sábado, 29 de marzo de 2014

DOMINGO IV de CUARESMA, LECTURAS y REFLEXIONES

El arte de vivir consiste, fundamentalmente,
en llegar a verlo todo con el corazón.

Entre amigos: recibo de Juan Ramón desde la ciudad de Toledo los textos que se detallan a continuación; se que a otro gran amigo, Francisco, le llegará también por la Gracia del Señor y a cuántos seguidores les interese, queden llenos en su corazón de la Sabiduría de nuestro Dios. ¡ que disfrutemos del fin de semana con estas lecturas religiosas que nos ayudarán a santificar las fiestas


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ACÉRCATE, SEÑOR

Si algún día mi humano pensamiento
se olvida, mi Señor, de tu existencia;
si algún día se acalla en mi conciencia
la verdad de tu fiel conocimiento;

si algún día en el goce del momento
me alejo de tu mística vivencia;
si algún día razones de la ciencia
contradicen mi fe, mi sentimiento,

acerca tu palabra a mis oídos,
tu luz a la pupila de mis ojos,
escucha el eco virgen de mi entrega;

acerca tu perdón a mis latidos,
tu fuego a mi maleza, a mis abrojos,
despierta a mi alma sorda, muda y ciega.

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DAME TU LUZ, SEÑOR

Por tu amor, quiero amarte más que a nada en el mundo,
consagrar a tu fin mi tiempo, mi existencia,
convertir mi arenal en terreno fecundo.
¡Ayúdame a encontrarte en mi interior profundo!,
¡dame tu luz!, ¡que viva en tu presencia!.


Domingo de la Semana 4ª de Cuaresma. Ciclo A
«¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»

Lectura del Primer libro de Samuel 16,1.6-7.10-13a

«Dijo Yahveh a Samuel: "¿Hasta cuándo vas a estar llorando por Saúl, después que yo le he rechazado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite y vete. Voy a enviarte a Jesé, de Belén, porque he visto entre sus hijos un rey para mí". Cuando ellos se presentaron vio a Eliab y se dijo: "Sin duda está ante Yahveh su ungido". Pero Yahveh dijo a Samuel: "No mires su apariencia ni su gran estatura, pues yo le he descartado. La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero Yahveh mira el corazón". Hizo pasar Jesé a sus siete hijos ante Samuel, pero Samuel dijo: "A ninguno de éstos ha elegido Yahveh".

Preguntó, pues, Samuel a Jesé: "¿No quedan ya más muchachos?" El respondió: "Todavía falta el más pequeño, que está guardando el rebaño". Dijo entonces Samuel a Jesé: "Manda que lo traigan, porque no comeremos hasta que haya venido". 12Mandó, pues, que lo trajeran; era rubio, de bellos ojos y hermosa presencia. Dijo Yahveh: "Levántate y úngelo, porque éste es". Tomó Samuel el cuerno de aceite y le ungió en medio de sus hermanos. Y a partir de entonces, vino sobre David el espíritu de Yahveh.»

Lectura de la carta de San Pablo a los Efesios 5,8-14

«Porque en otro tiempo fuisteis tinieblas; mas ahora sois luz en el Señor. Vivid como hijos de la luz; pues el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad. Examinad qué es lo que agrada al Señor, y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, antes bien, denunciadlas. Cierto que ya sólo el mencionar las cosas que hacen ocultamente da vergüenza; pero, al ser denunciadas, se manifiestan a la luz. Pues todo lo que queda manifiesto es luz. Por eso se dice: Despierta tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te iluminará Cristo.»

Lectura del Santo Evangelio según San Juan 9,1-41


«Vio, al pasar, a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: "Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?" Respondió Jesús: "Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios. Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo". Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, y untó con el barro los ojos del ciego y le dijo: "Vete, lávate en la piscina de Siloé" (que quiere decir Enviado). El fue, se lavó y volvió ya viendo.

Los vecinos y los que solían verle antes, pues era mendigo, decían: "¿No es éste el que se sentaba para mendigar?" Unos decían: "Es él". "No, decían otros, sino que es uno que se le parece". Pero él decía: "Soy yo". Le dijeron entonces: "¿Cómo, pues, se te han abierto los ojos?" El respondió: "Ese hombre que se llama Jesús, hizo barro, me untó los ojos y me dijo: "Vete a Siloé y lávate." Yo fui, me lavé y vi". Ellos le dijeron: "¿Dónde está ése?" El respondió: "No lo sé". Lo llevan donde los fariseos al que antes era ciego. Pero era sábado el día en que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos a su vez le preguntaron cómo había recobrado la vista. El les dijo: "Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo". Algunos fariseos decían: "Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado". Otros decían: "Pero, ¿cómo puede un pecador realizar semejantes señales?" Y había disensión entre ellos. Entonces le dicen otra vez al ciego: "¿Y tú qué dices de él, ya que te ha abierto los ojos?" El respondió: "Que es un profeta".

No creyeron los judíos que aquel hombre hubiera sido ciego, hasta que llamaron a los padres del que había recobrado la vista y les preguntaron: "¿Es éste vuestro hijo, el que decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?" Sus padres respondieron: "Nosotros sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego. Pero, cómo ve ahora, no lo sabemos; ni quién le ha abierto los ojos, eso nosotros no lo sabemos. Preguntadle; edad tiene; puede hablar de sí mismo". Sus padres decían esto por miedo por los judíos, pues los judíos se habían puesto ya de acuerdo en que, si alguno le reconocía como Cristo, quedara excluido de la sinagoga. Por eso dijeron sus padres: "Edad tiene; preguntádselo a él".

Le llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: "Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador". Les respondió: "Si es un pecador, no lo sé. Sólo sé una cosa: que era ciego y ahora veo". Le dijeron entonces: "¿Qué hizo contigo? ¿Cómo te abrió los ojos?" El replicó: "Os lo he dicho ya, y no me habéis escuchado. ¿Por qué queréis oírlo otra vez? ¿Es qué queréis también vosotros haceros discípulos suyos?"

Ellos le llenaron de injurias y le dijeron: "Tú eres discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios; pero ése no sabemos de dónde es". El hombre les respondió: "Eso es lo extraño: que vosotros no sepáis de dónde es y que me haya abierto a mí los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores; mas, si uno es religioso y cumple su voluntad, a ése le escucha. 32Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. Si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada". Ellos le respondieron: "Has nacido todo entero en pecado ¿y nos da lecciones a nosotros?" Y le echaron fuera.

Jesús se enteró de que le habían echado fuera y, encontrándose con él, le dijo: "¿Tú crees en el Hijo del hombre?" El respondió: "¿Y quién es, Señor, para que crea en él?" Jesús le dijo: "Le has visto; el que está hablando contigo, ése es". El entonces dijo: "Creo, Señor". Y se postró ante él. Y dijo Jesús: "Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos". Algunos fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: "Es que también nosotros somos ciegos?" Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero, como decís: "Vemos" vuestro pecado permanece".»

& Pautas para la reflexión personal

z El vínculo entre las lecturas

El pasaje de la curación del ciego de nacimiento nos ofrece un tema que entrelaza todas las lecturas de este cuarto Domingo de Cuaresma: «Jesús es la verdadera luz que ilumina nuestras tinieblas». El ciego de nacimiento pasa de la oscuridad de la ceguera, considerada como consecuencia del pecado, a la luz por obra y poder del amor reconciliador de Jesucristo. Vemos como esta misma verdad la repite

San Pablo en su carta a los Efesios: «antes eran tinieblas, ahora sois luz en el Señor» (Segunda Lectura). Sin duda es muy aleccionadora la elección del David como guía de su pueblo (Primera Lectura). Él era el más pequeño de la casa de Jesé, era pastor y era solamente un muchacho. Sin embargo, Dios lo escoge para regir los destinos de su pueblo Israel y para ser el arquetipo del prometido Mesías. La experiencia de encuentro con Dios vivo iluminará y transformará completamente su vida.




L ¿Quién pecó...para que haya nacido ciego?»

La lectura evangélica es un largo relato , lleno de dramatismo, que va cre¬ciendo hasta un punto culminante, cuando el ciego que ha reco¬brado la vista dice a Jesús: «'Creo, Señor'. Y se postró ante él». El Evangelio parte con la presentación de un ciego de nacimiento, que pasa por la recuperación de la vista física hasta llegar a la plena luz de la fe. Y este cambio tan radical sucedió en él por su encuentro con Jesús. Por eso Jesús dice: «Mientras estoy en el mundo soy la luz del mundo». En todo el relato se superponen la realidad de la ceguera con el peca¬do. El pecado, según la doctrina religiosa judía, era considerado como una contaminación moral que afectaba la totalidad de la persona . Por ello, al ser muy grave, se manifestaba en una enfermedad o mal físico. Asimismo se consideraba que esta contaminación se transmitía de padres a hijos. Esto queda de manifiesto cuando los discípulos le preguntan al Señor: «Maestro, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?».

Como se deduce de la pregunta, los males físicos, las enfermedades, - incluso los accidentes terribles y la muerte violenta (Ver Lc 13,1-2. 4) -, eran vistos como un castigo por la infidelidad a Dios, por los pecados, por la impureza moral. Sin embargo, al Señor no le interesa responder «académicamente» a la cuestión, y, aprovechando esta oportunidad para educar a sus discípulos, ofrece una respuesta inesperada, que trasciende lo específicamente preguntado. En efecto, la respuesta del Señor Jesús hace notar a sus discípulos que la ceguera no es un «castigo» para aquél hombre, sino que será la ocasión para experimentar la misericordia del Padre. La recuperación de la vista física del ciego de nacimien¬to es un signo de la vista espiritual, cuya expresión máxima es la fe. Su primera comprensión de la identidad de Jesús está expresada en estas palabras: «Ese hombre que se llama Jesús, hizo barro, me untó los ojos y me dijo: 'Vete a Siloé y láva¬te'. Yo fui, me lavé y vi». Se trata de una com¬probación empírica, física, natural: un hombre que se llama Jesús.

L Discutiendo con los fariseos

Sigue el relato y el ciego es llevado donde los fariseos que se pierden en una acalorada discusión acerca del carácter religioso del hecho milagroso realizado el «sábado» . Y ellos, «los separados», los que conocían y observaban rigurosamente la ley, le preguntan al pobre ciego: «¿Tú, qué dices de él?». Viene inmediatamente la respuesta que era de esperar: «Que es un profeta». Ya no es un simple hombre sino es un «hombre de Dios». Estaba empezando a ver la luz pero tenía que dar aún un paso adelante. Mientras tanto los fariseos rechazando la luz decían: «Ese hombre es un pecador... no sabemos de dónde es», el ciego se mantenía firme en su posición: «Sabemos que Dios no escucha a los pecadores...». Lo que más le sorprende es que los fariseos, de¬biendo «ver» no vean: «Eso es lo extraño: que vosotros no sepáis de dónde es y que me haya abierto a mí los ojos». Los fariseos se sienten indignados ya que no aceptan que él venga a darles lecciones «y lo echaron fuera». Por causa de Jesús fue arrojado de la sinagoga.


J «¿Tú crees en el Hijo del hombre?»

Jesús quiso entonces darle la plenitud de la luz. La vista física que había recuperado no es más que un signo de ésta. Se le hace el encontradizo y le pregunta: «¿Tú crees en el Hijo del hombre ?». El ciego le dice: «¿Y quién es Señor para que crea en él?». La respuesta de Jesús tiene un doble sentido: «Lo has visto: es el que está hablando contigo». En esta frase se encuentran los dos sentidos de la vista: físico y espiritual, es decir, la visión natural y la fe. Y en la reacción del ciego se encuentra un reconocimiento de la verda¬dera identidad de Jesús: Dios y Hombre. El ciego ve a un hombre con la vista física que ha recuperado; pero confiesa a Dios con la fe: «'Creo, Señor'. Y se postró ante Él». Es un recono¬cimiento de la divinidad, pues los judíos tienen esta estricta ley: «Sólo ante el Señor, tu Dios, te postrarás y a él sólo darás culto» (Mt 4,10, citada por Jesús para rechazar al diablo). Al ciego de nacimiento se le habían abierto tam¬bién los ojos de la fe, que le permitían ver la verdadera «luz del mundo». Esto nos recuerda cuando Jesús dijo: «Te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes y las has revelado a los pequeños» (Mt 11,25).

J «Vivid como hijos de la luz»

A base de contraponer luz y tinieblas, es decir conducta cristiana y pagana, justicia y pecado, el después y el antes del bautismo; San Pablo exhorta a los cristianos de la comunidad de Éfeso a caminar y vivir como «hijos de la Luz» viviendo como Jesucristo vivió (Ef 5,1-2). El que es de la luz pertenece a Dios (Ef 5,8). La luz es considerada uno de los signos bautismales hasta nuestros días. Antiguamente los catecúmenos una vez bautizados pasaban a la categoría de «iluminados».

El cristiano además de ser iluminado por Dios Padre en Jesucristo, es también ungido por su Espíritu en el Bautismo. La fe es siempre un don, pues la recibimos gratuitamente de Dios y Él la da a todos pero sobre todo a los que son menos útiles a los ojos del mundo (ver 1Co 1, 26 - 31). Así aparece en la Primera Lectura, cuando el profeta unge a David, el último entre ocho hermanos, como rey de Israel, «porque el hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón». Esta unción que en el Antiguo Testamento fue propia de reyes, sacerdotes y profetas tuvo lugar después en el Ungido (Cristo) por excelencia, el Mesías, el nuevo David; y de ella participamos todos los bautizados en Jesús.

+ Una palabra del Santo Padre:



«El agua y la luz son elementos esenciales para la vida. Precisamente por eso, Jesús los elevó a la categoría de signos reveladores del gran misterio de la participación del hombre en la vida di¬vina.... (Hay que lograr que)… todos los bautizados estén dispuestos a responder con valentía a los desafíos humanos y espirituales del momento actual. En este contexto, es importante aprender a valorar las predisposiciones y las aperturas al Evangelio presentes en la sociedad, sin detenerse en las apariencias, sino mirando al corazón de las situaciones. Esto es lo que re¬cuerda la primera lectura a través de la figura y la misión del profeta Samuel: «Los hombres ven la apariencia; el Señor ve el corazón» (1S 16, 9). En toda persona que encontramos, aún en aquella que afirma explícitamente que no le inte¬resan las realidades del espíritu, está viva la ne¬cesidad de Dios: es tarea de los creyentes anunciar y testimoniar la verdad liberadora del Evangelio, ofre¬ciendo a todos la luz de Cristo....

¿Acaso no es verdad que hoy más que nunca las jóvenes generaciones tienen un vivísimo deseo de verdad y se sienten cada vez más cansadas de seguir ilusiones vanas? Es indispensable proponerles con fuerza y amor el Evangelio, y ayudarles a conjugar la fe con la vida para resistir a las múltiples tentaciones del mundo moderno. Por eso, como su¬cedió al ciego de nacimiento, del que habla el pasaje evangélico de hoy, es indispensable encontrar personalmente a Jesús».

Juan Pablo II. Homilía del 14 de marzo de 1999.


' Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana.

1. Nuestros obispos latinoamericanos han dicho que «las angustias y frustraciones han sido causadas, si las miramos a la luz de la Fe, por el pecado, que tiene dimensiones personales y sociales muy amplias» (Puebla, Conclusiones 73). ¿Soy consciente de esta realidad? ¿Me doy cuenta del daño que hago a los demás por mi pecado?

2. Por mi bautismo soy «Hijo de la Luz». ¿Qué cosas concretas debo de cambiar para vivir como «hijo de la Luz»?

3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 385; 748; 1216; 2087- 2089.



lunes, 10 de marzo de 2014

LOS DELEGADOS DE ZONAS DE A.N.E. SE REÚNEN EN MADRID. Jornadas de Oración, Reflexión y Trabajo en el IX Encuentro nacional

Jornadas muy intensas y fructíferas según manifestación de todos los asistentes, las celebradas este fin de semana en el Monasterio de las Madres Benedictinas que nos han acogido muy fraternalmente expresándonos en todo momento su cariño a la Obra de la Adoración Nocturna Española con sus atenciones, transmitiéndonos hospitalidad y fervor eucarístico en cada momento en el que nos invitaron a participar en sus cultos internos.

En la Comunidad las funciones evangélicas de Marta y María opinamos llegan a integrarse totalmente.
Recepción de participantes, almuerzo, corto descanso e inicio de actividades que al celebrarse en el primer viernes de Cuaresma se abren con un íntimo Vía Crucis en el interior de la Capilla; en el transcurso de las jornadas hemos reafirmado nuestra vocación de Adoradores de Jesús Sacramentado al que hemos acudido en el reducido oratorio que nos hacía sentir más cerca al Señor y su Madre y Madre nuestra María Santísima; laudes, vísperas, completas, Santo Rosario y celebración de la Eucaristía han marcado la pauta del inicio de la Cuaresma en cada uno de nuestros corazones.
El Señor utilizando los labios sacerdotales nos ha hecho reflexionar sobre cuál es su Misericordia y como hemos de aplicarla nosotros uniéndonos en el sentir del corazón de la persona destinataria; en otra ocasión nos ha orientado sobre las tres formas litúrgicas de celebrar la Cuaresma y en otros momentos nos ha expresado Su reconocimiento a la labor de nuestro propio carisma dentro de la Iglesia; tres sacerdotes diferentes en edad, en su servicio pastoral en su distinta manera de pensar pero una misma Voz que nos hablaba.

Conferencia, Charla y Charla coloquio, impartidas por nuestro Presidente Don Carlos Menduiña; el Catedrático de Derecho canónico, Reverendo D. Arturo Calvo y el Teólogo Reverendo D. Ernesto Juliá en las que nos transmitieron la importancia de la exhortación de la "Evangelii Gaudium" de nuestro Papa Francisco, con unas referencias muy bien seleccionadas por D. Carlos; los conceptos y aplicaciones a través del tiempo de la "nueva evangelización" conferencia que el sacerdote D. Arturo se ocupó de impartir en sustitución del Emmo. y Rvdmo. Sr. D. Fernando Sebastián Aguilar Cardenal Arzobispo Emérito de Pamplona y Tudela que no pudo asistir por hallarse enfermo y la charla coloquio de D. Ernesto sobre “El adorador nocturno ante la nueva evangelización” cuyo título no podía resumir mejor el afecto y reconocimiento que este teólogo, sacerdote que trabajó en la secretaría de San José María Escrivá de Balaguer, siente hacía todos los Adoradores a Jesús Sacramentado.

Las reflexiones se distribuyeron intercaladas con las mesas de trabajo programadas para conocer la particularidad y variedad existente entre las distintas Secciones y Consejos Diocesanos distribuidos en las catorce zonas de A.N.E. en nuestra geografía nacional; los Delegados de Zona cuya importancia dentro del engranaje de nuestra Asociación no se ha llegado a valorar totalmente por muchas Secciones y Consejos, tuvieron ocasión de exponer la casuística de cada Consejo, sus problemas, relaciones y expectativas en cada lugar; se debatieron puntos que serán estudiados por la Mesa de trabajo del Consejo nacional a fin de presentarlos para su sanción definitiva a la Comisión permanente y/o el Pleno nacional.
Podríamos resumir este Encuentro anual, que completa la primera década desde su inicio, de haber alcanzado fruto de experiencias anteriores un grado de perfección alto en el que las expectativas y deseos de los Delegados se han cumplido en cuanto a su desarrollo en el trabajo, las reflexiones y " vida monacal " distribuidas con gran acierto y que nos han hecho sentirnos a todos muy felices.

Todo ha sido por la Gracia del Señor sobre la que tanto nos insiste nuestro presidente y porque las mesas de trabajo, en apreciaciones previas de nuestro Vicepresidente José Luis iban a desarrollarse entre amigos y bajo la mirada del Señor.

Ellos, nuestro Presidente, sus dos vicepresidentes y nuestro presidente nacional emérito, D. Pedro, merecen el reconocimiento de quienes trabajamos de la mano con ellos.
Y todo por el Señor y su Madre bendita a las que en tan corto tiempo hemos dirigido tantas peticiones particulares y otra colectiva por el feliz restablecimiento de la intervención quirúrgica de Jesús Antolín, el Delegado de la zona Cantábrico. Únete también tú a nuestra Acción de Gracias.



sábado, 15 de febrero de 2014

Las Hermandades SACRAMENTALES en SEVILLA



El pasado día 10 celebró un Acto Eucarístico en la Parroquia de Santa María Magdalena, el tercer templo en importancia de la ciudad de Sevilla, las seis Hermandades Sacramentales que han permanecido rindiendo culto a Jesús Sacramentado desde su fundación: 4 de ellas en el siglo XVI, una en el siglo XVIII y otra en el siglo XX.
Existen en Sevilla 53 hermandades Sacramentales, 47 de ellas fusionadas con otras Hermandades de Penitencia o de Gloria.

No obstante, las Hermandades Sacramentales del Sagrario (1511), Santa María Magdalena (1575), San Gil (1588), San Ildefonso (1592), San Pedro (1788) y Divino Redentor (1969) han mantenido sus Reglas iníciales, cultos y actos eucarísticos hasta la fecha.

Mantienen la costumbre de reunirse a comienzo de año a fin de expresar su público testimonio de amor, devoción y reverencia al Augusto Sacramento del Altar implorando Sus bendiciones.

Presidió la Eucaristía nuestro Arzobispo D. Juan José Asenjo Pelegrina quién en su homilía resaltó la importancia y necesidad de fomentar la devoción Eucarística, manifestando que las Hermandades Sacramentales en Sevilla debían ocupar el lugar más importante de entre todas las Hermandades y Cofradías; que la Adoración permanente establecida en Sevilla confía llegue a ser Centro Eucarístico en el que debemos estar inscritos todos los adoradores acompañando a Jesús Sacramentado en cada turno establecido aludiendo también al resto de Obras como la Adoración nocturna y la Congregación de Luz y Vela que instauró el Jubileo de las XL, circular por las Iglesias sevillanas y viene funcionando desde el 8 de diciembre de 1698.

Solemnísima la Procesión Claustral por las naves de la Parroquia que se hallaba repleta de fieles.

En su despedida nuestro Pastor expresaba su satisfacción y agradecimiento a todos los participantes.

Preparemos nuestra participación en la EUCARISTÍA, meditemos las reflexiones que se nos ofrecen



Mi hermano de vocación, presidente del Consejo Diocesano de Toledo, Juan Ramón Pulido me viene remitiendo periódicamente los comentarios y reflexiones sobre la Palabra de Dios de cada domingo; merece la pena que los comparta con todos los que deseen preparar la santificación de la fiesta semanal y que se divulgue esta buena costumbre

DOMINGO VI, ciclo A

"Vete primero a reconciliarte con tu hermano" (Mt 5,17-37)

San Juan Crisóstomo nos invita con fuerza y firmeza: “Cuando te resistes a perdonar a tu enemigo, te ocasionas una injuria a ti no a él. Esto que estás preparando es un castigo para ti en el día del juicio.” (Discurso 2,6). Déjate transformar por el amor de Dios, para cambiar la vida, para convertirte, para volver al camino de la vida.


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Tú nos has concedido, Padre,
la ley nueva que nos hace libres
en Cristo tu Hijo amado…
Otórganos también el poder comprender
que son tus preceptos eternos
el camino luminoso de la vida.
Danos la sabiduría que pueda conocerte,
el amor que no cese de buscarte,
la fe necesaria para poder encontrarte.
Así ayudaremos a que en el mundo
prevalezcan la justicia y el derecho.
el respeto a la vida y la paz,
para gloria eterna de tu nombre.

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Padre Santo, te damos gracias
porque Tú siempre buscas nuestra felicidad.
Nosotros no siempre estamos atentos
a tus mandamientos y por ese motivo, fallamos.
A veces nos confundimos y queremos encontrar la felicidad por otros caminos que no son los que Tú nos Señalas.
Padre Santo, te pedimos que abras nuestro duro corazón a las enseñanzas de tu Hijo, Nuestro Señor Jesús
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http://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=dyDgJT8eDfQ

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Domingo VI del Tiempo Ordinario Ciclo A
Se dijo a los antiguos, pero yo os digo

El hilo conductor de las lecturas de hoy es la Ley de Dios, una Ley que nos trae alegría y felicidad (Salmo responsorial). La Ley está al servicio del hombre, quien debe escogerla (1ª Lectura). En el Evangelio, Jesús va más lejos al pedirle a sus discípulos que no se contenten con la letra de la Ley sino que se remonten hasta la voluntad del legislador: Dios mismo. Pablo (2ª Lectura), por su parte, habla ante todo de una sabiduría de Dios, la cual también nos lleva hasta el corazón de Dios y a dar testimonio de lo que se nos ha revelado.

Primera lectura: Del libro del Eclesiástico 15, 15-20

“Si quieres, guardarás los mandatos del Señor, porque es prudencia cumplir su voluntad; ante ti están puestos fuego y agua: echa mano a lo que quieras; delante del hombre están muerte y vida: le darán lo que él escoja. Es inmensa la sabiduría del Señor, es grande su poder y lo ve todo; los ojos de Dios ven las acciones, él conoce todas las obras del hombre; no mandó pecar al hombre, ni deja impunes a los mentirosos”

El autor del libro evoca los mandamientos de Israel, pero comienza con una precisión: “Si quieres…”. Esto quiere decir que Dios nos da los mandamientos pero uno es responsable de decidir cumplirlos. Es el asunto de la fidelidad o la infidelidad.

Luego, el Sirácida (libro del Eclesiástico) extiende su propósito: éste elegir continuamente entre la vida y la muerte no es únicamente para el pueblo elegido sino para la humanidad entera.

Salmo 119 (118), 1-2. 4-5. 17-18. 33-34 Dichoso el que camina en la voluntad del Señor

Dichoso el que, con vida intachable,
camina en la voluntad del Señor;
dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón.

Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes,
y lo seguiré puntualmente;
enséñame a cumplir tu voluntad
y a guardarla de todo corazón.


El Salmo 119 (o 118 en la liturgia) es el más largo de la Biblia: 176 versículos agrupados en 22 estrofas alfabéticas (o sea, una por cada letra del alfabeto, a la manera de un acróstico). Hoy oramos apenas algunas líneas.

El Salmo comienza con una bienaventuranza que se repite: “¡Dichoso!”. La escucha y vivencia de la Ley del Señor no da felicidad. Enseguida el orante, a lo lardo de su plegaria, alterna entre sus convicciones de fe (“felices lo que…”) y las peticiones que le presenta al Señor.

¿Cuál es el camino de la felicidad? La respuesta es: ser justo, seguir los caminos del Señor, cumplir su Ley, buscarlo con todo el corazón.

Pues sí, lo que Dios le pide es que lo busque por medio de la escucha, la comprensión y vivencia de su Palabra, de manera que ella (la Ley) sea como un guía para todo el camino de la vida.


Segunda lectura: 1 Corintios 2, 6-10

“Hablamos, entre los perfectos, una sabiduría que no es de este mundo, ni de los príncipes de este mundo, que quedan desvanecidos, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido; pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria. Sino, como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman.» Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu. El Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios”.

En una época en que los filósofos griegos tenían mucha fama y sus planteamientos le causaban interrogantes a los cristianos, Pablo muestra que la sabiduría de los hombres y la sabiduría de los creyentes no se excluyen la una a la otra.

La sabiduría de Dios creó un proyecto de salvación para la humanidad. Este plan divino tiene como marco la historia del mundo y se lleva a cabo definitivamente en el misterio pascual de Jesucristo. La cruz, locura para la gente pero sabiduría para Dios, está en el centro de la predicación de Pablo. Esto lo comprenden los adultos en la fe, es decir, quienes han recibido una educación en el Evangelio y han puesto su fe en la salvación en Cristo.

En el centro está la contemplación del Crucificado: En la humillación y la muerte de Jesús, San Pablo ve resplandecer la gloria de lo alto. Y así como en el abajamiento radical del Señor de la gloria se desacreditan las falsas glorias y la sabiduría del mundo.

Luego Pablo, si apartar la mirada de este acontecimiento, ve más: la sabiduría divina, escondida al principio, se ha revelado progresivamente para quienes aman a Dios, gracias al Espíritu que ve el fondo de todas las cosas, incluso las profundidades de Dios. La sabiduría divina, que era inaccesible a la sabiduría humana, se deja descubrir como un don divino.

Finalmente, apoyándose en Isaías 64, 3 (ver 1 Cor 2, 9), Pablo le muestra a la comunidad de Corinto lo progresos que el Evangelio les trajo para el conocimiento del misterio de Dios: Cristo mismo es la sabiduría de Dios (cf. 1 Cor 1, 24), es por medio de él que la humanidad entera puede entrar ahora en la luz de la gloria eterna.

Evangelio según san Mateo 5, 17-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

—«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.

Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos. Os lo aseguro: Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No matarás", y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano "imbécil", tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama "renegado", merece la condena del fuego. Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto.

Habéis oído el mandamiento "no cometerás adulterio". Pues yo os digo: El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior. Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el infierno. Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al infierno. Está mandado: "El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio." Pues yo os digo: El que se divorcie de su mujer, excepto en caso de impureza, la induce al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No jurarás en falso" y "Cumplirás tus votos al Señor". Pues yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo. A vosotros os basta decir "sí" o "no". Lo que pasa de ahí viene del Maligno.»

No he venido a abolir la ley

Avanzando en el Sermón de la montaña, Jesús subraya que no ha venido a suprimir la ley dada por Dios en la Antigua Alianza, sino a darle plenitud: a cumplirla en su sentido original, tal y como Dios quiere. Y esto incluso en lo más pequeño, es decir, hasta el sentido más íntimo que Dios le ha dado. En este sentido, se dijo en el Sinaí: Santificáos y sed santos, porque yo soy santo (Levítico 11,44). Jesús lo reitera en su sermón diciendo: Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto (Mateo 5, 48). Tal es el sentido de los mandamientos: quien quiere estar en alianza con Dios, debe corresponder con la actitud, los sentimientos y las obras obedientes a Dios. Y Jesús - nuestra ley - nos mostrará que ese cumplimiento de la ley es posible: el vivirá ante nosotros, a lo largo de toda su vida, el sentido último de la ley, hasta que todo lo que ha sido profetizado se cumpla, hasta la cruz y la resurrección. No se nos pide nada imposible, la primera lectura dice literalmente: Si quieres, guardarás los mandatos del Señor (Eclesiástico 15, 16). Cumplir la voluntad de Dios es ser fiel, es decir: corresponder a sus dones con gratitud. El precepto que yo te mando hoy no es cosa que te exceda ni inalcanzable... El mandamiento está a tu alcance; en tu corazón y en tu boca (Deuteronomio 30, 11. 14).

Habéis oído...Pero yo os digo

Parece que Jesús quiere reemplazar la ley de Moisés por otra nueva, pero no es así. El Señor purifica la ley de la herrumbre que se fue depositando sobre ella -y puede volver a ocurrir lo mismo- a causa de la negligencia y de la comodidad minimalista o escrupulosa de los hombres. En este pasaje comprobamos que, si la Alianza es la oferta de la reconciliación de Dios con los hombres, estos deben reconciliarse primero con su prójimo antes de presentarse ante Dios. Dios es eternamente fiel en su alianza, por eso el matrimonio entre hombre y mujer debe ser una imagen de esa fidelidad. Dios es veraz en su fidelidad, por lo que el hombre debe atenerse a un sí y a un no verdadero.

Jesús espiritualiza y humaniza la Antigua Ley; para él, el amor a Dios no es sincero si no nos lleva a amar a nuestros prójimos.

Los dos caminos

En todo eso se trata de seguir una decisión definitiva. Es la tradicional doctrina de los dos caminos, tan repetida en la Biblia, en los antiguos filósofos y en la catequesis primitiva, el camino de la luz y el de las tinieblas, el camino de la verdad y el de las apariencias, el camino de la vida y el de la muerte: o me busco a mí mismo y mi propio provecho, o busco a Dios y me pongo enteramente a su servicio; es decir, escojo la muerte o la vida: Delante del hombre están muerte y vida: le darán lo que él escoja (Eclesiástico 15, 18; Primera lectura).

Cielo e infierno, la verdadera sabiduría

El radicalismo con el que Jesús entiende la ley de Dios conduce a la ganancia del reino de los cielos (Mt 5, 20) o a su pérdida, el infierno, el fuego (Mt 5, 22. 29. 30). El que sigue a Dios, le encuentra y entra en su reino; quien sólo busca en la ley la propia perfección personal, le pierde y, si persiste en su actitud, le pierde definitivamente. El mundo (dice san Pablo en la segunda lectura) no conoce este radicalismo; sin el Espíritu revelador de Dios ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios da cuando se corresponde a su exigencia (que es lo mejor para nosotros, para ser bienaventurados). Pero a nosotros nos lo ha revelado el Espíritu Santo que penetra las profundidades de Dios, y con ello también hasta las profundidades de la gracia que nos ofrece en la ley de su alianza: ser como Él en su amor y en su abnegación. Jesús nos asombra siempre, por el vigor de su exigencia y por la inmensidad de su perdón.





viernes, 7 de febrero de 2014

ALTARES DE CULTOS DE LAS COFRADIAS SEVILLANAS

Desde la Solemnidad de la Epifanía en la que se celebró la Función principal de Instituto de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder y María Santísima del Mayor Dolor y Traspaso, se han venido sucediendo distintos Quinarios durante cada una de las cuatro semanas del tiempo Ordinario que llevamos transcurrido; hasta que el Viernes de Dolores se celebre el último culto dentro de la Cuaresma, la Función principal de la Archicofradía de Nuestra Señora del Valle, Jesús con la Cruz al hombro y Santa Mujer Verónica.

Durante este tiempo de reflexión y oración los cultos finalizarán con Solemne Procesión claustral con Jesús Sacramentado.

A las puertas de los Templos se vendrán sucediendo las convocatorias a los mismos:

Los priostes montaran el Altar de Cultos, tan bellos como los que muestro correspondientes a la Archicofradía de la Quinta Angustia
El escultor supo plasmar con su gubia la belleza en la expresión de María Santísima en su Quinta Angustia;
como observa a José de Arimatea que con mucho amor va descolgando el cuerpo de Jesús, clavado en la Cruz. Impresionante Misterio que procesiona el Jueves Santo a la Santa y Metropolitana Catedral; quien tenga ocasión de asistir al traslado que en la tarde del Viernes de Dolores organiza la Cofradía en medio de un silencio impresionante, se lo recomendaría.


Impresionante Altar montado por la Cofradía de las Siete Palabras que hace estación de Penitencia el Miércoles Santo y que en estas fechas celebra el quinario en honor del Titular de la Cofradía; mantienen sus priostes un estilo antiguo que hace que el bello Altar mayor de la Parroquia ceda todo su encanto para mayor gloria del Cordero de Dios que nos reconcilió con el Padre por Su muerte y que perdonaba a quienes la clavaron: " Padre perdónales porque no saben lo que hace "

lunes, 3 de febrero de 2014

TEMA DE REFLEXIÓN para las Juntas de Turno de las Vigilias de FEBRERO


El sacramento del Matrimonio.-(III)-

Y no sólo en el plano de la creación. Es muy oportuno tener presente la grandeza del sacramento del matrimonio y la importante acción redentora y santificadora de la gracia, que tiene lugar en el matrimonio-sacramento.

Comprendemos mejor ahora estas palabras que resumen lo que hemos dicho hasta aquí: El matrimonio es “acción divina, obra de Dios. Puesto que el sacramento del matrimonio es una entrada de Dios en la vida. Impulsa a una vida divina. Según el ritmo de la encarnación, esta vida divina se desarrolla por y en las condiciones naturales de la unión de los esposos; pero lo natural queda transfigurado por la acción y la presencia divinas. Acción y presencia tienen, por lo demás, el mismo sentido cuando se trata de Dios, porque Dios es acción” (J. Leclercq, ibídem., p.77).

La realidad sacramental del matrimonio, al transformar la unión natural en una fuente de la Gracia divina, convierte el matrimonio en un campo de acción de Dios y, por consiguiente, en un instrumento de santidad como son todos los sacramentos.


Josemaría Escrivá ha entendido muy bien esta consecuencia de la realidad sacramental del matrimonio. Entre otros textos, ha dejado escrito:

“El matrimonio no es, para un cristiano, una simple institución social, ni mucho menos un remedio para las debilidades humanas: es una auténtica vocación sobrenatural (...), signo sagrado que santifica, acción de Jesús, que invade el alma de los que se casan y les invita a seguirle, transformando toda la vida matrimonial en un andar divino en la tierra” (Es Cristo que pasa, n. 23).

¿Qué significa aceptar esta sacramentalidad, el hecho de que Dios interviene en el matrimonio? Que el matrimonio no es una realidad que se resuelve y se configura exclusivamente entre un hombre y una mujer. El matrimonio se fundamenta en el consentimiento libre del hombre y de la mujer para vivir esa unión; y a la vez, al dar ese consentimiento, los esposos saben que se encuentran ante una realidad que ellos no han establecido en todos sus pormenores: han aceptado unas condiciones –unidad, indisolubilidad, apertura a la vida- que Dios señala, y las reciben conscientes y sabedores de que es lo mejor y lo más adecuado para el bien, y la plena realización de la unión que se disponen a instaurar y a vivir.

Y significa también que en un verdadero matrimonio se pueden solucionar los problemas de convivencia y de entendimiento que surjan entre los cónyuges.

“Si Dios está presente en la familia y se experimenta su cercanía en la oración, la vida en la familia se hace más feliz y adquiere una dimensión mayor” (Benedicto XVI).

Dios quiere unir al hombre y a la mujer en su obra creadora, redentora y santificadora. Con la realidad natural del matrimonio, el hombre y la mujer se unen a la obra creadora; con realidad sacramental Dios vincula a la mujer y al hombre a la acción redentora; y como siempre, la redención y la santificación van unidas, el matrimonio se convierte en camino de santidad.

Para vivir esta realidad sobrenatural sacramental del matrimonio, la Iglesia presenta delante del hombre, de la mujer, el compromiso de amor, de verdadero amor, que acepta al vincularse con su esposa, con su esposo. Un compromiso abierto al futuro, abierto al horizonte de toda su vida, como queda patente en las palabras con las que los novios pueden manifestar su consentimiento.

En el ceremonial del matrimonio la Iglesia ruega, en la Bendición Nupcial, la asistencia del Espíritu Santo para que ese amor, que está en el origen del matrimonio, permanezca y se acreciente:

“Oh Dios, que unes la mujer al varón y otorgas a esa unión, establecida desde el principio, la única bendición que no fue abolida ni por la pena del pecado original, ni por el castigo del diluvio. Mira con bondad a estos hijos tuyos que, unidos en Matrimonio, piden ser fortalecidos con tu bendición: Envía sobre ellos la gracia del Espíritu Santo, para que tu amor, derramado en sus corazones, los haga permanecer fieles en la alianza conyugal”.

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Todos los esposos cristianos han de recorder a lo largo de su vida esta realidad sacramental, religiosa, de su matrimonio. Cada uno de ellos adquiere sí, un vínculo con el otro; y a la vez, se establece una unión con Dios. Dios se compromete a dar todas las gracias que los esposos necesitan para ser fieles y felices en el matrimonio.

Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo está vinculado con cada Matrimonio Sacramento.

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Cuestionario

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¿He pensado alguna vez que el matrimonio es una verdadera vocación divina?


¿Me doy cuenta de que rezar por mi esposa, por mi esposo, es una gran ayuda sobrenatural para superar las dificultades que se presentan?


La Virgen María llenó de gozo las bodas de Caná, ¿le ruego que sea también en mi hogar la causa de nuestra alegría?










miércoles, 22 de enero de 2014

LAS COFRADÍAS según un teólogo y mi propia experiencia

El domingo pasado en la Función principal de Instituto de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de las Penas y María Santísima de los Dolores celebrada en la Parroquia de San Vicente de la ciudad de Sevilla recibimos la medalla conmemorativa los hermanos que cumplimos los 50 años de permanencia en la Cofradía.


Sigo diariamente el blog del Sacerdote y Teólogo Padre Fortea http://blogdelpadrefortea.blogspot.com.es/2014/01/las-cofradias.html ; coincido con el en sus manifestaciones que hace en cuanto se refiere a la importancia que para ambos tienen las Cofradías en la Iglesia y concretamente en la religiosidad popular; de nuestra Hermandad han surgido vocaciones al Sacerdocio y Diaconado; por uno de los Sacerdotes ya fallecido, D. Juan Antonio, se aplicaron las intenciones de un día del Quinario; otro D. Juan Luis cambió el rumbo de su actividad de Perito Agrícola por la de Sacerdote hoy Párroco en Sevilla. Los Diáconos Carlos y Alberto se ordenaron para este Servicio alternándolo con su actividad profesional; con todos ellos he convivido en la Hermandad a lo largo de este medio siglo.

Recuerdo como un ayer muy cercano cuando mi amigo Rafa, hoy cuñado mío, me condujo a la Secretaria de la Hermandad para firmar la solicitud de ingreso; la celebración de la Boda con María del Carmen, hermana suya, pertenecientes a una familia muy vinculada con la Cofradía desde su refundación, ante Mª Santísima de los Dolores; la presentación ante nuestras Imágenes de nuestros hijos y con el tiempo de algunos de nuestros nietos tras su bautizo; el acto de mi juramento como miembro de dos Juntas de Gobierno en las que participe, el adiós a muchos hermanos queridos que han marchado en éstos años ante la presencia de Jesús de las Penas; la participación en cerca de 250 días de Quinario que casualmente vienen a casi coincidir con mis 285 Vigilias en la Adoración Nocturna cuya llamada me sobrevino vistiendo la túnica de Nazareno.

Y lo más reciente cuyo recuerdo permanecerá siempre para mí, la participación de mi mujer, mis hijos y mis nietos en el acto de protestación de Fe en dicha Función principal y como tras la imposición de la Medalla acudían todos los nietos, pequeños, al lugar donde me hallaba para con su mirada alegre, inocente, feliz, compartir aquel momento con su abuelo.

Aquí resumo lo importante que resulta para la familia la Cofradía y para la Cofradía la familia.