ESCRITOSDEL VENERABLE LUISDE TRELLES EL VIACRUCIS DELANTE DEL SANTÍSMO SACRAMENTO
El propósito de buscar relaciones entre todos los ejercicios devotos con el Santísimo Sacramento de nuestros altares, no encuentra en el caso presente dificultad alguna, porque según el verso 40 del salmo 130, “hizo el Señor (la Eucaristía según los intérpretes) memorial de sus maravillas y se dio en alimento a los que le temen”; y para aquél y esta idea la toma la Santa Iglesia para el oficio de la Octava del Santísimo Corpus Christi.
En el sagrario se halla la persona misma, que padeció; y allí se atesoran los méritos de la pasión y muerte del Salvador, y aunque real y efectivamente estos actos se consumaron en el tiempo, recayendo en el Verbo divino, se hicieron inmanentes, porque en el plan divino existían de toda la eternidad como dice el Apocalipsis, que el Cordero fue sacrificado desde el origen del mundo. Además la Sagrada Hostia recuerda el sacrificio de la Cruz y el de la Misa; y al consagrar se reproduce aquél en ésta, bien que de un modo incruento, de suerte que su propia etimología, trae a la memoria la víctima del sacrificio y en algún modo lo condensa y hace su mérito infinito […]. El Sacramento además de representar el infinito valor del Verbo como persona divina que unió de esta manera la Humanidad, trae para nosotros la labor exquisita de la pasión. […], con todo su amor, ya que es prueba irrefragable y nos brinda sus frutos en la comunión. Viene bien por tanto a la práctica del Vía Crucis el Santísimo Sacramento, sólo nos queda la dificultad de sacar utilidad de éste para aquel ejercicio. Pero esta dificultad es pequeña para el espíritu, porque puede hacerse el ejercicio delante del Señor, si hay Vía Crucis en el templo ó puede iniciarse aquél con una visita a Jesús Sacramentado y cerrarse con otra, cuyas ventajas no pueden ser desconocidas por nuestros lectores.
Con el propósito de armonizar en torno al sagrario ambas cosas, y todas las devociones […], dada la proximidad que tienen los dos asuntos citados, que son los que más amamos, porque son propiamente uno mismo. En medio de ellos resplandece el Verbo divino, que late en la Eucaristía y padeció en el camino de sus dolores, y nos brinda en el altar todos
aquellos méritos.
El objeto de nuestra adoración, que es infinito en sí, se presenta de esta manera inmenso, rondando y asediando con su mor al hombre en todas partes.
Artículo extraido del Boletin del mes de marzo publicado por la Fundación Luis de Trelles.
viernes, 13 de marzo de 2015
Tema de reflexión ante Jesús Sacramentado en las Vigilias del mes de Marzo
Las Obras de Misericordia.- II
Comenzamos hoy nuestra reflexión ante el Santísimo Sacramento, pidiendo a Cristo que nos ayude a entender todo el Amor que Él vive con los hombres y que se encierra en cada una de estas acciones.
“Enseñar al que no sabe”.- Es la primera obra de misericordia. El Señor enseñaba a los apóstoles, les explicaba las parábolas. Toda la vida de Cristo es una enseñanza, una lección de amor que nos descubre el Amor que Dios Padre nos tiene.
Todos necesitamos aprender - y tenemos mucho que aprender - en todos los campos de nuestra vida: en el estudio, en la profesión, en las relaciones con los demás, en la vida con nuestras familias, con nuestros amigos. Y, de manera muy particular, hemos de mejorar mucho en el conocimiento de las verdades de la Fe, y vivir con más amor nuestras relaciones personales con Dios en la piedad.
Nuestra capacidad de aprender es inagotable. Nunca podemos decir que ya conocemos bastante, que ya hemos alcanzado la profundidad de la sabiduría del Amor de Dios.
Dios, por su parte, nos expresa claramente su voluntad, su amor. Dios quiere que “todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”. Pero “¿cómo conocerán la Verdad si nadie se la anuncia?” (…), se pregunta el apóstol, y todos los cristianos nos lo preguntamos también. Cuando los primeros discípulos recibieron el Espíritu Santo el día de Pentecostés, comenzaron enseguida a hablar y a anunciar la Resurrección de Cristo, a anunciar la Verdad de Dios a los hombres.
El Señor nos da un ejemplo precioso de esta obra de misericordia cuando sale al encuentro de los discípulos de Emaús. Se pone a su lado, camina con ellos, les explica las Escrituras -les enseña a leerlas- y comienza a hablarles, para que crean en su Resurrección. Y hablando, camina con ellos un buen rato, hasta que ellos le ruegan: “Quédate con nosotros” (Lc 24, 29).
Los padres de familia caminan con sus hijos enseñándoles tantas cosas: a caminar, a comer, a estudiar, a ayudar a sus hermanos. Y, al rezar con ellos, les están transmitiendo el mayor tesoro de sabiduría mayor que guardan en su cabeza y en su corazón: la Fe en Dios Padre, el amor a Jesucristo, Dijo Hijo. Así, los padres que cuidan de la vida de sus hijos, se preocupan también de la vida de su espíritu, de alimentar sus almas, de leer la vida de Cristo, los Evangelios, con ellos.
Los profesores cristianos que se preocupan de transmitir a sus alumnos no sólo toda su ciencia, sino también y como por ósmosis, por el buen ejemplo, la amabilidad, el cariño y la preocupación que les manifiestan, viven muy bien esta obra de misericordia.
Enseñar el misterio del amor de Dios a los hombres es la finalidad de la labor de catequesis que se hace en nuestras parroquias, y en la que podemos participar en la medida de nuestras disponibilidades, como cuando explicamos a un compañero una cuestión profesional que él no ha entendido muy bien. Y siempre que enseñamos a un amigo a rezar el Padrenuestro, el Avemaría, a leer personalmente los Evangelios, la vida de Cristo
“Dar buen consejo al que lo necesita”. Todos sabemos por experiencia que muchas veces necesitamos el buen consejo de un amigo, de una persona que nos quiere y que se preocupa de nosotros, de nuestro bien. Cuando hacemos cosas mal hechas, nos gustaría cambiar, rectificar - y no sabemos cómo hacerlo - echamos en falta la presencia de un amigo que nos aconseje para que, después, libremente, nos decidamos a seguir un camino u otro. Un buen consejo en la vida espiritual, en la vida profesional, en la vida familiar y personal, es un tesoro inapreciable.
¡Cuántas madres de familia han agradecido de todo corazón el buen consejo de un médico que les ha animado a seguir adelante con un embarazo, y que ha hecho posible el gozo del nacimiento de un ser humano!
El Señor da un sabio consejo a quienes querían arrancar la cizaña en el campo de trigo. Les dice que dejen crecer todo, para que, al arrancar la cizaña, no la confundan con el trigo, y se haga más daño al campo. Todo a su hora. Ya llegará el momento de la siega y, entonces, el trigo se recogerá en los graneros, y la cizaña alimentará el horno de fuego.
“Del amigo el consejo”, nos recuerda la sabiduría del pueblo. Porque sólo los buenos amigos tienen la fortaleza de decirnos las cosas que necesitamos cambiar, que debemos corregir en nuestra conducta, que nos hacen daño y que debemos abandonar. Sólo un buen amigo tiene el ánimo y el cariño necesario para insistirnos en qué debemos estudiar más, trabajar mejor, confesarnos de vez en cuando y pedir perdón por nuestros pecados.
El buen consejo es uno de los frutos más preciosos de la amistad. El amigo es el que se preocupa del bien del amigo, y del bien en todos su sentidos. Por eso, el amigo es el único que se atreve a corregirle y a animarle. Seremos esos buenos amigos si animamos a un compañero a preocuparse más de su familia, a estar más comprometido con la educación de sus hijos, a tratar con más cariño a sus padres, a su marido, a su esposa.
“Echad la red a la derecha”, otro precioso consejo del Señor a los apóstoles, que estaban algo desalentados por el poco fruto de sus fatigas. No habían pescado nada durante toda la noche.
¡Cuántas veces echamos en falta una palabra que nos oriente en el camino, una sugerencia que nos invite a pensar con alma en lo que vamos a hacer! Y ¡cuántas veces, también, nos habrá removido la conciencia de no haber dado un buen consejo a alguien para que no hubiera hecho algo que, después, le ha provocado un grave daño a su vida, a su familia, a su trabajo.
* * * * *
Cuestionario
- ¿Enseño el Catecismo a mis hijos, a mis nietos, para que conozcan y amen a Jesús?
- ¿Animo a un amigo a que se acerque a Dios, vaya a Misa y practique los Sacramentos?
- ¿Acojo con cariño a quien me solicite un consejo; y pido gracia al Señor para decirle lo mejor para su alma?
martes, 10 de marzo de 2015
Reseña biográfica del SIERVO DE DIOS LUIS DE TRELLES, fundador de la ADORACIÓN NOCTURNA ESPAÑOLA
Querido amigo: Con sumo gusto te envio la reseña biográfica realizada por la Fundación Luis de Trelles, en la que se resaltan algunos de sus pensamientos escritos en "La Lampara del Santuario". CON DESTINO A QUE SE HAGA LLEGAR A TODOS LOS ADORADORES DE NUESTRA QUERIDA ESPAÑA. Aún los hay que no conocen al Fundador de la Adoración Nocturna. Ese ha de ser tu compromiso.
Te recuerdo que es el momento de que sea adquirida la Positio (tres tomos, 2.735 páginas, donativo 50 € incluido el envio, que conforman la prueba, bien probada... para que D. Luis halla sido declarado Venerable). MUCHAS GRACIAS.
Un abrazo.
Alfonso Mora Palazón
Adoración Nocturna Española
Consejo Diocesano de Madrid
Sección Primaria
CON GOZO Y ALEGRIA ANUNCIAMOS LA NOTICIA QUE NOS LLEGA DESDE EL VATICANO:
LUIS DE TRELLES Y NOGUEROL, VENERABLE
La Congregación para la Causa de los Santos ha difundido un decreto, firmado por SS. el Papa Francisco en el que, entre otras figuras de la Iglesia universal, reconoce las Virtudes Heroicas de Luis de Trelles y Noguerol, fundador de la Adoración Nocturna en España, en 1877.
Síntesis de su biografía
Introducción
La biografía de LUIS TRELLES Y NOGUEROL es muy fácil de organizar, pero muy difícil de resumir: es fácil porque tiene un hilo conductor clarísimo, es la vida de un católico coherente con su fe y caridad heroicas, constantes y multiformes, desde la cuna (1819, Viveiro-Galicia-España) hasta después de muerto de neumonía (1891, Zamora-España), en casa del médico D. Fernando Canillas Caridad Presidente de la Adoración Nocturna de Zamora. Dicho fallecimiento aconteció en el curso de un viaje por la comarca desde su domicilio en Madrid, como los que realizaba cada mes, para confortar a turnos de Adoración Nocturna a Jesús Sacramentado que él mismo había fundado por toda España. Enterrado sucesivamente en el cementerio local, de San Atilano (1891-1941), en la iglesia de San Esteban (1941-1991), y finalmente en la S. I. Catedral de Zamora. Es difícil, por la extensión temporal (para su época) y por la extraordinaria precocidad, densidad y multiplicidad de campos de realización.
Infancia
Nació en el seno de una familia de católicos fervorosos y caritativos, pequeños terratenientes, abogados, simultáneamente tradicionales-patriotas en la invasión napoleónica (abuelo y padre resistentes en el asalto del pueblo), y demócratas (su padre fue el primer alcalde de Viveiro por elección popular). Una composición difícil de entender entonces y también hoy. Según propia confesión, recibió de su madre una formación propia de 'un ángel de la Providencia'.
Primaria
De 8 a 11 años en el Colegio Insigne de la Natividad de Nuestra Señora, de la Villa de Viveiro, fundación privada del siglo XVI, cursa Gramática y Latín como habían hecho sus antepasados, con una severa disciplina, excepcional incluso para su tiempo: levantarse a las 5 y media, tras asearse, 15 minutos de oración personal, primera lección y el rezo del Oficio Menor de la Virgen que proseguía a lo largo del día, intercalando las Horas con las lecciones, dos comidas, seguidas de reposo, hasta las 21 y media, hora de dormir. La Fundación estaba encomendada a dos frailes: dominico y franciscano. Termina sus estudios con 11 años, a la vez que su hermano de 15.
Secundaria
Como era tradición en la familia, en el Seminario de Santa Catalina de Mondoñedo cursa los estudios de Filosofía (en lengua latina); Trelles destaca particularmente en Lógica. Su hermano le acompaña y pasa con él a la Universidad.
CARRERA DE DERECHO
La Facultad de Leyes de Santiago de Compostela se distinguía por conservar celosamente el estudio de la Ley Natural, el Derecho Romano y el Eclesiástico. Al terminar el 3.º curso, en el examen de Bachiller en Leyes, Trelles obtiene la máxima graduación a claustro pleno, nemine discrepante, lo que le permite simultanear el 4.º y 5.º curso, siendo Licenciado a los 18 años.
EJERCICIO PROFESIONAL
Profesor Encargado de Derecho Civil a los 20 años.
Luego siguen unos años de prácticas con su cuñado, abogado en ejercicio en Viveiro.
Bufete propio en La Coruña, en que ya atendía gratuitamente los 'procesos de pobres' (tarea propia de los bufetes de abogados más encumbrados), Auditor o asesor de las Delegaciones de varios Ministerios (época de desmilitarización de la franja de tierras próximas a la extensa frontera entre España y Portugal). Pertenece a la Junta de Gobierno del Colegio de Abogados, Catedrático interino y Examinador de la Escuela del Notariado. Frecuenta la Academia Literaria y el Ateneo, interviene formalmente en las controversias legales de la época, oponiéndose a la condena por mera 'convicción' del Tribunal, que desterraba el tradicional 'principio de legalidad' que exigía pruebas irrecusables, 'sin sombra de duda razonable'. Este desdichado cambio permitió las tropelías de los años revolucionarios (que culminaron en ‘la Gloriosa’ de 1868)
LA POLÍTICA
En 1846 y 1848 inicia algunas intervenciones en el campo político: el que hoy llamaríamos centro-derecha; y en 1852 se traslada a Madrid, donde entra de lleno en la política como Diputado por el Distrito de su Viveiro natal. Al poco tiempo, convencido de los malos procedimientos del Gobierno al que apoyaba, renuncia a renovar su candidatura, y apoya a su anterior oponente de centro-izquierda; con quien, tras una larga campaña de prensa, derroca al Gobierno de Sartorius. Pero renuncia a unirse al vencedor y, en 1854, se retira de la política dedicando sus esfuerzos al ejercicio de su profesión (asesor jurídico-judicial de una selecta clientela en la que abundaban obispos, alto clero, políticos, nobles y financieros y el 'turno de pobres'). Entre sus amigos-clientes se contó San Antonio M.ª Claret (en la parroquia bautismal de su pueblo Viveiro, se venera la imagen de San Luis Gonzaga donada por don Luis Trelles y bendecida por el P. Claret), el Cardenal-Primado de Toledo, El Cardenal de Zaragoza, el obispo de Lugo, el Beato Domingo y Sol...
Interviene en asuntos importantes de su profesión: es uno de los convocantes del Primer Congreso de Jurisconsultos, con una destacada intervención, y seguidamente se retira de él, porque la mayoría decide seguir con la sustitución de la 'prueba objetiva' mediante la 'convicción razonable', y la preponderancia del 'derecho positivo' frente a la 'costumbre tradicional aceptada'.
LA PIEDAD RELIGIOSA
El campo complementario de su vida profesional es el piadoso: en primer lugar la devoción y culto al Santísimo Sacramento, la comunión diaria, la caridad social y anónima de las Conferencias de San Vicente de Paúl: en 1858 funda una en su pueblo, pertenece a la Pía Unión Vicentina activamente. Representando a los Vicentinos de España, presenta en París un campo nuevo de actividad caritativa oculta: cárceles y condenados a muerte, hospitales, 'deficientes' y 'moribundos' e ignorantes y descreídos; talmente las periferias extremas. En esa ocasión, realiza su primera vigilia de Adoración Nocturna en París
LA FAMILIA
En 1863 se casa con la viuda de un cliente y amigo suyo, que ya tenía un hijo de seis años; al año siguiente, nace una hija a la que bautiza como 'M.ª del Espíritu Santo', habitualmente nombrada 'Espíritusanto'. Luego vendrían dos hijos que no sobrepasaron la primera infancia.
EL PARTIDO CARLISTA-CATÓLICO
Su propósito de no volver jamás a la política tuvo que olvidarlo: la izquierda progresista se fue radicalizando hasta el sectarismo antirreligioso; la Jerarquía primero, luego los consagrados y finalmente los católicos seglares cayeron bajo una sociedad extremadamente politizada, y cada vez más hostil al catolicismo, hasta desembocar en la cruenta revolución de 1868 (la luctuosa 'Gloriosa'). Trelles toma la iniciativa en una campaña en Francia en apoyo del Papa frente a la alianza de Cavour con Napoleón III en la 'cuestión romana', contra el resto del Estado Pontificio. En el Norte de España realizó otra campaña con la finalidad de impedir el reconocimiento por España de la anexión final de los Estados Pontificios. Empezó a colaborar con el Partido Carlista que aparecía como el último refugio político de los católicos. Al año siguiente organizó una Comisión de 300 abogados, distribuidos por toda España para la defensa jurídica de los católicos, en los pocos derechos que les quedaban: personalmente él se desplazaba por toda España, acudiendo a la defensa de clérigos y seglares juzgados por rebelión o conspiración y en peligro de muerte. Se incorpora al Partido Carlista y dirige la Campaña Electoral, personalmente y desde la Prensa; es elegido Diputado. Pero, cuando el Pretendiente al Trono decide pasar a la rebelión armada, iniciando la cruenta 'III Guerra Carlista', Trelles desautoriza la guerra civil en un duro artículo, y se retira nueva y definitivamente de la política.
“Todo cristiano debe proclamar su fe ante el mundo incrédulo y hostil, para gloria de Dios y edificación de los hermanos”, y que “el retraimiento en política como en religión es señal de cobardía o desaliento.”
“Rehuir el puesto de peligro en días de prueba es, cuando menos infame cobardía y falta de fe” ( El Pensamiento español 1871)
FUNDACIONES EUCARÍSTICAS
En el mismo año 1868, que terminaría con la Revolución, Trelles, por fallecimiento del fundador, tomó la dirección de una Asociación Eucarística local, de Granada, con la que venía colaborando desde hacía tiempo: era su mayor impulsor, debido a la extensa red de amistades y clientes que poseía, y le había puesto como nombre oficial El Culto Continuo al Santísimo Sacramento, en alusión al que se tributa en la Catedral de Lugo, cuyo obispo, uno de tantos obispos amigos suyos, fue el Protector de la nueva asociación. Consistía en agrupaciones independientes de 31 católicos que se comprometían a comulgar una vez al mes, en día fijo, en nombre y provecho de los otros 30, y a la impetración por la Nación Española.
“Importa advertir que el fin de esta práctica piadosa es orar por España, y en nombre de todos sus habitantes, para impetrar del Señor que mantenga y conserve en nuestra nación privilegiada la unidad católica, [...] pues no puede esto impedirnos a los españoles perseverar en la unidad, practicando cada cual en su corazón y en su mente la fe que nos legaron los mayores...” (L. S. T. 17 (1886) 455-466).
Entrelazada con lo anterior, en 1870 funda a sus expensas una revista exclusivamente eucarística, La Lámpara del Santuario, en aquel momento, única eucarística, de la que es propietario-patrocinador, director y, casi siempre, único redactor (porque la inminencia de la III Guerra Carlista dispersó por toda España y el exilio en Francia, a sus posibles colaboradores; pero Trelles no la interrumpió).
“La Lámpara del Santuario viene a llenar un vacío entre tantas publicaciones..., y a ofrecer un medio de mutua inteligencia y de lectura común a una sociedad espiritual que, comulgando una vez al mes en un espíritu de unidad y de compensación de los ultrajes que recibe Jesús en su adorable Sacramento…” (L.S. Editorial Tomo. I, 1870)
El motivo fue doble: promover la devoción eucarística y la comunión frecuente; además de servir de coordinación de esos católicos dispersos, porque en España no les quedaban más que dos derechos: la libertad de Prensa y el servicio de transporte ferroviario-correo que subsistió ¡incluso durante la partición del territorio en dos Estados, el carlista y el liberal-revolucionario-monarquía masónica de Amadeo - Primera República - monarquía borbónica sucesivamente.
Apoyado por la Revista, en 1872 reúne a los pocos católicos fervientes que todavía no se habían dispersado, en un comité coordinador de los esfuerzos por aumentar el culto eucarístico, que denominó Centro Eucarístico, aprobado y alabado por el Cardenal-Primado de Toledo. Estaba compuesto por cuatro secciones encargadas de la Revista, El Culto Continuo que llegó a 270.000 afiliados, la futura Adoración Nocturna, que intentó empezar a velar en plena guerra, pero no pudo continuar por el temor de las autoridades civiles a que fuera un foco de sedición carlista.
"Pasamos por días de prueba y amargura, pero seamos guardadores de esta fe que nunca se extingue y que arraigan en su pecho hombres y mujeres a quien ni la seducción corrompe, ni la ambición ofusca, ni la contrarie¬dad abate, ostentemos todos nuestra fe, y pensemos que con fe no hay contradicción que no se venza, ni esperanza legítima que no se cumpla." (Prensa de Madrid, La Regenera¬ción 1872)
En el año 1881 bajo la protección del Cardenal Benavides, funda en Zaragoza las Camareras de Jesús Sacramentado, para asistir a las iglesias pobres en todo lo concerniente al servicio de la eucaristía.
“Porque el Niño del pesebre es el Niño del altar. El mismo. Si pequeñuelo era a diario a la luz de la Madre Santísima, más pequeñuelo todavía se nos revela en su alumbramiento sacramental”.
“Sí pañales gastaba en su infancia natural y su Madre Purísima lo envolvió en ellos, como dice el Evangelista, en los Corporales nace real y sustancialmente, y esos paños son los que fabricáis para Él por un favor inapreciable y para su alumbramiento Eucarístico. No hay diferencia entre uno y otro estado.” (L.S. Tomo 14, 1883. Pág. 391)
Mención especialísima merece la obra cumbre de la caridad de Trelles: la Comisión de Canjes de Prisioneros de la III Guerra Carlista. Fue el primer organismo de tal naturaleza en el mundo: hasta ese momento el destino de los prisioneros era ir muriendo de hambre, frío o calor, por enfermedades subsiguientes, o rápidamente asesinados como represalia tras cualquier contratiempo en la lucha armada o incluso tras la borrachera de una victoria. Trelles, que había desautorizado la sublevación armada de los carlistas, no dio por perdida toda esperanza: apoyado por generales amigos personales o interesados en el proyecto, logró que el Gobierno liberal y el Pretendiente sublevado aprobaran un Estatuto para el Canje de Prisioneros de ambos bandos, conforme a unas reglas de equivalencia y preferencia. La previsión de Trelles consiguió que The Times de Londres lo publicara, lo que tuvo dos efectos: a corto plazo, impidió que uno y otro combatiente se desligaran del acuerdo (el mismo Trelles iba de un frente a otro y atravesaba las líneas de combate para la organización de los canjes, el hallazgo de los prisioneros, su acompañamiento hasta los lugares de residencia y el seguimiento de sus percances, y sufrió destierro en una ocasión). Excepto un 'salvoconducto' y 'la gratuidad del ferrocarril', el resto de gastos, que puede intuirse, pero no calcular, correspondió a un Trelles que evidentemente había interrumpido el ejercicio de su profesión durante esos tres años. De la documentación conservada, y que los miembros de la Fundación 'Luis de Trelles' han logrado rescatar de los archivos y hemerotecas, resultaron más de 20.000 liberados. El premio de España a Trelles fue reclamarle el pago de la contribución habitual de su bufete por esos años dedicados al trabajo caritativo. Los 'leprosos' que regresaron o escribieron fueron muy escasos: para suerte de Luis Trelles y Noguerol; sólo Dios conoce y premia los detalles.
“Sr. D. Emilio Terreros, Subsecretario de Guerra.
Mi estimado amigo:
Sírvase V. admitir mi expresión de gratitud para el Sr. Cánovas y Sr. D. Fernando Primo de Rivera y para V.
Dichoso sería (soy devoto) si mi gastada vida pudiese salvar una sola, que vale más, de mis amigos o de mis adversarios”. (Archivo Fundación A.3.13.24 Folio/Roma 1580)
LA 'CUESTIÓN' DE LA ADORACIÓN NOCTURNA
Entre los años 1877, fundación tormentosa de la Adoración Nocturna en España, y 1891, fallecimiento de Trelles en Zamora, el número de adoradores pasaba de los 7.000. No es posible fijar las cifras por varias razones:
1ª.- La estructura social que establecía Trelles en sus asociaciones era, digamos así, confederal: los miembros se consideraban hermanos y se ofrecían ayudas terrenales y sufragios; pero cada grupo local, turno, era totalmente independiente y los estatutos comunes y reglamentos, de cumplimiento voluntario, indicativos, como senda de santificación. Los turnos de una misma población se coordinaban estrechamente. Los del mismo obispado dependían en todo lo espiritual, sin réplica, del obispo.
2ª.-Contrapuesta a esta estructura, inculcaba a todos: la caridad como amor a Jesús Sacramentado y, como consecuencia, a los hermanos (sin envidias ni contiendas); la estricta observancia de los ritos del culto por deuda a Dios; la humildad, la obediencia al obispo y a sus presbíteros, y al jefe de noche de la vigilia; la compasión y misericordia practicadas; el rezo del Oficio Divino y la meditación-adoración. El tener como meta la santificación y el testimonio sin publicidad mundana; no prestar atención a la publicidad ni a los registros administrativos. Tan sólo un acta por vigilia, de la que se le enviaba una copia a él; Trelles prestaba su tiempo para aconsejar: a un turno del Norte, que apenas registraba alguna comunión en las vigilias, le estuvo dos años escribiendo cariñosas y apenadas cartas, exhortándoles a no desdeñar tamaño regalo de Jesús, imprescindible para la vida espiritual.
"La misión del adorador nocturno no está limitada a orar solamente por sí mismo, por su familia, ni por un solo pueblo, sino que nuestras oraciones, han de ser por todos los pueblos y por todos los hombres del mundo”
"Considera que para tan elevado ministerio hemos sido llamados por la inspiración de lo alto. "Venimos pues aquí los adoradores nocturnos a asociarnos a Cristo, a inmolar místicamente nuestro corazón con el suyo y a ofrecernos a Dios por los pecados nuestros y de nuestros hermanos. (Lámpara, Tomo XVIII, Pg: 170 (1887)
LA MUERTE LEJOS DE SU FAMILIA
Sus únicos consuelos provinieron de la constante correspondencia recibida de los Adoradores de la veintena de diócesis en que estaba implantada la Adoración Nocturna, y de sus obispo. Por eso, intensificó la frecuencia de sus visitas con los terribles viajes de 1889, 1890 y 1891 por España. Los años, los cambios de clima constantes y las noches de vigilia o de trabajo hasta las madrugadas, a la luz de un quinqué, pudieron con su salud: una neumonía veraniega en Zamora, en cuatro días de inconsciencia casi permanente, excepto unas horas finales aprovechadas para recibir los últimos sacramentos y dictar testamento, le llevaron a la presencia de Dios. Por cierto, siempre tuvo un excelente buen humor que le convertía en el centro de las tertulias que muchos le habían recordado en su ausencia. Pues, como coda al testamento, hay un párrafo en que recuerda a una señora viuda, que se había negado a pagarle la minuta por su gestión testamentaria; Trelles asegura al albacea que renuncia a su derecho, y que le pide perdón por las molestias que le había causado con su reclamación.
El óbito tubo lugar el 1 de julio de 1891, en casa de su amigo y jefe de la Sección zamorana de la Adoración Nocturna, el doctor D. Fernando Canillas Caridad en la Calle Alcazaba, 21, de la citada ciudad, siendo enterrado, primeramente en el Cementerio de San Atilano. A los 50 años en la Iglesia de San Esteban y al cumplirse el centenario de su muerte, en la SI. Catedral de El Salvador.
Toda una vida ejemplar reconocida unánimemente, entregada a los hombres y a la sociedad, que ha merecido la instrucción de su proceso de canonización, actualmente en Roma y que para mayor gozo y alegría de sus seguidores, acaba de dársele un paso importante al ser declarado como VENERABLE por el Santo Padre, el Papa Francisco, tras el reconocimiento de sus Virtudes Heroicas (El Vaticano, 22 de enero de 2015).
SI VISITAS LA CATEDRAL DE ZAMORA, EN LA NAVE DERECHA, ANTE SU TUMBA, REZA UN PADRENUESTRO, IMPLORANDO AL PADRE EL MILAGRO NECESARIO PARA SU BEATIFICACIÓN - CANONIZACIÓN.
"La caridad, el amor de Dios, es el punto central, por decirlo así, del movimiento del alma humana hacia su Dios; movimiento, salva la acción de la gracia, tan meritorio cuanto es espontáneo y libre. De aquel centro [la caridad] nace todo, y aquel sentimiento [el amor de Dios] lo anima todo en la adoración, pudiendo establecerse una reciprocidad de las obras al amor, o del amor a las obras; en términos que, si el amor produce las obras, de los frutos se infiere el amor que los produce." [Trelles, La Lámpara del Santuario 1878, p. 122].
Fundación Luis de Trelles
Te recuerdo que es el momento de que sea adquirida la Positio (tres tomos, 2.735 páginas, donativo 50 € incluido el envio, que conforman la prueba, bien probada... para que D. Luis halla sido declarado Venerable). MUCHAS GRACIAS.
Un abrazo.
Alfonso Mora Palazón
Adoración Nocturna Española
Consejo Diocesano de Madrid
Sección Primaria
CON GOZO Y ALEGRIA ANUNCIAMOS LA NOTICIA QUE NOS LLEGA DESDE EL VATICANO:
LUIS DE TRELLES Y NOGUEROL, VENERABLE
La Congregación para la Causa de los Santos ha difundido un decreto, firmado por SS. el Papa Francisco en el que, entre otras figuras de la Iglesia universal, reconoce las Virtudes Heroicas de Luis de Trelles y Noguerol, fundador de la Adoración Nocturna en España, en 1877.
Síntesis de su biografía
Introducción
La biografía de LUIS TRELLES Y NOGUEROL es muy fácil de organizar, pero muy difícil de resumir: es fácil porque tiene un hilo conductor clarísimo, es la vida de un católico coherente con su fe y caridad heroicas, constantes y multiformes, desde la cuna (1819, Viveiro-Galicia-España) hasta después de muerto de neumonía (1891, Zamora-España), en casa del médico D. Fernando Canillas Caridad Presidente de la Adoración Nocturna de Zamora. Dicho fallecimiento aconteció en el curso de un viaje por la comarca desde su domicilio en Madrid, como los que realizaba cada mes, para confortar a turnos de Adoración Nocturna a Jesús Sacramentado que él mismo había fundado por toda España. Enterrado sucesivamente en el cementerio local, de San Atilano (1891-1941), en la iglesia de San Esteban (1941-1991), y finalmente en la S. I. Catedral de Zamora. Es difícil, por la extensión temporal (para su época) y por la extraordinaria precocidad, densidad y multiplicidad de campos de realización.
Infancia
Nació en el seno de una familia de católicos fervorosos y caritativos, pequeños terratenientes, abogados, simultáneamente tradicionales-patriotas en la invasión napoleónica (abuelo y padre resistentes en el asalto del pueblo), y demócratas (su padre fue el primer alcalde de Viveiro por elección popular). Una composición difícil de entender entonces y también hoy. Según propia confesión, recibió de su madre una formación propia de 'un ángel de la Providencia'.
Primaria
De 8 a 11 años en el Colegio Insigne de la Natividad de Nuestra Señora, de la Villa de Viveiro, fundación privada del siglo XVI, cursa Gramática y Latín como habían hecho sus antepasados, con una severa disciplina, excepcional incluso para su tiempo: levantarse a las 5 y media, tras asearse, 15 minutos de oración personal, primera lección y el rezo del Oficio Menor de la Virgen que proseguía a lo largo del día, intercalando las Horas con las lecciones, dos comidas, seguidas de reposo, hasta las 21 y media, hora de dormir. La Fundación estaba encomendada a dos frailes: dominico y franciscano. Termina sus estudios con 11 años, a la vez que su hermano de 15.
Secundaria
Como era tradición en la familia, en el Seminario de Santa Catalina de Mondoñedo cursa los estudios de Filosofía (en lengua latina); Trelles destaca particularmente en Lógica. Su hermano le acompaña y pasa con él a la Universidad.
CARRERA DE DERECHO
La Facultad de Leyes de Santiago de Compostela se distinguía por conservar celosamente el estudio de la Ley Natural, el Derecho Romano y el Eclesiástico. Al terminar el 3.º curso, en el examen de Bachiller en Leyes, Trelles obtiene la máxima graduación a claustro pleno, nemine discrepante, lo que le permite simultanear el 4.º y 5.º curso, siendo Licenciado a los 18 años.
EJERCICIO PROFESIONAL
Profesor Encargado de Derecho Civil a los 20 años.
Luego siguen unos años de prácticas con su cuñado, abogado en ejercicio en Viveiro.
Bufete propio en La Coruña, en que ya atendía gratuitamente los 'procesos de pobres' (tarea propia de los bufetes de abogados más encumbrados), Auditor o asesor de las Delegaciones de varios Ministerios (época de desmilitarización de la franja de tierras próximas a la extensa frontera entre España y Portugal). Pertenece a la Junta de Gobierno del Colegio de Abogados, Catedrático interino y Examinador de la Escuela del Notariado. Frecuenta la Academia Literaria y el Ateneo, interviene formalmente en las controversias legales de la época, oponiéndose a la condena por mera 'convicción' del Tribunal, que desterraba el tradicional 'principio de legalidad' que exigía pruebas irrecusables, 'sin sombra de duda razonable'. Este desdichado cambio permitió las tropelías de los años revolucionarios (que culminaron en ‘la Gloriosa’ de 1868)
LA POLÍTICA
En 1846 y 1848 inicia algunas intervenciones en el campo político: el que hoy llamaríamos centro-derecha; y en 1852 se traslada a Madrid, donde entra de lleno en la política como Diputado por el Distrito de su Viveiro natal. Al poco tiempo, convencido de los malos procedimientos del Gobierno al que apoyaba, renuncia a renovar su candidatura, y apoya a su anterior oponente de centro-izquierda; con quien, tras una larga campaña de prensa, derroca al Gobierno de Sartorius. Pero renuncia a unirse al vencedor y, en 1854, se retira de la política dedicando sus esfuerzos al ejercicio de su profesión (asesor jurídico-judicial de una selecta clientela en la que abundaban obispos, alto clero, políticos, nobles y financieros y el 'turno de pobres'). Entre sus amigos-clientes se contó San Antonio M.ª Claret (en la parroquia bautismal de su pueblo Viveiro, se venera la imagen de San Luis Gonzaga donada por don Luis Trelles y bendecida por el P. Claret), el Cardenal-Primado de Toledo, El Cardenal de Zaragoza, el obispo de Lugo, el Beato Domingo y Sol...
Interviene en asuntos importantes de su profesión: es uno de los convocantes del Primer Congreso de Jurisconsultos, con una destacada intervención, y seguidamente se retira de él, porque la mayoría decide seguir con la sustitución de la 'prueba objetiva' mediante la 'convicción razonable', y la preponderancia del 'derecho positivo' frente a la 'costumbre tradicional aceptada'.
LA PIEDAD RELIGIOSA
El campo complementario de su vida profesional es el piadoso: en primer lugar la devoción y culto al Santísimo Sacramento, la comunión diaria, la caridad social y anónima de las Conferencias de San Vicente de Paúl: en 1858 funda una en su pueblo, pertenece a la Pía Unión Vicentina activamente. Representando a los Vicentinos de España, presenta en París un campo nuevo de actividad caritativa oculta: cárceles y condenados a muerte, hospitales, 'deficientes' y 'moribundos' e ignorantes y descreídos; talmente las periferias extremas. En esa ocasión, realiza su primera vigilia de Adoración Nocturna en París
LA FAMILIA
En 1863 se casa con la viuda de un cliente y amigo suyo, que ya tenía un hijo de seis años; al año siguiente, nace una hija a la que bautiza como 'M.ª del Espíritu Santo', habitualmente nombrada 'Espíritusanto'. Luego vendrían dos hijos que no sobrepasaron la primera infancia.
EL PARTIDO CARLISTA-CATÓLICO
Su propósito de no volver jamás a la política tuvo que olvidarlo: la izquierda progresista se fue radicalizando hasta el sectarismo antirreligioso; la Jerarquía primero, luego los consagrados y finalmente los católicos seglares cayeron bajo una sociedad extremadamente politizada, y cada vez más hostil al catolicismo, hasta desembocar en la cruenta revolución de 1868 (la luctuosa 'Gloriosa'). Trelles toma la iniciativa en una campaña en Francia en apoyo del Papa frente a la alianza de Cavour con Napoleón III en la 'cuestión romana', contra el resto del Estado Pontificio. En el Norte de España realizó otra campaña con la finalidad de impedir el reconocimiento por España de la anexión final de los Estados Pontificios. Empezó a colaborar con el Partido Carlista que aparecía como el último refugio político de los católicos. Al año siguiente organizó una Comisión de 300 abogados, distribuidos por toda España para la defensa jurídica de los católicos, en los pocos derechos que les quedaban: personalmente él se desplazaba por toda España, acudiendo a la defensa de clérigos y seglares juzgados por rebelión o conspiración y en peligro de muerte. Se incorpora al Partido Carlista y dirige la Campaña Electoral, personalmente y desde la Prensa; es elegido Diputado. Pero, cuando el Pretendiente al Trono decide pasar a la rebelión armada, iniciando la cruenta 'III Guerra Carlista', Trelles desautoriza la guerra civil en un duro artículo, y se retira nueva y definitivamente de la política.
“Todo cristiano debe proclamar su fe ante el mundo incrédulo y hostil, para gloria de Dios y edificación de los hermanos”, y que “el retraimiento en política como en religión es señal de cobardía o desaliento.”
“Rehuir el puesto de peligro en días de prueba es, cuando menos infame cobardía y falta de fe” ( El Pensamiento español 1871)
FUNDACIONES EUCARÍSTICAS
En el mismo año 1868, que terminaría con la Revolución, Trelles, por fallecimiento del fundador, tomó la dirección de una Asociación Eucarística local, de Granada, con la que venía colaborando desde hacía tiempo: era su mayor impulsor, debido a la extensa red de amistades y clientes que poseía, y le había puesto como nombre oficial El Culto Continuo al Santísimo Sacramento, en alusión al que se tributa en la Catedral de Lugo, cuyo obispo, uno de tantos obispos amigos suyos, fue el Protector de la nueva asociación. Consistía en agrupaciones independientes de 31 católicos que se comprometían a comulgar una vez al mes, en día fijo, en nombre y provecho de los otros 30, y a la impetración por la Nación Española.
“Importa advertir que el fin de esta práctica piadosa es orar por España, y en nombre de todos sus habitantes, para impetrar del Señor que mantenga y conserve en nuestra nación privilegiada la unidad católica, [...] pues no puede esto impedirnos a los españoles perseverar en la unidad, practicando cada cual en su corazón y en su mente la fe que nos legaron los mayores...” (L. S. T. 17 (1886) 455-466).
Entrelazada con lo anterior, en 1870 funda a sus expensas una revista exclusivamente eucarística, La Lámpara del Santuario, en aquel momento, única eucarística, de la que es propietario-patrocinador, director y, casi siempre, único redactor (porque la inminencia de la III Guerra Carlista dispersó por toda España y el exilio en Francia, a sus posibles colaboradores; pero Trelles no la interrumpió).
“La Lámpara del Santuario viene a llenar un vacío entre tantas publicaciones..., y a ofrecer un medio de mutua inteligencia y de lectura común a una sociedad espiritual que, comulgando una vez al mes en un espíritu de unidad y de compensación de los ultrajes que recibe Jesús en su adorable Sacramento…” (L.S. Editorial Tomo. I, 1870)
El motivo fue doble: promover la devoción eucarística y la comunión frecuente; además de servir de coordinación de esos católicos dispersos, porque en España no les quedaban más que dos derechos: la libertad de Prensa y el servicio de transporte ferroviario-correo que subsistió ¡incluso durante la partición del territorio en dos Estados, el carlista y el liberal-revolucionario-monarquía masónica de Amadeo - Primera República - monarquía borbónica sucesivamente.
Apoyado por la Revista, en 1872 reúne a los pocos católicos fervientes que todavía no se habían dispersado, en un comité coordinador de los esfuerzos por aumentar el culto eucarístico, que denominó Centro Eucarístico, aprobado y alabado por el Cardenal-Primado de Toledo. Estaba compuesto por cuatro secciones encargadas de la Revista, El Culto Continuo que llegó a 270.000 afiliados, la futura Adoración Nocturna, que intentó empezar a velar en plena guerra, pero no pudo continuar por el temor de las autoridades civiles a que fuera un foco de sedición carlista.
"Pasamos por días de prueba y amargura, pero seamos guardadores de esta fe que nunca se extingue y que arraigan en su pecho hombres y mujeres a quien ni la seducción corrompe, ni la ambición ofusca, ni la contrarie¬dad abate, ostentemos todos nuestra fe, y pensemos que con fe no hay contradicción que no se venza, ni esperanza legítima que no se cumpla." (Prensa de Madrid, La Regenera¬ción 1872)
En el año 1881 bajo la protección del Cardenal Benavides, funda en Zaragoza las Camareras de Jesús Sacramentado, para asistir a las iglesias pobres en todo lo concerniente al servicio de la eucaristía.
“Porque el Niño del pesebre es el Niño del altar. El mismo. Si pequeñuelo era a diario a la luz de la Madre Santísima, más pequeñuelo todavía se nos revela en su alumbramiento sacramental”.
“Sí pañales gastaba en su infancia natural y su Madre Purísima lo envolvió en ellos, como dice el Evangelista, en los Corporales nace real y sustancialmente, y esos paños son los que fabricáis para Él por un favor inapreciable y para su alumbramiento Eucarístico. No hay diferencia entre uno y otro estado.” (L.S. Tomo 14, 1883. Pág. 391)
Mención especialísima merece la obra cumbre de la caridad de Trelles: la Comisión de Canjes de Prisioneros de la III Guerra Carlista. Fue el primer organismo de tal naturaleza en el mundo: hasta ese momento el destino de los prisioneros era ir muriendo de hambre, frío o calor, por enfermedades subsiguientes, o rápidamente asesinados como represalia tras cualquier contratiempo en la lucha armada o incluso tras la borrachera de una victoria. Trelles, que había desautorizado la sublevación armada de los carlistas, no dio por perdida toda esperanza: apoyado por generales amigos personales o interesados en el proyecto, logró que el Gobierno liberal y el Pretendiente sublevado aprobaran un Estatuto para el Canje de Prisioneros de ambos bandos, conforme a unas reglas de equivalencia y preferencia. La previsión de Trelles consiguió que The Times de Londres lo publicara, lo que tuvo dos efectos: a corto plazo, impidió que uno y otro combatiente se desligaran del acuerdo (el mismo Trelles iba de un frente a otro y atravesaba las líneas de combate para la organización de los canjes, el hallazgo de los prisioneros, su acompañamiento hasta los lugares de residencia y el seguimiento de sus percances, y sufrió destierro en una ocasión). Excepto un 'salvoconducto' y 'la gratuidad del ferrocarril', el resto de gastos, que puede intuirse, pero no calcular, correspondió a un Trelles que evidentemente había interrumpido el ejercicio de su profesión durante esos tres años. De la documentación conservada, y que los miembros de la Fundación 'Luis de Trelles' han logrado rescatar de los archivos y hemerotecas, resultaron más de 20.000 liberados. El premio de España a Trelles fue reclamarle el pago de la contribución habitual de su bufete por esos años dedicados al trabajo caritativo. Los 'leprosos' que regresaron o escribieron fueron muy escasos: para suerte de Luis Trelles y Noguerol; sólo Dios conoce y premia los detalles.
“Sr. D. Emilio Terreros, Subsecretario de Guerra.
Mi estimado amigo:
Sírvase V. admitir mi expresión de gratitud para el Sr. Cánovas y Sr. D. Fernando Primo de Rivera y para V.
Dichoso sería (soy devoto) si mi gastada vida pudiese salvar una sola, que vale más, de mis amigos o de mis adversarios”. (Archivo Fundación A.3.13.24 Folio/Roma 1580)
LA 'CUESTIÓN' DE LA ADORACIÓN NOCTURNA
Entre los años 1877, fundación tormentosa de la Adoración Nocturna en España, y 1891, fallecimiento de Trelles en Zamora, el número de adoradores pasaba de los 7.000. No es posible fijar las cifras por varias razones:
1ª.- La estructura social que establecía Trelles en sus asociaciones era, digamos así, confederal: los miembros se consideraban hermanos y se ofrecían ayudas terrenales y sufragios; pero cada grupo local, turno, era totalmente independiente y los estatutos comunes y reglamentos, de cumplimiento voluntario, indicativos, como senda de santificación. Los turnos de una misma población se coordinaban estrechamente. Los del mismo obispado dependían en todo lo espiritual, sin réplica, del obispo.
2ª.-Contrapuesta a esta estructura, inculcaba a todos: la caridad como amor a Jesús Sacramentado y, como consecuencia, a los hermanos (sin envidias ni contiendas); la estricta observancia de los ritos del culto por deuda a Dios; la humildad, la obediencia al obispo y a sus presbíteros, y al jefe de noche de la vigilia; la compasión y misericordia practicadas; el rezo del Oficio Divino y la meditación-adoración. El tener como meta la santificación y el testimonio sin publicidad mundana; no prestar atención a la publicidad ni a los registros administrativos. Tan sólo un acta por vigilia, de la que se le enviaba una copia a él; Trelles prestaba su tiempo para aconsejar: a un turno del Norte, que apenas registraba alguna comunión en las vigilias, le estuvo dos años escribiendo cariñosas y apenadas cartas, exhortándoles a no desdeñar tamaño regalo de Jesús, imprescindible para la vida espiritual.
"La misión del adorador nocturno no está limitada a orar solamente por sí mismo, por su familia, ni por un solo pueblo, sino que nuestras oraciones, han de ser por todos los pueblos y por todos los hombres del mundo”
"Considera que para tan elevado ministerio hemos sido llamados por la inspiración de lo alto. "Venimos pues aquí los adoradores nocturnos a asociarnos a Cristo, a inmolar místicamente nuestro corazón con el suyo y a ofrecernos a Dios por los pecados nuestros y de nuestros hermanos. (Lámpara, Tomo XVIII, Pg: 170 (1887)
LA MUERTE LEJOS DE SU FAMILIA
Sus únicos consuelos provinieron de la constante correspondencia recibida de los Adoradores de la veintena de diócesis en que estaba implantada la Adoración Nocturna, y de sus obispo. Por eso, intensificó la frecuencia de sus visitas con los terribles viajes de 1889, 1890 y 1891 por España. Los años, los cambios de clima constantes y las noches de vigilia o de trabajo hasta las madrugadas, a la luz de un quinqué, pudieron con su salud: una neumonía veraniega en Zamora, en cuatro días de inconsciencia casi permanente, excepto unas horas finales aprovechadas para recibir los últimos sacramentos y dictar testamento, le llevaron a la presencia de Dios. Por cierto, siempre tuvo un excelente buen humor que le convertía en el centro de las tertulias que muchos le habían recordado en su ausencia. Pues, como coda al testamento, hay un párrafo en que recuerda a una señora viuda, que se había negado a pagarle la minuta por su gestión testamentaria; Trelles asegura al albacea que renuncia a su derecho, y que le pide perdón por las molestias que le había causado con su reclamación.
El óbito tubo lugar el 1 de julio de 1891, en casa de su amigo y jefe de la Sección zamorana de la Adoración Nocturna, el doctor D. Fernando Canillas Caridad en la Calle Alcazaba, 21, de la citada ciudad, siendo enterrado, primeramente en el Cementerio de San Atilano. A los 50 años en la Iglesia de San Esteban y al cumplirse el centenario de su muerte, en la SI. Catedral de El Salvador.
Toda una vida ejemplar reconocida unánimemente, entregada a los hombres y a la sociedad, que ha merecido la instrucción de su proceso de canonización, actualmente en Roma y que para mayor gozo y alegría de sus seguidores, acaba de dársele un paso importante al ser declarado como VENERABLE por el Santo Padre, el Papa Francisco, tras el reconocimiento de sus Virtudes Heroicas (El Vaticano, 22 de enero de 2015).
SI VISITAS LA CATEDRAL DE ZAMORA, EN LA NAVE DERECHA, ANTE SU TUMBA, REZA UN PADRENUESTRO, IMPLORANDO AL PADRE EL MILAGRO NECESARIO PARA SU BEATIFICACIÓN - CANONIZACIÓN.
"La caridad, el amor de Dios, es el punto central, por decirlo así, del movimiento del alma humana hacia su Dios; movimiento, salva la acción de la gracia, tan meritorio cuanto es espontáneo y libre. De aquel centro [la caridad] nace todo, y aquel sentimiento [el amor de Dios] lo anima todo en la adoración, pudiendo establecerse una reciprocidad de las obras al amor, o del amor a las obras; en términos que, si el amor produce las obras, de los frutos se infiere el amor que los produce." [Trelles, La Lámpara del Santuario 1878, p. 122].
Fundación Luis de Trelles
“Comentarios sobre la Exhortación Apostólica Evangelii gaudium”
Con motivo de la reunión de Delegados de Zonas de la Adoración Nocturna Española, celebrada en la Residencia de Madres Benedictinas de la Natividad, nuestro Vicepresidente del Consejo nacional Luis Comas Zavala, desarrolló una interesántisima charla sobre "Evangelii Gaudium" exhortación Apostólica de S.S. Francisco cuyo contenido ha tenido la deferencia de remitirnoslo.
¡Santa Cuaresma y Semana Santa! ¡Qué sigamos trabajando por la consecuención del Reino de Dios en todo aquello que el Espíritu Santo nos sugiera!
X ENCUENTRO DE DELEGADOS DE ZONA
“Comentarios sobre la Exhortación Apostólica Evangelii gaudium”
Me suele gustar, al comienzo de estas charlas, invocar al Espíritu Santo. Para que Él nos sugiera y nos obtenga frutos apostólicos, a través del documento que vamos a comentar. Confío más en esta oración que en mis pobres dotes oratorias.
Oración inicial: Ven, Espíritu Santo.
Llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.
Envía tu Espíritu y serán creados.
Y renovarás la faz de la tierra.
Oh Dios, que has ilustrado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo; haz que guiados por el mismo Espíritu, sintamos rectamente y gocemos siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Me vais a permitir que, al proceder del País Vasco, comience con una alusión a los Obispos de mi tierra. Todos los años, al comienzo de la Cuaresma, los Obispos de Bilbao, San Sebastián y Vitoria, junto con el Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, tienen la costumbre de publicar una Pastoral conjunta.
Este año la Pastoral lleva por título “Misericordia entrañable” y comienza como se indica en la diapositiva, con un alusión a la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium :
1. La exhortación apostólica Evangelii Gaudium ha sido un don muy grande que el Papa Francisco ha regalado a la Iglesia. En este documento resuena la profunda experiencia pastoral del Papa, así como diversos documentos del magisterio eclesial, entre los que cabe destacar la constitución pastoral sobre la Iglesia Gaudium et Spes y la constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium del Concilio Vaticano II, la encíclica Evangelii Nuntiandi del beato Papa Pablo VI, el Catecismo de la Iglesia Católica y el Documento de Aparecida de la V Conferencia del CELAM del año 2007 titulado “Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida”.
Al inicio de la Pastoral, los Obispos destacan que Evangelii Gaudium constituye un “don muy grande” para la Iglesia. Efectivamente, lo es. Es un documento programático. En el mismo, el Papa expresa lo que quiere realizar en su pontificado.
Si siempre la Iglesia, en su historia, se ha sentido impelida a evangelizar, conforme al mandato de su Maestro: «Id y haced que todos los pueblos sean mis discípulos…» en la actualidad, esta tarea se presenta mas urgente que nunca: por la creciente secularización; por la realidad del hombre moderno encerrado en sí mismo, sin referencia a Dios; por la actual apostasía social en las antiguas naciones de tradición cristiana; por la tarea apremiante de llegar a aquellos hombres que todavía no conocen el Evangelio… Todo ello, impulsa al Papa Francisco a dar la máxima prioridad a la tarea evangelizadora y a alentarnos con el término de “una Iglesia en salida”.
También destacan los Obispos en la Pastoral la experiencia pastoral del Papa. Leemos, en una referencia del “L’Osservatore Romano”, “es un documento excepcional. Ante todo porque nace del corazón del obispo de Roma, fruto de una experiencia en primera línea y de su prolongada meditación sobre la urgencia de anunciar el Evangelio en el mundo de hoy. El contenido y el estilo inconfundibles del Papa Francisco caracterizan, en efecto, el texto y atrae a quien lo lee”
También se pone en evidencia, en la Pastoral, la conexión con el Concilio Vaticano II a través de dos de sus documentos principales: la constitución dogmática Lumen Gentium sobre la Iglesia y la constitución pastoral Gaudium et Spes sobre la Iglesia en el mundo. El documento Evangelii Nuntiandi del beato Papa Pablo VI corresponde a la Exhortación Apostólica Postsinodal, tras el Sínodo de 1974, sobre el tema “La evangelización en el mundo moderno”
Evangelii gaudium
1. La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría. En esta Exhortación quiero dirigirme a los fieles cristianos para invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría, e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años.
Aquí tenéis el comienzo de la Exhortación Apostólica.
La alegría del Evangelio, Evangelii gaudium, es su título.
“La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús.
Se inicia con esta frase, el documento que recoge la riqueza de los trabajos del Sínodo sobre la nueva evangelización. Y continúa así el Papa:
“quiero dirigirme a los fieles cristianos para invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría, e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años”. (1)
Un llamamiento apremiante, a todos los bautizados, para que, con fervor y dinamismo nuevos, llevemos a los demás el amor de Jesús en un “estado permanente de misión” (25) venciendo “el gran riesgo del mundo actual”: el de caer en “una tristeza individualista”. (2)
Para nosotros, fieles católicos, adoradores nocturnos, y responsables de la Adoración Nocturna Española, asociación de la Iglesia, supone una invitación a leer la Exhortación, a reflexionar sobre su contenido y a orar ante Jesús Sacramentado para que nos inspire el llevar a cabo, en la medida de nuestras posibilidades, las opciones y directrices que el Papa señala.
El documento es de fácil lectura, con muchas expresiones en lenguaje coloquial, que resultan familiares en el modo de expresarse del Papa, oriundo de tierras argentinas. Sin embargo, la Exhortación es extensa y con abundante contenido, lo que obliga a releerla. No es fácil de sintetizar. Está escrita en un estilo diferente al que estábamos acostumbrados en otros documentos del magisterio pontificio. Es un estilo mas propio de homilía, como escrito por un “Párroco del mundo”, expresión que algunos han empleado, atribuyéndosela al Papa.
ÍNDICE
• Introducción
• Capítulo 1º - La transformación misionera de la Iglesia.
• Capítulo 2º - En la crisis del compromiso comunitario.
• Capítulo 3º - El anuncio del Evangelio.
• Capítulo 4º - La dimensión social de la evangelización.
• Capítulo 5º - Evangelizadores con Espíritu.
El documento consta de una introducción y cinco capítulos. Durante la charla, los iremos recorriendo, al tiempo que comentaremos lo más relevante. Surgirán en estos comentarios, algunas expresiones del Papa, que espero llamen vuestra atención y que os animen a la lectura del documento.
Tras la introducción, en el Capítulo 1º, “La transformación misionera de la Iglesia”, se nos habla de “una Iglesia en salida”; “una Iglesia misionera”.
En el Capítulo 2º, “En la crisis del compromiso comunitario”, el Papa hace un breve discernimiento evangélico sobre el contexto en el que nos toca vivir y actuar. El Capítulo 3º, “El anuncio del Evangelio”, es un capítulo central: se ocupa de la tarea evangelizadora.
En el Capítulo 4º, “La dimensión social de la evangelización” se nos muestra el objetivo final de la misma: el Reino de Dios. Se trata de amar a Dios que reina en el mundo. En este capítulo, el Papa trata dos grandes cuestiones a las que atribuye una gran importancia: la inclusión social de los pobres y la paz y el diálogo social.
El último capítulo, “Evangelizadores con Espíritu”, está dedicado al papel del Espíritu Santo y de la Virgen María, en nuestra tarea evangelizadora.
Introducción
I. Alegría que se renueva y se comunica [2-8]
I. II. La dulce y confortadora alegría de evangelizar [9-13]
Una eterna novedad [11-13]
II. III. La nueva evangelización para la transmisión de la fe [14-18]
Propuesta y límites de esta Exhortación [16-18]
En la Introducción, el Papa invita a “recuperar la frescura original del Evangelio”, encontrando “nuevos caminos” y “métodos creativos”, a no encerrar a Jesús en nuestros “esquemas aburridos” (11).
A propósito del punto III de la Introducción, me parece oportuno situar este documento en el devenir reciente de la vida de la Iglesia.
Recordareis que, hace dos años, en el VIII Encuentro, vivimos una situación histórica excepcional. El 28 de febrero de 2013, se había hecho efectiva la renuncia al pontificado del Papa Benedicto XVI; nos encontrábamos en período de sede vacante y si os acordáis pedimos al Patriarca San José, Patrono de la Iglesia universal, por el desarrollo del cónclave y la elección del nuevo Papa.
Elegido el Papa Francisco, éste inició su pontificado precisamente en la solemnidad de San José, cuya figura, como custodio, centró la homilía. En el escudo del Papa, podemos apreciar la flor de nardo y la estrella, expresión de su especial devoción a la Virgen Santísima y al Santo Patriarca. Al destacar este detalle, quiero poner de manifiesto, una vez más, el patrocinio de San José sobre la Iglesia universal, que me parece esencial en el discurrir de la vida de la Iglesia. Un discurrir, a veces, accidentado. No olvidemos que San José es un poderoso intercesor, como destaca Santa Teresa de Jesús
• 7/10/2012 XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre “La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana”.
• 11 /10/2012 50º aniversario del inicio del Concilio Vaticano II.Apertura del Año de la Fe.
• 27/10/2012 58 proposiciones del Sínodo y la petición al Papa de una Exhortación Apostólica Postsinodal.
• 13/03/2013 Elección del Papa Francisco
• 29/06/2013 Encíclica “Lumen fidei”
• 24/11/2013 Clausura del Año de la Fe. Exhortación Apostólica “Evangelii gaudiu
Unos meses antes de la elección del Papa Francisco, el 11 de octubre de 2012, la Iglesia celebró solemnemente el 50º (quincuagésimo) aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II. En la misma fecha, se inició el Año de la Fe, convocado por Benedicto XVI, en una iniciativa similar al Beato Pablo VI, que convocó otro Año de la Fe, en 1967, en pleno período postconciliar, para conmemorar el décimo noveno centenario del martirio de los apóstoles Pedro y Pablo.
El domingo anterior, el 7 de octubre de 2012, había comenzado la XIII (decimotercera) Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre el tema “La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana”.
A la conclusión de este Sínodo, los padres sinodales aprobaron 58 proposiciones que entregaron al Santo Padre, Benedicto XVI, con la solicitud de la publicación de un documento papal sobre el tema del Sínodo, la nueva evangelización.
Por tanto, elegido el Papa Francisco, pasaron a su responsabilidad pastoral tanto el desarrollo del Año de la Fe como la publicación del documento solicitado por los padres sinodales.
Solía ser habitual, en la vida de la Iglesia, que después de la elección, en su primera encíclica, los nuevos Pontífices, transmitieran al pueblo cristiano su programa o las líneas básicas de su pontificado. Aquellos temas, objeto principal de sus preocupaciones.
En el caso del Papa Francisco, no ha sido así, ya que la primera encíclica, “Lumen fidei”, está dedicada a la virtud de la fe. En la misma, el Papa Francisco escribe que “pretende sumarse a lo que el Papa Benedicto XVI ha escrito en las Cartas encíclicas sobre la caridad y la esperanza. Él -se refiere a Benedicto XVI- ya había completado prácticamente una primera redacción de esta Carta encíclica sobre la fe. Se lo agradezco de corazón y, en la fraternidad de Cristo, asumo su precioso trabajo, añadiendo al texto algunas aportaciones”. De esta encíclica, fechada el 29 de junio de 2013, se ha dicho que está escrita a cuatro manos, las del Papa emérito y las del Papa Francisco, lo que constituye un hecho insólito en la vida de la Iglesia.
Mas tarde, en la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre de 2013, el Santo Padre Francisco clausuró el Año de la Fe, y publicó la Exhortación Apostólica “Evangelii gaudium”.
17…he optado por proponer algunas líneas que puedan alentar y orientar en toda la Iglesia una nueva etapa evangelizadora, llena de fervor y dinamismo. Dentro de ese marco, y en base a la doctrina de la Constitución dogmática “Lumen gentium”, decidí, entre otros temas, detenerme largamente en las siguientes cuestiones:
a) La reforma de la Iglesia en salida misionera.
b) Las tentaciones de los agentes pastorales.
c) La Iglesia entendida como la totalidad del Pueblo de Dios que evangeliza.
d) La homilía y su preparación.
e) La inclusión social de los pobres.
f) La paz y el diálogo social.
g) Las motivaciones espirituales para la tarea misionera.
18. Me extendí en esos temas con un desarrollo que quizá podrá pareceros excesivo….
En la Introducción de la Exhortación, puntos 17 y 18, el Papa recuerda el Sínodo sobre la “nueva evangelización” y declara que, al mismo tiempo que recoge su riqueza, quiere expresar ”las preocupaciones que me mueven en este momento concreto de la obra evangelizadora de la Iglesia”.
En base a la doctrina de la Constitución dogmática “Lumen gentium”, el Santo Padre señala que: “decidí, entre otros temas, detenerme largamente en las siguientes cuestiones”:
a) La reforma de la Iglesia en salida misionera. Cap. 1º
b) Las tentaciones de los agentes pastorales. Cap. 2º
c) La Iglesia entendida como la totalidad del Pueblo de Dios que evangeliza. Cap. 3º
d) La homilía y su preparación. Cap. 3º
e) La inclusión social de los pobres. Cap. 4º
f) La paz y el diálogo social. Cap. 4º
g) Las motivaciones espirituales para la tarea misionera. Cap. 5º
Por tanto, el documento pontificio tiene un doble carácter: una significación programática y al mismo tiempo, las características de una Exhortación Apostólica Postsinodal. Sin embargo, no lleva la denominación “Postsinodal”, que es propia de otras Exhortaciones Apostólicas, fruto de un Sínodo, pues con ello, el Papa Francisco quiere destacar su carácter personal: el programa de su pontificado.
En el Capítulo Primero, “La transformación misionera de la Iglesia”
I. Una lglesia en salida [20-24]
Primerear, involucrarse, acompañar, fructificar y festejar [24]
II. Pastoral en conversión [25-33]
Una impostergable renovación eclesial [27-33]
III. Desde el corazón del Evangelio [34-39]
IV. La misión que se encarna en los límites humanos [40-45]
V. Una madre de corazón abierto [46-49]
El Papa subraya las características y exigencias de la nueva evangelización, que obedece al mandato misionero de Jesús.
El Papa sueña con una opción misionera capaz de transformarlo todo. Considera necesaria “una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están” (25) y una “reforma de estructuras” eclesiales para que “todas ellas se vuelvan más misioneras” (27).
El Santo Padre piensa, incluso, “en una conversión del papado” para que sea “más fiel al sentido que Jesucristo quiso darle y a las necesidades actuales de la evangelización” (32).
Señala igualmente el deseo de que las Conferencias episcopales puedan dar su contribución, a fin de que el “afecto colegial” tenga una aplicación “concreta” que todavía “no se realizó plenamente” (32). Es necesaria “una saludable descentralización” (16).
Indica también que en esta renovación no hay que tener miedo de revisar costumbres de la Iglesia “no directamente ligadas al núcleo del Evangelio, algunas muy arraigadas a lo largo de la historia” (43).
Un signo de la acogida de Dios es “tener templos con las puertas abiertas en todas partes” para que todos los que buscan no se encuentren “con la frialdad de unas puertas cerradas”.
Alude también a los sacramentos: “Tampoco las puertas de los sacramentos deberían cerrarse por una razón cualquiera”, Pone como ejemplo, la Eucaristía que “no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles. Estas convicciones también tienen consecuencias pastorales que estamos llamados a considerar con prudencia y audacia”.
El Papa reitera que prefiere una Iglesia “herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia…preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos. Si algo debe inquietarnos santamente… es que tantos hermanos nuestros vivan” sin la amistad de Jesús (49).
En el Capítulo Segundo, “En la crisis del compromiso comunitario”
I. Algunos desafíos del mundo actual [52-75]
No a una economía de la exclusión [53-54]
No a la nueva idolatría del dinero [55-56]
No a un dinero que gobierna en lugar de servir [57-58]
No a la inequidad que genera violencia [59-60]
Algunos desafíos culturales [61 -67]
Desafíos de la inculturación de la fe [68-70]
Desafíos de las culturas urbanas [71-75]
II. Tentaciones de los agentes pastorales [76-109]
Sí al desafío de una espiritualidad misionera [78-80]
No a la acedia egoísta [81-83]
No al pesimismo estéril [84-86]
Sí a las relaciones nuevas que genera Jesucristo [87-92]
No a la mundanidad espiritual [93-97]
No a la guerra entre nosotros [98-101]
Otros desafíos eclesiales [102-109]
El Papa señala el contexto en el que nos toca vivir y actuar. No ofrece un análisis detallado y completo sobre la realidad contemporánea pero sí, un discernimiento evangélico, que señala algunas de las principales dificultades.
Acerca de los retos del mundo contemporáneo, el Papa denuncia el sistema económico actual: “es injusto en su raíz” (59).
Dice también que “esa economía mata” porque predomina “la ley del más fuerte”.
Destaca la cultura actual del “descarte” que ha creado “algo nuevo”: “los excluidos no son “explotados” sino desechos, “sobrantes” (53).
Denuncia que vivimos en una “nueva tiranía invisible, a veces virtual”, de un “mercado divinizado” donde imperan la “especulación financiera”, “una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta” (56).
Denuncia también los “ataques a la libertad religiosa” y “las nuevas situaciones de persecución a los cristianos…En muchos lugares se trata más bien de una difusa indiferencia relativista” (61).
La familia –escribe el Papa- “atraviesa una crisis cultural profunda”. Insistiendo en el “aporte indispensable del matrimonio a la sociedad” (66), subraya que “el individualismo posmoderno y globalizado favorece un estilo de vida que… desnaturaliza los vínculos familiares” (67)
En la segunda parte de este capítulo, el Papa hace referencia a las “tentaciones de los agentes pastorales”: individualismo, crisis de identidad, caída del fervor (78). “La mayor amenaza” es “el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando” (83).
Exhorta a no dejarse vencer por un “pesimismo estéril” (84) y a ser signo de esperanza (86) poniendo en marcha “la revolución de la ternura”. Es necesario huir de la “espiritualidad del bienestar” que rechaza los “compromisos fraternos” y vencer “la mundanidad espiritual” que consiste en “buscar, en lugar de la gloria del Señor, la gloria humana” (93).
El Papa habla de los que “se sienten superiores a otros” por ser “inquebrantablemente fieles a cierto estilo católico propio del pasado” y “en lugar de evangelizar lo que se hace es… clasificar a los demás” (94) o de los que tienen un “cuidado ostentoso de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia, pero sin preocuparles que el Evangelio tenga una real inserción” en las necesidades de la gente (95). Se trata de “una tremenda corrupción con apariencia de bien… ¡Dios nos libre de una Iglesia mundana bajo ropajes espirituales o pastorales” (97).
Lanza un llamamiento a las comunidades eclesiales a no caer en envidias ni en celos: “dentro del Pueblo de Dios y en las distintas comunidades, ¡cuántas guerras!” (98). “¿A quien vamos a evangelizar con esos comportamientos?” (100).
Subraya la necesidad de hacer crecer la responsabilidad de los laicos, mantenidos “al margen de las decisiones”, a raíz de “un excesivo clericalismo” (102).
Afirma también que “todavía es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia”, en particular “en los diversos lugares donde se toman las decisiones importantes” (103). “Las reivindicaciones de los legítimos derechos de las mujeres…no se pueden eludir superficialmente” (104).
Respecto a los jóvenes, señala que deben tener “un protagonismo mayor” (106).
Y frente a la escasez de vocaciones en algunos lugares, el Papa afirma que “no se pueden llenar los seminarios con cualquier tipo de motivaciones” (107).
En el Capítulo Tercero, “El anuncio del Evangelio”
I. Todo el Pueblo de Dios anuncia el Evangelio [111-134]
Un pueblo para todos [112-114]
Un pueblo con muchos rostros [115-118]
Todos somos discípulos misioneros [119-121]
La fuerza evangelizadora de la piedad popular [122-126]
Persona a persona [127-129]
Carismas al servicio de la comunión evangelizadora [130-131]
Cultura, pensamiento y educación [132-134]
II. La homilía [135-144]
El contexto litúrgico [137-138]
La conversación de la madre [139-141]
Palabras que hacen arder los corazones [142-144]
El Papa recuerda que “la evangelización es tarea de la Iglesia. Pero este sujeto de la evangelización es más que una institución orgánica y jerárquica, porque es ante todo un pueblo que peregrina hacia Dios”.
Sobre la inculturación, el Santo Padre recuerda que “el cristianismo no tiene un único modo cultural” y que el rostro de la Iglesia es “pluriforme” (116). “No podemos pretender que los pueblos de todos los continentes, al expresar la fe cristiana, imiten los modos que encontraron los pueblos europeos en un determinado momento de la historia” (118).
Por otra parte, el Papa reafirma la “fuerza activamente evangelizadora” de la piedad popular (126) y alienta la investigación de los teólogos, invitándoles a llevar en el corazón “la finalidad evangelizadora de la Iglesia” y a no contentarse con “una teología de escritorio” (133).
Se detiene “con cierta meticulosidad, en la homilía” porque “son muchos los reclamos que se dirigen en relación con este gran ministerio y no podemos hacer oídos sordos”. La homilía “debe ser breve y evitar parecerse a una charla o a una clase”, debe saber decir “palabras que hacen arder los corazones”, huyendo de “una predicación puramente moralista o adoctrinadora”
III. La preparación de la predicación [145-159]
El culto a la verdad [146-148]
La personalización de la Palabra [149-151]
La lectura espiritual [152-153]
Un oído en el pueblo [154-155]
Recursos pedagógicos [156-159]
IV. Una evangelización para la profundización del kerygma [160-175]
Una catequesis kerygmática y mistagógica [163-168]
El acompañamiento personal de los procesos de crecimiento [169-173]
En torno a la Palabra de Dios [174-175]
Subraya el Papa la importancia de la preparación de la homilía: “Un predicador que no se prepara no es “espiritual”; es deshonesto e irresponsable” (145). “Una buena homilía…debe contener “una idea, un sentimiento, una imagen” (157).
La predicación debe ser positiva para que dé “siempre…esperanza” y no nos deje “encerrados en la negatividad” (159). El anuncio mismo del Evangelio debe tener características positivas: “cercanía, apertura al diálogo, paciencia, acogida cordial que no condena” (165).
En el Capítulo Cuarto, “La dimensión social de la evangelización”
I. Las repercusiones comunitarias y sociales del kerygma [177-185]
Confesión de la fe y compromiso social [178-179]
El Reino que nos reclama [180-181]
La enseñanza de la lglesia sobre cuestiones sociales [182-185]
II. La inclusión social de los pobres [186-216]
Unidos a Dios escuchamos un clamor [187-192]
Fidelidad al Evangelio para no correr en vano [193-196]
El lugar privilegiado de los pobres en el pueblo de Dios [197-201]
Economía y distribución del ingreso [202-208]
Cuidar la fragilidad [209-216]
Comienza el Papa afirmando que “”Evangelizar es hacer presente en el mundo el Reino de Dios” (176). Por ello, reafirma “la íntima conexión que existe entre evangelización y promoción humana” (178) así como el derecho de los pastores “a emitir opiniones sobre todo aquello que afecte a la vida de las personas” (182). “Nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social”. Y cita a San Juan Pablo II cuando afirma que la Iglesia “no puede ni debe quedarse al margen de la lucha por la justicia” (165).
Sobre una de las dos grandes cuestiones de este capítulo, la inclusión social de los pobres, el Papa escribe: “Para la Iglesia la opción por los pobres es una categoría teológica” antes que sociológica. “Por eso quiero una Iglesia pobre para los pobres. Ellos tienen mucho que enseñarnos” (198). “Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres… no se resolverán los problemas del mundo” (202).
Respecto a la política, afirma el Papa: “La política tan denigrada es una de las formas mas preciosas de la caridad”. “¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad… la vida de los pobres!”.
También hace una advertencia: Cualquier comunidad de la Iglesia que se olvide de los pobres “correrá el riesgo de disolución” (205-207).
El Papa invita a cuidar a los más débiles: “los sin techo, los toxicodependientes, los refugiados, los pueblos indígenas, los ancianos cada vez más solos y abandonados” y los migrantes, por los que exhorta a los países “a una generosa apertura”.
Habla de las víctimas de la trata de personas y de nuevas formas de esclavitud: “En nuestras ciudades está instalado este crimen mafioso y aberrante, y muchos tienen las manos preñadas de sangre debido a la complicidad cómoda y muda” (211). “Doblemente pobres son las mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia” (212).
Se refiere también al tema del aborto: “Entre esos débiles, que la Iglesia quiere cuidar con predilección” están “los niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes hoy se les quiere negar su dignidad humana” (213). “No debe esperarse que la iglesia cambie su postura sobre esta cuestión… No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana” (214).
Finaliza este tema con un llamamiento al respeto de todo lo creado: “estamos llamados a cuidar la fragilidad del pueblo y del mundo en que vivimos” (216).
III. El bien común y la paz social [217-237]
El tiempo es superior al espacio [222-225]
La unidad prevalece sobre el conflicto [226-230]
La realidad es más importante que la idea [231-233]
El todo es superior a fa parte [234-237]
IV. El diálogo social como contribución a la paz [238-258]
El diálogo entre la fe, la razón y las ciencias [242-243]
El diálogo ecuménico [244-246]
Las relaciones con el Judaísmo [247-249]
El diálogo interreligioso [250-254]
El diálogo social en un contexto de libertad religiosa [255-258]
Por cuanto respecta al tema de la paz, el Papa destaca que “es necesaria una voz profética” cuando se quiere construir una reconciliación falsa que “silencie” a los más pobres, mientras “algunos no quieren renunciar a sus privilegios (218).
Para la construcción de una sociedad “en paz, justicia y fraternidad” indica cuatro principios (221):
• “El tiempo es superior al espacio” (222) lo que significa “trabajar a largo plazo, sin obsesionarse por resultados inmediatos (223).
• “La unidad prevalece sobre el conflicto” (226) quiere decir obrar para que los opuestos alcancen “una unidad pluriforme que engendra nueva vida” (228).
• “La realidad es más importante que la idea” (231) significa evitar que la política y la fe se reduzcan a la retórica (232).
• “El todo es superior a la parte” quiere decir aunar globalización y localización (234).
Mas adelante, continúa el Papa escribiendo: “La evangelización también implica un camino de diálogo” que abre a la Iglesia para colaborar con todas las realidades políticas, sociales, religiosas y culturales (238).
El ecumenismo es “un camino ineludible de la evangelización”. Es importante el enriquecimiento recíproco: “¡cuántas cosas podemos aprender unos de otros”, por ejemplo, “en el diálogo con los hermanos ortodoxos, los católicos tenemos la posibilidad de aprender más sobre el sentido de la colegialidad episcopal y sobre su experiencia de la sinodalidad” (246); “el diálogo y la amistad con los hijos de Israel son parte de la vida de los discípulos de Jesús” (248); “el diálogo interreligioso”, que se conduce con “una identidad clara y gozosa”, “es una condición necesaria para la paz en el mundo” y no oscurece la evangelización (250-251); “en esta época adquiere gran importancia la relación con los creyentes del Islam” (252):
El Papa implora “humildemente” para que los países de tradición islámica aseguren la libertad religiosa a los cristianos, “¡teniendo en cuenta la libertad que los creyentes del Islam gozan en los países occidentales!”. “Frente a episodios de fundamentalismo violento” el Papa invita a “evitar odiosas generalizaciones, porque el verdadero Islam y una adecuada interpretación del Corán se oponen a toda violencia” (253).
Contra el intento de privatizar las religiones en algunos contextos, el santo Padre afirma que “el debido respeto a las minorías de agnósticos o no creyentes no debe imponerse de un modo arbitrario que silencie las convicciones de mayorías creyentes o ignore la riqueza de las tradiciones religiosas (255). El Papa reitera de este modo la importancia del diálogo y de la alianza entre creyentes y no creyentes. (257).
El último Capítulo.
I. Motivaciones para un renovado impulso misionero [262-283]
El encuentro personal con el amor de Jesús que nos salva [264-267]
El gusto espiritual de ser pueblo [268-274]
La acción misteriosa del Resucitado y de su Espíritu [275-280]
La fuerza misionera de la intercesión [281-283]
ll. María, la Madre de la evangelización [284-288]
El regalo de Jesús a su pueblo [285-286]
La Estrella de la nueva evangelización [287-288]
“Evangelizadores con Espíritu”, son aquellos que “se abren sin temor a la acción del Espíritu Santo” que “infunde la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia (parresía), en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente” (259). Se trata de “evangelizadores que oran y trabajan” (262), conscientes de que “la misión es una pasión por Jesús pero, al mismo tiempo, una pasión por su pueblo” (262): “Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás” (270).
“En nuestra relación con el mundo, se nos invita a dar razón de nuestra esperanza, pero no como enemigos que señalan y condenan” (271).
”Sólo puede ser misionero alguien que se sienta bien buscando el bien de los demás, deseando la felicidad de los otros” (272): “si logro ayudar a una sola persona a vivir mejor, eso ya justifica la entrega de mi vida” (274).
El Papa invita a no desanimarse ante los fracasos o la escasez de resultados porque la “fecundidad es muchas veces invisible, inaferrable, no puede ser contabilizada”; “sólo sabemos que nuestra entrega es necesaria” (279).
Antes de concluir, quiero referirme a una cuestión particular de este Capítulo que creo nos afecta de un modo especial. Si recordáis, en el VIII Encuentro, hace dos años, tuvimos una charla titulada “Adoración Eucarística, corazón de la nueva evangelización”. En ella, se trataba del Mensaje y de las 58 proposiciones del Sínodo sobre la nueva evangelización y constatábamos que ni en el Mensaje ni en las proposiciones había una mención explícita a la adoración eucarística. Sí existía una mención implícita al tratar de temas como el encuentro personal con Jesucristo; ocasiones para este encuentro; llamada a la conversión; contemplación del misterio, etc. pero no se la nombraba de una forma explícita.
“…sin momentos detenidos de adoración, de encuentro orante con la Palabra, de diálogo sincero con el Señor, las tareas fácilmente se vacían de sentido, nos debilitamos por el cansancio y las dificultades, y el fervor se apaga. La Iglesia necesita imperiosamente el pulmón de la oración, y me alegra enormemente que se multipliquen en todas las instituciones eclesiales los grupos de oración, de intercesión, de lectura orante de la Palabra, las adoraciones perpetuas de la Eucaristía”. (nº. 262)
No ocurre lo mismo en Evangelii Gaudium. Cuando el Papa hace mención de los “evangelizadores que oran y trabajan” (262) en este punto, destaca que “siempre hace falta cultivar un espacio interior que otorgue sentido cristiano al compromiso y a la actividad” (262). Y entre los modos de cultivar ese espacio interior, menciona, entre otros, los “momentos detenidos de adoración” y “las adoraciones perpetuas de la Eucaristía” (262).
Unas líneas después, en esta parte final de la Exhortación, el Papa escribe que “La primera motivación para evangelizar es el amor de Jesús que hemos recibido, esa experiencia de ser salvados por Él que nos mueve a amarlo siempre más. Pero ¿qué amor es ese que no siente la necesidad de hablar del ser amado, de mostrarlo, de hacerlo conocer?” (264).
“Si no sentimos el intenso deseo de comunicarlo, necesitamos detenernos en oración para pedirle a Él que vuelva a cautivarnos. Nos hace falta clamar cada día, pedir su gracia para que nos abra el corazón frío y sacuda nuestra vida tibia y superficial…. ¡Qué dulce es estar frente a un crucifijo, o de rodillas delante del Santísimo, y simplemente ser ante sus ojos! ¡Cuánto bien nos hace dejar que Él vuelva a tocar nuestra existencia y nos lance a comunicar su vida nueva!” (nº. 264)
Para superar los ánimos decaídos o nuestra tibieza, el Papa insiste de nuevo en la necesidad de la oración: “Si no sentimos el intenso deseo de comunicarlo, necesitamos detenernos en oración para pedirle a Él que vuelva a cautivarnos. Nos hace falta clamar cada día, pedir su gracia para que nos abra el corazón frío y sacuda nuestra vida tibia y superficial”. (264)
Y termina alentándonos con estas exclamaciones de ánimo: “¡Qué dulce es estar frente a un crucifijo, o de rodillas delante del Santísimo, y simplemente ser ante sus ojos! ¡Cuánto bien nos hace dejar que Él vuelva a tocar nuestra existencia y nos lance a comunicar su vida nueva!”
Al fijar nuestra atención en estos textos de Evangelii Gaudium, he querido destacar un hecho evidente: “La Adoración Eucarística es corazón de la nueva evangelización”. Lo cual, tiene para nosotros un doble significado:
• Por un lado, la fidelidad a nuestra vocación adoradora nocturna nos dará la gracia de ser evangelizadores; de cumplir con la misión a la que el Papa nos alienta en la Exhortación Apostólica, que hemos comentado.
• Por otro lado, con nuestros Turnos y Secciones de A.N.E. ponemos al servicio de otros miembros de la Iglesia, la posibilidad de encontrar esos espacios interiores que hay que cultivar, a los que hace mención el Papa Francisco.
Concluye la Exhortación con una oración a María “Madre del Evangelio”. Escribe el Santo Padre:
“Hay un estilo mariano en la actividad evangelizadora de la Iglesia. Porque cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño” (288).
Termino, poniendo en manos de nuestra Madre, Madre del Amor hermoso, todo lo que somos y lo que llevamos en nuestro corazón: la Adoración Nocturna Española.
¡Santa Cuaresma y Semana Santa! ¡Qué sigamos trabajando por la consecuención del Reino de Dios en todo aquello que el Espíritu Santo nos sugiera!
X ENCUENTRO DE DELEGADOS DE ZONA
“Comentarios sobre la Exhortación Apostólica Evangelii gaudium”
Me suele gustar, al comienzo de estas charlas, invocar al Espíritu Santo. Para que Él nos sugiera y nos obtenga frutos apostólicos, a través del documento que vamos a comentar. Confío más en esta oración que en mis pobres dotes oratorias.
Oración inicial: Ven, Espíritu Santo.
Llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.
Envía tu Espíritu y serán creados.
Y renovarás la faz de la tierra.
Oh Dios, que has ilustrado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo; haz que guiados por el mismo Espíritu, sintamos rectamente y gocemos siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Me vais a permitir que, al proceder del País Vasco, comience con una alusión a los Obispos de mi tierra. Todos los años, al comienzo de la Cuaresma, los Obispos de Bilbao, San Sebastián y Vitoria, junto con el Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, tienen la costumbre de publicar una Pastoral conjunta.
Este año la Pastoral lleva por título “Misericordia entrañable” y comienza como se indica en la diapositiva, con un alusión a la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium :
1. La exhortación apostólica Evangelii Gaudium ha sido un don muy grande que el Papa Francisco ha regalado a la Iglesia. En este documento resuena la profunda experiencia pastoral del Papa, así como diversos documentos del magisterio eclesial, entre los que cabe destacar la constitución pastoral sobre la Iglesia Gaudium et Spes y la constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium del Concilio Vaticano II, la encíclica Evangelii Nuntiandi del beato Papa Pablo VI, el Catecismo de la Iglesia Católica y el Documento de Aparecida de la V Conferencia del CELAM del año 2007 titulado “Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida”.
Al inicio de la Pastoral, los Obispos destacan que Evangelii Gaudium constituye un “don muy grande” para la Iglesia. Efectivamente, lo es. Es un documento programático. En el mismo, el Papa expresa lo que quiere realizar en su pontificado.
Si siempre la Iglesia, en su historia, se ha sentido impelida a evangelizar, conforme al mandato de su Maestro: «Id y haced que todos los pueblos sean mis discípulos…» en la actualidad, esta tarea se presenta mas urgente que nunca: por la creciente secularización; por la realidad del hombre moderno encerrado en sí mismo, sin referencia a Dios; por la actual apostasía social en las antiguas naciones de tradición cristiana; por la tarea apremiante de llegar a aquellos hombres que todavía no conocen el Evangelio… Todo ello, impulsa al Papa Francisco a dar la máxima prioridad a la tarea evangelizadora y a alentarnos con el término de “una Iglesia en salida”.
También destacan los Obispos en la Pastoral la experiencia pastoral del Papa. Leemos, en una referencia del “L’Osservatore Romano”, “es un documento excepcional. Ante todo porque nace del corazón del obispo de Roma, fruto de una experiencia en primera línea y de su prolongada meditación sobre la urgencia de anunciar el Evangelio en el mundo de hoy. El contenido y el estilo inconfundibles del Papa Francisco caracterizan, en efecto, el texto y atrae a quien lo lee”
También se pone en evidencia, en la Pastoral, la conexión con el Concilio Vaticano II a través de dos de sus documentos principales: la constitución dogmática Lumen Gentium sobre la Iglesia y la constitución pastoral Gaudium et Spes sobre la Iglesia en el mundo. El documento Evangelii Nuntiandi del beato Papa Pablo VI corresponde a la Exhortación Apostólica Postsinodal, tras el Sínodo de 1974, sobre el tema “La evangelización en el mundo moderno”
Evangelii gaudium
1. La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría. En esta Exhortación quiero dirigirme a los fieles cristianos para invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría, e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años.
Aquí tenéis el comienzo de la Exhortación Apostólica.
La alegría del Evangelio, Evangelii gaudium, es su título.
“La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús.
Se inicia con esta frase, el documento que recoge la riqueza de los trabajos del Sínodo sobre la nueva evangelización. Y continúa así el Papa:
“quiero dirigirme a los fieles cristianos para invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría, e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años”. (1)
Un llamamiento apremiante, a todos los bautizados, para que, con fervor y dinamismo nuevos, llevemos a los demás el amor de Jesús en un “estado permanente de misión” (25) venciendo “el gran riesgo del mundo actual”: el de caer en “una tristeza individualista”. (2)
Para nosotros, fieles católicos, adoradores nocturnos, y responsables de la Adoración Nocturna Española, asociación de la Iglesia, supone una invitación a leer la Exhortación, a reflexionar sobre su contenido y a orar ante Jesús Sacramentado para que nos inspire el llevar a cabo, en la medida de nuestras posibilidades, las opciones y directrices que el Papa señala.
El documento es de fácil lectura, con muchas expresiones en lenguaje coloquial, que resultan familiares en el modo de expresarse del Papa, oriundo de tierras argentinas. Sin embargo, la Exhortación es extensa y con abundante contenido, lo que obliga a releerla. No es fácil de sintetizar. Está escrita en un estilo diferente al que estábamos acostumbrados en otros documentos del magisterio pontificio. Es un estilo mas propio de homilía, como escrito por un “Párroco del mundo”, expresión que algunos han empleado, atribuyéndosela al Papa.
ÍNDICE
• Introducción
• Capítulo 1º - La transformación misionera de la Iglesia.
• Capítulo 2º - En la crisis del compromiso comunitario.
• Capítulo 3º - El anuncio del Evangelio.
• Capítulo 4º - La dimensión social de la evangelización.
• Capítulo 5º - Evangelizadores con Espíritu.
El documento consta de una introducción y cinco capítulos. Durante la charla, los iremos recorriendo, al tiempo que comentaremos lo más relevante. Surgirán en estos comentarios, algunas expresiones del Papa, que espero llamen vuestra atención y que os animen a la lectura del documento.
Tras la introducción, en el Capítulo 1º, “La transformación misionera de la Iglesia”, se nos habla de “una Iglesia en salida”; “una Iglesia misionera”.
En el Capítulo 2º, “En la crisis del compromiso comunitario”, el Papa hace un breve discernimiento evangélico sobre el contexto en el que nos toca vivir y actuar. El Capítulo 3º, “El anuncio del Evangelio”, es un capítulo central: se ocupa de la tarea evangelizadora.
En el Capítulo 4º, “La dimensión social de la evangelización” se nos muestra el objetivo final de la misma: el Reino de Dios. Se trata de amar a Dios que reina en el mundo. En este capítulo, el Papa trata dos grandes cuestiones a las que atribuye una gran importancia: la inclusión social de los pobres y la paz y el diálogo social.
El último capítulo, “Evangelizadores con Espíritu”, está dedicado al papel del Espíritu Santo y de la Virgen María, en nuestra tarea evangelizadora.
Introducción
I. Alegría que se renueva y se comunica [2-8]
I. II. La dulce y confortadora alegría de evangelizar [9-13]
Una eterna novedad [11-13]
II. III. La nueva evangelización para la transmisión de la fe [14-18]
Propuesta y límites de esta Exhortación [16-18]
En la Introducción, el Papa invita a “recuperar la frescura original del Evangelio”, encontrando “nuevos caminos” y “métodos creativos”, a no encerrar a Jesús en nuestros “esquemas aburridos” (11).
A propósito del punto III de la Introducción, me parece oportuno situar este documento en el devenir reciente de la vida de la Iglesia.
Recordareis que, hace dos años, en el VIII Encuentro, vivimos una situación histórica excepcional. El 28 de febrero de 2013, se había hecho efectiva la renuncia al pontificado del Papa Benedicto XVI; nos encontrábamos en período de sede vacante y si os acordáis pedimos al Patriarca San José, Patrono de la Iglesia universal, por el desarrollo del cónclave y la elección del nuevo Papa.
Elegido el Papa Francisco, éste inició su pontificado precisamente en la solemnidad de San José, cuya figura, como custodio, centró la homilía. En el escudo del Papa, podemos apreciar la flor de nardo y la estrella, expresión de su especial devoción a la Virgen Santísima y al Santo Patriarca. Al destacar este detalle, quiero poner de manifiesto, una vez más, el patrocinio de San José sobre la Iglesia universal, que me parece esencial en el discurrir de la vida de la Iglesia. Un discurrir, a veces, accidentado. No olvidemos que San José es un poderoso intercesor, como destaca Santa Teresa de Jesús
• 7/10/2012 XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre “La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana”.
• 11 /10/2012 50º aniversario del inicio del Concilio Vaticano II.Apertura del Año de la Fe.
• 27/10/2012 58 proposiciones del Sínodo y la petición al Papa de una Exhortación Apostólica Postsinodal.
• 13/03/2013 Elección del Papa Francisco
• 29/06/2013 Encíclica “Lumen fidei”
• 24/11/2013 Clausura del Año de la Fe. Exhortación Apostólica “Evangelii gaudiu
Unos meses antes de la elección del Papa Francisco, el 11 de octubre de 2012, la Iglesia celebró solemnemente el 50º (quincuagésimo) aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II. En la misma fecha, se inició el Año de la Fe, convocado por Benedicto XVI, en una iniciativa similar al Beato Pablo VI, que convocó otro Año de la Fe, en 1967, en pleno período postconciliar, para conmemorar el décimo noveno centenario del martirio de los apóstoles Pedro y Pablo.
El domingo anterior, el 7 de octubre de 2012, había comenzado la XIII (decimotercera) Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre el tema “La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana”.
A la conclusión de este Sínodo, los padres sinodales aprobaron 58 proposiciones que entregaron al Santo Padre, Benedicto XVI, con la solicitud de la publicación de un documento papal sobre el tema del Sínodo, la nueva evangelización.
Por tanto, elegido el Papa Francisco, pasaron a su responsabilidad pastoral tanto el desarrollo del Año de la Fe como la publicación del documento solicitado por los padres sinodales.
Solía ser habitual, en la vida de la Iglesia, que después de la elección, en su primera encíclica, los nuevos Pontífices, transmitieran al pueblo cristiano su programa o las líneas básicas de su pontificado. Aquellos temas, objeto principal de sus preocupaciones.
En el caso del Papa Francisco, no ha sido así, ya que la primera encíclica, “Lumen fidei”, está dedicada a la virtud de la fe. En la misma, el Papa Francisco escribe que “pretende sumarse a lo que el Papa Benedicto XVI ha escrito en las Cartas encíclicas sobre la caridad y la esperanza. Él -se refiere a Benedicto XVI- ya había completado prácticamente una primera redacción de esta Carta encíclica sobre la fe. Se lo agradezco de corazón y, en la fraternidad de Cristo, asumo su precioso trabajo, añadiendo al texto algunas aportaciones”. De esta encíclica, fechada el 29 de junio de 2013, se ha dicho que está escrita a cuatro manos, las del Papa emérito y las del Papa Francisco, lo que constituye un hecho insólito en la vida de la Iglesia.
Mas tarde, en la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre de 2013, el Santo Padre Francisco clausuró el Año de la Fe, y publicó la Exhortación Apostólica “Evangelii gaudium”.
17…he optado por proponer algunas líneas que puedan alentar y orientar en toda la Iglesia una nueva etapa evangelizadora, llena de fervor y dinamismo. Dentro de ese marco, y en base a la doctrina de la Constitución dogmática “Lumen gentium”, decidí, entre otros temas, detenerme largamente en las siguientes cuestiones:
a) La reforma de la Iglesia en salida misionera.
b) Las tentaciones de los agentes pastorales.
c) La Iglesia entendida como la totalidad del Pueblo de Dios que evangeliza.
d) La homilía y su preparación.
e) La inclusión social de los pobres.
f) La paz y el diálogo social.
g) Las motivaciones espirituales para la tarea misionera.
18. Me extendí en esos temas con un desarrollo que quizá podrá pareceros excesivo….
En la Introducción de la Exhortación, puntos 17 y 18, el Papa recuerda el Sínodo sobre la “nueva evangelización” y declara que, al mismo tiempo que recoge su riqueza, quiere expresar ”las preocupaciones que me mueven en este momento concreto de la obra evangelizadora de la Iglesia”.
En base a la doctrina de la Constitución dogmática “Lumen gentium”, el Santo Padre señala que: “decidí, entre otros temas, detenerme largamente en las siguientes cuestiones”:
a) La reforma de la Iglesia en salida misionera. Cap. 1º
b) Las tentaciones de los agentes pastorales. Cap. 2º
c) La Iglesia entendida como la totalidad del Pueblo de Dios que evangeliza. Cap. 3º
d) La homilía y su preparación. Cap. 3º
e) La inclusión social de los pobres. Cap. 4º
f) La paz y el diálogo social. Cap. 4º
g) Las motivaciones espirituales para la tarea misionera. Cap. 5º
Por tanto, el documento pontificio tiene un doble carácter: una significación programática y al mismo tiempo, las características de una Exhortación Apostólica Postsinodal. Sin embargo, no lleva la denominación “Postsinodal”, que es propia de otras Exhortaciones Apostólicas, fruto de un Sínodo, pues con ello, el Papa Francisco quiere destacar su carácter personal: el programa de su pontificado.
En el Capítulo Primero, “La transformación misionera de la Iglesia”
I. Una lglesia en salida [20-24]
Primerear, involucrarse, acompañar, fructificar y festejar [24]
II. Pastoral en conversión [25-33]
Una impostergable renovación eclesial [27-33]
III. Desde el corazón del Evangelio [34-39]
IV. La misión que se encarna en los límites humanos [40-45]
V. Una madre de corazón abierto [46-49]
El Papa subraya las características y exigencias de la nueva evangelización, que obedece al mandato misionero de Jesús.
El Papa sueña con una opción misionera capaz de transformarlo todo. Considera necesaria “una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están” (25) y una “reforma de estructuras” eclesiales para que “todas ellas se vuelvan más misioneras” (27).
El Santo Padre piensa, incluso, “en una conversión del papado” para que sea “más fiel al sentido que Jesucristo quiso darle y a las necesidades actuales de la evangelización” (32).
Señala igualmente el deseo de que las Conferencias episcopales puedan dar su contribución, a fin de que el “afecto colegial” tenga una aplicación “concreta” que todavía “no se realizó plenamente” (32). Es necesaria “una saludable descentralización” (16).
Indica también que en esta renovación no hay que tener miedo de revisar costumbres de la Iglesia “no directamente ligadas al núcleo del Evangelio, algunas muy arraigadas a lo largo de la historia” (43).
Un signo de la acogida de Dios es “tener templos con las puertas abiertas en todas partes” para que todos los que buscan no se encuentren “con la frialdad de unas puertas cerradas”.
Alude también a los sacramentos: “Tampoco las puertas de los sacramentos deberían cerrarse por una razón cualquiera”, Pone como ejemplo, la Eucaristía que “no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles. Estas convicciones también tienen consecuencias pastorales que estamos llamados a considerar con prudencia y audacia”.
El Papa reitera que prefiere una Iglesia “herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia…preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos. Si algo debe inquietarnos santamente… es que tantos hermanos nuestros vivan” sin la amistad de Jesús (49).
En el Capítulo Segundo, “En la crisis del compromiso comunitario”
I. Algunos desafíos del mundo actual [52-75]
No a una economía de la exclusión [53-54]
No a la nueva idolatría del dinero [55-56]
No a un dinero que gobierna en lugar de servir [57-58]
No a la inequidad que genera violencia [59-60]
Algunos desafíos culturales [61 -67]
Desafíos de la inculturación de la fe [68-70]
Desafíos de las culturas urbanas [71-75]
II. Tentaciones de los agentes pastorales [76-109]
Sí al desafío de una espiritualidad misionera [78-80]
No a la acedia egoísta [81-83]
No al pesimismo estéril [84-86]
Sí a las relaciones nuevas que genera Jesucristo [87-92]
No a la mundanidad espiritual [93-97]
No a la guerra entre nosotros [98-101]
Otros desafíos eclesiales [102-109]
El Papa señala el contexto en el que nos toca vivir y actuar. No ofrece un análisis detallado y completo sobre la realidad contemporánea pero sí, un discernimiento evangélico, que señala algunas de las principales dificultades.
Acerca de los retos del mundo contemporáneo, el Papa denuncia el sistema económico actual: “es injusto en su raíz” (59).
Dice también que “esa economía mata” porque predomina “la ley del más fuerte”.
Destaca la cultura actual del “descarte” que ha creado “algo nuevo”: “los excluidos no son “explotados” sino desechos, “sobrantes” (53).
Denuncia que vivimos en una “nueva tiranía invisible, a veces virtual”, de un “mercado divinizado” donde imperan la “especulación financiera”, “una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta” (56).
Denuncia también los “ataques a la libertad religiosa” y “las nuevas situaciones de persecución a los cristianos…En muchos lugares se trata más bien de una difusa indiferencia relativista” (61).
La familia –escribe el Papa- “atraviesa una crisis cultural profunda”. Insistiendo en el “aporte indispensable del matrimonio a la sociedad” (66), subraya que “el individualismo posmoderno y globalizado favorece un estilo de vida que… desnaturaliza los vínculos familiares” (67)
En la segunda parte de este capítulo, el Papa hace referencia a las “tentaciones de los agentes pastorales”: individualismo, crisis de identidad, caída del fervor (78). “La mayor amenaza” es “el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando” (83).
Exhorta a no dejarse vencer por un “pesimismo estéril” (84) y a ser signo de esperanza (86) poniendo en marcha “la revolución de la ternura”. Es necesario huir de la “espiritualidad del bienestar” que rechaza los “compromisos fraternos” y vencer “la mundanidad espiritual” que consiste en “buscar, en lugar de la gloria del Señor, la gloria humana” (93).
El Papa habla de los que “se sienten superiores a otros” por ser “inquebrantablemente fieles a cierto estilo católico propio del pasado” y “en lugar de evangelizar lo que se hace es… clasificar a los demás” (94) o de los que tienen un “cuidado ostentoso de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia, pero sin preocuparles que el Evangelio tenga una real inserción” en las necesidades de la gente (95). Se trata de “una tremenda corrupción con apariencia de bien… ¡Dios nos libre de una Iglesia mundana bajo ropajes espirituales o pastorales” (97).
Lanza un llamamiento a las comunidades eclesiales a no caer en envidias ni en celos: “dentro del Pueblo de Dios y en las distintas comunidades, ¡cuántas guerras!” (98). “¿A quien vamos a evangelizar con esos comportamientos?” (100).
Subraya la necesidad de hacer crecer la responsabilidad de los laicos, mantenidos “al margen de las decisiones”, a raíz de “un excesivo clericalismo” (102).
Afirma también que “todavía es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia”, en particular “en los diversos lugares donde se toman las decisiones importantes” (103). “Las reivindicaciones de los legítimos derechos de las mujeres…no se pueden eludir superficialmente” (104).
Respecto a los jóvenes, señala que deben tener “un protagonismo mayor” (106).
Y frente a la escasez de vocaciones en algunos lugares, el Papa afirma que “no se pueden llenar los seminarios con cualquier tipo de motivaciones” (107).
En el Capítulo Tercero, “El anuncio del Evangelio”
I. Todo el Pueblo de Dios anuncia el Evangelio [111-134]
Un pueblo para todos [112-114]
Un pueblo con muchos rostros [115-118]
Todos somos discípulos misioneros [119-121]
La fuerza evangelizadora de la piedad popular [122-126]
Persona a persona [127-129]
Carismas al servicio de la comunión evangelizadora [130-131]
Cultura, pensamiento y educación [132-134]
II. La homilía [135-144]
El contexto litúrgico [137-138]
La conversación de la madre [139-141]
Palabras que hacen arder los corazones [142-144]
El Papa recuerda que “la evangelización es tarea de la Iglesia. Pero este sujeto de la evangelización es más que una institución orgánica y jerárquica, porque es ante todo un pueblo que peregrina hacia Dios”.
Sobre la inculturación, el Santo Padre recuerda que “el cristianismo no tiene un único modo cultural” y que el rostro de la Iglesia es “pluriforme” (116). “No podemos pretender que los pueblos de todos los continentes, al expresar la fe cristiana, imiten los modos que encontraron los pueblos europeos en un determinado momento de la historia” (118).
Por otra parte, el Papa reafirma la “fuerza activamente evangelizadora” de la piedad popular (126) y alienta la investigación de los teólogos, invitándoles a llevar en el corazón “la finalidad evangelizadora de la Iglesia” y a no contentarse con “una teología de escritorio” (133).
Se detiene “con cierta meticulosidad, en la homilía” porque “son muchos los reclamos que se dirigen en relación con este gran ministerio y no podemos hacer oídos sordos”. La homilía “debe ser breve y evitar parecerse a una charla o a una clase”, debe saber decir “palabras que hacen arder los corazones”, huyendo de “una predicación puramente moralista o adoctrinadora”
III. La preparación de la predicación [145-159]
El culto a la verdad [146-148]
La personalización de la Palabra [149-151]
La lectura espiritual [152-153]
Un oído en el pueblo [154-155]
Recursos pedagógicos [156-159]
IV. Una evangelización para la profundización del kerygma [160-175]
Una catequesis kerygmática y mistagógica [163-168]
El acompañamiento personal de los procesos de crecimiento [169-173]
En torno a la Palabra de Dios [174-175]
Subraya el Papa la importancia de la preparación de la homilía: “Un predicador que no se prepara no es “espiritual”; es deshonesto e irresponsable” (145). “Una buena homilía…debe contener “una idea, un sentimiento, una imagen” (157).
La predicación debe ser positiva para que dé “siempre…esperanza” y no nos deje “encerrados en la negatividad” (159). El anuncio mismo del Evangelio debe tener características positivas: “cercanía, apertura al diálogo, paciencia, acogida cordial que no condena” (165).
En el Capítulo Cuarto, “La dimensión social de la evangelización”
I. Las repercusiones comunitarias y sociales del kerygma [177-185]
Confesión de la fe y compromiso social [178-179]
El Reino que nos reclama [180-181]
La enseñanza de la lglesia sobre cuestiones sociales [182-185]
II. La inclusión social de los pobres [186-216]
Unidos a Dios escuchamos un clamor [187-192]
Fidelidad al Evangelio para no correr en vano [193-196]
El lugar privilegiado de los pobres en el pueblo de Dios [197-201]
Economía y distribución del ingreso [202-208]
Cuidar la fragilidad [209-216]
Comienza el Papa afirmando que “”Evangelizar es hacer presente en el mundo el Reino de Dios” (176). Por ello, reafirma “la íntima conexión que existe entre evangelización y promoción humana” (178) así como el derecho de los pastores “a emitir opiniones sobre todo aquello que afecte a la vida de las personas” (182). “Nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social”. Y cita a San Juan Pablo II cuando afirma que la Iglesia “no puede ni debe quedarse al margen de la lucha por la justicia” (165).
Sobre una de las dos grandes cuestiones de este capítulo, la inclusión social de los pobres, el Papa escribe: “Para la Iglesia la opción por los pobres es una categoría teológica” antes que sociológica. “Por eso quiero una Iglesia pobre para los pobres. Ellos tienen mucho que enseñarnos” (198). “Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres… no se resolverán los problemas del mundo” (202).
Respecto a la política, afirma el Papa: “La política tan denigrada es una de las formas mas preciosas de la caridad”. “¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad… la vida de los pobres!”.
También hace una advertencia: Cualquier comunidad de la Iglesia que se olvide de los pobres “correrá el riesgo de disolución” (205-207).
El Papa invita a cuidar a los más débiles: “los sin techo, los toxicodependientes, los refugiados, los pueblos indígenas, los ancianos cada vez más solos y abandonados” y los migrantes, por los que exhorta a los países “a una generosa apertura”.
Habla de las víctimas de la trata de personas y de nuevas formas de esclavitud: “En nuestras ciudades está instalado este crimen mafioso y aberrante, y muchos tienen las manos preñadas de sangre debido a la complicidad cómoda y muda” (211). “Doblemente pobres son las mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia” (212).
Se refiere también al tema del aborto: “Entre esos débiles, que la Iglesia quiere cuidar con predilección” están “los niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes hoy se les quiere negar su dignidad humana” (213). “No debe esperarse que la iglesia cambie su postura sobre esta cuestión… No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana” (214).
Finaliza este tema con un llamamiento al respeto de todo lo creado: “estamos llamados a cuidar la fragilidad del pueblo y del mundo en que vivimos” (216).
III. El bien común y la paz social [217-237]
El tiempo es superior al espacio [222-225]
La unidad prevalece sobre el conflicto [226-230]
La realidad es más importante que la idea [231-233]
El todo es superior a fa parte [234-237]
IV. El diálogo social como contribución a la paz [238-258]
El diálogo entre la fe, la razón y las ciencias [242-243]
El diálogo ecuménico [244-246]
Las relaciones con el Judaísmo [247-249]
El diálogo interreligioso [250-254]
El diálogo social en un contexto de libertad religiosa [255-258]
Por cuanto respecta al tema de la paz, el Papa destaca que “es necesaria una voz profética” cuando se quiere construir una reconciliación falsa que “silencie” a los más pobres, mientras “algunos no quieren renunciar a sus privilegios (218).
Para la construcción de una sociedad “en paz, justicia y fraternidad” indica cuatro principios (221):
• “El tiempo es superior al espacio” (222) lo que significa “trabajar a largo plazo, sin obsesionarse por resultados inmediatos (223).
• “La unidad prevalece sobre el conflicto” (226) quiere decir obrar para que los opuestos alcancen “una unidad pluriforme que engendra nueva vida” (228).
• “La realidad es más importante que la idea” (231) significa evitar que la política y la fe se reduzcan a la retórica (232).
• “El todo es superior a la parte” quiere decir aunar globalización y localización (234).
Mas adelante, continúa el Papa escribiendo: “La evangelización también implica un camino de diálogo” que abre a la Iglesia para colaborar con todas las realidades políticas, sociales, religiosas y culturales (238).
El ecumenismo es “un camino ineludible de la evangelización”. Es importante el enriquecimiento recíproco: “¡cuántas cosas podemos aprender unos de otros”, por ejemplo, “en el diálogo con los hermanos ortodoxos, los católicos tenemos la posibilidad de aprender más sobre el sentido de la colegialidad episcopal y sobre su experiencia de la sinodalidad” (246); “el diálogo y la amistad con los hijos de Israel son parte de la vida de los discípulos de Jesús” (248); “el diálogo interreligioso”, que se conduce con “una identidad clara y gozosa”, “es una condición necesaria para la paz en el mundo” y no oscurece la evangelización (250-251); “en esta época adquiere gran importancia la relación con los creyentes del Islam” (252):
El Papa implora “humildemente” para que los países de tradición islámica aseguren la libertad religiosa a los cristianos, “¡teniendo en cuenta la libertad que los creyentes del Islam gozan en los países occidentales!”. “Frente a episodios de fundamentalismo violento” el Papa invita a “evitar odiosas generalizaciones, porque el verdadero Islam y una adecuada interpretación del Corán se oponen a toda violencia” (253).
Contra el intento de privatizar las religiones en algunos contextos, el santo Padre afirma que “el debido respeto a las minorías de agnósticos o no creyentes no debe imponerse de un modo arbitrario que silencie las convicciones de mayorías creyentes o ignore la riqueza de las tradiciones religiosas (255). El Papa reitera de este modo la importancia del diálogo y de la alianza entre creyentes y no creyentes. (257).
El último Capítulo.
I. Motivaciones para un renovado impulso misionero [262-283]
El encuentro personal con el amor de Jesús que nos salva [264-267]
El gusto espiritual de ser pueblo [268-274]
La acción misteriosa del Resucitado y de su Espíritu [275-280]
La fuerza misionera de la intercesión [281-283]
ll. María, la Madre de la evangelización [284-288]
El regalo de Jesús a su pueblo [285-286]
La Estrella de la nueva evangelización [287-288]
“Evangelizadores con Espíritu”, son aquellos que “se abren sin temor a la acción del Espíritu Santo” que “infunde la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia (parresía), en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente” (259). Se trata de “evangelizadores que oran y trabajan” (262), conscientes de que “la misión es una pasión por Jesús pero, al mismo tiempo, una pasión por su pueblo” (262): “Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás” (270).
“En nuestra relación con el mundo, se nos invita a dar razón de nuestra esperanza, pero no como enemigos que señalan y condenan” (271).
”Sólo puede ser misionero alguien que se sienta bien buscando el bien de los demás, deseando la felicidad de los otros” (272): “si logro ayudar a una sola persona a vivir mejor, eso ya justifica la entrega de mi vida” (274).
El Papa invita a no desanimarse ante los fracasos o la escasez de resultados porque la “fecundidad es muchas veces invisible, inaferrable, no puede ser contabilizada”; “sólo sabemos que nuestra entrega es necesaria” (279).
Antes de concluir, quiero referirme a una cuestión particular de este Capítulo que creo nos afecta de un modo especial. Si recordáis, en el VIII Encuentro, hace dos años, tuvimos una charla titulada “Adoración Eucarística, corazón de la nueva evangelización”. En ella, se trataba del Mensaje y de las 58 proposiciones del Sínodo sobre la nueva evangelización y constatábamos que ni en el Mensaje ni en las proposiciones había una mención explícita a la adoración eucarística. Sí existía una mención implícita al tratar de temas como el encuentro personal con Jesucristo; ocasiones para este encuentro; llamada a la conversión; contemplación del misterio, etc. pero no se la nombraba de una forma explícita.
“…sin momentos detenidos de adoración, de encuentro orante con la Palabra, de diálogo sincero con el Señor, las tareas fácilmente se vacían de sentido, nos debilitamos por el cansancio y las dificultades, y el fervor se apaga. La Iglesia necesita imperiosamente el pulmón de la oración, y me alegra enormemente que se multipliquen en todas las instituciones eclesiales los grupos de oración, de intercesión, de lectura orante de la Palabra, las adoraciones perpetuas de la Eucaristía”. (nº. 262)
No ocurre lo mismo en Evangelii Gaudium. Cuando el Papa hace mención de los “evangelizadores que oran y trabajan” (262) en este punto, destaca que “siempre hace falta cultivar un espacio interior que otorgue sentido cristiano al compromiso y a la actividad” (262). Y entre los modos de cultivar ese espacio interior, menciona, entre otros, los “momentos detenidos de adoración” y “las adoraciones perpetuas de la Eucaristía” (262).
Unas líneas después, en esta parte final de la Exhortación, el Papa escribe que “La primera motivación para evangelizar es el amor de Jesús que hemos recibido, esa experiencia de ser salvados por Él que nos mueve a amarlo siempre más. Pero ¿qué amor es ese que no siente la necesidad de hablar del ser amado, de mostrarlo, de hacerlo conocer?” (264).
“Si no sentimos el intenso deseo de comunicarlo, necesitamos detenernos en oración para pedirle a Él que vuelva a cautivarnos. Nos hace falta clamar cada día, pedir su gracia para que nos abra el corazón frío y sacuda nuestra vida tibia y superficial…. ¡Qué dulce es estar frente a un crucifijo, o de rodillas delante del Santísimo, y simplemente ser ante sus ojos! ¡Cuánto bien nos hace dejar que Él vuelva a tocar nuestra existencia y nos lance a comunicar su vida nueva!” (nº. 264)
Para superar los ánimos decaídos o nuestra tibieza, el Papa insiste de nuevo en la necesidad de la oración: “Si no sentimos el intenso deseo de comunicarlo, necesitamos detenernos en oración para pedirle a Él que vuelva a cautivarnos. Nos hace falta clamar cada día, pedir su gracia para que nos abra el corazón frío y sacuda nuestra vida tibia y superficial”. (264)
Y termina alentándonos con estas exclamaciones de ánimo: “¡Qué dulce es estar frente a un crucifijo, o de rodillas delante del Santísimo, y simplemente ser ante sus ojos! ¡Cuánto bien nos hace dejar que Él vuelva a tocar nuestra existencia y nos lance a comunicar su vida nueva!”
Al fijar nuestra atención en estos textos de Evangelii Gaudium, he querido destacar un hecho evidente: “La Adoración Eucarística es corazón de la nueva evangelización”. Lo cual, tiene para nosotros un doble significado:
• Por un lado, la fidelidad a nuestra vocación adoradora nocturna nos dará la gracia de ser evangelizadores; de cumplir con la misión a la que el Papa nos alienta en la Exhortación Apostólica, que hemos comentado.
• Por otro lado, con nuestros Turnos y Secciones de A.N.E. ponemos al servicio de otros miembros de la Iglesia, la posibilidad de encontrar esos espacios interiores que hay que cultivar, a los que hace mención el Papa Francisco.
Concluye la Exhortación con una oración a María “Madre del Evangelio”. Escribe el Santo Padre:
“Hay un estilo mariano en la actividad evangelizadora de la Iglesia. Porque cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño” (288).
Termino, poniendo en manos de nuestra Madre, Madre del Amor hermoso, todo lo que somos y lo que llevamos en nuestro corazón: la Adoración Nocturna Española.
viernes, 27 de febrero de 2015
Si vas o no a Misa
Si no vas a Misa estas Lecturas te acercaran a una sintonía
más clarificadora, solidaria y hermosa.
Si vas, te servirán de recuerdo y preparación.
Y si no vas, pero quieres ir, te ayudaran a acercarte a la puerta.
LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR
Sube la tríada humana hasta la cumbre.
Jesús se transfigura en su presencia.
Surgen Moisés y Elías, evidencia
de leyes y profetas, dogma y lumbre.
Resplandece el Mesías. Certidumbre
de su divinidad y omnipotencia.
Es su rostro esplendente transparencia
del Hijo en holocausto y mansedumbre.
Los apóstoles ven, anonadados,
los signos de la transfiguración
y sienten en su espíritu la paz.
Luz y blancura, símbolos sagrados
de eternidad y trascendencia, son
anuncio de armonía en la Unidad.
La Voz entre una nube trae memoria
de su más importante mandamiento,
escuchar al Mesías, que es cimiento,
piedra angular, ofrenda expiatoria. (Emma-Margarita)
Domingo de la Semana 2ª de Cuaresma. Ciclo B
«Este es mi Hijo amado, escuchadle»
Lectura del libro de Génesis (22, 1-2. 9-13. 15-18): El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe.
En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán, llamándole: -«¡Abrahán!» Él respondió: -«Aquí me tienes.» Dios le dijo: -«Toma a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio, en uno de los montes que yo te indicaré.»
Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo: -«¡Abrahán, Abrahán!» Él contestó: -«Aquí me tienes.» El ángel le ordenó: -«No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo.» Abrahán levanto los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo.
El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo: -«Juro por mí mismo -oráculo del Señor-: Por haber hecho esto, por no haberte reservado a tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido.»
Sal (115,10.15-19): Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.
Lectura de la carta de San Pablo a los Romanos (8, 31b-34): Dios no perdonó a su propio Hijo.
Hermanos: Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? ¿Dios, el que justifica? ¿Quién condenará? ¿Será acaso Cristo, que murió, más aún, resucitó y está a la derecha de Dios, y que intercede por nosotros?
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos (9, 2-10): Éste es mi Hijo amado.
En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: -«Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: -«Éste es mi Hijo amado; escuchadlo.» De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: -«No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»
Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».
Pautas para la reflexión personal
El nexo entre las lecturas
El lenguaje por el cual el hombre es capaz de relacionarse con su Creador es el amor. Precisamente es el amor el eje central de las lecturas dominicales en el segundo domingo de Cuaresma. Ante todo vemos el cuidado que tiene Jesús con los apóstoles que, después del primer anuncio de la Pasión (Mc 8,31-33), les va a revelar el esplendor de su divinidad en el hermoso acontecimiento de la Transfiguración (Evangelio).
Vemos también el amor misterioso, paradójico, de Dios a Abraham, al colocarlo en una situación extrema y delicada: sacrificar a su hijo querido destinatario de las promesas de Dios. Abraham confía plena y amorosamente en Dios a pesar de lo duro del pedido (Primera Lectura). Amor generoso de Dios que no perdonó a su propio Hijo, antes bien lo entregó a la muerte por todos nosotros. Amor de Jesús que nos reconcilió mediante su muerte e intercede por nosotros desde la gloria eterna a la derecha de Dios (Segunda Lectura). Amor de los apóstoles al acoger amorosamente el mandato del Padre que les dice: «Éste es mi Hijo muy amado. Escuchadlo» (Evangelio).
El dilema de Abraham
Abraham es considerado el primero de los grandes patriarcas de Israel, elegido por Dios como padre del pueblo de la promesa. El Catecismo de la Iglesia Católica lo llama con justicia «Padre de los creyentes» por su excepcional confianza en las promesas de Dios al no tener reparo de ofrecer a su hijo en holocausto, es decir sacrificio por el cual toda la víctima tenía que ser consumida por el fuego. Abraham, proveniente de la rica ciudad de Ur a las orilla del río Eúfrates (Iraq), se casa con Sara, su media hermana y vive con su padre Téraj y sus tres hermanos. Luego se trasladarán todos a Jarán donde muere su padre. Allí fue donde Dios le dice que se traslade a la región de Canaán. Abraham obedece el mandato de Dios y se hace nómada. El hambre y la necesidad hace que se traslade al sur (Egipto) sin embargo Dios le dice que regrese a Canaán.
Abraham envejecía así como su esposa Sara y no tenían descendencia. Según la costumbre de su tiempo, Abraham tuvo un hijo con Agar, la criada egipcia de Sara, pero este hijo, Ismael, no era el hijo prometido por Dios. Entonces, ya ancianos, Dios les da el hijo de la promesa: Isaac. Abraham se queda sólo con Isaac ya que, a causa de Sara, tiene que despedir a Agar con su hijo Ismael. Esta soledad sin duda aumenta el dramatismo de la prueba ya que con el sacrificio de Isaac quedaría en nada la promesa hecha por Dios así como el largo peregrinar hecho por él y su familia.
Al responder a su primer llamado Abraham entierra su pasado pero ahora Dios le pide que renuncie a su futuro. Abrahán podía pensar que él tenía derecho a ese hijo por haber sido obediente. Si Dios es justo, según los criterios del mundo, la orden de eliminar al heredero no tiene sentido. Sin embargo, siguiendo la misma lógica, la alternativa sería horrible y blasfema: Dios sería injusto. Hasta ese momento Dios y las promesas han marchado juntos. Ahora el padre de la fe se enfrenta a un dilema : ha de escoger entre las promesas de Dios o el Dios de las promesas.
El relato nos dice que muy «de madrugada» inicia el camino que dura tres días. Deja a los servidores al pie de la montaña y sube, el anciano padre, con su hijo querido. Ya en el monte, el patriarca construye el altar, amarra a su víctima y levanta la mano. Parece inminente y lógica la muerte del hijo. Cuando alza la mano, Dios interviene; repite el nombre de Abrahán dos veces, con urgencia, y el héroe, de nuevo y por tercera vez en el capítulo, responde con la fórmula de disponibilidad «Aquí estoy». El Señor revoca la orden cuando parece que ya no hay esperanza y toma de nuevo la iniciativa. Por medio de un oráculo el mensajero divino notifica al patriarca que ha pasado la prueba. Es de notar la correspondencia existente entre la orden: Toma a tu hijo único, a tu querido Isaac (Gn 22,2) y el desenlace: Ya veo que obedeces a Dios y no me niegas a tu hijo único (Gn 22,12), y en el centro la confesión del creyente: Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío (Gn 22,8). A la inexplicable petición divina responde la fe conmovedora de un hombre, ejemplar para todos los siglos.
¿Quién podrá estar contra nosotros?
La segunda sección de la parte central de la carta a los Romanos concluye con este himno apasionado y optimista. Si Dios nos ama, si Dios está con nosotros, todo lo demás será pura consecuencia. San Pablo hace una enumeración que hace eco, sin duda, de expresiones astrológicas empleadas en su tiempo y evoca una serie de fuerzas que los antiguos juzgaban más o menos hostiles al hombre. Él quiere resaltar, que no hay nada capaz de separar al cristiano de Cristo, ni siquiera los poderes que entonces se tenían por más fuertes
La Transfiguración de Jesús o teofanía de Dios
La Transfiguración de Jesús es una etapa obligada en nuestro itinerario cuaresmal, es decir, en nuestro camino hacia la Pascua del Señor. Ya desde antiguo han opinado los Santos Padres que la Transfiguración de Jesús se sitúa antes de su Pasión y Muerte para dar aliento a los apóstoles que deberían su¬frir el escándalo y el desa¬liento viendo a su Maestro golpeado, azotado e injus¬tamente sometido a muerte como un malhechor. La Transfiguración es claramente una teofanía, es decir, una manifestación de la divinidad de Jesucristo. A esta revelación de su identidad fueron invitados los tres apósto¬les Pedro, Santiago y Juan.
Lo que ellos vieron es difícil de expresar en pala¬bras: «Sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún lavandero en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo». Lo que san Marcos quiere decir es que se trata de algo que supera la experiencia de este mundo. Aquí se estaba manifestando un signo de otro orden de cosas. Un segundo signo inconfundible de la teofa¬nía es el temor que se apodera de los apóstoles: «Pedro no sabía qué responder ya que estaban atemorizados». Cuando la omnipotencia divina se pone en contacto con la pequeñez del hombre, no hay título que valga ni poder humano que pueda resistir; toda criatura humana experimenta su miseria y su pecado, es decir, teme.
«Este es mi Hijo muy amado, escuchadlo»
La nube que los cubre es otro indicio de la presencia de Dios. Todo se aclara con la voz que sale de ella: «Este es mi Hijo amado, escuchadlo». Es la misma voz que había reconocido a Jesús en el momento de su bautismo en el Jor¬dán, cuando se abrió el cielo y vino sobre Él el Espíritu Santo en forma de paloma. En esa ocasión la misma voz del cielo dijo: «Tú eres mi Hijo amado, en tí me complazco» (Mc 1,11).
Pocos episodios evangélicos están situados con tanta precisión cronológica como el de la Transfiguración. Éste empieza con las palabras: «Seis días después, tomó Jesús consigo a Pedro, Santiago y Juan...». Esta introducción nos indica que hay otro episodio que el evangelista quiere conectar con éste y que ocurrió seis días antes. Si examina¬mos el Evangelio veremos que seis días antes había tenido lugar la importante pregunta de Jesús: «¿Quién dicen los hombres que soy yo?» y la respuesta de Pedro: «Tú eres el Cristo». En ese momento Jesús comenzó a enseñarles algo que ellos entonces no podían comprender: «El Hijo del hombre tiene que sufrir mucho, ser rechazado por los ancia¬nos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser sometido a muerte y resucitar al tercer día». Seis días después, en el monte de la Transfiguración, no es Pedro sino la voz del cielo la que declara quién es Jesús: «Este es mi Hijo muy amado». Vemos que todo gira en torno a la identidad de Jesús.
En efecto, es que todo el Evangelio de San Marcos puede considerarse una inclusión entre dos afirmaciones de la divinidad de Jesús. El Evange¬lio se abre con las palabras: «Comienzo del Evangelio de Jesu¬cristo, Hijo de Dios» (Mc 1,1); y hacia el final repro¬du¬ce las palabras del centurión que fue testigo de la muerte de Jesús: «Al ver que había expirado de esa manera, dijo: Verdaderamen¬te este hombre era Hijo de Dios» (Mc 15,39). Todo el Evange¬lio es una revelación gradual de esa verdad, es decir, de la identidad de Jesús. La identidad de Jesús se capta en el equilibrio entre su gloria y su despojamiento, entre su divinidad y su huma¬nidad, entre su Resurrección y su Muerte, entre su instala¬ción a la derecha del Padre y su descenso al lugar de los muertos.
El mismo equilibrio se observa en el episodio de su Transfiguración: después de verlo transfi¬gurado -que está del lado de su divinidad- los apóstoles «no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos». Toda nuestra salvación se juega en saber quién es Jesús. Y, sin embargo, nosotros solos no podemos penetrar en este misterio. Es necesario que él se revele a nosotros. ¿Cómo lo hace? El Evangelio dice que Jesús «los llevó sobre un monte alto, a un lugar apartado, a ellos solos». Para comprender, para ver, para tener experiencia de quién es Jesús es nece¬sario disponer de momentos de silencio y sole¬dad. Es necesa¬rio estar a solas con Jesús. Sólo en el silen¬cio interior de la oración podremos escuchar la voz de Dios.
Una palabra del Santo Padre:
«Ante todo, nos dicen cuál es el estilo de Dios. Dios no se revela mediante el poder y la riqueza del mundo, sino mediante la debilidad y la pobreza: «Siendo rico, se hizo pobre por vosotros…». Cristo, el Hijo eterno de Dios, igual al Padre en poder y gloria, se hizo pobre; descendió en medio de nosotros, se acercó a cada uno de nosotros; se desnudó, se "vació", para ser en todo semejante a nosotros (cfr. Flp 2, 7; Heb 4, 15). ¡Qué gran misterio la encarnación de Dios! La razón de todo esto es el amor divino, un amor que es gracia, generosidad, deseo de proximidad, y que no duda en darse y sacrificarse por las criaturas a las que ama.
La caridad, el amor es compartir en todo la suerte del amado. El amor nos hace semejantes, crea igualdad, derriba los muros y las distancias. Y Dios hizo esto con nosotros. Jesús, en efecto, «trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros excepto en el pecado» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 22).
La finalidad de Jesús al hacerse pobre no es la pobreza en sí misma, sino —dice San Pablo— «...para enriqueceros con su pobreza». No se trata de un juego de palabras ni de una expresión para causar sensación. Al contrario, es una síntesis de la lógica de Dios, la lógica del amor, la lógica de la Encarnación y la Cruz. Dios no hizo caer sobre nosotros la salvación desde lo alto, como la limosna de quien da parte de lo que para él es superfluo con aparente piedad filantrópica.
¡El amor de Cristo no es esto! Cuando Jesús entra en las aguas del Jordán y se hace bautizar por Juan el Bautista, no lo hace porque necesita penitencia, conversión; lo hace para estar en medio de la gente, necesitada de perdón, entre nosotros, pecadores, y cargar con el peso de nuestros pecados. Este es el camino que ha elegido para consolarnos, salvarnos, liberarnos de nuestra miseria. Nos sorprende que el Apóstol diga que fuimos liberados no por medio de la riqueza de Cristo, sino por medio de su pobreza. Y, sin embargo, San Pablo conoce bien la «riqueza insondable de Cristo» (Ef 3, 8), «heredero de todo» (Heb 1, 2).
¿Qué es, pues, esta pobreza con la que Jesús nos libera y nos enriquece? Es precisamente su modo de amarnos, de estar cerca de nosotros, como el buen samaritano que se acerca a ese hombre que todos habían abandonado medio muerto al borde del camino (cfr. Lc 10, 25ss). Lo que nos da verdadera libertad, verdadera salvación y verdadera felicidad es su amor lleno de compasión, de ternura, que quiere compartir con nosotros.
La pobreza de Cristo que nos enriquece consiste en el hecho que se hizo carne, cargó con nuestras debilidades y nuestros pecados, comunicándonos la misericordia infinita de Dios. La pobreza de Cristo es la mayor riqueza: la riqueza de Jesús es su confianza ilimitada en Dios Padre, es encomendarse a Él en todo momento, buscando siempre y solamente su voluntad y su gloria. Es rico como lo es un niño que se siente amado por sus padres y los ama, sin dudar ni un instante de su amor y su ternura.
La riqueza de Jesús radica en el hecho de ser el Hijo, su relación única con el Padre es la prerrogativa soberana de este Mesías pobre. Cuando Jesús nos invita a tomar su "yugo llevadero", nos invita a enriquecernos con esta "rica pobreza" y "pobre riqueza" suyas, a compartir con Él su espíritu filial y fraterno, a convertirnos en hijos en el Hijo, hermanos en el Hermano Primogénito (cfr Rom 8, 29).
Se ha dicho que la única verdadera tristeza es no ser santos (L. Bloy); podríamos decir también que hay una única verdadera miseria: no vivir como hijos de Dios y hermanos de Cristo».
Francisco. Mensaje para la Cuaresma 2014.
Vivamos nuestro domingo a lo largo de la semana
1. «Éste es mi Hijo amado; escuchadlo», nos dice directamente Dios en el relato evangélico. ¿Qué medios voy a colocar para poder escuchar la voz del Señor? Solamente desterrando de mi corazón los ruidos y distracciones podré crear el espacio necesario para acoger la Palabra viva de Dios.
2. En este tiempo de Cuaresma habremos alcanzado su objetivo si al final de estos cuaren¬ta días podemos decir, por experiencia, quién es Jesús y qué ha hecho por nosotros y por nuestra reconciliación.
3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 444. 459. 554 - 556.
Deferencia: Juanra Pulido. Toledo
más clarificadora, solidaria y hermosa.
Si vas, te servirán de recuerdo y preparación.
Y si no vas, pero quieres ir, te ayudaran a acercarte a la puerta.
LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR
Sube la tríada humana hasta la cumbre.
Jesús se transfigura en su presencia.
Surgen Moisés y Elías, evidencia
de leyes y profetas, dogma y lumbre.
Resplandece el Mesías. Certidumbre
de su divinidad y omnipotencia.
Es su rostro esplendente transparencia
del Hijo en holocausto y mansedumbre.
Los apóstoles ven, anonadados,
los signos de la transfiguración
y sienten en su espíritu la paz.
Luz y blancura, símbolos sagrados
de eternidad y trascendencia, son
anuncio de armonía en la Unidad.
La Voz entre una nube trae memoria
de su más importante mandamiento,
escuchar al Mesías, que es cimiento,
piedra angular, ofrenda expiatoria. (Emma-Margarita)
Domingo de la Semana 2ª de Cuaresma. Ciclo B
«Este es mi Hijo amado, escuchadle»
Lectura del libro de Génesis (22, 1-2. 9-13. 15-18): El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe.
En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán, llamándole: -«¡Abrahán!» Él respondió: -«Aquí me tienes.» Dios le dijo: -«Toma a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio, en uno de los montes que yo te indicaré.»
Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo: -«¡Abrahán, Abrahán!» Él contestó: -«Aquí me tienes.» El ángel le ordenó: -«No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo.» Abrahán levanto los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo.
El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo: -«Juro por mí mismo -oráculo del Señor-: Por haber hecho esto, por no haberte reservado a tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido.»
Sal (115,10.15-19): Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.
Lectura de la carta de San Pablo a los Romanos (8, 31b-34): Dios no perdonó a su propio Hijo.
Hermanos: Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? ¿Dios, el que justifica? ¿Quién condenará? ¿Será acaso Cristo, que murió, más aún, resucitó y está a la derecha de Dios, y que intercede por nosotros?
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos (9, 2-10): Éste es mi Hijo amado.
En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: -«Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: -«Éste es mi Hijo amado; escuchadlo.» De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: -«No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»
Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».
Pautas para la reflexión personal
El nexo entre las lecturas
El lenguaje por el cual el hombre es capaz de relacionarse con su Creador es el amor. Precisamente es el amor el eje central de las lecturas dominicales en el segundo domingo de Cuaresma. Ante todo vemos el cuidado que tiene Jesús con los apóstoles que, después del primer anuncio de la Pasión (Mc 8,31-33), les va a revelar el esplendor de su divinidad en el hermoso acontecimiento de la Transfiguración (Evangelio).
Vemos también el amor misterioso, paradójico, de Dios a Abraham, al colocarlo en una situación extrema y delicada: sacrificar a su hijo querido destinatario de las promesas de Dios. Abraham confía plena y amorosamente en Dios a pesar de lo duro del pedido (Primera Lectura). Amor generoso de Dios que no perdonó a su propio Hijo, antes bien lo entregó a la muerte por todos nosotros. Amor de Jesús que nos reconcilió mediante su muerte e intercede por nosotros desde la gloria eterna a la derecha de Dios (Segunda Lectura). Amor de los apóstoles al acoger amorosamente el mandato del Padre que les dice: «Éste es mi Hijo muy amado. Escuchadlo» (Evangelio).
El dilema de Abraham
Abraham es considerado el primero de los grandes patriarcas de Israel, elegido por Dios como padre del pueblo de la promesa. El Catecismo de la Iglesia Católica lo llama con justicia «Padre de los creyentes» por su excepcional confianza en las promesas de Dios al no tener reparo de ofrecer a su hijo en holocausto, es decir sacrificio por el cual toda la víctima tenía que ser consumida por el fuego. Abraham, proveniente de la rica ciudad de Ur a las orilla del río Eúfrates (Iraq), se casa con Sara, su media hermana y vive con su padre Téraj y sus tres hermanos. Luego se trasladarán todos a Jarán donde muere su padre. Allí fue donde Dios le dice que se traslade a la región de Canaán. Abraham obedece el mandato de Dios y se hace nómada. El hambre y la necesidad hace que se traslade al sur (Egipto) sin embargo Dios le dice que regrese a Canaán.
Abraham envejecía así como su esposa Sara y no tenían descendencia. Según la costumbre de su tiempo, Abraham tuvo un hijo con Agar, la criada egipcia de Sara, pero este hijo, Ismael, no era el hijo prometido por Dios. Entonces, ya ancianos, Dios les da el hijo de la promesa: Isaac. Abraham se queda sólo con Isaac ya que, a causa de Sara, tiene que despedir a Agar con su hijo Ismael. Esta soledad sin duda aumenta el dramatismo de la prueba ya que con el sacrificio de Isaac quedaría en nada la promesa hecha por Dios así como el largo peregrinar hecho por él y su familia.
Al responder a su primer llamado Abraham entierra su pasado pero ahora Dios le pide que renuncie a su futuro. Abrahán podía pensar que él tenía derecho a ese hijo por haber sido obediente. Si Dios es justo, según los criterios del mundo, la orden de eliminar al heredero no tiene sentido. Sin embargo, siguiendo la misma lógica, la alternativa sería horrible y blasfema: Dios sería injusto. Hasta ese momento Dios y las promesas han marchado juntos. Ahora el padre de la fe se enfrenta a un dilema : ha de escoger entre las promesas de Dios o el Dios de las promesas.
El relato nos dice que muy «de madrugada» inicia el camino que dura tres días. Deja a los servidores al pie de la montaña y sube, el anciano padre, con su hijo querido. Ya en el monte, el patriarca construye el altar, amarra a su víctima y levanta la mano. Parece inminente y lógica la muerte del hijo. Cuando alza la mano, Dios interviene; repite el nombre de Abrahán dos veces, con urgencia, y el héroe, de nuevo y por tercera vez en el capítulo, responde con la fórmula de disponibilidad «Aquí estoy». El Señor revoca la orden cuando parece que ya no hay esperanza y toma de nuevo la iniciativa. Por medio de un oráculo el mensajero divino notifica al patriarca que ha pasado la prueba. Es de notar la correspondencia existente entre la orden: Toma a tu hijo único, a tu querido Isaac (Gn 22,2) y el desenlace: Ya veo que obedeces a Dios y no me niegas a tu hijo único (Gn 22,12), y en el centro la confesión del creyente: Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío (Gn 22,8). A la inexplicable petición divina responde la fe conmovedora de un hombre, ejemplar para todos los siglos.
¿Quién podrá estar contra nosotros?
La segunda sección de la parte central de la carta a los Romanos concluye con este himno apasionado y optimista. Si Dios nos ama, si Dios está con nosotros, todo lo demás será pura consecuencia. San Pablo hace una enumeración que hace eco, sin duda, de expresiones astrológicas empleadas en su tiempo y evoca una serie de fuerzas que los antiguos juzgaban más o menos hostiles al hombre. Él quiere resaltar, que no hay nada capaz de separar al cristiano de Cristo, ni siquiera los poderes que entonces se tenían por más fuertes
La Transfiguración de Jesús o teofanía de Dios
La Transfiguración de Jesús es una etapa obligada en nuestro itinerario cuaresmal, es decir, en nuestro camino hacia la Pascua del Señor. Ya desde antiguo han opinado los Santos Padres que la Transfiguración de Jesús se sitúa antes de su Pasión y Muerte para dar aliento a los apóstoles que deberían su¬frir el escándalo y el desa¬liento viendo a su Maestro golpeado, azotado e injus¬tamente sometido a muerte como un malhechor. La Transfiguración es claramente una teofanía, es decir, una manifestación de la divinidad de Jesucristo. A esta revelación de su identidad fueron invitados los tres apósto¬les Pedro, Santiago y Juan.
Lo que ellos vieron es difícil de expresar en pala¬bras: «Sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún lavandero en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo». Lo que san Marcos quiere decir es que se trata de algo que supera la experiencia de este mundo. Aquí se estaba manifestando un signo de otro orden de cosas. Un segundo signo inconfundible de la teofa¬nía es el temor que se apodera de los apóstoles: «Pedro no sabía qué responder ya que estaban atemorizados». Cuando la omnipotencia divina se pone en contacto con la pequeñez del hombre, no hay título que valga ni poder humano que pueda resistir; toda criatura humana experimenta su miseria y su pecado, es decir, teme.
«Este es mi Hijo muy amado, escuchadlo»
La nube que los cubre es otro indicio de la presencia de Dios. Todo se aclara con la voz que sale de ella: «Este es mi Hijo amado, escuchadlo». Es la misma voz que había reconocido a Jesús en el momento de su bautismo en el Jor¬dán, cuando se abrió el cielo y vino sobre Él el Espíritu Santo en forma de paloma. En esa ocasión la misma voz del cielo dijo: «Tú eres mi Hijo amado, en tí me complazco» (Mc 1,11).
Pocos episodios evangélicos están situados con tanta precisión cronológica como el de la Transfiguración. Éste empieza con las palabras: «Seis días después, tomó Jesús consigo a Pedro, Santiago y Juan...». Esta introducción nos indica que hay otro episodio que el evangelista quiere conectar con éste y que ocurrió seis días antes. Si examina¬mos el Evangelio veremos que seis días antes había tenido lugar la importante pregunta de Jesús: «¿Quién dicen los hombres que soy yo?» y la respuesta de Pedro: «Tú eres el Cristo». En ese momento Jesús comenzó a enseñarles algo que ellos entonces no podían comprender: «El Hijo del hombre tiene que sufrir mucho, ser rechazado por los ancia¬nos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser sometido a muerte y resucitar al tercer día». Seis días después, en el monte de la Transfiguración, no es Pedro sino la voz del cielo la que declara quién es Jesús: «Este es mi Hijo muy amado». Vemos que todo gira en torno a la identidad de Jesús.
En efecto, es que todo el Evangelio de San Marcos puede considerarse una inclusión entre dos afirmaciones de la divinidad de Jesús. El Evange¬lio se abre con las palabras: «Comienzo del Evangelio de Jesu¬cristo, Hijo de Dios» (Mc 1,1); y hacia el final repro¬du¬ce las palabras del centurión que fue testigo de la muerte de Jesús: «Al ver que había expirado de esa manera, dijo: Verdaderamen¬te este hombre era Hijo de Dios» (Mc 15,39). Todo el Evange¬lio es una revelación gradual de esa verdad, es decir, de la identidad de Jesús. La identidad de Jesús se capta en el equilibrio entre su gloria y su despojamiento, entre su divinidad y su huma¬nidad, entre su Resurrección y su Muerte, entre su instala¬ción a la derecha del Padre y su descenso al lugar de los muertos.
El mismo equilibrio se observa en el episodio de su Transfiguración: después de verlo transfi¬gurado -que está del lado de su divinidad- los apóstoles «no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos». Toda nuestra salvación se juega en saber quién es Jesús. Y, sin embargo, nosotros solos no podemos penetrar en este misterio. Es necesario que él se revele a nosotros. ¿Cómo lo hace? El Evangelio dice que Jesús «los llevó sobre un monte alto, a un lugar apartado, a ellos solos». Para comprender, para ver, para tener experiencia de quién es Jesús es nece¬sario disponer de momentos de silencio y sole¬dad. Es necesa¬rio estar a solas con Jesús. Sólo en el silen¬cio interior de la oración podremos escuchar la voz de Dios.
Una palabra del Santo Padre:
«Ante todo, nos dicen cuál es el estilo de Dios. Dios no se revela mediante el poder y la riqueza del mundo, sino mediante la debilidad y la pobreza: «Siendo rico, se hizo pobre por vosotros…». Cristo, el Hijo eterno de Dios, igual al Padre en poder y gloria, se hizo pobre; descendió en medio de nosotros, se acercó a cada uno de nosotros; se desnudó, se "vació", para ser en todo semejante a nosotros (cfr. Flp 2, 7; Heb 4, 15). ¡Qué gran misterio la encarnación de Dios! La razón de todo esto es el amor divino, un amor que es gracia, generosidad, deseo de proximidad, y que no duda en darse y sacrificarse por las criaturas a las que ama.
La caridad, el amor es compartir en todo la suerte del amado. El amor nos hace semejantes, crea igualdad, derriba los muros y las distancias. Y Dios hizo esto con nosotros. Jesús, en efecto, «trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros excepto en el pecado» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 22).
La finalidad de Jesús al hacerse pobre no es la pobreza en sí misma, sino —dice San Pablo— «...para enriqueceros con su pobreza». No se trata de un juego de palabras ni de una expresión para causar sensación. Al contrario, es una síntesis de la lógica de Dios, la lógica del amor, la lógica de la Encarnación y la Cruz. Dios no hizo caer sobre nosotros la salvación desde lo alto, como la limosna de quien da parte de lo que para él es superfluo con aparente piedad filantrópica.
¡El amor de Cristo no es esto! Cuando Jesús entra en las aguas del Jordán y se hace bautizar por Juan el Bautista, no lo hace porque necesita penitencia, conversión; lo hace para estar en medio de la gente, necesitada de perdón, entre nosotros, pecadores, y cargar con el peso de nuestros pecados. Este es el camino que ha elegido para consolarnos, salvarnos, liberarnos de nuestra miseria. Nos sorprende que el Apóstol diga que fuimos liberados no por medio de la riqueza de Cristo, sino por medio de su pobreza. Y, sin embargo, San Pablo conoce bien la «riqueza insondable de Cristo» (Ef 3, 8), «heredero de todo» (Heb 1, 2).
¿Qué es, pues, esta pobreza con la que Jesús nos libera y nos enriquece? Es precisamente su modo de amarnos, de estar cerca de nosotros, como el buen samaritano que se acerca a ese hombre que todos habían abandonado medio muerto al borde del camino (cfr. Lc 10, 25ss). Lo que nos da verdadera libertad, verdadera salvación y verdadera felicidad es su amor lleno de compasión, de ternura, que quiere compartir con nosotros.
La pobreza de Cristo que nos enriquece consiste en el hecho que se hizo carne, cargó con nuestras debilidades y nuestros pecados, comunicándonos la misericordia infinita de Dios. La pobreza de Cristo es la mayor riqueza: la riqueza de Jesús es su confianza ilimitada en Dios Padre, es encomendarse a Él en todo momento, buscando siempre y solamente su voluntad y su gloria. Es rico como lo es un niño que se siente amado por sus padres y los ama, sin dudar ni un instante de su amor y su ternura.
La riqueza de Jesús radica en el hecho de ser el Hijo, su relación única con el Padre es la prerrogativa soberana de este Mesías pobre. Cuando Jesús nos invita a tomar su "yugo llevadero", nos invita a enriquecernos con esta "rica pobreza" y "pobre riqueza" suyas, a compartir con Él su espíritu filial y fraterno, a convertirnos en hijos en el Hijo, hermanos en el Hermano Primogénito (cfr Rom 8, 29).
Se ha dicho que la única verdadera tristeza es no ser santos (L. Bloy); podríamos decir también que hay una única verdadera miseria: no vivir como hijos de Dios y hermanos de Cristo».
Francisco. Mensaje para la Cuaresma 2014.
Vivamos nuestro domingo a lo largo de la semana
1. «Éste es mi Hijo amado; escuchadlo», nos dice directamente Dios en el relato evangélico. ¿Qué medios voy a colocar para poder escuchar la voz del Señor? Solamente desterrando de mi corazón los ruidos y distracciones podré crear el espacio necesario para acoger la Palabra viva de Dios.
2. En este tiempo de Cuaresma habremos alcanzado su objetivo si al final de estos cuaren¬ta días podemos decir, por experiencia, quién es Jesús y qué ha hecho por nosotros y por nuestra reconciliación.
3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 444. 459. 554 - 556.
Deferencia: Juanra Pulido. Toledo
domingo, 8 de febrero de 2015
OBRAS DE MISERICORDIA ESPIRITUALES Y CORPORALES. Tema de reflexión para nuestras Vigilias en Febrero
Es conveniente prepararnos la reflexión con la que iniciaremos nuestra Vigilia del Turno mensual; debemos predisponernos a vivir esas horas en la presencia de Jesús Sacramentado. Son momentos muy importantes vividos con ilusión de quienes añoran ese momento importante con el que soñamos previamente.
Los temas de reflexión son preparados por la Dirección Espiritual del Consejo nacional; es recomendable sean tenidos en cuenta procurando que salvo en circunstancias excepcionales no sean sustituidos por otros temas que de acordarse debiera informarse en los boletines diocesanos editados al respecto.
Las obras de misericordia espirituales y corporales. -I
El mundo que nos rodea, nuestra familia, nuestros amigos, conocidos y tantas otras personas con las que tratamos por motivos artísticos, deportivos, profesionales, políticos, etc., esperan siempre de nosotros –aunque, a veces, no son muy conscientes; aunque lo quieran, digan no quererlo- un claro testimonio de nuestra Fe en Cristo, Hijo de Dios hecho hombre, y en nuestra realidad de hijos de Dios en Cristo Jesús.
Nos lo han recordado todos los Romanos Pontífices; Papa Francisco insiste con frecuencia en esta responsabilidad del cristiano: la necesidad de ser testigos de la Resurrección de Cristo, de la vida de Cristo, con nuestra propia vida, con nuestras acciones.
¿Cómo podemos manifestar nuestra Fe en Nuestro Señor Jesucristo a los demás? ¿Cómo podemos acercarles a la persona del Señor, para que se den cuenta de que vale la pena creer en Él y amarle?
Esta Fe, que nos lleva a comprender el sentido de nuestro vivir en la tierra, se manifiesta en la Caridad. Ya nos lo recordó el apóstol Santiago: “La fe, si no tiene obras, está muerta. Mas dirá alguno: “Tú tienes fe y yo tengo obras”. Muéstrame sin las obras tu fe, que yo por mis obras te mostraré la fe” (Sant 2, 17-18).
El mismo Señor nos da también claramente la respuesta: “Aunque no me creáis a mí, creed en las obras que Yo hago, para que conozcáis y sepáis que el Padre está en mí y Yo en el Padre” (Jn 10, 38).
Al enviar a sus apóstoles a anunciar el Reino de los Cielos, Jesucristo les mandó “predicar el Evangelio”; anunciar, por tanto, vuestra Fe con las palabras; y además les dijo: “en esto conocerán que sois mis discípulos; en que os amáis los unos a los otros”. O sea, manifestar vuestra Fe con vuestra Caridad.
El discípulo de Nuestro Señor Jesucristo manifiesta su Fe en Él con sus palabras y con sus obras; además, lógicamente, con el ejemplo de su vida, como ocurre cuando una enfermedad, una contrariedad imposible de superar, le impide desarrollar las buenas acciones que deseaba llevar a cabo. En casos semejantes, la obra que manifiesta su Fe es la aceptación y el ofrecimiento del sacrificio, que une así a la redención de Cristo.
Entre las obras que podemos realizar y que manifiestan la Fe y la Caridad del cristiano, están catorce acciones que, desde hace siglos, se conocen con el nombre de Obras de Misericordia.
Estas Obras son el camino para que los creyentes manifestemos a todos los hombres el Amor que Dios les tiene. Ese Amor se expresa queriendo a cada persona en las circunstancias y condiciones en las que se encuentre. Amando a la persona, al hijo de Dios que es cada ser humano, el cristiano lo ama en su plenitud personal, y lo ama como persona, no por su inteligencia, ni por su cuerpo, ni por sus cualidades artísticas, etc., sino, y esencialmente por ser persona: un yo creado por Dios a su imagen y semejanza.
Todas estas acciones son muy normales y corrientes, y todos podemos llevarlas a cabo en cualquier situación de nuestra vida. Y, en verdad, podemos decir que las obras de misericordia son una manifestación de que es posible vivir los Mandamientos de Dios, el amor de Dios, en medio del mundo, en familia, en el desarrollo de los trabajos profesionales de cualquier tipo.
El pueblo cristiano, consciente de esa realidad, y conociendo que en cada “persona” el alma y el cuerpo forman una unidad indisoluble, ha dividido estas obras en dos grandes grupos de siete cada uno: siete obras de misericordia espirituales y siete corporales.
Las espirituales se refieren, principalmente, a las necesidades del espíritu; y las corporales a las del cuerpo; y son las siguientes:
Espirituales.
-Enseñar al que no sabe;
-Dar buen consejo al que lo necesita.
-Corregir al que yerra.
-Perdonar las injurias.
-Consolar al triste.
-Sufrir con paciencia los defectos del prójimo.
-Rogar a Dios por vivos y difuntos.
Corporales.
-Visitar y cuidar a los enfermos.
-Dar de comer al hambriento.
-Dar de beber al sediento.
-Dar posada al peregrino.
-Vestir al desnudo.
-Redimir al cautivo.
-Enterrar a los muertos.
En su conjunto, estas obras de misericordia son la respuesta de los cristianos al Mandamiento Nuevo que nos dio, y que expresó con estas palabras: “Llevad los unos las cargas de los otros, y así cumpliréis la Ley de Cristo” (Gal 6, 2)”. “Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros; que como Yo os he amado, así también os améis los unos a los otros” (Jn 13, 34).
El mismo Señor nos las explicó claramente en el Evangelio: “Entonces dirá el Rey a los que están a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; peregrino, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; preso y vinisteis a verme. Y le responderán los justos: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos peregrino y te acogimos, desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? Y el Rey les dirá: En verdad os digo que cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos menores, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 34-40).
* * * * *
Cuestionario
- ¿Soy consciente de que el Señor me ha dado también a mí el “Mandamiento nuevo”?
- ¿Guardo en mi corazón algún rencor contra alguien, que me impide hacerle el bien?
- ¿Tengo algún reparo en manifestar mi Fe con obras de caridad en servicio de todos?
Los temas de reflexión son preparados por la Dirección Espiritual del Consejo nacional; es recomendable sean tenidos en cuenta procurando que salvo en circunstancias excepcionales no sean sustituidos por otros temas que de acordarse debiera informarse en los boletines diocesanos editados al respecto.
Las obras de misericordia espirituales y corporales. -I
El mundo que nos rodea, nuestra familia, nuestros amigos, conocidos y tantas otras personas con las que tratamos por motivos artísticos, deportivos, profesionales, políticos, etc., esperan siempre de nosotros –aunque, a veces, no son muy conscientes; aunque lo quieran, digan no quererlo- un claro testimonio de nuestra Fe en Cristo, Hijo de Dios hecho hombre, y en nuestra realidad de hijos de Dios en Cristo Jesús.
Nos lo han recordado todos los Romanos Pontífices; Papa Francisco insiste con frecuencia en esta responsabilidad del cristiano: la necesidad de ser testigos de la Resurrección de Cristo, de la vida de Cristo, con nuestra propia vida, con nuestras acciones.
¿Cómo podemos manifestar nuestra Fe en Nuestro Señor Jesucristo a los demás? ¿Cómo podemos acercarles a la persona del Señor, para que se den cuenta de que vale la pena creer en Él y amarle?
Esta Fe, que nos lleva a comprender el sentido de nuestro vivir en la tierra, se manifiesta en la Caridad. Ya nos lo recordó el apóstol Santiago: “La fe, si no tiene obras, está muerta. Mas dirá alguno: “Tú tienes fe y yo tengo obras”. Muéstrame sin las obras tu fe, que yo por mis obras te mostraré la fe” (Sant 2, 17-18).
El mismo Señor nos da también claramente la respuesta: “Aunque no me creáis a mí, creed en las obras que Yo hago, para que conozcáis y sepáis que el Padre está en mí y Yo en el Padre” (Jn 10, 38).
Al enviar a sus apóstoles a anunciar el Reino de los Cielos, Jesucristo les mandó “predicar el Evangelio”; anunciar, por tanto, vuestra Fe con las palabras; y además les dijo: “en esto conocerán que sois mis discípulos; en que os amáis los unos a los otros”. O sea, manifestar vuestra Fe con vuestra Caridad.
El discípulo de Nuestro Señor Jesucristo manifiesta su Fe en Él con sus palabras y con sus obras; además, lógicamente, con el ejemplo de su vida, como ocurre cuando una enfermedad, una contrariedad imposible de superar, le impide desarrollar las buenas acciones que deseaba llevar a cabo. En casos semejantes, la obra que manifiesta su Fe es la aceptación y el ofrecimiento del sacrificio, que une así a la redención de Cristo.
Entre las obras que podemos realizar y que manifiestan la Fe y la Caridad del cristiano, están catorce acciones que, desde hace siglos, se conocen con el nombre de Obras de Misericordia.
Estas Obras son el camino para que los creyentes manifestemos a todos los hombres el Amor que Dios les tiene. Ese Amor se expresa queriendo a cada persona en las circunstancias y condiciones en las que se encuentre. Amando a la persona, al hijo de Dios que es cada ser humano, el cristiano lo ama en su plenitud personal, y lo ama como persona, no por su inteligencia, ni por su cuerpo, ni por sus cualidades artísticas, etc., sino, y esencialmente por ser persona: un yo creado por Dios a su imagen y semejanza.
Todas estas acciones son muy normales y corrientes, y todos podemos llevarlas a cabo en cualquier situación de nuestra vida. Y, en verdad, podemos decir que las obras de misericordia son una manifestación de que es posible vivir los Mandamientos de Dios, el amor de Dios, en medio del mundo, en familia, en el desarrollo de los trabajos profesionales de cualquier tipo.
El pueblo cristiano, consciente de esa realidad, y conociendo que en cada “persona” el alma y el cuerpo forman una unidad indisoluble, ha dividido estas obras en dos grandes grupos de siete cada uno: siete obras de misericordia espirituales y siete corporales.
Las espirituales se refieren, principalmente, a las necesidades del espíritu; y las corporales a las del cuerpo; y son las siguientes:
Espirituales.
-Enseñar al que no sabe;
-Dar buen consejo al que lo necesita.
-Corregir al que yerra.
-Perdonar las injurias.
-Consolar al triste.
-Sufrir con paciencia los defectos del prójimo.
-Rogar a Dios por vivos y difuntos.
Corporales.
-Visitar y cuidar a los enfermos.
-Dar de comer al hambriento.
-Dar de beber al sediento.
-Dar posada al peregrino.
-Vestir al desnudo.
-Redimir al cautivo.
-Enterrar a los muertos.
En su conjunto, estas obras de misericordia son la respuesta de los cristianos al Mandamiento Nuevo que nos dio, y que expresó con estas palabras: “Llevad los unos las cargas de los otros, y así cumpliréis la Ley de Cristo” (Gal 6, 2)”. “Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros; que como Yo os he amado, así también os améis los unos a los otros” (Jn 13, 34).
El mismo Señor nos las explicó claramente en el Evangelio: “Entonces dirá el Rey a los que están a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; peregrino, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; preso y vinisteis a verme. Y le responderán los justos: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos peregrino y te acogimos, desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? Y el Rey les dirá: En verdad os digo que cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos menores, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 34-40).
* * * * *
Cuestionario
- ¿Soy consciente de que el Señor me ha dado también a mí el “Mandamiento nuevo”?
- ¿Guardo en mi corazón algún rencor contra alguien, que me impide hacerle el bien?
- ¿Tengo algún reparo en manifestar mi Fe con obras de caridad en servicio de todos?
sábado, 7 de febrero de 2015
LECTURAS DEL DOMINGO V del Tiempo Ordinario (Ciclo B)
Que bueno será llegue la Palabra del Señor; las reflexiones y comentarios contenidos en ésta entrada a quién más pueda servirle. Coincido con el remitente en que un sólo grano esparcido a través del Blogg caiga en tierra fértil.
«Jesús curó a muchos y expulsó muchos demonios»
Lectura del libro de Job (7, 1-4. 6-7): Mis días se consumen sin esperanza.
Habló Job, diciendo:
- «El hombre está en la tierra cumpliendo un servicio, sus días son los de un jornalero. Como el esclavo, suspira por la sombra, como el jornalero, aguarda el salario. Mi herencia son meses baldíos, me asignan noches de fatiga; al acostarme pienso: ¿Cuándo me levantaré? Se alarga la noche y me harto de dar vueltas hasta el alba. Mis días corren más que la lanzadera, y se consumen sin esperanza. Recuerda que mi vida es un soplo, y que mis ojos no verán más la dicha.»
Salmo 146, 1-2. 3-4. 5-6: Alabad al Señor, que la música es buena.
R./ Alabad al Señor, que sana los corazones destrozados.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (9, 16-19. 22-23): ¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!
Hermanos:
El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio!
Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio. Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio.
Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos.
Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,29-39): Curó a muchos enfermos de diversos males
En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.
Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: - «Todo el mundo te busca.»
Él les respondió: - «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.»
Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios
Pautas para la reflexión personal
El Vínculo entre las lecturas
Con su poder divino Jesús derrota al demonio que trata de dominar al hombre de múltiples maneras como vemos en el caso de Job (Primera Lectura) y en los numerosos enfermos y endemoniados que cura en el Evangelio. San Pablo por otro lado, tiene la urgente necesidad de anunciar la reconciliación traída por Jesucristo para el hombre necesitado de verdadera esperanza y exclama: «¡ay de mí si no anuncio la Buena Noticia de Dios!» (Segunda Lectura). Pues sabe muy bien que él ha sido libremente escogido para ganar todos para Cristo y es tal su amor por Jesucristo que no interesa hacerse esclavo, siervo de todos; haciéndose débil con los débiles.
«Recuerda que mi vida es un soplo…»
El libro de Job es un drama con muy poca acción y mucha pasión. Es la pasión de aquel que no se conforma con la doctrina veterotestamentaria sobre la retribución. Ya en el Salmo 73 (72) encontramos una respuesta ante el sufrimiento del inocente y la aparente bonanza de los malvados. «¿Quién hay para mí en el cielo? Estando contigo no hallo gusto ya en la tierra. Mi carne y mi corazón se consumen: ¡Roca de mi corazón, mi porción, Dios por siempre! Sí, los que se alejan de ti perecerán, tú aniquilas a todos los que te son adúlteros. Mas para mí, mi bien es estar junto a Dios; he puesto mi cobijo en el Señor, a fin de publicar todas tus obras» (Sal 7, 25-28).
El sufrimiento de Job se estrella con las opiniones de sus tres amigos, que repiten sin cansarse la doctrina tradicional de la retribución a lo largo de cuatro tandas de diálogos. Job cansado ya del dolor y de la fatiga del trabajo, ni siquiera encuentra consuelo en el descanso nocturno: «Al acostarme pienso:¿cuándo llegará el día?». En la cuarta tanda, Job dialoga a solas con Dios. Los amigos defienden la justicia de Dios como juez imparcial que premia a los buenos y castiga a los malos; a Job no le interesa esa justicia, que desmiente su propia experiencia y así apela a Dios mismo que le comparte un poco de su misterio. Job terminará su diálogo con Dios diciendo: «Yo te conocía sólo de oídas, más ahora te han visto mis ojos. Por eso me retracto y me arrepiento en el polvo y la ceniza» (Jb 42,5-6).
¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!
«Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me corresponde. ¡Pobre de mí si es que no evangelizo!» Cuando leemos este impresionante pasaje de la carta a los Corintios no nos queda sino realmente cuestionarnos ya que muchas veces cedemos al miedo o la vergüenza antes de predicar la Buena Nueva. Ésta es la misma experiencia que Juan y Pedro tuvieron cuando los miembros del Sanedrín, después de azotarlos, les prohibieron que hablasen o enseñasen en nombre de Jesús: «No podemos nosotros dejar de hablar de lo que hemos visto y oído» (Hch 4,20) y ellos siguieron valientemente predicando.
La curación de la suegra de Pedro
El Evangelio de hoy está compuesto por tres escenas sucesivas: la curación de la suegra de Simón, el resumen de numerosas curaciones y la parti¬da el día siguiente a recorrer la Galilea. La curación de la suegra de Simón ocurre en el interior de su casa y se des¬cribe con ciertos detalles que solamente puede conocer un testigo ocular: «La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Jesús se acercó y la levantó tomándo¬la de la mano». Se trata de una enferma a quien el Señor «levan¬ta».
Marcos repite esta expresión en el caso del endemoniado que, liberado por Jesús, quedó como muer¬to (ver Mc 9,27). También nos recuerda las instrucciones de la carta de San¬tiago para el caso de un enfer¬mo en la comuni¬dad (ver Stg 5,14-15). El verbo «egéiro», se usa también para describir la resurrec¬ción de Jesús. Lucas lo pone a menudo en boca de Pedro en sus discursos de los Hechos de los Apóstoles: «A este Jesús a quien vosotros matasteis, Dios lo levantó (idénti¬ca forma verbal) de entre los muertos» (ver Hch 3,15; 4,10; 5,30; 10,40).
De este modo, con la curación de la suegra de Simón, se anuncia la resurrección final de los hom¬bres, como fruto del sacrificio de Cristo. «Tomándola de la mano». Se usa el verbo "kratéo", que significa una acción de fuerza. Jesús tuvo que apretar la mano de la suegra de Simón y hacer fuerza para levantarla. Como resultado de esta acción, «la fiebre la dejó y ella se puso a servirlos». La suegra de Simón, una vez curada, se pone a servir¬los. No había en esa casa ninguna otra mujer que pudiera servirlos. Es obvio que Simón fue casado, pues tiene suegra. Pero podemos deducir que al momento de ser llama¬do por Jesús, era viudo. No se habla nunca de su esposa; si hubiera tenido su esposa viva, ésta era la oportunidad de hablar de ella. Aquí el silencio es elocuente.
Jesús y los demonios
En la lectura del Domingo pasado cuando Jesús entró en la sinagoga para enseñar, un hombre poseído por un espíritu inmundo se puso a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruir¬nos?». Jesús ordena al demonio salir de ese hombre; todos quedan atónitos y observan: «Qué es esto? Manda a los espíritus inmundos y le obedecen». Nunca habían visto una cosa semejante. El Evangelio de hoy también insiste sobre este punto. En dos instancias afirma que Jesús expulsaba los demonios de la gente. Y al final resume su ministerio diciendo: «Recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios».
La Epístola a los Hebreos explica la Encarnación del Hijo de Dios en estos términos: «Participó de nuestra sangre y de nuestra carne para aniqui¬lar, median¬te la muerte, al señor de la muerte, es decir, al diablo y liberar a cuantos, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a la esclavitud» (Hb 2,14-15). El Señor de la Vida, el que es la Vida, vino para aniquilar al señor de la muerte y darnos la vida en abundancia. La lucha entre la vida y la muerte tuvo su desenlace en la resurrección de Cristo. Es lo que describe de manera profun¬damente poética la Secuencia del Domingo de Resurrección: «Muerte y Vida traba¬ron un duelo y, muerto el Dueño de la vida, triunfa ahora vivo».
La clave de lectura de todo esto hay que buscarla en el origen. ¿Cómo entró la muerte en el mundo y se propagó a todos los hom¬bres? La muerte entró como consecuencia del pecado de Adán. Pero fue la serpiente quien sedujo a nuestros primeros padres y los indujo a pecar, destru¬yendo así la obra que Dios más quería: el ser humano. Entonces la serpiente (el demonio) debía ser vencida para que triunfara la vida. El anuncio de esto lo leemos en el llamado «protoe¬vangelio», es decir, el primer anuncio de la salva¬ción: «Pondré ene¬mistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras tú acechas su talón» (Gen 3,15). Pisar la cabeza era el gesto que usaban los reyes vencedores contra los vencidos.
Pero ¿quién es «la mujer» y quién es «su linaje», el que derrota¬rá a la ser¬piente? Inútilmente busca¬remos entre todos los personajes del Anti¬guo Testamento, entre los reyes y profe¬tas, uno que responda a esas caracte¬rísticas. En cam¬bio, cuando vemos la activi¬dad de Jesús y leemos en el Evangelio que los mismos demo¬nios excla¬maban: «Has venido a destruir¬nos... tú eres el Santo de Dios», entonces nosotros podemos reconocer¬lo: Jesús es el que pisotea la cabeza de la ser¬piente; Él es el «lina¬je» de la mujer. Y «la mujer» es su madre, la Virgen María, la Madre de Jesús el Reconciliador. Dios ha sido fiel a su prome¬sa: ha sido des-truido el señor de la muerte y ha triun¬fado la vida.
El horario de Jesús
El Evangelio de hoy nos permite conocer el horario de Jesús durante dos días. Después que Jesús, pasando por la orilla del lago de Galilea, llama a sus primeros discípulos, se dirige con ellos a la sinagoga en Cafarnaúm, donde se pone a enseñar (ver también Lc 4,16). ¿Y qué hizo después que terminó el servicio en la sinagoga? El Evangelio nos dice que fue a la casa de Simón y Andrés. El sábado era el día de descanso y allí se disponía Jesús a pasar la tarde con sus cuatro prime¬ros discípulos. No sabemos qué habló todas esas horas; pero tampoco lo ignoramos completamente ya que muchas de sus palabras fueron recogidas en los relatos evangélicos que han llegado hasta nosotros. El sábado había que abstenerse de todo trabajo, por eso, el Evangelio especifica que recién «al atarde¬cer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y ende¬moniados». Al ponerse el sol se consideraba que ya había terminado el sábado. Desde esa tarde hasta la noche «curó a muchos que se encontraban mal de diver¬sas enfermedades y expulsó a muchos demonios».
Al día siguiente, «muy de madru¬gada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto, y allí oraba». Esta noticia es preciosa. Nos informa que Jesús acostumbraba levantarse antes que todos los demás, cuando aún era de noche, para dedicarse a la oración en el silencio y la soledad. Si el día era agitado, pues «los que iban y venían eran muchos y no les quedaba tiempo ni para comer» (Mc 6,31), Jesús dedicaba a la oración las horas de la noche, antes del amanecer. La actitud de Jesús nos enseña que, incluso en medio del bullicio y el estrés de la vida actual, todos los cristianos debemos procurarnos momentos de soledad para el contacto más estrecho con Dios en la oración. En esos momentos adquiri¬mos viva conciencia de la fugacidad de la vida presente y de la eternidad que nos aguarda. En la soledad y el silen¬cio el hombre no puede dejar de oír la voz de Dios.
Una palabra del Santo Padre:
«¡Ay de mí si no evangelizare! Para esto me ha enviado el mismo Cristo. Yo soy apóstol y testigo. Cuanto más lejana está la meta, cuanto más difícil es el mandato, con tanta mayor vehemencia el amor nos apremia. Debo predicar Su Nombre: Jesucristo es el Mesías, el Hijo de Dios vivo; Él es quien nos ha revelado al Dios invisible, Él es el primogénito de toda creatura, y todo se mantiene en Él. Él es también el maestro y redentor de los hombres; Él nació, murió y resucitó por nosotros. Él es el centro de la historia y del universo; Él nos conoce y nos ama, compañero y amigo de nuestra vida, hombre de dolor y de esperanza; Él ciertamente vendrá de nuevo y será finalmente nuestro juez y también, como esperamos, nuestra plenitud de vida y nuestra felicidad.
Yo nunca me cansaría de hablar de Él; Él es la luz, la verdad, más aún, el camino, la verdad y la vida; Él es el pan y la fuente de agua viva, que satisface nuestra ham¬bre y nuestra sed; Él es nuestro pastor, nuestro guía, nuestro ejemplo, nuestro consuelo, nuestro hermano. Él, como nosotros y más que nosotros, fue pequeño, pobre, humillado, sujeto al trabajo, oprimido, paciente. Por nosotros habló, obró milagros, instituyó el nuevo reino en el que los pobres son bienaventurados, en el que la paz es el principio de la convivencia, en el que los lim¬pios de corazón y los que lloran son ensalzados y con¬solados, en el que los que tienen hambre de justicia son saciados, en el que los pecadores pueden alcanzar el per¬dón, en el que todos son hermanos».
Pablo VI. Homilía en Manila. 29 de noviembre de 1970.
Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana
1. ¿Podría repetir con San Pablo “ay de mí si no predico el Evangelio”? ¿En qué ambientes podría hablar de Dios? ¿En mi trabajo, en mi familia, con mis amigos?
2. Jesús nos da siempre la vida y la salud. Recemos por un pariente o un amigo enfermo que necesite nuestra oración.
3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 858-860. 1503-1505.
Texto facilitado por J.R. PULIDO. A.N.E. Toledo
«Jesús curó a muchos y expulsó muchos demonios»
Lectura del libro de Job (7, 1-4. 6-7): Mis días se consumen sin esperanza.
Habló Job, diciendo:
- «El hombre está en la tierra cumpliendo un servicio, sus días son los de un jornalero. Como el esclavo, suspira por la sombra, como el jornalero, aguarda el salario. Mi herencia son meses baldíos, me asignan noches de fatiga; al acostarme pienso: ¿Cuándo me levantaré? Se alarga la noche y me harto de dar vueltas hasta el alba. Mis días corren más que la lanzadera, y se consumen sin esperanza. Recuerda que mi vida es un soplo, y que mis ojos no verán más la dicha.»
Salmo 146, 1-2. 3-4. 5-6: Alabad al Señor, que la música es buena.
R./ Alabad al Señor, que sana los corazones destrozados.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (9, 16-19. 22-23): ¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!
Hermanos:
El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio!
Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio. Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio.
Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos.
Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,29-39): Curó a muchos enfermos de diversos males
En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.
Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: - «Todo el mundo te busca.»
Él les respondió: - «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.»
Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios
Pautas para la reflexión personal
El Vínculo entre las lecturas
Con su poder divino Jesús derrota al demonio que trata de dominar al hombre de múltiples maneras como vemos en el caso de Job (Primera Lectura) y en los numerosos enfermos y endemoniados que cura en el Evangelio. San Pablo por otro lado, tiene la urgente necesidad de anunciar la reconciliación traída por Jesucristo para el hombre necesitado de verdadera esperanza y exclama: «¡ay de mí si no anuncio la Buena Noticia de Dios!» (Segunda Lectura). Pues sabe muy bien que él ha sido libremente escogido para ganar todos para Cristo y es tal su amor por Jesucristo que no interesa hacerse esclavo, siervo de todos; haciéndose débil con los débiles.
«Recuerda que mi vida es un soplo…»
El libro de Job es un drama con muy poca acción y mucha pasión. Es la pasión de aquel que no se conforma con la doctrina veterotestamentaria sobre la retribución. Ya en el Salmo 73 (72) encontramos una respuesta ante el sufrimiento del inocente y la aparente bonanza de los malvados. «¿Quién hay para mí en el cielo? Estando contigo no hallo gusto ya en la tierra. Mi carne y mi corazón se consumen: ¡Roca de mi corazón, mi porción, Dios por siempre! Sí, los que se alejan de ti perecerán, tú aniquilas a todos los que te son adúlteros. Mas para mí, mi bien es estar junto a Dios; he puesto mi cobijo en el Señor, a fin de publicar todas tus obras» (Sal 7, 25-28).
El sufrimiento de Job se estrella con las opiniones de sus tres amigos, que repiten sin cansarse la doctrina tradicional de la retribución a lo largo de cuatro tandas de diálogos. Job cansado ya del dolor y de la fatiga del trabajo, ni siquiera encuentra consuelo en el descanso nocturno: «Al acostarme pienso:¿cuándo llegará el día?». En la cuarta tanda, Job dialoga a solas con Dios. Los amigos defienden la justicia de Dios como juez imparcial que premia a los buenos y castiga a los malos; a Job no le interesa esa justicia, que desmiente su propia experiencia y así apela a Dios mismo que le comparte un poco de su misterio. Job terminará su diálogo con Dios diciendo: «Yo te conocía sólo de oídas, más ahora te han visto mis ojos. Por eso me retracto y me arrepiento en el polvo y la ceniza» (Jb 42,5-6).
¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!
«Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me corresponde. ¡Pobre de mí si es que no evangelizo!» Cuando leemos este impresionante pasaje de la carta a los Corintios no nos queda sino realmente cuestionarnos ya que muchas veces cedemos al miedo o la vergüenza antes de predicar la Buena Nueva. Ésta es la misma experiencia que Juan y Pedro tuvieron cuando los miembros del Sanedrín, después de azotarlos, les prohibieron que hablasen o enseñasen en nombre de Jesús: «No podemos nosotros dejar de hablar de lo que hemos visto y oído» (Hch 4,20) y ellos siguieron valientemente predicando.
La curación de la suegra de Pedro
El Evangelio de hoy está compuesto por tres escenas sucesivas: la curación de la suegra de Simón, el resumen de numerosas curaciones y la parti¬da el día siguiente a recorrer la Galilea. La curación de la suegra de Simón ocurre en el interior de su casa y se des¬cribe con ciertos detalles que solamente puede conocer un testigo ocular: «La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Jesús se acercó y la levantó tomándo¬la de la mano». Se trata de una enferma a quien el Señor «levan¬ta».
Marcos repite esta expresión en el caso del endemoniado que, liberado por Jesús, quedó como muer¬to (ver Mc 9,27). También nos recuerda las instrucciones de la carta de San¬tiago para el caso de un enfer¬mo en la comuni¬dad (ver Stg 5,14-15). El verbo «egéiro», se usa también para describir la resurrec¬ción de Jesús. Lucas lo pone a menudo en boca de Pedro en sus discursos de los Hechos de los Apóstoles: «A este Jesús a quien vosotros matasteis, Dios lo levantó (idénti¬ca forma verbal) de entre los muertos» (ver Hch 3,15; 4,10; 5,30; 10,40).
De este modo, con la curación de la suegra de Simón, se anuncia la resurrección final de los hom¬bres, como fruto del sacrificio de Cristo. «Tomándola de la mano». Se usa el verbo "kratéo", que significa una acción de fuerza. Jesús tuvo que apretar la mano de la suegra de Simón y hacer fuerza para levantarla. Como resultado de esta acción, «la fiebre la dejó y ella se puso a servirlos». La suegra de Simón, una vez curada, se pone a servir¬los. No había en esa casa ninguna otra mujer que pudiera servirlos. Es obvio que Simón fue casado, pues tiene suegra. Pero podemos deducir que al momento de ser llama¬do por Jesús, era viudo. No se habla nunca de su esposa; si hubiera tenido su esposa viva, ésta era la oportunidad de hablar de ella. Aquí el silencio es elocuente.
Jesús y los demonios
En la lectura del Domingo pasado cuando Jesús entró en la sinagoga para enseñar, un hombre poseído por un espíritu inmundo se puso a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruir¬nos?». Jesús ordena al demonio salir de ese hombre; todos quedan atónitos y observan: «Qué es esto? Manda a los espíritus inmundos y le obedecen». Nunca habían visto una cosa semejante. El Evangelio de hoy también insiste sobre este punto. En dos instancias afirma que Jesús expulsaba los demonios de la gente. Y al final resume su ministerio diciendo: «Recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios».
La Epístola a los Hebreos explica la Encarnación del Hijo de Dios en estos términos: «Participó de nuestra sangre y de nuestra carne para aniqui¬lar, median¬te la muerte, al señor de la muerte, es decir, al diablo y liberar a cuantos, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a la esclavitud» (Hb 2,14-15). El Señor de la Vida, el que es la Vida, vino para aniquilar al señor de la muerte y darnos la vida en abundancia. La lucha entre la vida y la muerte tuvo su desenlace en la resurrección de Cristo. Es lo que describe de manera profun¬damente poética la Secuencia del Domingo de Resurrección: «Muerte y Vida traba¬ron un duelo y, muerto el Dueño de la vida, triunfa ahora vivo».
La clave de lectura de todo esto hay que buscarla en el origen. ¿Cómo entró la muerte en el mundo y se propagó a todos los hom¬bres? La muerte entró como consecuencia del pecado de Adán. Pero fue la serpiente quien sedujo a nuestros primeros padres y los indujo a pecar, destru¬yendo así la obra que Dios más quería: el ser humano. Entonces la serpiente (el demonio) debía ser vencida para que triunfara la vida. El anuncio de esto lo leemos en el llamado «protoe¬vangelio», es decir, el primer anuncio de la salva¬ción: «Pondré ene¬mistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras tú acechas su talón» (Gen 3,15). Pisar la cabeza era el gesto que usaban los reyes vencedores contra los vencidos.
Pero ¿quién es «la mujer» y quién es «su linaje», el que derrota¬rá a la ser¬piente? Inútilmente busca¬remos entre todos los personajes del Anti¬guo Testamento, entre los reyes y profe¬tas, uno que responda a esas caracte¬rísticas. En cam¬bio, cuando vemos la activi¬dad de Jesús y leemos en el Evangelio que los mismos demo¬nios excla¬maban: «Has venido a destruir¬nos... tú eres el Santo de Dios», entonces nosotros podemos reconocer¬lo: Jesús es el que pisotea la cabeza de la ser¬piente; Él es el «lina¬je» de la mujer. Y «la mujer» es su madre, la Virgen María, la Madre de Jesús el Reconciliador. Dios ha sido fiel a su prome¬sa: ha sido des-truido el señor de la muerte y ha triun¬fado la vida.
El horario de Jesús
El Evangelio de hoy nos permite conocer el horario de Jesús durante dos días. Después que Jesús, pasando por la orilla del lago de Galilea, llama a sus primeros discípulos, se dirige con ellos a la sinagoga en Cafarnaúm, donde se pone a enseñar (ver también Lc 4,16). ¿Y qué hizo después que terminó el servicio en la sinagoga? El Evangelio nos dice que fue a la casa de Simón y Andrés. El sábado era el día de descanso y allí se disponía Jesús a pasar la tarde con sus cuatro prime¬ros discípulos. No sabemos qué habló todas esas horas; pero tampoco lo ignoramos completamente ya que muchas de sus palabras fueron recogidas en los relatos evangélicos que han llegado hasta nosotros. El sábado había que abstenerse de todo trabajo, por eso, el Evangelio especifica que recién «al atarde¬cer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y ende¬moniados». Al ponerse el sol se consideraba que ya había terminado el sábado. Desde esa tarde hasta la noche «curó a muchos que se encontraban mal de diver¬sas enfermedades y expulsó a muchos demonios».
Al día siguiente, «muy de madru¬gada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto, y allí oraba». Esta noticia es preciosa. Nos informa que Jesús acostumbraba levantarse antes que todos los demás, cuando aún era de noche, para dedicarse a la oración en el silencio y la soledad. Si el día era agitado, pues «los que iban y venían eran muchos y no les quedaba tiempo ni para comer» (Mc 6,31), Jesús dedicaba a la oración las horas de la noche, antes del amanecer. La actitud de Jesús nos enseña que, incluso en medio del bullicio y el estrés de la vida actual, todos los cristianos debemos procurarnos momentos de soledad para el contacto más estrecho con Dios en la oración. En esos momentos adquiri¬mos viva conciencia de la fugacidad de la vida presente y de la eternidad que nos aguarda. En la soledad y el silen¬cio el hombre no puede dejar de oír la voz de Dios.
Una palabra del Santo Padre:
«¡Ay de mí si no evangelizare! Para esto me ha enviado el mismo Cristo. Yo soy apóstol y testigo. Cuanto más lejana está la meta, cuanto más difícil es el mandato, con tanta mayor vehemencia el amor nos apremia. Debo predicar Su Nombre: Jesucristo es el Mesías, el Hijo de Dios vivo; Él es quien nos ha revelado al Dios invisible, Él es el primogénito de toda creatura, y todo se mantiene en Él. Él es también el maestro y redentor de los hombres; Él nació, murió y resucitó por nosotros. Él es el centro de la historia y del universo; Él nos conoce y nos ama, compañero y amigo de nuestra vida, hombre de dolor y de esperanza; Él ciertamente vendrá de nuevo y será finalmente nuestro juez y también, como esperamos, nuestra plenitud de vida y nuestra felicidad.
Yo nunca me cansaría de hablar de Él; Él es la luz, la verdad, más aún, el camino, la verdad y la vida; Él es el pan y la fuente de agua viva, que satisface nuestra ham¬bre y nuestra sed; Él es nuestro pastor, nuestro guía, nuestro ejemplo, nuestro consuelo, nuestro hermano. Él, como nosotros y más que nosotros, fue pequeño, pobre, humillado, sujeto al trabajo, oprimido, paciente. Por nosotros habló, obró milagros, instituyó el nuevo reino en el que los pobres son bienaventurados, en el que la paz es el principio de la convivencia, en el que los lim¬pios de corazón y los que lloran son ensalzados y con¬solados, en el que los que tienen hambre de justicia son saciados, en el que los pecadores pueden alcanzar el per¬dón, en el que todos son hermanos».
Pablo VI. Homilía en Manila. 29 de noviembre de 1970.
Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana
1. ¿Podría repetir con San Pablo “ay de mí si no predico el Evangelio”? ¿En qué ambientes podría hablar de Dios? ¿En mi trabajo, en mi familia, con mis amigos?
2. Jesús nos da siempre la vida y la salud. Recemos por un pariente o un amigo enfermo que necesite nuestra oración.
3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 858-860. 1503-1505.
Texto facilitado por J.R. PULIDO. A.N.E. Toledo
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