivo, así hoy su humilde Sucesor y Pastor de la Iglesia universal, en nombre de todo el pueblo de Dios, alza su voz para dar un testimonio firmísimo a la Verdad divina, que ha sido confiada a la Iglesia para que la anuncie a todas las gentes.
Queremos que esta nuestra profesión de fe sea lo bastante completa y explícita para satisfacer, de modo apto, a la necesidad de luz que oprime a tantos fieles y a todos aquellos que en el mundo —sea cual fuere el grupo espiritual a que pertenezcan— buscan la Verdad.
Por tanto, para gloria de Dios omnipotente y de nuestro Señor Jesucristo, poniendo la confianza en el auxilio de la Santísima Virgen María y de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo, para utilidad espiritual y progreso de la Iglesia, en nombre de todos los sagrados pastores y fieles cristianos, y en plena comunión con vosotros, hermanos e hijos queridísimos, pronunciamos ahora esta profesión de fe.
Unidad y Trinidad de Dios
8. Creemos en un solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Creador de las cosas visibles —como es este mundo en que pasamos nuestra breve vida— y de las cosas invisibles —como son los espíritus puros, que llamamos también ángeles[1]— y también Creador, en cada hombre, del alma espiritual e inmortal[2].
9. Creemos que este Dios único es tan absolutamente uno en su santísima esencia como en todas sus demás perfecciones: en su omnipotencia, en su ciencia infinita, en su providencia, en su voluntad y caridad. Él es el que es, como él mismo reveló a Moisés (cf. Ex 3,14), él es Amor, como nos enseñó el apóstol Juan (cf. 1Jn 4,8) de tal manera que estos dos nombres, Ser y Amor, expresan inefablemente la misma divina esencia de aquel que quiso manifestarse a si mismo a nosotros y que,habitando la luz inaccesible (cf. 1Tim 6,16), está en si mismo sobre todo nombre y sobre todas las cosas e inteligencias creadas. Sólo Dios puede otorgarnos un conocimiento recto y pleno de sí mismo, revelándose a sí mismo como Padre, Hijo y Espíritu Santo, de cuya vida eterna estamos llamados por la gracia a participar, aquí, en la tierra, en la oscuridad de la fe, y después de la muerte, en la luz sempiterna. Los vínculos mutuos que constituyen a las tres personas desde toda la eternidad, cada una de las cuales es el único y mismo Ser divino, son la vida íntima y dichosa del Dios santísimo, la cual supera infinitamente todo aquello que nosotros podemos entender de modo humano[3].
Sin embargo, damos gracias a la divina bondad de que tantísimos creyentes puedan testificar con nosotros ante los hombres la unidad de Dios, aunque no conozcan el misterio de la Santísima Trinidad.
10. Creemos, pues, en Dios, que en toda la eternidad engendra al Hijo; creemos en el Hijo, Verbo de Dios, que es engendrado desde la eternidad; creemos en el Espíritu Santo, persona increada, que procede del Padre y del Hijo como Amor sempiterno de ellos. Así, en las tres personas divinas, que son eternas entre sí e iguales entre sí [4], la vida y la felicidad de Dios enteramente uno abundan sobremanera y se consuman con excelencia suma y gloria propia de la esencia increada; y siempre hay que venerar la unidad en la trinidad y la trinidad en la unidad [5].
LA SECCIÓN DE PLASENCIA CELEBRÓ SU CXXV ANIVERSARIO
VIGILA EXTRAORDINARIA 125 ANIVERSARIO DE ANE Y 50 ANIVERSARIO DE ANFE DE PLASENCIA.
Lo celebraron conjuntamente ANE y ANFE el día 22 de septiembre de 2012 en la Catedral de Plasencia.
Los días anteriores martes, miércoles y jueves tuvieron un triduo con exposición del Santísimo Sacramento en tres parroquias diferentes y el viernes en San Martín un acto de poesía y música con temas de Adoración a Jesús Sacramentado.
Fue presidida por el Señor Obispo de Plasencia D. Amadeo Rodríguez Magro acompañado por 14 sacerdotes.
ASISTENTES:
Presidente Nacional: D. Carlos Menduiña Fernández
Alcalde de Plasencia: D. Fernando Pizarro
Concejal de Cultura: D. Ángel Custodio
Delegado de Zona: D. José Luis Sánchez Merino
Presidente diocesano de Plasencia: Juan Plata Ruano
Presidente diocesano de Mérida- Badajoz: D. Manuel Gordillo Tarral
Vicepresidenta de Coria- Cáceres: Dª Fuencisla Ruano Santa Teresa
Presidente diocesano de Toledo: D. Juan Ramón Pulido
Presidente diocesano de Salamanca: D. Ernesto Santadaría Delgado
10 Secciones de ANE diócesis de Plasencia 82 adoradores
5 Consejos diocesanos 22 adoradores
3 Secciones de otras diócesis 12 adoradores
12 Secciones de ANFE diócesis de Plasencia 90 adoradoras
_______________
Adoradores y adoradoras 212
30 Banderas
Asistieron entre 200 y 220 fieles no adoradores. En total 420 personas aproximadamente.
(Datos facilitados por el Presidente Diocesano de Plasencia)
NOTA: La autoridades civiles nos acompañaron hasta el final de la Vigilia y participaron del ágape fraterno con que nos obsequiaron en el enlosado de la catedral.
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